The political cartoon is a weapon of attack, of scorn and ridicule and satire; it is least effective when it tries to pat some politician on the back. It is usually as welcome as a bee sting, and is always controversial in some quarters.

U.S. Supreme Court

Hustler Magazine, Inc. v. Falwell

“….En lo que concierne a su organización política, de todos los candidatos se selecciona al más apto para las funciones de gobierno, matando al opositor para evitar la división interna. Por ello son raras las convulsiones internas o los derrocamientos…”

No, la anterior no es una descripción contemporánea del sistema político sino un relato etológico contenido en el Bestiario Medieval para explicar el comportamiento de las abejas, consideradas entonces como “la más pequeña de las aves”. De acuerdo con el Bestiario, las abejas son quisquillosamente intolerantes y no soportan la carga de haber transgredido la ley: “…Quienes violan la ley se castigan a sí mismas con la pena de muerte, inyectándose su propio aguijón”.

Pero las propias abejas tampoco resisten la tentación de aguijonear a la justicia expedita; un magistrado hondureño se desmayó por la picadura de una abeja, lo que retrasó varios días la audiencia de un juicio por homicidio en el tribunal que él presidía. Al día siguiente, los bomberos se vieron obligados a retirar todos los panales que peculiarmente ornamentaban a la Corte Suprema de Honduras.

Si bien la entomología jurídica no ha llegado siquiera a consolidar su periodo pregestacional, su potencial es por lo menos tan amplio, como la variedad de artrópodos en el mundo, y qué mejor ejemplo que la fumigante declaración del magistrado español Antonio Montserrat Quintana: “distinguir entre jueces conservadores y progresistas es una dicotomía falsa porque no es posible clasificar a las personas tan fácilmente como a los insectos…esa distinción de origen claramente marxista habría que replantearla…”

Para los pioneros de la entomología jurídica, el punto de partida es reparar en que un grupo muy selecto de artrópodos son protegidos por las convenciones internacionales:

  • Los escarabajos dynastes satanas y colophon spp. se encuentran protegidos por los Apéndices II y III de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
  • Las mariposas ala de pájaro y ala de golondrina (ornithoptera alexandrae, atrophaneura jophon, y atrophaneura pandiyana, entre otras) son protegidas por los Apéndices I y II de la CITES.
  • Ciertas tarántulas (aphonopelma albiceps, aphonopelma pallidum) y algunos escorpiones (pandinus dictator y pandinus gambiensis) son previstos por el Apéndice II de la citada Convención.

Aunada a la anterior, está la protección brindada a esos bichos por algunas Directivas europeas (en especial la Directiva 93/43/CEE), lo que, al menos en el caso de ellos, convierte el bello fragmento del poema de Benedetti en un arriesgado despropósito: “…el temerario insecto que será pisoteado por su zapato nuevo…

Pero es el homo sapiens sapiens el que ha propiciado una mayor vinculación de los artrópodos con la impartición de justicia:

Pero el caso que en mayor medida aguijoneó nuestra curiosidad sucedió en 2001. Un canadiense logró que su caso llegara hasta la Suprema Corte con un argumento que envidiaría Gregorio Samsa: unas moscas arruinaron su vida sexual.

Waddah Mustapha, de Ontario, y su esposa, aseguraron haber encontrado una mosca muerta y la mitad de otra flotando en el agua de una botella cerrada. El impacto le provocó a Mustapha “depresión, ansiedad, fobias específicas y tener pensamientos obsesivos después de ver las moscas en el agua”. Su vida sexual no volvió a ser la misma y reclamó una indemnización cercana al medio millón de dólares, pero tanto el Tribunal de Apelaciones de Ontario como la Suprema Corte de Canadá, desecharon el caso.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

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