El día de hoy, dentro del calendario de comparecencias de los candidatos a ministros de la Suprema Corte, tocó el turno de la magistrada federal Norma Piña. Las reglas de este ejercicio ante la Comisión de Justicia del Senado de la República fueron las mismas que el día de ayer.

mediocridad

Así, la magistrada Piña aprovechó sus veinte minutos de exposición para explicar, en buena medida, las características del modelo de justicia constitucional de nuestro país. Al respecto, mencionó que se trata de un modelo concentrado en los diversos órganos del Poder Judicial de la Federación que, si bien ha sufrido algunos cambios en los últimos años, su esencia es concentrarse en tres diferentes órganos: jueces de distrito, magistrados de circuito y ministros de la Suprema Corte. Esto significa, subrayó la magistrada Piña, que los jueces de distrito y los magistrados de circuito realizan tareas propias de un juez constitucional e, inclusive, en ocasiones, estos últimos son órganos terminales. Es decir, en ellos concluyen ciertos asuntos. La estrategia de Piña, al plantear esta exposición, no fue mala: su objetivo era subrayar que ella, en su calidad de magistrada de circuito, ya lleva años realizando las tareas propias de una jueza constitucional. No obstante, hubiese sido más persuasiva si su exposición la hubiese limpiado de tantos formalismos y, en vez de ello, ofreciese aspectos cualitativos de lo que ha sido su trabajo justo como jueza constitucional.

Después iniciaron las rondas de preguntas. A diferencia de la actuación de ayer de la magistrada Orea, Piña fue segura en sus respuestas. En casi ninguna ocasión titubeo ni mostró desconocimiento de qué es lo que le estaban preguntando. Sin embargo, esto sirvió para evidenciar la pobre preparación de prácticamente cada uno de los Senadores que participaron en la comparecencia. Salvo un puñado de Senadores, que claramente sí tienen una idea de lo que está en juego en esta designación y de los flancos a partir de los cuales se debe escudriñar a los candidatos, el resto no supo qué hacer con una candidata que en ningún momento tuvo un momento particular de lucidez pero sí ofreció respuestas ágilmente evasivas y terminantes.

Así, los Senadores lanzaron preguntas que ante las magras respuestas de la magistrada Piña, y justo por no entender del todo tales preguntas, dejaron ir la oportunidad de lanzar contrarréplicas que pusieran en aprietos a la candidata. Por ejemplo: se le preguntó su opinión sobre el informe del Comité en contra de la tortura de la ONU, que recién señaló que la tortura en el país es una práctica generalizada para obtener confesiones de los detenidos. La respuesta de la magistrada Piña fue que ella no podía descalificar ese reporte de la ONU y que se estaban tomando medidas para acabar con la tortura. ¿Alguna contrarréplica respecto los criterios de la Suprema Corte en materia de tortura? ¿Cómo se deberían alinear los incentivos institucionales para realmente atar la actuación de la policía? ¿En qué consiste la tarea del juez de control en el nuevo sistema penal? Los Senadores no fueron capaces de formularle ninguna de éstas u otras preguntas a la candidata en un tema de enorme relevancia. Sobre todo porque no hay que olvidar que Piña está en la terna de candidatas para sustituir a Sánchez Cordero y, en su caso, integrarse a la Primera Sala de la Corte (la cual ve precisamente los casos sobre tortura).

También se le preguntó cuáles debiesen ser, en su opinión, los límites jurídicos al concepto de seguridad nacional como candado para reservar cierta información pública. La respuesta de la magistrada Piña fue: “Los límites jurídicos son las violaciones graves a las garantías.” Ante uno de los temas más peliagudos de la discusión constitucional alrededor del mundo, esta fue la respuesta que ofreció la candidata. Peor aún: fue la que aceptó sin reparar la Comisión de Justicia. Un ejemplo más: se le preguntó su opinión respecto que el Estado autorice, y defina un procedimiento, para la eutanasia activa. Piña, lacónicamente, dijo: No hay valores absolutos. Estamos ante un conflicto entre el valor de la vida y el de la dignidad de las personas. La educación ayuda a resolver este tipo de problemas.

Pero también hubo preguntas enteramente erróneas por parte de los Senadores. ¿Un mecanismo de control del poder legislativo hacia el poder judicial vulneraría la autonomía de éste?  ¿Cree que la Suprema Corte se ha excedido en algunas decisiones como intérprete de la Constitución?  ¿Cuál es la diferencia entre el control de convencionalidad y el control de constitucionalidad? Preguntas vagas, ancladas en lugares comunes y con un blanco de ataque equivocado.

Algo que es necesario destacar es que, desde la comparecencia del día de ayer, los Senadores básicamente han centrado sus preguntas en temas de derechos. Pero no han lanzado ninguna interrogante respecto ese otro gran filón de casos que resuelve la Corte día a día: la organización del poder. Es decir, el proceso de escrutinio ha dejar escapar temas de enorme relevancia como el federalismo, la división de poderes y la estructura de nuestro texto constitucional. ¿Cuál es la naturaleza de los artículos transitorios de nuestra Constitución? ¿Cómo ordenar esa madeja normativa que es nuestro federalismo cooperativo? ¿De qué manera darle una lectura sistemática a las diferentes concepciones de autonomía orgánica otorgada a diversos poderes en el texto constitucional? Es posible que los Senadores se estén limitando a los temas de derechos debido a que son más taquilleros. Pero inclusive profundizar en el tema de derechos exige involucrarse, por ejemplo, en los problemas de nuestro federalismo que dificultan que ciertos derechos ya instrumentalizados en política pública no aterricen de manera adecuada en los diferentes ordenes de gobierno.

Pero lo que más llama la atención es que la magistrada Piña ante este calibre de preguntas no las aprovechara para lucirse. En alguna de las rondas, por ejemplo, se le preguntó cuál era su filosofía judicial. Se trata de una interrogante que le abrió una enorme oportunidad para brillar. Ofrecer una muestra de su cultura constitucional, su conocimiento de sentencias de nuestra Corte pero también de otros países, así como algunos de los retos de la narrativa constitucional en el país y el mundo. Por el contrario, su respuesta fue: “No aplicar de manera formal el derecho, sino conforme a los valores y principios de la Constitución.”

Es cierto: hubo algunas buenas esgrimas por parte de ciertos Senadores. Insistieron en el tema de la corrupción en el Poder Judicial de la Federación; la tesis de jurisprudencia de la Corte que sostiene la actuación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública; así como, en su desempeño como magistrada de circuito. Pero no fue suficiente. La magistrada Piña esquivó los cuestionamientos con respuestas breves, evasivas y formalistas. ¿En verdad el Senado va a permitir que una candidata a la Suprema Corte pueda librar este escrutinio con tal tipo de respuestas?

Saúl López Noriega. Profesor asociado de la División de Estudios Jurídicos del CIDE. Twitter: @slopeznoriega