Un pleno conformado por 4 mujeres y 10 hombres decidió, por unanimidad, que una mujer que tuviera un hijo —una hija, en este caso— con un hombre casado y se dedicara únicamente al cuidado de éste, no merecía obtener una pensión alimenticia.

En efecto, en febrero de 2017, un Pleno de Circuito del Distrito Federal resolvió la contradicción de tesis 25/2016, que enfrentaba criterios de los Tribunales Colegiados Tercero y Décimo. Lo cuales abordaban el tema del otorgamiento de alimentos —de una pensión alimenticia— a una mujer que, al no ser ni esposa ni concubina, podemos denominar, dependiendo de qué lado del asunto estemos, como “la madre de su hijo” o bien como “la amante”.

amante

Las tesis en contradicción son las siguientes: mientras que el Décimo Tribunal consideró que esta mujer no tenía derecho a recibir pensión alimenticia porque no se encontraba en ningún supuesto jurídico —esposa o concubina— que la hiciera acreedora a la misma y que ello no implicaba ningún tipo de discriminación ya que éstos límites son legales. El Tercer Tribunal, por su parte, argumentó que la mujer sí tenía derecho a percibir alimentos porque la obligación de otorgarlos no se encuentra vinculada a la existencia de un nexo jurídico específico, como son el matrimonio o el concubinato, ya que el vínculo entre ellos proviene de haber procreado un hijo en común, estar una de las dos partes a su cuidado y no poder proveerse por sí mismo los medios necesarios para subsistir. En este sentido, consideró que hacer una distinción por estado civil, sí constituía un acto de discriminación.

El razonamiento del Pleno de Circuito resulta interesante y controversial. Interesante porque a pesar de dar la razón al Décimo Tribunal y decidir que esta mujer no tenía derecho a alimentos, considera que los argumentos establecidos por el mismo, es decir, la existencia o no de cierta calidad jurídica, no son suficientes para determinar el otorgamiento o no de dicha prerrogativa. De tal manera que, más bien, introduce al análisis del caso variables que se remontan a principios y objetivos de la familia y su protección jurídica como son “la estabilidad”; “la permanencia”; “la solidaridad” y la “ayuda mutua”.

Así, el Pleno considera que, contrario a los que señala el Tercer Tribunal, procrear un hijo no genera, por sí mismo, un vínculo jurídico y una obligación consecuente, sino que ésta se crea a partir de la satisfacción —con papel o sin él— de los objetivos de formar una familia, a saber, la existencia de una relación “con ánimo de generar una relación duradera para lograr los fines de una pareja en familia”. Esto, de acuerdo con el Pleno, significa probar que uno tiene una relación constante, estable y con vida en común guiada bajo los principios de solidaridad y ayuda mutua.

Aunado a esto, considera que incluso si la mujer ha estado al cuidado de su hijo y realiza labores del hogar, ello no la hace beneficiaria de alimentos, toda vez que “éstas labores no se generaron en el entorno familiar respecto del otro progenitor”. Es decir, de acuerdo con el Tribunal, limpiar, cuidar, alimentar a un hijo compartido, no es suficiente como para poder exigir una prestación económica por ello. ¿Qué más faltaría? ¿Cocinarles la cena de vez en cuando?

Al respecto, los elementos dispuestos en la sentencia nos dejan más preguntas que respuestas: ¿Qué tipo de relación tenían este hombre y esta mujer? ¿Existía o existió una relación de noviazgo? ¿Sabía ella que era casado? ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? ¿El hombre tenía relación con su hija? ¿Se frecuentaban los tres? Nada de esto sabemos y, considerando la línea argumentativa del Tribunal, éstos detalles resultan claves para poder considerar si criterios tan ambiguos como la estabilidad, la constancia o la solidaridad se satisfacen en este caso.

Sin embargo, lo que sí sabemos es que esta historia es tan común en la realidad mexicana que casi todos conocemos un caso similar. Hombres casados (que, por lo tanto, no pueden configurar el supuesto de concubinato, esto es, que no tengan un impedimento legal para contraer matrimonio) que en distintas circunstancias —desde una noche “de copas loca”, hasta relaciones de largo aliento mantenidas en forma paralela— procrean uno o varios hijos, con una o varias mujeres y, escudados en el estricto apego a lo que establecen los supuestos legales, buscan omitir el pago de pensiones tanto para las mujeres que cuidan de sus hijos como para sus propios descendientes.

En cifras, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, el 9.6% de las mujeres de 15 años y más que tienen un hijo vivo son solteras y, de acuerdo con cifras del 2015, existen 9.3 millones de hogares con jefatura femenina, esto es el 29% de los hogares. De igual forma, con lo que respecta al trabajo no remunerado en el hogar, tenemos que, sin ninguna sorpresa, las mujeres mayores de 12 años o más, dedican 29.8 horas semanales a las tareas domésticas, frente a las 9.7 horas que gastan los hombres en las mismas actividades.

Más allá de los supuestos legales o de los criterios vagos a partir de los cuales se resolvió está contradicción de tesis, la misma tiene consecuencias reales que no deberían ser ignoradas. En términos jurídicos, no queda definida si la negativa a recibir pensión se hace extensiva también a la menor; al respecto, la sentencia no señala si la hija “producto de este acto de procreación” tiene o no derecho a recibir pensión alimenticia con independencia a la pensión de su madre y de cuánto sería el monto de la misma; por otro lado, desde el plano de lo jurídico, vale la pena recordar que, tratándose de una sentencia emitida por un Pleno de Circuito del Distrito Federal, ésta puede recurrirse y llegar ante la Suprema Corte de Justicia.

En términos reales, las consecuencias son aún más sensibles. Al olvidar que, más allá de los criterios y principios establecidos en las leyes, el objetivo final del derecho es la defensa del más débil se abre la puerta, a partir de este precedente, a dejar en estado de indefensión y de necesidad a miles de mujeres que, cada una en sus circunstancias, tiene que mantener y cuidar a sus hijos sin el apoyo del padre de los mismos. Del otro lado de la moneda, se protege la irresponsabilidad de miles de hombres que, también por cualquier circunstancia, han procreado hijos fuera del matrimonio que necesitan cuidado, atención e insumos necesarios para subsistir adecuadamente. Así, no se trata de una contradicción de tesis, sino más bien de una contradicción entre el derecho y la realidad.

Paula Sofía Vázquez. Abogada por la UNAM. Twitter: @pauletta_sofia