“Llegar al trabajo era un infierno… no por la carga de trabajo, sino por los insultos, las miradas perversas y el miedo a perder mi empleo.” Este, como otros comentarios similares, representa tan solo un ejemplo del acoso laboral que viven muchos trabajadores. El acoso laboral es una situación que pone en riesgo la vida laboral y los derechos que corresponden a ésta. En este texto se analizará este fenómeno desde tres perspectivas clave. En primer lugar, desde las sentencias emitidas por los jueces para entender cómo se procesado esta problemática en la práctica. Por otra parte, vale revisar lo establecido en la ley correspondiente para ubicar la visión de los legisladores sobre el tema. Y, por último, estas dos perspectivas pueden compararse frente a los estudios elaborados desde la academia. En conjunto demuestran una falta de consistencia en la forma de analizar el acoso laboral en México, así como una de sus subcategorías clave: el acoso sexual en el ámbito laboral. De tal manera que estos puntos de análisis permiten abrir y dirigir el rumbo de un debate indispensable: definir de manera clara en México lo que entendemos como acoso laboral.

Veamos. Desde la arena judicial, es necesario mencionar un caso clave que permitió que la Suprema Corte discutiera por primera vez en varios años sobre el acoso laboral (amparo directo 47/2013). El asunto se origina cuando una empleada de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Toluca levantó una demanda civil en contra de ésta, arguyendo acoso laboral, discriminación y marginación. Los argumentos presentados por la quejosa fueron aumentar injustificadamente su jornada laboral, encargarle tareas no propias de su puesto, exclusión de las reuniones laborales, negarle un permiso de ausencia por razones médicas, así como hostigamiento y acoso por parte de sus compañeros al presentar estas quejas ante la autoridad correspondiente. El caso fue conocido, en primera instancia, por el Juez Primero Civil y de Extinción de Dominio de Primera Instancia de Toluca que determinó absolver a los demandados y desestimar las pretensiones de la actora. Ante esta negativa, la demandante presentó un recurso de apelación resuelto por la Segunda Sala Civil Regional del Estado de México. Esta sala confirmó la sentencia recurrida y condenó a la actora al pago de costas en ambas instancias. Como último recurso, la quejosa promovió un juicio de amparo directo conocido por el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Segundo Circuito el cual admitió y solicitó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ejercer su facultad de atracción.

La Primera Sala de la SCJN analizó los distintos aspectos y agravios del caso. El estudio de fondo realizado por la Corte concluyó en la emisión de una definición sobre mobbing (del inglés to mob) o acoso laboral. El cual implica “…perseguir, apremiar o importunar a alguien de manera continua (sin darle tregua ni reposo) en un ámbito perteneciente o relativo al trabajo”.1 Además, la definición considera que su objetivo primordial es “…intimidar, opacar, aplanar, amedrentar o consumir emocional o intelectualmente a la víctima, con miras a excluirla de la organización o a satisfacer la necesidad de agredir o controlar o destruir, que suele presentar el hostigador.”2

Ambas definiciones permiten construir la noción jurídica de lo que significa el acoso laboral: una práctica continua que busca dañar a la víctima dentro del trabajo. Respecto al hostigador, éste es definido a partir de la posición ocupacional que tenga en la jerarquía del trabajo. Esto se categoriza en tres niveles: horizontal, cuando ocupan un nivel similar a la víctima; vertical descendente, cuando tenga un puesto de jerarquía superior al a la víctima y; vertical ascendente, cuando sea trate de acoso del subordinado en contra de algún superior jerárquico. El tratamiento de este caso derivó en el establecimiento de las bases para atender el acoso laboral, así como de tres tesis aisladas.

Estas tesis refieren tres aspectos sobre el acoso laboral: la noción y tipología; las vías para hacer efectivos los derechos de las víctimas; así como, la carga probatoria por indemnización por daño moral en la vía civil. En el primer caso, la tesis retoma lo ya mencionado y señala que las conductas hostiles tienen como fin mermar la autoestima, salud, integridad, libertad o seguridad a la víctima.3 La segunda tesis establece que la ley prevé mecanismos para garantizar el acceso a la justicia y recursos judiciales para la víctima -esto basado en buena medida a partir de los artículos 17 de la Constitución mexicana, 25numeral 1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 10º de la Ley General de Víctimas4-. La tercera tesis, por su parte, establece que la carga probatoria en material civil requiere de ciertos elementos que deben probarse: el objetivo del acoso laboral, la posición jerárquica establecida, que las conductas sean sistemáticas y que la dinámica en la conducta hostil sea desarrollada en hechos relevantes dentro de la demanda.5 Si bien estas tesis no tienen fuerza jurisprudencial, lo ideal es que los jueces del país, al momento de analizar un caso de acoso laboral, sigan lo establecido por estos criterios.

Ahora bien, desde la postura de los legisladores, el acoso laboral es visto desde dos vertientes. Mismas que definen la realidad jurídica a que tienen que atenerse los ciudadanos para proceder legalmente en el supuesto de una afectación. De esta manera, la Ley Federal del Trabajo establece dos conceptos: hostigamiento y acoso sexual.

