El mes pasado, la OCDE dio a conocer que México es el país miembro en donde las personas trabajan más horas al año. De acuerdo a su estudio, cada empleado se desempeñaría un promedio de 2,228 horas anuales, un promedio que se ha mantenido casi constante desde 1995 (en Alemania, en cambio, se trabaja poco más de la mitad: 1,371 horas promedio). Este triste escenario de nuestra cultura laboral no tendría que ocurrir si lo que establece nuestra Ley Federal del Trabajo (LFT) se respetara. En ésta se establece un máximo de ocho horas de labores al día y, al mismo tiempo, se prevé el modo en que han de cubrirse las horas extras laboradas semanalmente: las primeras nueve a un 100% más de la hora habitual y el resto al 200%. A pesar de ello, la práctica del derecho laboral revela que en la mayoría de los casos las horas extras no son cubiertas de manera regular por los patrones y que para la mayoría de los empleados es difícil exigir su pago mientras subsiste la relación de trabajo. Es decir, o se aceptan las largas jornadas o se sufre el desempleo. Una anécdota: en mis ocho años de trabajo dentro de una Junta de Conciliación y Arbitraje, nunca vi un sólo caso en donde un trabajador en activo reclamara el pago del tiempo extraordinario laborado. La realidad es que sólo tras ser despedidos y decidir reclamar sus indemnizaciones, los trabajadores demandan este concepto pero ni aun en ese momento el panorama para ellos es alentador.

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¿Qué pasa una vez que se reclaman las horas extras? En primer lugar, al iniciar un proceso o intentar una conciliación, existe una especie de tradición muy arraigada entre las autoridades laborales de acuerdo a la cual exhortan a trabajadores y patrones a solventar sus diferencias de acuerdo a los llamados “parámetros”: la mitad del pago de la indemnización que corresponde a todo trabajador despedido (es decir, 45 de los 90 días que corresponden a dicha prestación) más las prestaciones adeudadas como vacaciones, prima vacacional o aguinaldo, pero casi nunca las horas extras. De inmediato, esta prestación se minimiza o invisibiliza.

De no fructificar la conciliación, lo que debiese ser algo relativamente fácil dentro de un juicio –la determinación de las horas extras y la estimación de su pago- encuentra múltiples obstáculos. La acreditación de las horas extras tendría que ser sencilla. Esto debido a que el artículo 784 de la LFT impone al patrón la obligación de demostrar el horario de entrada y salida (así como todas las condiciones laborales) en caso de existir controversia. Esta regla, sin embargo, ha dado lugar a cientos de criterios jurisprudenciales1 siendo quizá el más debatido de ellos el de la jornada “inverosímil”, es decir, aquella que por sí misma resultaría difícil presumir como cierta. Varios factores contribuyeron al desarrollo de este criterio: el elevado reclamo de horas extras de muchos trabajadores, las cuantiosas sumas que ese concepto puede llegar a arrojar, la inexistencia o falta de exhibición de los controles de asistencia de muchos empleadores o la falta de pericia de los abogados defensores -por ejemplo, al no oponer siquiera la excepción de prescripción para restringir el reclamo al último año de servicios prestados. De esta manera, mientras la consecuencia prevista por la ley para el caso de que un patrón no demostrara la jornada en disputa es clara (se presume como cierta la descrita por la parte reclamante), la práctica del derecho laboral nos ha llevado a resultados impredecibles. Así, la Segunda Sala de nuestra Suprema Corte subrayó apenas el año pasado respecto de las horas extras que “debe examinarse su razonabilidad cuando se advierta que la duración de la jornada es inverosímil aun en el caso en que el demandado no comparezca a la audiencia y se tenga por contestada la demanda en sentido afirmativo”;2 en otras palabras, aun y cuando un empleador ignore su obligación de asistir a un juicio, puede ser absuelto del reclamo del tiempo extraordinario si la Junta de Conciliación y Arbitraje estima la jornada como “inverosímil”.

