“Amor es amor” tuiteó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, alegre de que se haya evitado la aprobación de la ley 8 o DOMA que buscaba impedir los matrimonios entre personas del mismo sexo en California. Pero el tema no es sólo cosa de sentimientos, va más allá, es un logro en defensa de los derechos humanos.

La Suprema Corte de ese país, al echar abajo dicha ley, dio reconocimiento federal a las uniones legales que ya se podían llevar a cabo en algunos estados, lo cual por sí mismo establece un precedente en favor de la igualdad y la efectividad de los derechos sexuales. Lamentablemente es sólo una parte del proceso pues, debido al federalismo de ese país, aún los estados tienen en sus manos el reformar o no sus leyes para optar seguir la tendencia normativa federal, lo cual deja un buen trecho por recorrer antes de poder cantar victoria

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En México el proceso es también -por decir lo menos- peculiar. Hace ya cuatro años que el Distrito Federal reconoce como matrimonio las uniones entre personas del mismo sexo y hace algunos más que buscó darles seguridad jurídica a través de una -espero bien intencionada, pero pobremente lograda- ley de sociedades de convivencia. La tendencia en las entidades federativas distó mucho de generalizarse y la Suprema Corte de Justicia en esta ocasión entró a dar un empujón a la agenda progresista al conceder amparos para que a tres parejas de personas del mismo sexo no se les pudiera negar el derecho a casarse en el estado de Oaxaca. Ello llevó a parejas en diversos estados del país a buscar por la misma vía para poder dar reconocimiento a sus uniones, un amparo en Jalisco y otro en Colima ante jueces federales ya lograron la autorización legal para llevar a cabo las uniones.

La decisión de la Corte tendrá efectos directos en la ley del estado de Oaxaca, pues ya ha sido notificado el congreso local para que realice la modificación al artículo 143 de su Código Civil que fue considerado inconstitucional en la resolución mediante la que otorgaron los amparos a las tres parejas del estado. De admitirse el proceso de reforma se ganaría un estado más. En un difícil proceso de apertura al reconocimiento de los derechos de las parejas entre personas del mismo sexo, reforzando la lucha de diversos grupos que, recurriendo a los procedimientos institucionales, han logrado ganar terreno en la legislación nacional. A esta corriente se suma el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) que acató la resolución 2/2011 del Conapred y con ello inició el reconocimiento de derechos de seguridad social por dependencia conyugal a parejas de personas del mismo sexo.

Tanto en EE.UU. como en México el panorama está lejos de ser claro, la resistencia de las legislaturas locales limitan la igualdad de derechos, y en el caso especifico de nuestro país, el lento proceso de reforma de leyes y reglamentos, como las leyes de los institutos de seguridad social, deja sin certeza jurídica a los matrimonios que ya son reconocidos legalmente, lo que los mantiene en condiciones de desigualdad.

Los órdenes y niveles de gobierno en todos los países cargan con costos impresionantes al mantener lento el proceso hacia la igualdad entre sus ciudadanos, no sólo a nivel político, sino a nivel económico. Un texto sumamente interesante títulado How does the DOMA decision affect business owners?explica que la poca certeza lleva a limitar el campo de acción de la gente de negocios que ofrece bienes y servicios. Claro ejemplo el de las aseguradoras respecto al reconocimiento de los cónyuges. Ello ya es material de otros análisis, lo verdaderamente importante es mantener la discusión por encima de los sentimientos que pueden variar tanto como las afiliaciones religiosas o ideológicas de las personas. Al hablar de matrimonio entre personas del mismo sexo debemos, sin excepción, hablar de un derecho humano.

 

Nabila Delgado. Egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y asistente de Investigación adscrita a la Cátedra Extraordinaria “Benito Juárez” sobre laicidad.