El pasado viernes 26 de junio, la Suprema Corte de los Estados Unidos anunció su decisión en el caso Obergefell v. Hodges, el blockbuster del año. La fecha es muy especial para la comunidad gay, no solo porque junio es el mes del orgullo LGBTTIQ, sino porque, además, el 26 de junio de 2003, hace sólo 12 años, la propia Corte estadounidense declaró inconstitucional la ley penal de Texas que criminalizaba la sodomía.1

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La decisión en Obergefell fue adoptada por mayoría de 5 votos de los jueces Ginsburg, Breyer, Sotomayor, Kagan y Kennedy. Éste último, quien otorgó el voto decisivo para la toma de esta decisión, fue el encargado de escribir la sentencia.2 En este artículo pretendo sintetizar el contenido fundamental de la misma, así como de los votos disidentes.

Empecemos por los antecedentes del caso: el asunto fue llevado a la Corte Suprema por 14 parejas del mismo sexo y dos hombres gay viudos,3 quienes cuestionaron la constitucionalidad de la legislación de los estados de Michigan, Kentucky, Ohio y Tennessee, en las cuales se definía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. En esos estados, se negó a las parejas el reconocimiento de sus matrimonios, contraídos en otros estados de la Unión americana.

El resultado todos los conocemos: la Suprema Corte dio la razón a los actores, expandió el derecho constitucional de contraer matrimonio a las parejas del mismo sexo y dio inicio a una alentadora cadena de mensajes, estados, tweets y arcoíris en las redes sociales.

En Obergefell, la litis del caso se centraba en dilucidar: (i) si conforme a la 14ª Enmienda de la Constitución estadounidense, los estados tienen la obligación de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y (ii) si la misma Enmienda obliga a los estados a reconocer los matrimonios gay celebrados en otros estados. Estas preguntas no habían sido abordadas expresamente por la Corte en asuntos anteriores.4

Para considerar la primera pregunta, la sentencia de Kennedy (quien insistió en el tema durante los argumentos orales5) partió de un breve recuento sobre la historia del matrimonio. Al respecto, sostuvo que de los antecedentes históricos de dicha institución, se desprende su enorme importancia para la vida las personas y la necesidad de que algo tan importante para los individuos sea protegido por el Estado. Sin embargo, y reconociendo que la historia moldeó tradicionalmente la institución como la unión de un hombre y una mujer, la sentencia precisa que la tradición pueden ayudar a entender una institución, pero no puede significar un límite a las libertades constitucionales.

En esta última afirmación, la sentencia de Kennedy combate frontalmente la doctrina del originalismo, según la cual la interpretación constitucional debe partir de las consideraciones hechas por las personas que participaron en el proceso de construcción del documento constitucional (1789 y sus enmiendas). De hecho, la sentencia de Kennedy ataca la doctrina de los jueces Scalia y Thomas en más de una ocasión, por ejemplo al afirmar que quienes escribieron y ratificaron el Bill of Rights y la 14ª Enmienda no tenían la pretensión de conocer la amplitud de las libertades constitucionalmente protegidas, sino que delegaron el desarrollo de las mismas a generaciones futuras, conforme éstas fueran “aprendiendo cuál es su significado”.6

Por supuesto, el ataque frontal (y brutal) de Kennedy a la doctrina de Scalia merecía un revés. En su voto disidente, Scalia no sólo llamó a la decisión un “golpe de Estado”,7 “pretenciosa” y “egocéntrica”,8 así como atentatoria de la reputación de la Corte para “pensar claro” y “ejercer un análisis sobrio”,9 sino que también la cuestionó por pretender dotar a los jueces de un poder “super-legislativo”10 y asumir que encontraba un derecho constitucional olvidado por generaciones enteras de jueces y abogados.

En realidad, contrario a lo que afirmó Scalia, la Corte no pretendió establecer un “derecho constitucional al matrimonio gay”, sino que, considerando la existencia (no cuestionada) de un derecho a casarse, la Corte desentrañó el sentido del mismo y lo hizo extensivo a las parejas del mismo sexo. La distinción es sutil e inteligente.

Thomas, también inconforme con la postura de la mayoría frente a la doctrina del originalismo, escribió un disenso cáustico, acusando a la Corte de emprender una postura revisionista de la historia y la tradición jurisdiccional.11

Ahora bien, la mayoría, conforme a la doctrina de stare decisis, sustentó su decisión en casos pasados, a fin de demostrar que Obergefell era la consecuencia natural de un proceso evolutivo de criterios jurisprudenciales.12 Así, recordó que la protección de la 14ª Enmienda se extendía no sólo a los derechos y libertades consagrados en el Bill of Rights, sino también a otros derechos importantes relativos a la dignidad y la autonomía humana. Asimismo, recordó el famoso caso Loving v. Virginia (1967), en el cual invalidó la prohibición al matrimonio interracial por restringir la autonomía de las personas para establecer relaciones afectivas. Finalmente, insistió en retomar las consideraciones centrales del ya mencionado Lawrence, tanto para reafirmar la libertad sexual de las personas, como para abonar a la interpretación del derecho a contraer matrimonio como una decisión personal esencialmente íntima.13

Me interesa detenerme en dos temas más, mismos que suscitaron un enfrentamiento no menor entre la mayoría y minoría de este caso: el vínculo entre el matrimonio y la procreación, así como las facultades del Poder Judicial para entrar en el debate relativo al matrimonio gay.

