La Acusación a Galileo

Galileo Galilei sostenía que la comprobación final de una teoría debe ser encontrada en la naturaleza: “Yo considero que en las discusiones sobre problemas físicos deberíamos partir no de la autoridad de los pasajes bíblicos, sino de las experiencias de los sentidos y de las demostraciones necesarias…Dios no se manifiesta de manera menos excelente en las acciones de la Naturaleza que en las sagradas declaraciones de la Biblia.(8) Por su parte, Urbano VIII objetó que no puede haber una prueba final para los designios de Dios: “Sería una imprudencia extravagante para cualquiera el pretender limitar y confinar el poder y la sabiduría divinos a una conjetura particular de su cosecha.(9)

Mientras, se encomendó a los censores dictaminar sobre las dos tesis fundamentales de la teoría copernicana propugnadas y desarrolladas por Galileo, a saber:

  • El Sol es el centro del Universo e inmóvil exteriormente.
  • La Tierra no es el centro del Universo ni es inmóvil, sino que además se mueve con un ciclo de movimiento cotidiano.

En febrero de 1616 dictaminaron que la primera tesis era “necia y absurda en el aspecto filosófico y herética desde el punto de vista formal, por contradecir obviamente las máximas de la Sagrada escritura en muchos lugares suyos, tanto respecto al sentido de lo dicho en la Escritura como en la interpretación general por los santos padres y los doctos teólogos”. Con la misma unanimidad se pronunciaron respecto de la segunda tesis, diciendo que ella “debe someterse a la misma censura en el aspecto filosófico; considerada desde el punto de vista teológico es, por lo menos, errónea en las cuestiones de fe”.

No obstante, el momento decisivo para el astrónomo llegó en 1632, cuando publicó su Dialogo sopre i due massimi sistema del mondo, tolemaico et copernicano (Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo: ptolomeico y copernicano). El libro tuvo un éxito rotundo; en él aparecen tres personajes: Salviati, Sagredo y Simplicio. El primero es partidario del sistema copernicano, el segundo aparece como Presidente neutral de la disputa y el tercero defiende el sistema ptolemaico del Universo.

Los adversarios de Galileo encolerizaron ante la publicación e inculcaron a Urbano VIII que ese libro era “más horrible y más funesto para la Iglesia, que los escritos de Lutero y Calvino”. Finalmente, el Papa asumió que Simplicio era su propia caricatura, y creyó que su amigo Galileo se había burlado de él, poniéndolo como un simplón. Escribió entonces al Embajador de la Toscana: “Vuestro Galileo ha emprendido un camino falso y osa discurrir sobre las cuestiones más importantes y peligrosas de cuantas puedan suscitarse en nuestro tiempo”.

Entonces, el 23 de septiembre de 1632, sobrevino lo inevitable: “Su Santidad encarga al Inquisidor de Florencia que informe a Galileo en nombre de la Sagrada Congregación, que deberá comparecer lo antes posible en el curso del mes de octubre en Roma, ante el Comisario General del Santo Oficio…”. Galileo contaba con 68 años de edad.

Instrucción e interrogatorio a Galileo

Una vez formulada la denuncia, el inquisidor hacía comparecer a los testigos, para que pudieran confirmar la acusación. En su caso, el detenido ingresaba a una cárcel secreta, completamente aislado del mundo exterior, y la instrucción no se suspendía ni aún en caso de muerte del acusado o de su alienación.(10)

La Inquisición “fundamentaba” la acusación, y no lo hacía con el fin de revelar la verdad objetiva, sino para convencer al acusado de que debía reconocer su culpa y arrepentirse. La confrontación de los testigos de cargo y los detenidos estaba prohibida. Al respecto, Nicolás Eymerich, gran Inquisidor del Reino de Aragón, sugería que se leyera la acusación suprimiendo los nombres de los denunciadores, y entonces el acusado podría conjeturar quienes habían presentado contra él tales o cuales cargos, recusarlos o invalidar sus testimonios.(11)

