mayo 26, 2010

Medios, opinión pública y la Suprema Corte

Hoy en día, cada vez con más frecuencia, la opinión pública escudriña el desempeño de la Suprema Corte de Justicia. Aunque todavía estamos frente un incipiente periodismo judicial en el país, no es extraño que en la rutina informativa de periódicos y medios electrónicos circulen notas sobre nuestro tribunal constitucional. Sea para dar cuenta de una decisión relevante o un evento protocolario, nuestra Corte paulatinamente adquiere cada vez más relevancia en la discusión pública.

¿Qué tan buena es, sin embargo, la cobertura de la prensa respecto la Suprema Corte? ¿Cumplen los medios con su responsabilidad de informar los aspectos más relevantes de la función jurisdiccional? ¿Cómo mejorar la cobertura? ¿Es posible lograr dicha mejora con el actual proceso de decisión que tiene nuestra Corte?

Un punto de partida clave es entender que la fuente informativa dura de la Suprema Corte, y de cualquier tribunal constitucional, son sus sentencias. En ellas se encuentra la decisión y la cadena argumentativa que la sostiene. Asimismo, a partir de las sentencias se puede desprender, si reúne ciertas condiciones, la jurisprudencia y los precedentes que influyen en la resolución de otros asuntos.

Nuestros medios de comunicación, no obstante, usualmente se enfocan en dar cuenta meramente de las discusiones que se suscitan entre los ministros  -que son públicas y mediáticas, pues se difunden a través del Canal Judicial. En este contexto, los medios apenas pueden capturar sólo algunos aspectos de los forcejos que se dan entre los ministros al momento de resolver los casos, dejando ir la médula de cada decisión: la argumentación de la sentencia.

Esto propicia, por un lado, que el retrato de no pocos asuntos se reduzca a un anecdotario de los ministros: chistes, comentarios políticamente incorrectos, fricciones entre sí. Y, por el otro, que desde la primera sesión en que se discute un asunto, los medios quieren prever y anunciar la votación final. Tienen prisa por dar a conocer el marcador final. Aun cuando la labor de la Corte es mucho más compleja que la aritmética de sus votaciones.

Este vicio se ha reflejado claramente con el asunto de la píldora de emergencia, donde varios medios desde el primer día del debate, el pasado 17 de mayo, le dieron a sus notas el giro de que la Corte ya había ratificado la constitucionalidad de la píldora de emergencia –error que se reprodujo en redes sociales como twitter y facebook. Inclusive una editorial del periódico El Universal, del pasado lunes 24 de mayo, se refiere literalmente a este asunto como si ya hubiese concluido: “El duelo del gobernador con la píldora del día siguiente se resolvió ya hace un par de días en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en contra de la impugnación”. Lo cierto, no obstante, es que hasta el día de hoy todavía no se define la votación final del caso.

Los medios, sin duda, son en buena medida culpables de esta mala práctica periodística al momento de cubrir la Corte. Sin embargo, también es necesario mencionar que este vicio tiene su origen en el mismo proceso de decisión de nuestra Suprema Corte. Veamos.

Los procesos de decisión de los tribunales constitucionales alrededor de mundo se desarrollan a través de etapas que son públicas y otras que son secretas. En términos generales, las audiencias de las partes son públicas, mientras que la deliberación entre los jueces constitucionales son enteramente secretas -en aras de elevar el nivel de la deliberación- y, finalmente, las sentencias son también públicas. En México, por el contrario, como han señalado Ana Laura Magaloni y Carlos Elizondo, el proceso sigue un rumbo un tanto distinto. Las audiencias de las partes en un proceso jurisdiccional ante la Suprema Corte son secretos, por lo cual coloquialmente se les conoce como audiencias de oído: a puerta cerrada en el despacho de cada uno de los ministros, la deliberación como ya se ha mencionado es pública e inclusive mediática y, por último, tenemos que las sentencias son públicas. Asimismo, vale mencionar que el  tiempo entre el momento en que se lleva a cabo la deliberación -etapa donde se define el sentido de la decisión de los asuntos- y el momento en el que se emite la sentencia, puede extenderse por varios meses.

Ahora bien: ¿Qué implicaciones tiene estas características del proceso de decisión de la Suprema Corte en términos periodísticos? El efecto más relevante es que los medios inevitablemente se preocuparan por seguir sólo los debates de los ministros y recoger la decisión que de ahí resulte. Mientras tanto la sentencia correspondiente, que vendrá en los siguientes meses, sin duda perderá relevancia mediática al momento de que es finalmente publicitada.

En los Estados Unidos, por el contrario, los medios siguen las audiencias públicas de las partes, lo cual les sirven para cubrir las coordenadas del debate de cada uno de los asuntos que conoce la Corte Suprema de aquel país. Posteriormente, los justices deliberan en secreto: aquí los medios obviamente no tienen participación. Y por último, la Corte Suprema publica las sentencias, dando a conocer al mismo tiempo el sentido de la decisión de un determinado asunto, junto con sus correspondientes esgrimas argumentativas. Los medios ante este escenario, como mencionan los periodistas judiciales Lyle Denniston y Joan Biskupic, se ven obligados a cubrir ambos aspectos. Lo cual se traduce en una mejor cobertura de la función jurisdiccional.

¿Es ingenuo, entonces, esperar una mejorar cobertura de los medios de la función jurisdiccional de la Corte mientras nuestra Suprema Corte mantenga este proceso de decisión? ¿Esta circunstancia amerita modificar dicho proceso de decisión? ¿Debe ser preocupación de la Corte propiciar un escenario institucional más adecuado para una cobertura periodística idónea? ¿En qué sentido debería reformarse, en su caso, este proceso de decisión para lograr tal objetivo?

El juego de la Suprema Corte

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3 comentarios a “Medios, opinión pública y la Suprema Corte”

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