  1. Hostigamiento: el ejercicio del poder en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en el ámbito laboral, que se expresa en conductas verbales, físicas o ambas; y
  2. Acoso sexual: una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo del poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima independientemente de que se realice en uno o varios eventos.6

Estas definiciones más que pulir los conceptos en juego, ocasionan problemas no menores. En primera instancia, porque el acoso laboral como concepto no existe en la legislación. Entre ambos términos también existen ciertas diferencias sustanciales. Por un lado, la relación que existe entre el sujeto pasivo y el sujeto activo es distinta en ambos casos. En el hostigamiento existe una relación de subordinación, dicho de otra manera el nivel es vertical ascendente, mientras que el acoso no requiere de ningún tipo de jerarquía para que pueda llevarse a cabo.

Por otro lado, las definiciones sobre el acoso y el hostigamiento presentan diferencias particulares respecto de lo que mencionan y lo que no. El hostigamiento se manifiesta en conductas verbales o físicas y, específicamente, sucede en el ámbito laboral. Mientras que el acoso es ocasionado por un ejercicio abusivo que resulta en un estado de indefensión y de riesgo para la víctima. A partir de estas diferencias, existe una discordancia con lo establecido por la SCJN; los ministros definieron acoso laboral desde las nociones de mobbing, mientras que los legisladores lo definen como hostigamiento. Lo peor es que la subcategoría de acoso sexual en el ámbito laboral no se encuentra regulada por ningún poder. A pesar de que se trata de un problema sistémico, que en los últimos años ha tomado la relevancia que le corresponde, y que solo ha sido analizada desde la academia.

Los trabajos académicos sobre el acoso sexual en el trabajo establecen una visión estructural sobre el problema. Los primeros estudios sobre el tema fueron realizados en los años 70 por distintos grupos feministas: el grupo enfocado en la no discriminación de la mujer en el empleo y el grupo cuya preocupación era la no violencia sexual en contra de la mujer.7 La perspectiva de esa época era que el acoso sexual en el ámbito laboral constituía una conducta generalizada de carácter social y no como un problema resultado de comportamientos aislados.8  Con el paso del tiempo, el estudio sobre el acoso sexual (sexual harrasment) fue visto como una forma de violencia o abuso de carácter sexual en el ámbito laboral, que da cabida a dos tipos de comportamientos: uno basado en el sexo/género del individuo y otro estrictamente en la violencia sexual.9 Los hombres10 utilizan el poder socialmente aceptado y atribuido para, en el primer caso, excluir a las mujeres de ciertos tipos de trabajos;11 mientras que en el segundo, el poder es utilizado para conseguir sexo.12 A partir de esto, el acoso sexual en el trabajo, visto desde la academia, es una forma de mantener cierto poder de un género sobre el otro representado en el área laboral.

Así, el acoso sexual requiere una definición, tanto conceptual como operativa, para evitar y erradicar este tipo de conductas; por ello, hay que considerar los aspectos pertenecientes al mismo. Dentro de la literatura encontramos Cuestionario de Experiencias Sexuales que agrupa los actos o conductas que integran a este tipo de violencia. Este cuestionario refiere a tres dimensiones: el acoso basado en el género, la atención sexual no buscada y la coerción sexual.13 El acoso basado en género es observado en conductas denigrantes, actitudes e insultos misóginos y sexistas dentro del área laboral, sin finalidades de carácter sexual. La atención sexual no buscada, por su parte, consiste en actitudes ofensivas e inapropiadas que pretenden proposiciones sexuales no deseadas, pueden surgir por actos verbales o físicos y como resultado final pueden derivar en una violación. Por último, la coerción sexual es la coacción de un individuo sobre otro para plantear una solicitud sexual bajo la promesa de una recompensa o castigo. Estas tres dimensiones que conforman el esqueleto del acoso sexual dentro del área laboral permiten construir mejores definiciones que las establecidas por nuestros legisladores y ministros de la Suprema Corte.

Las diversas perspectivas sobre el acoso laboral permiten debatir sobre cómo atender y resolver dicha situación. El problema actual que ocasiona una falta de certidumbre jurídica recae en la falta de consistencia en los conceptos, debido a las omisiones hechas por legisladores y jueces. Según el legislador existen dos vertientes: hostigamiento o acoso sexual. El problema con esta división es que no definen al acoso laboral como tal, sino que crean un nuevo término para dicho acto. En el caso del acoso sexual, éste no es considerado como un problema dentro del ámbito laboral, lo cual ocasiona una falta de regulación. A partir de ello, la norma deja vacíos legislativos que las sentencias tampoco han podido subsanar. En el caso de los ministros, +estos limitan al acoso laboral al quitarle al concepto la violencia sexual que pueda originarse entre los compañeros de trabajo. En general ambos poderes comparten un punto ciego: el acoso sexual en el ámbito laboral.

