Desde hace algunos meses, la Suprema Corte se encuentra inmersa en un proceso de cambios trascendentales en relativamente poco tiempo, mismos que han influido e incidirán no sólo en su comportamiento actual, sino también en el futuro de nuestro máximo tribunal.

Tales cambios, se remontan a finales de 2009 cuando fueron sustituidos los ministros Azuela Güitrón y Góngora Pimentel, por los ahora ministros Aguilar Morales y Zaldívar Lelo de Larrea, respectivamente. Si bien toda sustitución de algún integrante de la Corte es relevante, ésta lo fue más todavída debido a que Azuela y Góngora fueron en su momento presidentes de la Corte con mucha fuerza y representaban en la mayoría de los casos posturas jurídicas diametralmente opuestas. De ahí que la llegada de los nuevos ministros Aguilar Morales y Zaldívar esté impactando en el actuar de la Corte, tanto en el pleno como en las salas[1], interviniendo en el replanteamiento de ciertos temas y modificando algunos criterios sostenidos por nuestro tribunal constitucional.

A lo anterior debe agregarse el lamentable fallecimiento del ministro Gudiño Pelayo, pues éste ejercía un importante rol en la dinámica del pleno pero también en la primera sala (de la cual era presidente, por cierto). Con el tiempo, Gudiño se erigió al interior de la Corte en un firme impulsor de muchas de las acciones más novedosas (principalmente en materia de redacción de sentencias) que se han intentado implementar en los últimos años. Aún no se conoce quién sustituirá al ministro Gudiño Pelayo; sin embargo, el tema es polémico y aunque algo se ha comentado en torno al perfil de quién ingresará a la Corte, es necesario que la opinión pública ponga más atención en esta designación cuyo impacto institucional perdurará por años. Ahora bien, en concreto, dentro de lo poco que se ha debatido respecto el perfil del abogado que sustituya Gudiño Pelayo, hay quienes considerar que este nuevo ministro debe provenir de carrera judicial, como era el caso de Gudiño, pues de esta manera se mantiene un equilibrio al interior de la Corte entre los ministros de carrera judicial y aquellos que provienen de la academia, el litigio, la política, etcétera. Otros, por el contrario, consideran que lo más saludable para un tribunal constitucional, en términos del tipo de reflexiones y análisis que exige una institución de este tipo, es que su integración sea lo menos relacionada con la carrera judicional. Lo cierto, sin embargo, más allá de si efectivamente el presidente Calderón y el Senado de la República eligen a alguien con perfil de carrera judicial, es que el desempeño de la Corte sufrirá cambios sustanciales debido a la nueva incorporación.

Por último, debemos de considerar el factor de la sucesión presidencial de la Suprema Corte. El ministro Ortiz Mayagoitia termina su encargo de cuatro años al frente de la Corte y del Consejo de la Judicatura, en la que quizá ha sido la elección de los últimos años más comentada y en la que se han visto involucrados factores de diversa índole.

Muchas especulaciones se han realizado en torno al tema, pues existen ministros de reciente integración que se infiere que no participarán en el proceso (Aguilar Morales y Zaldívar Lelo de Larrea), algún otro que no lo hará pues no podría concluir el período de la presidencia (es el caso de Aguirre Anguiano) y otros que han hecho públicas sus intenciones de no ser parte del proceso de sucesión (Valls Hernández y Cossío Díaz, este último por medio de una carta que envió al resto de sus compañeros y a la opinión pública). Esto significa que el número de contendientes se reduce de manera drástica, al grado de que no pocos consideran que la verdadera pugna está entre los ministros Juan Silva Meza y Fernando Franco González-Salas.

De cualquier forma, las lecturas sobre la dinámica de la Corte hacen suponer que el nuevo presidente de la Corte, si bien deberá mantener cierta continuidad respecto un buen número de acciones de su antecesor, también deberá impulsar cambios profundos en la manera de concebir el papel que ejerce el máximo tribunal en nuestra sociedad.

En este sentido, la carta que el ministro Cossío envió a sus compañeros pone sobre la mesa una cuestión fundamental: si estamos de acuerdo en que se requieren modificaciones sustanciales en el actuar de nuestra Suprema Corte, principalmente en el tema de construir una doctrina constitucional congruente, uniforme y que atienda a las necesidades de la sociedad mexicana, entonces, lo cierto es que si bien el presidente de la Corte juega un rol primordial, para lograr un verdadero cambio en éste y otros aspectos será necesario un actuar conjunto del presidente y del resto de los ministros en sus respectivas responsabilidades y encomiendas.

¿Qué tribunal constitucional requiere nuestro país para afrontar las diversas problemáticas del país? Este debe ser el punto de partida de reflexión de todos los integrantes de la Corte y del resto de los poderes, pero también debe convertirse en un elemento a debatir de manera seria e informada en el ámbito académico y en la sociedad en general.

Eduardo Romero Tagle. Estudiante de Noveno Semestre. Universidad Panamericana, Campus Guadalajara.


[1] Antes de la sustitución, la Primera Sala se conformaba por los ministros Cossío Díaz, Gudiño Pelayo, Sánchez Cordero, Silva Meza y Valls Hernández. Por su parte, la Segunda Sala se integraba por los ministros Aguirre Anguiano, Azuela Güitrón, Franco González-Salas, Góngora Pimentel y Luna Ramos. Posteriormente a la sustitución, en la Primera Sala ingresó el ministro Zaldívar Lelo de Larrea y en la Segunda Sala ingresó el ministro Aguilar Morales. El ministro Valls Hernández se cambió de la Primera a la Segunda Sala.