El plazo de instrucción no se limitaba en modo alguno; los inquisidores podían retener al acusado en la cárcel hasta el pronunciamiento de la sentencia, un año, o diez, e incluso durante toda su vida. El recluso costeaba su manutención, con sus propios bienes, secuestrados por la Santa Inquisición. Si el detenido carecía de una fortuna suficiente para mantenerlo largo tiempo en la cárcel, su suerte se decidía en cuestión de días. Al respecto, Eymerich recomendaba: “…(proceder con) rapidez, sin dar lugar a las triquiñuelas de los abogados, ni a las solemnidades que intervienen en los demás juicios y trabajando hasta los días que son feriados para los demás jueces, rechazando toda clase de apelaciones que sólo sirven para dilatar la sentencia, y no admitiendo multitud inútil de testigos.(12)

Por su parte, el inquisidor se preparaba minuciosamente para el interrogatorio. Examinaba la biografía del detenido, buscando episodios que permitieran doblegar la voluntad de la víctima, y hacerla obedecer sin reservas al interrogante.(13) A continuación hacía decenas de preguntas muy diversas, y a menudo, no relacionadas en modo alguno con el asunto a fin de desconcertar al interrogado, hacerlo incurrir en contradicciones, decir absurdidades y reconocer algunos pecados y vicios pequeños.(14).

El 12 de abril de 1633, Galileo Galilei respondió por primera vez las preguntas del Inquisidor. Como se puede apreciar en los documentos a los que se puede tener acceso del Archivo Secreto, las preguntas le fueron dirigidas cortésmente, en latín y en tercera persona: “¿Cómo y cuándo fue traído a Roma?”, “¿Es suyo este libro?” (Dialogo sopre i due massimi sistema del mondo), “¿Por qué decidió escribirlo?”, “¿Qué contiene su libro?”. Todas esas preguntas eran esperadas por el científico, hasta que surgió lo inesperado:

Inquisidor: ¿Estaba en Roma, en el año 1616 en particular, y con qué propósito?

Galileo: Estuve en Roma en el año 1616… porque, teniendo conocimiento de las dudas expresadas sobre las opiniones de Nicolás Copérnico,… me decidí a venir para indagar qué posición era conveniente adoptar en esta materia.

Inquisidor: Permítasele decir qué fue decidido y qué se le dio a conocer en febrero de 1616.

Galileo: En el mes de febrero de 1616, el Cardenal Bellarmino me expresó que el sostener la opinión de Copérnico como un hecho comprobado era contrario a las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, no podía ser sostenida ni defendida: en cambio, podía tomarse y emplearse como hipótesis. Para confirmar esto, conservo un certificado del cardenal Bellarmino, fechado el 26 de mayo de 1616, en el que dice que la opinión de Copérnico no puede ser sostenida ni defendida…

Inquisidor: ¿Recuerda si le fue indicado por otro en aquella ocasión algún otro precepto?

Galileo: No recuerdo, por haber ocurrido esto muchos años atrás, si me dijeron o transmitieron algo más, y no sé si recordaría lo dicho en el caso de que se me lo leyera. Digo francamente lo que recuerdo, porque no creo haber contravenido de modo alguno aquél precepto…

Inquisidor: Si se le declara que, en presencia de testigos, se le dieron instrucciones de que no debía sostener ni defender la citada opinión, ni enseñarla en cualquier forma, permítasele ahora que diga si es que recuerda.

Galileo: … recuerdo que las instrucciones fueron que no debía ni sostener ni defender la dicha opinión. De las otras dos expresiones particulares, es decir, ni “enseñarla” (nec docere), ni “en cualquier forma” (quovis modo), tengo memoria, ni están expresadas en el certificado del cardenal Bellarmino del 26 de mayo…

Inquisidor: Después del susodicho precepto, ¿obtuvo permiso para escribir el libro?

Galileo: Después del precepto, no solicité permiso para escribir este libro, en virtud de que consideré que no contravenía el precepto que me fue dado de sostener ni defender la referida opinión…

Inquisidor: Cuando solicitó permiso para imprimir el libro, ¿reveló el mandato de la Santa Congregación del que hablamos anteriormente?

Galileo: Nada dije cuando solicité permiso para publicarlo, puesto que en el libro no sostenía ni defendía la opinión de la movilidad de la Tierra y de la estabilidad del Sol; al contrario, pruebo la opinión opuesta, mostrando que las razones de Copérnico son inválidas y no concluyentes.

