hsbc2Ésta es la primera parte de una entrevista realizada a Yssel Reyes, un hombre de 39 años que fue despedido de HSBC en 2007. Reyes argumenta que la compañía lo echó después de 14 años por los gastos médicos que generaba su condición de VIH positivo. El caso del ex-trabajador bancario fue atraído por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia y se espera que sea resuelto la siguiente semana.

Yssel Reyes se bajó del taxi y subió a su oficina en el piso de Recursos Humanos en el edificio de HSBC en Reforma. Se sentó a trabajar frente a la computadora, como todos los días.

De repente, uno de sus compañeros, de otra área del corporativo, se le acercó y le hizo una pregunta abrupta y seca: “Oye, ¿que tú tienes SIDA?”. Era 2007.

Diez años antes, cuando Reyes trabajaba para el banco, que entonces se llamaba Bital, fue diagnosticado como VIH positivo. Llevaba cuatro años trabajando ahí, primero en una sucursal bancaria como cajero y después como asesor en las oficinas centrales.

Ésta era la primera vez que alguien, en 14 años de vida laboral, le había preguntado algo así.

Hasta ese entonces, Reyes había mantenido su sexualidad y su condición en privado. Pero de la noche a la mañana, en la oficina todos sabían que era VIH positivo. “Hasta mis compañeros de cuando trabajaba en la sucursal”, dice en entrevista.

La información, contenida exclusivamente en su expediente médico –confidencial por ley–, era del dominio público en HSBC. Alguien la había filtrado.

A partir de ahí, su día a día en el trabajo se llenó de lo que él describe como “hostigamiento”. “Algunos ya no me saludaban. Yo entraba al baño, y los veía. Estaban en plena miada y se salían”, recuerda.

Lo mismo ocurrió con sus jefes. De manejar la rotación y asignación de personal, parte de sus responsabilidades en el trabajo, fue convertido en capturista, función para la que el banco subcontrataba a otras compañías.

Sus cheques tenían un nuevo concepto en la descripción. Decían “empleado incapacitado”. Reyes seguía yendo de forma regular al trabajo, pero la compañía lo tenía bajo una clasificación que, según él, se utilizaba para “enfermos terminales”.

En septiembre de ese año, bajo un clima de presión extrema –Reyes sostiene que se llegó a enfermar por las circunstancias–, la compañía le dio la puntilla. “Tienes que subir al área de jurídico porque te quieren ver. Tienes que ver una situación laboral”, le dijo una compañera.

Sus jefes lo estaban esperando en una sala de juntas. “Ya es insostenible mantener la relación laboral contigo y por tanto vamos a prescindir de tus servicios”, recuerda Reyes que le dijeron. De inmediato le pidieron que firmara una renuncia, y que “después” podría negociar su liquidación. Se negó.

“¿Así nomás?”, les preguntó. La respuesta lo dejó frío: “Si quieres salir bien de aquí es así, si no tú lo vas a lamentar más que nosotros”.

Reyes narra que lo tuvieron encerrado casi cinco horas, hasta que terminaron por echarlo del edificio. “Los harté”, dice.

Oficialmente no había pasado nada: ni él había renunciado ni la compañía lo había liquidado. Pero su foto ya estaba en la entrada, con un mensaje de que no lo dejaran ingresar al edificio. Y su seguro médico –fundamental para el tratamiento que llevaba– había sido cancelado al instante.

(HSBC, a través de Lyssette Bravo, Directora de Asuntos Públicos, prometió responder a una solicitud de información para la elaboración de esta nota sobre la terminación de la relación laboral con Reyes. La respuesta será publicada en este espacio cuando sea dada a conocer).

De mal en peor

Reyes, de pelo negro corto con un poco de gomina, barba de un par de días, y quien gusta hablar con las manos, estudió la licenciatura en Mercadotecnia en la Universidad del Valle de México. Comenzó a trabajar en Bital como cajero mientras terminaba la carrera y se mantuvo con la compañía después de concluir sus estudios. “Fue una oportunidad que tuve para irme desarrollando”, dice. Subió la escalera corporativa hasta convertirse en asesor del área de Recursos Humanos.

Para Reyes, la situación en el banco cambió con la compra de Bital por parte de HSBC en noviembre de 2002. “Empezaron a llegar nuevos directivos, una nueva administración. Llegaron con otra mentalidad, pero una mentalidad bastante hostigante en cuanto a cuestión laboral. Que si no hacías esto te corro, si no haces aquello también”.

