El amor y los celos, hermanos gemelos

Anónimo.

Compartiendo la huella genética o la justicia me da risa

En la escena del soirée organizado por la familia Wilkes en Lo que el Viento se Llevó, está Scarlett O´Hara saludando a su cardumen de admiradores hasta que se topa en las escaleras con los gemelos Brent y Stuart Tarleton, que van acompañados por sus novias. Ese detalle no es óbice para que Scarlett les escupa un piropo un tanto falaz: Oh, I never can make up my mind which of you two’s handsomer. I was awake all last night trying to figure it out.

¿Qué casos de maximización indebida del beneficio individual de gemelas y gemelos han llegado a tribunales? Aparentemente muchos, pero estando a tono con la presente nota, tan solo daremos cuenta de asuntos mellizos. El primero de ellos alude a Abbas y Hassan O., hermanos gemelos de origen libanés y presuntos autores del robo del siglo en Alemania, quienes le “hicieron una gambeta” al sistema de justicia teutón, que se vio obligado a dejarles en libertad tres semanas después de su detención por tener una huella genética prácticamente idéntica. Pese a que la policía encontró en el lugar de los hechos un guante con la huella de ADN de uno de los ladrones, y con la certeza de que pertenecía a uno de ellos, la imposibilidad de identificar con absoluta precisión a cuál de los dos hermanos pertenecía obligó a la Justicia a poner a ambos en libertad. El colofón fue elocuente. El tabloide Bild publicó en su primera plana la fotografía de los rufianes sacándole la lengua al sistema judicial.

El segundo es doblemente sorprendente. La italiana Gabriela Odisio tenía dos empleos, en Rho era litigante, y en Vigevano jueza. A veces su agenda era singularmente apretada y le pidió a su gemela, Patrizia, —que también había estudiado Derecho, pero no estaba titulada—, que estuviera en la Corte para hacerse pasar por ella, haciendo el acting de jueza, mientras Gabriela litigaba más desahogadamente, y disfrutaba también de suculentos emolumentos gemelos. Tres años duró el engaño, hasta que fueron descubiertas y procesadas por falsedad de declaraciones.

The Unanswered Question

En enero de 2010, The Explainer publicó los resultados de su ya tradicional encuesta acerca de las preguntas que, en opinión del público consultado, eran las más complicadas que podrían formularse. En 2006 se preguntó si podía ensuciarse un jabón; en 2007 la gente preguntaba ¿por qué no arrojan los residuos médicos y nucleares a los volcanes activos, los más eficientes incineradores del mundo? 2008 fue el año en que la gente preguntó acerca de la raza canina más desleal. Y, con mucho margen, la pregunta ganadora correspondiente a 2009, fue: How would the law punish Siamese twins if one of the twins committed murder without the other being involved? La respuesta otorgada fue: “nadie sabe”.

Poca común su incidencia (alrededor de uno de cada 200 mil nacimientos), y cuando se dan, preponderantemente toracópagos, esternópagos y pigópagos, los siameses son enfocados por el periscopio de muchas disciplinas, incluyendo, desde luego, a la Criminología y a la Filosofía del Derecho.

No fui yo, ni fuimos nosotros del todo

Para intentar dar respuesta al reto planteado por The Explainer, vale recordar a Lazarus Colloredo, un caballero italiano del siglo XVII que llevaba a su hermano Joannes Baptista adherido a su pecho y a quien solía cubrir con un manto elegante. El historiador Henri Sauval asegura haber jugado hándbol con ellos en París, y que en una ocasión, Lazarus se jactó de haber matado a un hombre sin repercusión alguna porque su hermano era inocente.

Chang y Eng Bunker, los siameses por antonomasia fueron arrestados tras una trifulca con un médico que deseaba examinarlos, pero no fueron procesados. Tampoco se tiene registro de que hayan sido acusados por bigamia. Lucio y Simplicio Godina, célebres siameses filipinos fueron detenidos en 1925. Al parecer Lucio estaba aprendiendo a manejar y, como es normal en la curva de ese aprendizaje, chocó con un remolque, provocándole un rallonazo. Fue arrestado, pero Simplicio apeló argumentando su inocencia. El juez de Manila dejo en libertad a ambos. Parece que el caso se repitió en 1929 en Estados Unidos, pero en esta ocasión provocado por Simplicio, que también estaba aprendiendo a manejar.

Algunos analistas que pueden dedicarle tiempo a las entelequias sugieren que, tratándose de la persecución penal de los siameses, la analogía por excelencia es la mujer embarazada que está en la cárcel (en Estados Unidos hay más de 10 mil mujeres embarazadas en prisión), y juristas como Dan Markel, Jennifer Collins y Ethan Leib, proponen algunas soluciones al respecto en Privilege or Punish. Criminal Justice and the Challenge of Family Ties.