Galileo tenía un certificado firmado por el Cardenal Bellarmino en el que solamente se le prohibía “sostener” o “defender” la teoría de Copérnico; sin embargo, la Inquisición sostuvo que contaba con otro certificado que prohibía exclusivamente a Galileo, el “enseñarla en cualquier forma”. Naturalmente, la Inquisición no tenía la obligación de mostrar tal documento al acusado, y ahora hay pruebas que acreditan que dicho certificado, base de la acción, era apócrifo y no contiene firma alguna, menos la del Cardenal Bellarmino(15).

El 20 de junio de 1633 fue interrogado otra vez, y se le anunció que al día siguiente sería sometido a “un interrogatorio y una prueba”.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

Notas:

(8) Bronowski, op. cit., p. 209.

(9) Ibidem.

(10) Grigulevich, op. cit. p. 118.

(11) Eymerich, Nicolau, Le Manuel des inquisiteurs, Transcrit et complété par Francisco Peña. Introduit, traduit et annoté par Louis Sala-Molins. Paris 2001.

(12) Ibídem.

(13) Grigulevich, op. cit., p. 123.

(14) Grigulevich, op. cit., p. 124.

(15) Copia de ese documento en Bronowski, op. cit. p. 213.

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Actas del proceso contra Galileo Galilei

A pesar de los trabajos que no pocos estudiosos han realizado en el pasado para “descubrir”, o mejor dicho, encontrar las actas del proceso inquisitorio de Galileo Galilei, hasta hoy no poseemos más que los escritos originales de un mísero resto extraído de voluminosos “expedientes” inquisitorios de Galileo de la época del proceso (1633) o de poco después. Este “extracto” permaneció durante siglos en el archivo de la Congregación del Índice y se llevó después a París durante la confiscación de los Archivos Vaticanos dispuesta en 1810 por Napoleón, pasando por tanto por las manos del duque de Blacas y, finalmente, enviado por la viuda de éste al Archivo Secreto Vaticano en 1843.

El volumen II, que erróneamente se ha designado durante mucho tiempo como “Proceso de Galileo Galilei”, es en realidad un conjunto de escritos recopilados por la Congregación del Índice tras la condena de Galileo con el fin de aplicar, sobre la base de las deposiciones y confesiones del proceso, la prohibición de sus libros y la enseñanza de su doctrina (en el interior hay numerosas cartas de obispos o representantes pontificios que atestiguan haber recibido la notificación de dicha prohibición). Algunos de estos escritos se extrajeron de los expedientes perdidos (parece ser que se trata de varios volúmenes) del proceso de Galileo, del cual se conserva todavía la foliación (uno de estos volúmenes tenía al menos 560 folios, es decir 1120 páginas).

Tras la condena de las tesis científicas que sostenía Galileo se llegó, como es bien sabido, a la abjuración pronunciada por el gran pisano en la iglesia de la Minerva el 22 de junio de 1633. En los meses siguientes, Galileo obtuvo de Urbano VIII la posibilidad de cumplir su pena de prisión en su villa de Arcetri (1 de diciembre de 1633). Desde ahí, el 17 de diciembre de 1633 enviaba una carta totalmente autógrafa a su “protector”, el cardenal Francesco Barberini, gracias a cuya intervención había obtenido ese favor.

Los documentos disponibles del proceso contra Galileo se pueden descargar gratuitamente en Internet y pese a contener tan solo una parte de la información histórica, revelan aspectos cruciales del interrogatorio que nos ayudan a desentrañar la esencia del argumento de la Inquisición que resolvió la condena a Galileo Galilei.