Reyes se mantuvo con la compañía a pesar de la situación, en parte porque necesitaba tratamiento médico especializado por su enfermedad, cubierto por seguro médico y fuera de su alcance en caso de estar desempleado.

Cuando fue diagnosticado se trataba por fuera, pero los altos costos lo obligaron a acudir al seguro médico de la empresa. Ahí empezó el problema. No mucho después, Reyes apareció en una lista de “gastos médicos catastróficos”.

“Uno de mis compañeros que estaba en Recursos Humanos me dijo ‘oye, me acaba de llegar un listado de todas las gentes que han generado gastos médicos muy altos y tú estás aquí… Aguas porque a toda esta gente la van a ir sacando’”, recuerda. En la lista también había personas con diabetes, padecimientos cardiacos y cáncer, según Reyes.

Después de eso, él acudía al trabajo cada vez más presionado. Los rumores de que iba a ser despedido cobraban fuerza. Y luego pasó algo peor.

Un día, camino al trabajo, el taxi que llevaba a Reyes por Periférico fue embestido en una carambola. “Quedé yo prensado en el carro y con los golpes de todos los carros que venían atrás”, dice. Se fracturó la columna y el doctor le dijo que tal vez no volvería a caminar. Tuvo que ser operado. Su rehabilitación fue dolorosa y complicada.

No ayudó que recibiera llamadas constantes del trabajo: “Una de las coordinadoras del área de servicio médico me hablaba para ver cómo iba y [me preguntaba] por qué tardaba tanto [en recuperarme]… No me fracturé un dedo de la mano, me fracturé la columna [le respondió]… Me hablaban todo el tiempo, que qué pasaba”.

Con la presión añadida de las llamadas, Reyes aceleró la recuperación. A pesar de tener incapacidad por más de medio año, a los dos meses ya estaba de vuelta en la oficina. Y ya caminaba otra vez. Pero con mucho dolor.

En el trabajo, Reyes continuaba como capturista. Un día, una de sus jefas se le acercó con una lista para que la transcribiera. En ella estaban los nombres de la lista anterior, la de los “gastos catastróficos”. Ella le dijo lo siguiente, comenta: “Vamos a hacer un proyecto para toda la gente que tiene enfermedades crónicas; se les va a tener que ir dando de baja paulatinamente pero les vamos a tener que dar otro argumento”. El nombre de Reyes estaba ahí.

“¿Tal cual?”, se le pregunta a Reyes en la entrevista. “Tal cual”, responde. La mujer no se había dado cuenta de lo que había hecho. Reyes imprimió la lista por precaución y todavía la tiene guardada. Se la mostró a sus abogados después.

Algo que Reyes no calculó en su esfuerzo por volver fue que se podía exceder. Tuvo que regresar al doctor y recibió malas noticias. Tenía que operarse una vez más: se había lastimado el tobillo, la tibia y el peroné por el esfuerzo. Esta vez, el tiempo estimado de incapacidad era de una semana. Todos los gastos estaban cubiertos por el seguro, como su incapacidad anterior, pues el choque era considerado un accidente de trabajo.[1]

Sin embargo, ésa fue la gota que derramó el vaso. Un día antes de la cirugía, ya que Reyes había dejado todos sus papeles en orden y sus jefes habían aprobado su ausencia, recibió el recado de ir al jurídico.

Ahí, rodeado por el personal directivo, Reyes recibió la noticia de que ya no era parte de HSBC. “Hazle como quieras”, le dijeron y le arrancaron el gafete. Ni pudo sacar sus pertenencias personales. Hasta la fecha siguen guardadas en el corporativo, seis años después. El motivo que le dieron fue que había estado incapacitado demasiado tiempo y que “no podían confiar en él”, recuerda. “Con eso de que no sabemos qué te vaya a pasar, con eso de que te enfermas, pues yo no sé si pueda contar contigo”, le había dicho su jefe directo.

Así, sin más, Reyes se había quedado sin trabajo, sin seguro y con un futuro negro.

Esteban Illades. Periodista y escritor. Tránsfuga del Derecho. Twitter: @Esteban_is  


[1] Según el artículo 474 de la Ley Federal del Trabajo, se considera como accidente de trabajo el sufrido por el trabajador al trasladarse del domicilio al lugar del trabajo. Ver: http://info4.juridicas.unam.mx/juslab/leylab/123/480.htm (fecha de consulta, 24 de mayo de 2013).

Te recomendamos: