Hace algunos días, la Suprema Corte resolvió una serie de asuntos que, siguiendo a la opinión pública, abordaban el tema del anatocismo inverso. ¿Se trató, sin embargo, efectivamente de un tema de anatocismo inverso? ¿Qué significa el anatocismo? ¿Está permitido en México? El siguiente texto desmenuza de manera comprensible lo que realmente estuvo en juego en estos juicios de amparo que tocan temas un tanto áridos, poco comprendidos, pero de enorme relevancia para la vida económica del país.

Con el propósito de hacer una exposición más clara de estos amparos resueltos recientemente por la Suprema Corte, resulta importante hacer unos breves comentarios acerca del asunto que decidió la Corte en octubre de 1998 y que públicamente se le conoció como anatocismo.

En primer término, es necesario señalar que el anatocismo se presenta cuando en una obligación de crédito, los intereses devengados a cargo del deudor (pero no pagados) son susceptibles de, a su vez, generar intereses. Esta figura se encuentra prohibida tanto por la legislación civil como por la mercantil. Aquí valdría recordar también que en una obligación de crédito, una vez que los intereses se devengan y son exigibles, se pueden presentar dos escenarios:

  1. El deudor paga esos intereses a su acreedor. En este supuesto, el capital o, como también se dice, el principal de la deuda permanece intacto o disminuye si el pago hecho fue mayor al monto que se debía por concepto de intereses. En esta hipótesis se devengarían intereses en el siguiente periodo sobre el principal del adeudo, que como se dijo permaneció sin cambio o incluso disminuyó.
  2. El deudor no paga, o no en su totalidad, los intereses. En este supuesto, si en esa obligación se pactó que los intereses devengados pero no pagados se capitalizarán, lo que ocurre es que la diferencia entre el monto que se debía y el que se pagó se suma al principal de la obligación. Esto significa que en este caso, igual que en el inciso anterior, en el periodo siguiente se devengarán intereses sobre el principal de la obligación. La diferencia, no menor, es que en este segundo ejemplo el capital aumentó en virtud de que se le sumaron los intereses no pagados.

En este contexto, la Suprema Corte en 1998 enfrentó la siguiente pregunta: ¿en materia mercantil -la que rige las relaciones entre un banco y sus acreditados o depositantes- es posible pactar la capitalización de intereses? La Corte, al resolver la contradicción de tesis que dio origen al asunto, estableció el criterio de que tratándose de esa materia (más no en la civil), sí es posible que los contratantes pacten válidamente la capitalización de los intereses desde el inicio de una relación contractual.

¿Cuál es la diferencia, entonces, entre anatocismo y capitalización de intereses? Mientras la legislación prohíbe el anatocismo, sí permite que los intereses se capitalicen. La prohibición radica que en sí mismos los intereses no deben generar más intereses, a menos que éstos pasen a formar parte del principal. Este punto, aunque pudiese parecer menor no lo es, pues si se observa con atención lo que sucede en la capitalización de intereses es que el acreedor le vuelve a prestar al deudor o, como también se dice, le refinancia los intereses toda vez que este último no pagó los intereses devengados al momento que son exigibles. Exactamente lo mismo ocurre, tratándose de obligaciones bancarias pasivas, pues el banco capitaliza los intereses a favor del depositante, si éstos no son entregados al vencimiento.

El conjunto de asuntos que dieron origen a esta resolución de la Corte de 1998 tenían algunas peculiaridades de suma relevancia. Por un lado, los contratos de apertura de crédito se habían celebrado a tasa variable. Es decir, los acreditados se obligaban a pagar una tasa determinable momento a momento, cuya variación dependía de los niveles de tasas de interés que hubiera en el país, naturalmente ligadas al panorama macrofinanciero. El infortunio ocurrió derivado de la profunda crisis financiera que se originó en México a finales de 1994. Como ejemplo de las consecuencias perniciosas que trajo esa crisis, la inflación anual en 1995 fue de 51.97% mientras que la 1994 fue de 7.05%.

Ese cambio significó una erosión brusca y drástica del poder adquisitivo de la moneda, que evidentemente se vio reflejado en las tasas de interés. ¿Qué ocurrió? Los ingresos de los deudores eran suficientes para hacer frente a sus obligaciones originales, cuando las variaciones de la tasa eran menores, pero una vez ocurrida la catástrofe financiera los créditos se volvieron simplemente impagables. Esa situación llevó al refinanciamiento de intereses mencionado y al cuestionamiento de los afectados de la constitucionalidad de las sentencias que los condenaban a pagar intereses capitalizados.

Se trató de un asunto sumamente sensible, pues además la mayoría de los créditos materia de las controversias eran hipotecarios. La Corte fue severamente cuestionada y criticada por esta resolución, en parte me parece, por una simpatía muy arraigada en nuestro país a favor del deudor.