Las herejías y la obra de Copérnico

El XII Concilio Ecuménico, mejor conocido como el IV Concilio de Letrán tuvo lugar a partir de 1215, a convocatoria del Papa Inocencio III. Entre los muchos asuntos que trató y desahogó, destaca por su importancia la aprobación de un decreto sobre la lucha contra las herejías, cuyo primer párrafo a la letra dice: “Excomulgamos y anatemizamos toda herejía opuesta a la Santa Fe, ortodoxa y católica. Condenamos a todos los herejes, llámense como se llamen; difieren por la faz, pero están ligados por el rabo, ya que la vanidad les reúne. Todos los herejes condenados deberán ser entregados a las autoridades seculares competentes o a sus representantes para sufrir la pena merecida…”[1]

Grigulevich, en su “Historia de la Inquisición”, cita a Bernard Gui, inquisidor francés del siglo XIV, quien señaló que “la Inquisición tiene por objeto destruir la herejía; no se puede acabar con la herejía si no se acaba con los herejes, y exterminar a los herejes es imposible si no son aniquilados a la vez que sus encubridores, simpatizantes y protectores.”[2]

La Iglesia entendía por herejía la negación premeditada de los artículos de la fe católica y la persistencia explícita en las concepciones erróneas. Así, fue considerado como hereje todo creyente que estando familiarizado con la doctrina católica, la negara y predicara algo opuesto.

En el último año de su vida (1543), Nicolás Copérnico publicó su De Revolutionibus Orbium Coelestium (La revolución de las órbitas celestes) en el que ofreció un panorama del Universo diametralmente opuesto al que sostenía que la Tierra era el centro del Universo. Copérnico había dedicado buena parte de su vida a las tareas administrativas y a la práctica religiosa (fue canónigo de la catedral de Frombork), y estudió matemáticas, jurisprudencia y medicina en Cracovia, Padua, Ferrara y Bologna.

Copérnico y su eficaz control de daños

Basándose sobre todo en las observaciones de otros, Copérnico postuló en su libro que no es la Tierra la que ocupa el centro del universo, como se sostenía en el imperante —desde hacía más de dos milenios— sistema ptolemaico, sino que era el sol el que se encontraba en esa posición privilegiada.

No cabe duda de que Copérnico antes de publicar su obra hizo un eficaz y minucioso control de daños. Para empezar, está dedicada al “Santísimo Señor Paulo III, Pontífice Máximo” “…preferí dedicar estas elucubraciones a tu Santidad antes que a cualquier otro, puesto que también en este remotísimo rincón de la Tierra, donde yo vivo, eres considerado como eminentísimo por la dignidad de tu orden y también por tu amor a todas las letras y a las matemáticas, de modo que fácilmente con tu autoridad y juicio puedes reprimir las mordeduras de los calumniadores, aunque está en el proverbio que no hay remedio contra la mordedura de un sicofante”.

Adicionalmente, De Revolutionibus Orbium Coelestium cuenta con un Prefacio elaborado por el teólogo protestante Andreas Osiander, responsable de la edición de la obra: “El autor de esta obra no ha cometido nada por lo que merezca ser reprendido… No es necesario que estas hipótesis sean verdaderas, ni siquiera que sean verosímiles… Permítasenos que se den a conocer entre las antiguas, no como más verosímiles, sino porque son al mismo tiempo admirables y fáciles y porque aportan un gran tesoro de sapientísimas observaciones. Y no espere nadie, en lo que respecta a las hipótesis, algo cierto de la astronomía, pues no puede proporcionarlo; para que no salga de esta disciplina más estúpido de lo que entró, si toma como verdad lo imaginado para otro uso”.

Tal vez por esto, De Revolutionibus tuvo a la postre menos problemas que otros libros: en 1616 fue incorporado al Index Librorum Prohibitorum, pero quedó proscrito “donec corrigatur” (“hasta que sea corregido”), mientras que el Dialogo sopre i due massimi sistema del mondo de Galileo, prohibido en 1633, ingresó al Index incondicionalmente. Y ahí siguió hasta 1835, a pesar de que en 1757 el papa Benedicto XIV había revocado el decreto anticopernicano.

Galileo y el Cardenal Bellarmino

El Cardenal Roberto Bellarmino, Jefe de la Congregación del Santo Oficio[3], y coautor activo de la condenación de Giordano Bruno, consideró que la innovación de Copérnico estropearía el plan cristiano de salvación. Por su parte, los descubrimientos de Galileo confirmaron la tesis fundamental de su predecesor polaco: la Tierra gira alrededor de su eje. Entonces, el científico escribió: “sospecho que los descubrimientos astronómicos señalarán el entierro o, mejor dicho, el juicio final de una filosofía falsa.”[4]

Bellarmino intentó persuadir a Galileo y a sus seguidores para que los científicos presentaran sus descubrimientos como hipótesis, sin oponerlos a la Biblia, y en tal caso, la Iglesia y la Inquisición los dejarían en paz. Pero Galileo insistió en que sus descubrimientos no eran meras hipótesis dudosas, sino verdades absolutas y como tal, deberían ser consideradas.

