El 20 de junio se celebra mundialmente el Día del Refugiado. De acuerdo con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, adoptada en el seno de la ONU en 1951, un refugiado es “una persona que se encuentra fuera de su país de nacionalidad o de residencia habitual, que tiene un temor fundado de persecución a causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, y no puede, o no quiere, acogerse a la protección de su país o regresar a él por temor a ser perseguido”[1].

REFUGIADOSInicialmente, la referida Convención se limitaba a proteger a los refugiados europeos tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial, pero con la adopción del Protocolo de 1967, en un periodo en que el desplazamiento humano se extendía alrededor del mundo, se amplió el alcance de la Convención para proteger a personas de otros territorios. Estos instrumentos internacionales sirvieron como referencia para instrumentos adoptados con posterioridad en sistemas regionales, como son la Convención sobre los Refugiados en África (1969) y la Declaración de Cartagena sobre Refugiados (1984)[2].

Cuando un Estado falla en proteger los derechos de sus miembros, ya sea porque se encuentra en guerra, o porque el estado mismo es quien persigue a sus nacionales, los “gobiernos de acogida” son los responsables de recibir a las personas en carácter de refugiados, brindarles asistencia, así como garantizarles derechos sociales y asegurarse de que no se les devuelva a sus países de origen, en los que es posible que corran una situación de peligro. Porque “[e]n caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”[3].

Durante la Segunda Guerra Mundial, y en las décadas siguientes, el gobierno mexicano mantuvo una política de puertas abiertas a nacionales europeos que buscaron refugio en nuestro país. Es así como llegaron personas de distintas nacionalidades entre las que predominaron españoles, libaneses, polacos y judíos de distintos países. El embajador de México en Francia Gilberto Bosques y el General Lázaro Cárdenas apoyaron ampliamente este proceso[4].

Por las mismas fechas, México comenzó a recibir refugiados y asilados políticos de América Latina. Hacia la década de los sesenta y ochenta, ante el recrudecimiento de las dictaduras militares del continente americano, personas provenientes principalmente de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y particularmente de estados centroamericanos como Nicaragua, El Salvador y Honduras, buscaron protección en nuestro país. A propósito de esta situación, en 1980 se creó la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, dependiente de la Secretaría de Gobernación.

La COMAR reporta que durante el 2013, recibió 1164 solicitudes para refugio, dentro de las cuales, los países centroamericanos han seguido encabezando las solicitudes. El mayor número de solicitudes fue recibido de Honduras (455), siguiéndole El Salvador (285) y Cuba (92). En las solicitudes concedidas en 2013, Honduras (99) encabeza la lista y le siguen El Salvador (84) y Nigeria (14).[5]

Las personas refugiadas forman parte de los flujos migratorios que se han vuelto cada vez más complejos en nuestros días. Las situaciones estructurales que propician los flujos migratorios, responden a la profunda interconexión entre naciones y territorios en la sociedad global. El actual fenómeno migratorio de Estados Unidos, México y Centroamérica encuentra sus principales causas en los ejes económico (el mercado), político (democracia liberal), cultural (uniformidad de consumo y sistemas de tecnología) y geopolítico (Estados Unidos como potencia hegemónica unipolar)[6]. Estás condiciones han generado lo que Victoria Roca[7] denomina “Refugiados Económicos”, refiriéndose a aquellos a quienes la distribución de la riqueza y poder, los ha colocado en condiciones de desprotección.

Aunado a ello, el Alto Comisionado de las Naciones para los Refugiados (ACNUR) ha establecido que países como México, al igual que Honduras, El Salvador y Guatemala se han convertido en emisores de solicitantes de refugio y asilo, situación principalmente ocasionada por “la violencia generada por la delincuencia organizada transnacional, la violencia relacionada con las bandas y los cárteles de la droga en algunas zonas de América Central”[8].

Ante este escenario, México comienza a ser un híbrido, en el que conviven la acogida y expulsión de refugiados y asilados, lo que representa un nuevo reto para el gobierno y la sociedad en general. Finalmente, no debemos olvidar que los refugiados, aportan a la sociedad sus conocimientos, su cultura, y sus ganas de vivir.

Ana Sofía Torres. Abogada especialista en derecho internacional de los derechos humanos.

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[1] Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

[2] La Convención de 1957 sobre el Estatuto de los Refugiados. Preguntas y Respuestas.

[3] Declaración Universal de Derechos Humanos

[4] Gilberto Bosques. “Justo entre las Naciones”, consultado aquí, así como Un México protector… de asilados y refugiados durante la Guerra Fría. Entre la Definición y la Ambigüedad, consultado aquí.

[5] Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, estadísticas 2013.

[6] Díaz Müller, Luis T. “Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Capítulo VIII Migraciones y derechos humanos, la nostalgia de la patria”, Porrúa, México 2006, Págs. 93 – 94.

[7] Roca, Victoria. Derecho y Fronteras. La condición de extranjero como rasgo inmutable de las personas : una revisión crítica de las prácticas actuales de exclusión de extranjeros.

[8] Alto Comisionado de las Naciones para los Refugiados (ACNUR), Desplazamiento, El nuevo reto del siglo XXI. Tendencias Globales2012, pág. 25 y 26.

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