Pero la interrogante persiste, ¿qué hacer con los siameses si uno comete homicidio? Se ha sugerido que tal vez solo uno de ellos deba ser tratado como convicto, y al ser puestos en libertad, el autor material podría perder sus derechos políticos, mientras que el siamés inocente podría recibir una compensación, similar a las que se aplican cuando hay “error judicial”. Nicholas Kam desaconseja la pena de muerte (desde luego, no puede aplicarse la pena de muerte a una embarazada), pero es insistente con la idea de una multa ejemplar, aunque es difícil imaginar cómo la multa no impactará también en el siamés inocente. Una medida más radical, sugerida por el mismo autor, es forzar la separación quirúrgica, tal como lo hizo un tribunal británico en el año 2000 al ordenar la separación de dos pequeñas siamesas, contra la voluntad de sus padres. Esta idea, desde luego, no resiste siquiera el tiempo de Planck.

También se ha concluido que, en un caso práctico llevado a tribunales, los miembros del jurado podrían inclinarse a pensar que el siamés “bueno” actuó como cómplice e incluso, prestando ayuda al siamés “malo”, o peor aún, el inocente obstruiría a la justicia por no haber detenido al criminal. Finalmente, quienes se apasionan con el Derecho Penitenciario sugieren que la única forma de resolver la pregunta de The Explainer es que el siamés “malo” sea encarcelado, mientras que el “bueno” trabaje como celador.

Bioética, Vélez Sarsfield vs. Charles Ives

En su Diccionario Filosófico Pelayo García Sierra reconoce que el problema teórico planteado por la realidad de los siameses constituye un desafío para los sistemas mejor consensuados de «principios de la Bioética» que tengan que ver con la “autonomía del individuo humano”, con los “derechos humanos” o con el “derecho natural”, en general. ¿Cómo aplicar, aunque fuera retrospectivamente, el principio del “derecho de asociación” (artículo XX de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) a Chang y Eng Bunker?, ¿cómo les aplicaremos (o les dejaremos de aplicar) el principio de solidaridad? ¿cabe mayor solidaridad que la que mantuvieron estos hermanos, sobre todo a partir de cumplir sus 32 años, en 1843, cuando contrajeron matrimonio respectivamente con las hermanas Adelaida y Sarah Anne Yates, y organizaron sistemáticamente las “visitas solidarias”, en semanas alternas, a las casas en las que residían sus esposas, que no eran, por cierto, hermanas siamesas, sino que vivían en sus casas separadas un par de kilómetros, visitas solidarias que dieron como fruto nada menos que veintiún hijos?. El autor concluye que la realidad de los siameses inseparables es un “banco de pruebas” muy útil para ensayar el alcance de los diferentes sistemas de bioética, independientemente de su trascendental importancia filosófica.

Vélez Sarsfield es un equipo de futbol argentino, con desempeño, más bien errático y su estadio en Liniers, Buenos Aires, tiene más relevancia como sede de conciertos, pero su nombre deriva de uno de los juristas más respetados que redactó el Código Civil argentino de 1869, que en buena parte, aún continúa en vigor. El artículo 88 dispuso: “si nace más de un hijo vivo en un solo parto, los nacidos son considerados de igual edad y con iguales derechos para los casos de institución o substitución a los hijos mayores”. Esto tiene especial relevancia, en casos como de las dos pequeñas siamesas británicas (Jodie y Mary) cuya separación fue resuelta por un tribunal, aunque se sabía que solo sobreviviría una de ellas. Otra situación conflictiva se dio con unas siamesas hondureñas separadas con éxito, pero que después debieron enfrentar el desalojo de su vivienda. Dignidad e intimidad son tan solo aristas, pero de especial relevancia al analizar estos supuestos que impactan en la práctica. Inspirado en Savigny, Vélez Sarsfield cinceló: “una simple desviación de las formas normales de la humanidad, por ejemplo, un miembro de más o un miembro de menos, no obsta a la capacidad de derecho. Los textos no nos dicen por qué signos se reconoce una criatura humana. Parece que la cabeza debe representar las formas de humanidad”.

En 1906, Charles Ives compuso The Unanswered Question. El compositor asignó la “pregunta” a un solo de trompeta que la formula seis veces por separado. Y cada vez que la da, llega una respuesta o una tentativa de respuesta, por parte de un grupo de maderas. La sexta vez que la trompeta hace la pregunta, la respuesta es el silencio. Lo mismo podríamos hacer con la interrogante lanzada por The Explainer.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

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