Galileo era extrañamente inocente en relación con el establishment, y más todavía al pensar que podía burlarlo porque era más listo. En las altas esferas inquisitoriales nunca hubo duda alguna de que sería silenciado, pues era absoluta la división entre él y las autoridades. Éstas pensaban que la fe debería dominar; y Galileo creía que la verdad debería persuadir.[5]

Aunque el proceso contra Galileo tuvo lugar en 1633, desde 1616 fueron señaladas por la Iglesia las siguientes proposiciones a ser prohibidas: “que el Sol se ubica inamovible en el centro del cielo; que la Tierra no se encuentra en el centro del cielo y que no es inamovible, sino que obedece a un movimiento doble.”[6]

Por ese entonces, el cardenal Bellarmino habló con Galileo; y aquél lo convenció (según documento exhibido por el científico), de no sostener ni defender el sistema copernicano del mundo.

Galileo decidió aguardar, y en 1623, un viejo amigo suyo, el cardenal Maffeo Barberini se convirtió en el Papa Urbano VIII. Sostuvieron largas conversaciones en los jardines vaticanos, y el astrónomo creyó que podía persuadir al Papa para suspender o soslayar la prohibición de 1616. Sin embargo, a la postre, las cosas sucedieron de un modo muy distinto[7].

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

Notas:

[1] Foreville, R., Letrán I, II, III et Letrán IV. París, 1965, p. 345.

[2] Grigulevich, Iósif, Historia de la Inquisición, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p. 347.

[3] Aunque hay indicios que sostienen que fue creado en 1223, siendo Papa Gregorio IX, hay otros indicios que sostienen que El Tribunal del Santo Oficio fue creado el 21 de julio de 1542, cuando el Papa Pablo III emitió la bula Licet ab initio.

[4] Grigulevich, Iósif, ibídem.

[5] Bronowski, Jacob, El Ascenso del Hombre, Fondo Educativo Interamericano, México, 1979, p. 205.

[6] Ibídem.

[7] Se dice que Urbano VIII mandó matar a los pájaros de los jardines vaticanos porque le molestaban.

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Contexto artístico.

4’33” es la composición más famosa de John Cage. El título hace referencia a la duración cronometrada de la composición, que (normalmente) consiste en cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio. 4’33” ha alcanzado un estatus legendario, no solamente en la obra de Cage sino también en el arte del siglo XX. Buena parte de las reseñas de conciertos de los últimos veinte o treinta años empiezan recordando a los lectores que Cage es el compositor de la “pieza silenciosa”, como un pretexto para justificar tanto una crítica positiva como negativa. La interpretación negativa más clara de 4’33” es la expresada por David Tame, quien sarcásticamente escribe que Cage “sin duda se tomó considerables esfuerzos para componer” esta “obra maestra”, y que debería “ser considerada como una broma tan solo; fácil, innecesaria, y quizás también, egocéntrica”.

Richard Taruskin se hace eco de la opinión de Tame, afirmando que 4’33’‘ es un ejemplo de “máxima elevación estética, un acto de imperialismo transcendente”. La interpretación crítica contemporánea más provocadora es la de Caroline Jones, quien intenta demostrar que 4’33” es un ejemplo del “problema del armario” de sensibilidad homosexual en la que el “silencio” se convierte a la vez en un “escudo y una protesta” ante lo inaceptable de la política, la estética, y la práctica sexual durante la “guerra fría”. Desgraciadamente, 4’33’’ es conocida normalmente por los rumores y a menudo mal entendida o simplificada, tanto por lo que respecta a la partitura como a su interpretación. Actualmente hay cuatro partituras diferentes de 4’33’’, hay muchos modos diferentes de interpretar la pieza, y hay algunas variaciones posteriores que tienen que ser tomadas en consideración antes de hacer cualquier comentario crítico/filosófico. Cage mismo consideró a 4’33’’ como su obra más importante, anotando que “pienso siempre en ella antes de escribir la pieza siguiente”. Aparentemente, las pinturas blancas de Robert Rauschenberg fueron decisivas a la hora de hacer efectiva su pieza silenciosa: “…Estaba pensando en ella, pero sentía que no podía tomármelo seriamente, y de este modo me abstuve de hacerla… Pero cuando Bob hizo los lienzos vacíos, tomé fuerzas para seguir el camino, pasara lo que pasara…”, reconoció Cage. Finalmente, queda una inquietud, 4’33” es una obra para piano, si fuera para orquesta, ¿sería un silencio más solemne?