En relación con el primer tema, la sentencia de Kennedy simplemente establece que “la habilidad, deseo o promesa de procrear no es y nunca ha sido un prerrequisito para contraer un matrimonio válido en un estado.”14 Sin embargo, la opinión disidente de Alito se sustenta esencialmente en ese vínculo reproductivo y afirma que, con independencia de la postura que considera al matrimonio como algo fundado en la felicidad de las personas, lo esencial del matrimonio es el coito y la perpetuación de la especie, visión que, a su juicio, los estados pueden adoptar legítimamente.

Por otra parte, dentro de un debate interno interesante, la posición de la mayoría afirma que pudiese pensarse que el asunto merece más legislación, litigio y debate, pero lo cierto es que: (i) ha habido discusión suficiente y (ii) la propia Constitución estadounidense ha garantizado el acceso al proceso jurisdiccional a fin de garantizar ciertos derechos de los ciudadanos y evitar que los mismos sean sometidos al voto y al resultado de las elecciones. Sin embargo, todos los disidentes (Scalia, Roberts, Alito y Thomas) insisten en que la cuestión debió dejarse a consideración del proceso legislativo y la discusión política de los estados de la Unión. Los disidentes cuestionan el que cinco jueces constitucionales decidieran la cuestión, arrebatando de las personas la libertad de decidir en democracia.15

La sentencia de Kennedy es un buen documento jurídico y, claro está, una victoria para las personas gay y sus familias. El mensaje de la Corte Suprema estadunidense no sólo es realmente positivo a nivel político, sino que representa algo aún más relevante: un ambicioso proyecto de construcción doctrinal de los derechos y libertades de autonomía, privacidad e igualdad.

Julio Martínez Rivas. Abogado (ITAM) y colaborador de la ponencia del ministro Cossío en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.


1 Lawrence v. Texas (2003). Decisión adoptada por mayoría de 6 votos de los jueces Kennedy, Stevens, Souter, Breyer, Ginsburg y O’Connor (voto concurrente). Los jueces Scalia, Thomas y Rehnquist votaron en contra.

2 La facultad de asignar la responsabilidad de escribir la sentencia correspondió a la juez decano de la mayoría, Ruth B. Ginsburg, quien, asumo, asignó el caso a Kennedy por razones estratégicas.

3 Tomemos en cuenta el caso de James Obergefell, quien dio nombre al caso en comento. La pareja sentimental de Obergefell, con quien contrajo matrimonio en Maryland, murió de esclerosis lateral amiotrófica. Sin embargo, el estado de residencia de la pareja, Ohio, no permitía al supérstite ser considerado tal para efectos legales.

4 En United States v. Windsor (2013), por ejemplo, la Suprema Corte declaró inconstitucional la exclusión de los beneficios materiales previstos en la legislación federal a las parejas del mismo sexo. Sin embargo, al decidir aquel asunto, la Corte no abordó las preguntas planteadas el Obergefell, sino que se limitó a considerar si era o no válida la exclusión de beneficios a parejas casadas legalmente conforme a la legislación de los estados más progresistas del país.

5 Los audios están disponibles aquí.

6 “… as we learn its meaning.” Página 11.

7Putsch“. Página 6 del voto disidente del juez Scalia.

8 Página 7 del voto disidente del juez Scalia.

9 Página 9 del voto disidente del juez Scalia.

10 Página 5 del voto disidente del juez Scalia.

11 Página 3 del voto disidente del juez Thomas.

12 “The gay-marriage decision is no outlier. It stands in a long line of prior decisions, all of which were highly controversial at the time, but most of which are now widely celebrated, even taken as iconic.” Sunstein, Cass. “Gay Marriage Shows Court at its Best”. Bloomberg View, June 26, 2015. Disponible aquí.

13 Recordemos que el derecho a la intimidad es considerado por el sector conservador de la Suprema Corte como un constructo artificial derivado de los casos de aborto y anticoncepción.

14 Página 15.

15 “But why should the people who control a state have the right to deny the right of some of their fellow citizens to marry, without a reason? Alito has no answer.” Posner, Richard A. “The chief justice’s dissent is heartless”. Slate, June 26, 2015. Disponible aquí.

Lithwick, Dahlia. “Where was all this “five unelected judges” chatter when they handed down Citizens United?”. Slate, June 26, 2015. Disponible aquí.

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