Pero, ¿cómo se estima una jornada inverosímil? Si alguien afirma haber laborado una o dos horas diarias, difícilmente su horario podrá tacharse como tal. A medida que el reclamo crece, sin embargo, las certezas se diluyen. Quizá pueda aceptarse que un oficinista pase 14 horas diarias o más en su trabajo (como, de hecho, les ocurre a casi todos los empleados de un juzgado de distrito, por ejemplo), pero suele considerarse que difícilmente un albañil podría aguantar tantas horas ejecutando su extenuante labor (lo que no excluye, desde luego, que algunos lo hagan). Después hay casos extremos como el de ciertos empleados de seguridad privada que trabajan 24 horas y descansan otras 24; o el de las trabajadoras domésticas (en su 95% mujeres según el INEGI) que, de acuerdo a la propia Segunda Sala de la Corte, si “permanece[n] en la casa habitación más de 8 horas no significa, necesariamente, que el periodo excedente constituya tiempo extra”.3 Así, determinar lo que debe comprenderse por una jornada “inverosímil” no solo es casuístico sino casi enteramente azaroso.

A lo anterior debe sumarse un incentivo perverso validado también por la Corte: según su jurisprudencia 206/2009,4 un escrito de renuncia puede bastar para tener por demostrada la jornada de labores. El problema es que, en nuestro país, son ya numerosos los empleos en donde para poder acceder a ellos los trabajadores deben suscribir previamente renuncias u hojas en blanco que al momento de surgir un conflicto son rellenadas a placer por la parte empleadora. La decisión judicial manda un mensaje claro: no hay problema si se obliga a los trabajadores a laborar tiempo extra ni si éste no se registra ni paga, pues al final basta con una o dos líneas que al respecto se inserten en la renuncia para eliminar el problema.

A este sombrío panorama conviene agregar dos tendencias de creciente importancia: por un lado, de conformidad con una de las modificaciones a la LFT de 2012, empieza a interpretarse vía jurisprudencia5 que si los trabajadores laboran más de nueve horas extras semanales, corresponde a ellos la carga de demostrar que trabajaron más tiempo; por otro lado, el uso cada vez más intensivo de las tecnologías de la información provoca que muchos trabajadores continúen estando disponibles para cuestiones vinculadas con el trabajo a todas horas, ya sea mediante correo electrónico, whatsapp o medios semejantes. De tal manera que la separación de las labores con la vida privada y recreativa resulta ilusoria.

De este modo, arribamos al peor de los escenarios posibles. Pasamos demasiadas horas en el trabajo, esas horas extras no suelen pagarse, reclamarlas se complica cada día más y ahora la vinculación con el empleo se amplía gracias a nuestros teléfonos y computadoras.  La pesadilla, sin embargo, no acaba ahí, pues esas largas jornadas laborales no se reflejan en nuestra productividad, rubro en donde nuestro país vuelve a ocupar el último lugar en otro estudio de la OCDE debido a su bajo nivel (de acuerdo al cual Alemania triplica la productividad de nuestro país trabajando cada persona en promedio casi la mitad de tiempo). ¿Quién, entonces, gana bajo con el esquema actual?

Erick López Serrano. Maestro en Derecho y Tecnología por la Universidad de Tilbug, Holanda. Twitter: @eLoseRR


1 Dentro del sistema de consulta tradicional de jurisprudencias del Semanario Judicial de la Federación, el término “horas extras” arroja 243 resultados entre tesis aisladas y jurisprudenciales de las tres épocas más recientes.

2 Tesis: 2a./J. 35/2014 (10a.) HORAS EXTRAS. DEBE EXAMINARSE SU RAZONABILIDAD CUANDO SE ADVIERTA QUE LA DURACIÓN DE LA JORNADA ES INVEROSÍMIL AUN EN EL CASO EN QUE EL DEMANDADO NO COMPAREZCA A LA AUDIENCIA Y SE TENGA POR CONTESTADA LA DEMANDA EN SENTIDO AFIRMATIVO.