Controversia jurídica.

En septiembre de 2002, el silencio se convirtió en el centro de una estridente controversia por derechos de autor en el Reino Unido.  Mike Batt, compositor, productor y representante de artistas y  grupos de fusión multiétnica como Vannesa Mae, Bond y The Planets, fue demandado por los defensores de los derechos de propiedad intelectual del compositor estadounidense John Cage.

El motivo fue que Batt incluyó en un CD una pista llamada “A One Minute Silence”, un recurso empleado para separar en dos la producción, diferenciando los estilos manejados en el disco. Originalmente, Batt iba a bautizar esta pista como Batt/Cage, en homenaje al compositor fallecido en 1992. Una vez que el disco Classical Graffiti fue lanzado, los editores de la obra de Cage contactaron a Batt para decirle que había infringido los derechos de autor y que querían un cuarto de las regalías que generase el track.

Otra compañía importante, la MCPS apoyó la causa: le habían plagiado su silencio a John Cage. Mike Batt se defendió diciendo que su silencio no era un plagio, sino que se trataba de un silencio original. Ciertamente, la protección del derecho de autor de una obra sin notas es complicada bajo las leyes del Reino Unido. Otra de las posibilidades que analizó el equipo jurídico de Batt es que se trató no de un plagio sino de una parodia. Uno de los juristas que estudiaron el caso ponderaron la obra de John Cage, ya que no hay notas, ¿es una obra literaria?, ¿artística?, ¿dramática?, o, más allá, ¿una “no obra”?, en este último supuesto, no se infringe ningún derecho de autor, concluyen. Batt dijo que quería expresar en un minuto lo que Cage había dicho en cuatro minutos y medio…; en concreto, ¿qué parte de ese silencio había sido plagiada? No hay información verificada sobre el monto del “arreglo entre caballeros” (algunos hablan de 100,000 libras esterlinas), pero parece quedar claro que el silencio vale oro para el que tiene los derechos de propiedad sobre él.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

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Una nota aparecida en el Diario The Jerusalem Post del 23 de junio de 2004 llamó nuestra atención: el Tribunal Superior de Tel Aviv ordenó la ejecución de un perro llamado Trip, que había atacado y dado muerte a Aviva Ganon de 4 años. Poco antes del incidente mortal, el perro había sido regalado a la familia por un amigo que iba a hacer un viaje y no podría llevar a la mascota consigo. En su veredicto, el Tribunal tomó en cuenta tanto la recomendación de la Oficina de Servicios Veterinarios del Ministerio de Agricultura, como el consentimiento de los dueños. Quedó muy claro para los magistrados que los padres de la pequeña deseaban con vehemencia la muerte del perro.

Por otra parte, en mayo de 2005, la Cuarta Sala de la Corte Suprema de Chile confirmó el fallo de la Corte de Apelaciones de Valparaíso que ordenó la eliminación de una gata llamada Luz que estuvo en contacto con un murciélago infectado con rabia. No obstante, a la fecha, la gata permanece prófuga.