Esta deficiencia regulativa se debe, en buena medida, a que la discusión institucional sobre el acoso laboral en México es aún muy reciente. La Suprema Corte analizó un amparo directo del cual fueron emitidas tres tesis aisladas sobre el tema. El estudio de fondo proveniente de este caso permitió definir el acoso laboral y establecer sus características, derechos de la víctima y pruebas necesarias para demostrar la agresión. En cambio, los legisladores establecieron en la norma una distinción relevante sobre el tipo de agresión. Aunado a esto, la perspectiva académica establece que el acoso sexual en el ámbito laboral es una forma de mantener la desigualdad entre los géneros a través del uso del poder. Las distintas dimensiones en las que puede suceder este tipo de acoso demuestran la poca precisión y conocimiento que ambas instituciones del Estado tienen sobre el problema. Sin duda, el acoso laboral es un tema complejo que requiere de un consenso entre ambos poderes para poder proteger y garantizar justicia a las víctimas. Por ello, urge que tanto los jueces como legisladores definan de manera puntual acoso laboral, así como acoso sexual en el ámbito laboral, con el fin de establecer la primera piedra para garantizar una plena protección a los trabajadores.

Elizabeth V. Leyva. Estudiante de la licenciatura de derecho en la División de Estudios Jurídicos del CIDE. Twitter: @elizaabethleyva


Bibliografía:

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De La Madrid, Lucía Raphael, ministro Luis María Aguilar Morales. Acoso laboral. México: Suprema Corte de Justicia de la Nación, Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2016.

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Frías, Sonia. “Definiciones, género y acoso sexual en el ámbito laboral: El caso de un tribunal federal mexicano”, Visible en todas partes. Estudios sobre violencias contra las mujeres en múltiples ámbitos. Cuernavaca: CRIM.

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Tesis 1a. CCL/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.

Tesis 1a. CCLI/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.

Tesis 1a. CCLII/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.


1 Lucía Raphael De La Madrid, ministro Luis María Aguilar Morales, Acoso laboral, (México: Suprema Corte de Justicia de la Nación, Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2016), 46.

2 Lucía Raphael De La Madrid, ministro Luis María Aguilar Morales, Acoso laboral, 50

3 Tesis 1a. CCLII/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.

4 Tesis 1a. CCL/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.

5 Tesis 1a. CCLI/2014 (10a),  derivado del amparo directo 47/2013, resuelto el 7 de febrero de 2014, Cinco votos de los Ministros Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Olga Sánchez Cordero de García Villegas y Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien reservó su derecho a formular voto concurrente. Ponente: José Ramón Cossío Díaz. Secretaria: Mireya Meléndez Almaraz.

6 Las negritas y el subrayado son de la autora.

H. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión Legislatura LXII, Ley Federal del Trabajo, Título primero: principios generales, Artículo 3 bis, consultado el 28 de agosto de 2017.

7 Carrie N. Baker, “The Emergence of Organized Feminist Resistance to Sexual Harassment in the United States in the 1970s.”, en Journal of Women’s History, vol 19, (2007), 161-184.

8 Juan Antonio Altés Tárrega, El acoso sexual en el trabajo, (Valencia: Tirant Lo Blanch, 2002), 24.

9 Sonia Frías, “Definiciones, género y acoso sexual en el ámbito laboral: El caso de un tribunal federal mexicano”, en Visible en todas partes. Estudios sobre violencias contra las mujeres en múltiples ámbitos,  Carolina Agoff, Irene Casique y Roberto Castro [editores], Cuernavaca: CRIM,  3.

10 La teoría, en un principio, comenzó analizando el acoso sexual en el ámbito laboral sobre las mujeres, donde los hombres eran los únicos sujetos que atentaban contra ellas. En la actualidad, esta visión ya considera que tanto hombres como mujeres pueden ser sujetos activos en estas prácticas violentas, así como las víctimas del mismo.

11 Carrie N. Baker, “Race, Class y Sexual Harassment in the 1970s.”, en Feminist Studies, vol 30, (2004), 7-27.

12 Sonia Frías, “Definiciones, género y acoso sexual en el ámbito laboral: El caso de un tribunal federal mexicano”, 3.

13 Louise F. Fitzgerald, Michele J. Gelfand, y Fritz Drasgow, “Measuring Sexual Harassment: Theoretical y Psychometric Advances”, en Basic and Applied Social Psychology, vol 17, (1995), 425-445.

Louise F. Fitzgerald, Sandra Shullman, Nancy Bailey, Margaret Richards y Janice Swecker, “The Incidence and Dimensions of Sexual Harassment in Academia and the Workplace”, en Journal of Vocational Behavior, vol. 32, (1988), 152-175.

Louise F. Fitzgerald,Fritz Drasgow, Charles L. Hullin, Michele J. Gelfand y Vicki J. Magley,  “Antecedents and Consequences of Sexual Harassment in Organizations: A Test of an Integrated Model”, en Journal of Applied Psychology, vol. 82, (1997), 578-589.

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