Casi no hay semana de trabajo, en que la Suprema Corte no tenga un asunto que resolver de relevancia para la vida social e institucional del país. Sin embargo, los siguientes días destacan al tener la Corte en su agenda tres casos variopintos de enorme importancia.

En primer lugar, el día de hoy se retoma la discusión sobre el llamado amparo de los fumadores, en cuya discusión se han presentando interesantes temas respecto el concepto de derechos sociales (frente a los derechos colectivos y difusos) y el interés jurídico.

Asimismo, según el ministro Cossío en su cuenta de twitter, también para esta semana está listada la discusión sobre el amparo de los intelectuales, después de que la Corte quedará empatada ante la falta del ministro que sustituiría a Gudiño Pelayo. Ahora, con la designación del ministro Pardo Rebolledo, la Corte tendrá que determinar, en primer lugar, si efectivamente es apropiado el juicio de amparo para atacar la constitucionalidad de una reforma constitucional. En caso de que la mayoría de los ministros considere que sí, entonces, pasarían al aspecto de fondo de la discusión de este asunto: si la reforma constitucional en materia electoral de 2007 se ciñó al procedimiento constitucional de reforma y si algunos de sus contenidos vulneran la libertad de expresión.

Por último, existe otro tema de enorme sensibilidad social que deberán resolver los ministros de la Primera Sala de la Corte este miércoles:  el caso del niño del Instituto San Felipe de Oaxaca que sostiene haber sido violado por el esposo de la dueña de la escuela y el maestro de computación. El sábado pasado, en el periódico Reforma, Ana Laura Magaloni esbozó las características y relevancia de este asunto:

La semana que viene la Primera Sala de la Suprema Corte va a establecer un precedente determinante en esta materia. El miércoles los ministros resuelven el caso del niño del Instituto San Felipe de Oaxaca que sostiene haber sido violado por el esposo de la dueña de la escuela y el maestro de computación. Ellos son prófugos de la justicia. Quien promovió el amparo que resolverá la Corte fue Magdalena García Soto, la maestra que según el menor lo llevaba al salón donde sucedían los abusos.

La defensa legal de la maestra no se ha centrado en lo que sería la defensa más obvia para ella: “yo no sabía nada”; sino en lo que permite absolver, sin haber sido juzgados, a los dos prófugos: “no existió violación”. Tuve la oportunidad de escuchar los argumentos del abogado que defiende a los tres acusados. Humberto Castillejos ha armado una buena defensa y estoy segura que está convencido de la inocencia de sus clientes. También ha hecho un buen trabajo la contraparte. Felipe Canseco, el abogado que coadyuva con el MP y defiende al menor, tiene buenos contra argumentos frente a lo que sostiene la defensa. Como en cualquier juicio, cada una de las partes provee al tribunal un punto de vista desde el cual analizar las pruebas que están en el expediente. Como todos sabemos, las pruebas no hablan por sí solas, son los litigantes los que las hacen hablar a partir de la teoría del caso que cada uno de ellos defiende: la defensa argumenta que no hubo violación y el MP y el coadyuvante que sí la hubo.

Sin embargo, entre todo este complicado mundo de peritajes y argumentos legales, hay algo que me parece incontrovertible y que debería ser el eje central de la valoración de este caso: la declaración del niño. Yo sé, y lo vi en otros casos, que un menor de 4 años no puede ser aleccionado para declarar de la forma en que lo hizo. También sé que la única posible explicación que puede dar el abogado defensor frente a la declaración del menor es la de siempre: la madre armó todo este escándalo porque está loca. De esta manera, la vocecita del menor, esa que apenas se atreve a decir lo que le ha pasado, termina siendo silenciada. Los formalismos legales, los papeleos absurdos y los argumentos jurídicos ad hoc son los vehículos para que nadie más escuche a la voz del menor.

Esperemos que los ministros de la Primera Sala sí tengan oídos potentes y corazón grande para escuchar, entre todo el ruido que ha generado este caso, la vocecita de un niño que a sus 4 años tuvo la valentía de pedir al sistema de justicia que se castigue a quienes abusaron sexualmente de él.

Sin duda, habrá que seguir puntualmente la votación y argumentación de cada uno de los ministros en estos asuntos.

El Juego de la Suprema Corte

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