Una rápida travesía por la historia de las instituciones y enjuiciamientos en contra de animales nos deja algo más que datos anecdóticos. Bierce; D´Addosio; Thot, y otros esmerados investigadores de estos temas, nos narran que en el Avesta, el antiguo libro sagrado de los persas se prescribía que si un perro mordía a un hombre o a otro animal, debía castigársele. La primera vez con la amputación de la oreja derecha, la segunda con la de la oreja izquierda, la tercera con la pata y la cuarta con la cola. La pena de muerte no estaba contemplada, ya que difícilmente el perro llegaría a la quinta reincidencia, sin las dos orejas, una pata y la cola. No obstante, en el Derecho romano postclásico, la Antiqua 8, 4, 17 —que procede del Edicto de Eurico— ordenaba al dueño de cualquier animal peligroso darle muerte, so pena de responder personalmente del daño que hubiere causado la bestia[1].

En la Edad Media fueron procesados animales, peces, reptiles e insectos. Una bestia que hubiera causado la muerte de un hombre, o practicado la brujería, era debidamente arrestada, procesada y, si resultaba culpable, ejecutada por el verdugo público. Los insectos que devastaban sembradíos, huertas o viñedos, eran citados ante un tribunal civil, para declarar por sí o por medio de un abogado, y pronunciados el testimonio, el argumento y la condena, si seguían “in contumaciam”, se llevaba el caso a un alto tribunal eclesiástico, que los excomulgaba y anatemizaba.

En 1386, un juez de Falais, Francia, condenó a un perro a la mutilación de las patas primero y luego a ser ahorcado “por haber herido a la víctima en la cara y en el brazo”. Para la ejecución, vistióse al perro con ropa de hombre. Por esa época, en una calle de Toledo se arrestó, juzgó y condenó a unos cerdos que perversamente pasaron corriendo entre las piernas del Virrey, causándole gran sobresalto. En Nápoles se condenó a un asno a morir en la hoguera, aunque al parecer la sentencia no fue ejecutada. En 1451 se inició causa criminal contra las sanguijuelas que infestaban ciertos estanques de Berna, y el obispo de Lausana, aconsejado por la Facultad de la Universidad de Heilderberg, ordenó que algunos de esos “gusanos acuáticos” comparecieran ante la magistratura local. Así se hizo, y se intimó a las sanguijuelas, presentes y ausentes, que en un plazo de tres días abandonaran los sitios que habían infestado, so pena de “incurrir en la maldición de Dios”. Los voluminosos expedientes de esta cause célebre no dicen si las inculpadas arrostraron ese castigo, o si se marcharon en el acto de esa inhóspita jurisdicción.

En 1606, en Chartres, fue ejecutado un perro por actos de bestialidad, y otro fue condenado “in contumaciam” y ejecutado “in efigie”. En ese siglo, en Inglaterra, fueron numerosas las sentencias a muerte contra perros acusados de brujería. En Italia, en la segunda mitad del siglo XVIII, se ejecutó a muchos perros “por haber seguido con demasiado ímpetu su instinto natural”.

En 1845, en Troyes, fue procesado un perro como “cazador furtivo”. En Inglaterra, en esos años, fue condenada a muerte una gallina que hirió mortalmente a un niño, ejecución que fue presenciada por los jurados. En la última década del siglo XIX, en Londres, el elefante Charlie fue absuelto en razón de legítima defensa por haber desnucado a su cuidador, quien le daba malos tratos.

No todos los elefantes, empero, corrieron con la suerte de Charlie. En 1903, una de las mayores atracciones en el Luna Park de Nueva York, era la elefanta Topsy, un ejemplar de más de tres toneladas. Pero ella tenía su carácter, y en tres años había matado a tres hombres. El último de ellos, su entrenador que estaba borracho y la alimentó con un cigarro encendido. Topsy tenía que irse, ¿pero cómo? Las autoridades del Parque la alimentaron con zanahorias bañadas en cianuro pero no dio resultado en un animal de tal fortaleza. Al convertir el asunto en todo un moral issue, los propietarios del Luna Park anunciaron que ahorcarían al animal. No obstante, las protestas por la ejecución de esta pena inhumana no se hicieron esperar. Nueva York había abolido la muerte por horca, siendo reemplazada por modernas sillas eléctricas, que se consideraban más viables para llevar a cabo la ejecución.

Luna Park pidió asesoría técnica a Thomas Edison, quien durante años había venido electrocutando públicamente a perros y gatos para demostrar los alcances de la corriente alterna. En Coney Island había una poderosa planta eléctrica y Edison tenía una gran oportunidad para la utilización de la corriente alterna. La ejecución de Topsy duró tan solo diez segundos y el bizarro testimonio filmado aún existe.