3 Tesis: 2a./J. 3/2011 (10a.) TRABAJADORES DOMÉSTICOS DENOMINADOS “DE ENTRADA POR SALIDA”. PROCEDENCIA DEL PAGO DE TIEMPO EXTRAORDINARIO. […] las características esenciales del trabajo doméstico que no permiten conocer de antemano aquel durante el cual se desarrollarán las labores; de ahí que si el empleado permanece en la casa habitación más de 8 horas no significa, necesariamente, que el periodo excedente constituya tiempo extra. Por tanto, para resolver sobre la duración de la jornada laboral de empleados domésticos denominados “de entrada por salida”, y la procedencia del pago de tiempo extraordinario, las Juntas de Conciliación y Arbitraje, con la facultad que les otorga el artículo 841 de la Ley Federal del Trabajo, de dictar los laudos a verdad sabida y buena fe guardada y apreciando los hechos en conciencia, sin necesidad de sujetarse a reglas o formulismos sobre estimación de pruebas, podrán determinar si la jornada desarrollada por un trabajador doméstico atiende a las particularidades normales del trabajo o a circunstancias extraordinarias o especiales que le permitan definir si se prestó el trabajo en exceso, tomando en consideración la razonabilidad y verosimilitud del reclamo.

4 Tesis: 2a./J. 206/2009  JORNADA DE LABORES. PUEDE ACREDITARSE CON EL ESCRITO DE RENUNCIA, CONFORME A LAS REGLAS DE LA PRUEBA DOCUMENTAL. […] el patrón, en principio, debe acreditar la duración de la jornada de trabajo con la documental que tiene obligación de llevar, pero si no lo hace así, puede destruir la presunción generada en su contra con cualquier medio probatorio que la ley establece. Consecuentemente, el escrito de renuncia presentado por el patrón en el juicio es idóneo para acreditar la jornada laboral a la que estuvo sujeto el trabajador durante el tiempo en que prestó sus servicios, cuando precise el horario en el cual se desempeñó; pero carecerá de valor si el suscriptor del documento lo objeta en cuanto a su autenticidad y demuestra con prueba pericial que no es su firma o desestima su contenido con algún elemento probatorio.

5 Tesis: I.9o.T.44 L (10a.) JORNADA EXTRAORDINARIA. LA CARGA DE LA PRUEBA CORRESPONDE AL TRABAJADOR CUANDO LA RECLAMADA EXCEDE DE 9 HORAS SEMANALES (LEGISLACIÓN VIGENTE A PARTIR DEL 1o. DE DICIEMBRE DE 2012). El artículo 784, fracción VIII, de la Ley Federal del Trabajo, vigente a partir del 1o. de diciembre de 2012, establece: “La Junta eximirá de la carga de la prueba al trabajador, cuando por otros medios esté en posibilidad de llegar al conocimiento de los hechos, y para tal efecto requerirá al patrón para que exhiba los documentos que, de acuerdo con las leyes, tiene la obligación legal de conservar en la empresa, bajo el apercibimiento de que de no presentarlos, se presumirán ciertos los hechos alegados por el trabajador. En todo caso, corresponderá al patrón probar su dicho cuando exista controversia sobre: … VIII. Jornada de trabajo ordinaria y extraordinaria, cuando ésta no exceda de nueve horas semanales.”. De lo anterior, se concluye que la carga de la prueba en relación con la jornada de trabajo corresponde al patrón, excepto cuando se reclame una jornada extraordinaria que exceda de 9 horas semanales; esto es, que luego de ese número de horas extraordinarias, los trabajadores deben probar que laboraron en esa jornada pues, en ese caso, la fatiga probatoria para demostrar ese hecho en que se funda la demanda, corresponderá al propio actor.

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