Ahora bien, en fechas recientes, la propia Corte resolvió una serie de amparos, a los que mediáticamente se les ha llamado anatocismo inverso. En primer lugar, como ya se expresó, existe un error de nomenclatura desde el caso de 1998, pues la litis en aquel momento consistió en saber si la capitalización de intereses es legal y no así el anatocismo. En ese sentido, el centro de la litis en esta serie de asuntos no fue una capitalización de intereses inversa. El nombre de anatocismo inverso se le dio porque el banco efectivamente, entre otras cosas, cuestionó que hubiera un pacto expreso de capitalización de interés a favor del cliente. Ese elemento lo hace diametralmente distinto a los casos del 98. Lo simplifiquemos de la siguiente manera:

  • En 1998 se cuestionó a la Corte si es válido que en una relación contractual de carácter mercantil se pacte la capitalización de intereses desde el inicio de la misma.
  • En los casos actuales el argumento del banco fue que del recibo no se desprendía un pacto expreso de capitalización de intereses.

El concepto utilizado actualmente es incorrecto porque el asunto no se refiere anatocismo sino en todo caso a capitalización de intereses, por lo que arrastra el error de nomenclatura original. Pero tampoco podría hablarse de capitalización de intereses inversa, pues como ya se dijo la litis es completamente distinta. Además, nunca se ha cuestionado la validez de la capitalización de intereses en las operaciones pasivas de los bancos, es decir, aquellas en que éstos reciben depósitos del público. Siempre se ha tenido por sentado que esas instituciones paguen a sus depositantes interés compuesto, o lo que es lo mismo, que capitalicen los intereses a favor de su clientela, si así lo pactan las partes.

A continuación, trataré de hacer una descripción puntual y esquemática del primero de estos amparos que resolvió la Corte y que guarda todos los rasgos para considerarlo un denominador común del resto de los asuntos. Los hechos son los siguientes:

  • En  julio 1987 un cliente celebró con su banco un depósito a plazo por $400.00 (el depósito se hizo por $400,000.00 pero no hay que olvidar que en 1993 la unidad monetaria cambió: se eliminaron tres ceros).
  • Ese cliente cuenta con un recibo expedido por el banco, que ampara la citada cantidad y una tasa de interés neta de 91.35%.
  • El recibo contiene una leyenda que dice: “Los intereses le serán renovados el día del vencimiento al mismo plazo. De no contar con instrucciones al vencimiento, se renovará mismas condiciones”.
  • Con base en ese documento, el cliente presentó una demanda contra el banco en el estado de Chihuahua.
  • El banco fue condenado a pagar doscientos setenta mil millones de pesos.
  • El Tribunal Superior de esa entidad confirmó la sentencia. En ambos casos el argumentó se basó en que:
  1. La leyenda contenida en el recibo supone que al señalar “mismas condiciones” se entiende, entre otros elementos, la misma tasa de 91.35%.
  2. El banco no pudo probar que devolvió al cliente el depósito más intereses ni que recibió instrucciones al término de ninguno de los vencimientos de los plazos de inversión.
  3. Los intereses devengados se capitalizan periodo tras periodo.

Es importante señalar que en 1987, año en que se realizó el depósito, la banca en México se encontraba estatizada y la ley otorgaba al Banco de México facultades para fijar las tasas máximas de interés que los bancos podían pagar a sus clientes en distintos periodos.

En tal sentido, la tasa ofrecida originalmente por el banco al cliente se encontraba dentro del límite que para ese momento había fijado el banco central.

El banco presentó una demanda que controvierte la resolución, asunto que fue atraído por la Corte y dio origen a la resolución en análisis.

La Suprema Corte resolvió, a grandes rasgos, lo siguiente:

  • La leyenda de renovación bajo las mismas condiciones, sí abarca la tasa de interés. Pero no de forma nominal, es decir, no siempre al 91.35%, pues ello supondría una violación a la ley que facultaba a Banco de México a fijar tasas máximas por producto. Por ese motivo, la resolución de la Corte obliga a la sala a condenar al banco a pagar en el primer periodo la tasa pactada y, posteriormente, la tasa máxima fijada por el Banco de México, mientras duró el régimen de tasas máximas. Para las renovaciones posteriores habría de regir la tasa máxima de mercado para esos productos de captación, es decir, para depósitos a plazo fijo de 28 días.
  • Que el mencionado Tribunal de Chihuahua debía condenar también al banco a pagar la capitalización de los intereses vencimiento tras vencimiento, en razón de que si había pacto expreso de capitalización.

Antonio Espinosa Aguilar. Experto en temas financieros.

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