Otro caso ocurrió en Kingsport, Tennesse en septiembre de 1916 cuando Big Mary, con sus 5 toneladas de peso, aplastó a su entrenador, después de que éste la había golpeado con un palo en la cabeza.

Las autoridades del circo percibieron que contar con un elefante asesino no sería óptimo para el negocio. Se dice que el sheriff la arrestó y la encarceló por una noche. Se dice también que fue el mismo Gobernador de Tennesse quien ordenó la muerte de Big Mary. Lo que no se ha podido confirmar es la existencia de un juicio.

Nadie tenía armas tan grandes en el pueblo, y cuando se descartó la opción de dispararle un cañón, se optó por utilizar una grúa de ferrocarriles en la Ciudad vecina de Erwin para ahorcar al “elefante más grande del mundo” en presencia de más de 5 mil espectadores. La narración pormenorizada de este incidente pesadillezco se encuentra en el libro “The Day They Hung the Elephant” (1992), de Charles Edwin.

Mejor suerte corrió un doberman de 14 meses, que en diciembre de 2000 fue indultado por el Intendente de la Municipalidad de Neuquen, Argentina, después de que había sido sentenciado a muerte por la Jueza del Tribunal de Faltas, a raíz del ataque a la pierna de una mujer. Adicionalmente, la dueña del animal había sido condenada al pago de 135 pesos por el daño causado. De haber prosperado la sentencia, el perro habría ingresado a la cámara de gas de la Dirección de Zoonosis y Vectores, de esa localidad.

En abril de 2007, una Corte de Dallas, Texas llamó a un burro a declarar, por “ruidoso y agresivo”. En mayo de 2008, en Chiapas, un asno fue encarcelado por morder y patear a dos hombres cuando pasaban cerca de una hacienda en la periferia de Tuxtla Gutiérrez. El comandante de la policía dijo que el animal permanecería encerrado hasta que su propietario pague los gastos médicos de los dos afectados. ”Aquí si alguien comete un delito se queda en la cárcel, no nos importa quién sea”, explicó el comandante[2]. A fines de mayo de 2010, una paloma fue capturada en la India, siendo sospechosa de espionaje al servicio de Pakistán. Al cierre de esta nota, aún se encontraba custodiada por guardias armados.

En México, la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal (DOF, 26 de febrero de 2002), en su artículo 5°, reconoce, entre otros principios, que los animales deben ser tratados con respeto y dignidad durante toda su vida y que todo acto que implique la muerte innecesaria o injustificada de un animal es un crimen contra la vida. Y el artículo 30 dispone que los propietarios de cualquier animal tienen la responsabilidad de los daños que le ocasione a terceros y de los perjuicios que ocasione, si lo abandona o permite que transiten libremente en la vía pública.

Esto nos trae de regreso al perro Trip, el perro que fue ajusticiado en Tel Aviv por haber matado a la niña de 4 años. ¿Quién tiene la responsabilidad en estos casos? Regresemos también a la Antiqua 8, 4, 19 que, tratándose de perros, declaraba la irresponsabilidad del dueño, salvo si hubiera incitado al animal contra una persona no sospechosa[3].

En nuestro país, además de la Ley de Protección a los Animales, existen disposiciones de diversa índole, cuyo conocimiento puede ser de utilidad para dueños y no dueños de animales[4].

Como se puede apreciar, queda una pequeña laguna cuando se sufre un ataque de un animal sin dueño, sin haber sido azuzado.

Los animales han cambiado muy poco en millones de años. El ancestro del ser humano que cazó a sus ancestros podría reconocerlos al instante, pero no podría reconocer al cazador negro, amarillo o blanco, como su propio descendiente.

En consecuencia, más que pensar en la viabilidad de hacer tribunales para los animales peligrosos, es la conducta de cada dueño la que debe ser escrupulosamente vigilada, así como la capacidad ciudadana de denuncia y la de las autoridades de respuesta, máxime ante la tremenda proliferación de poderosos perros guardianes que se registra en las grandes ciudades.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).


[1] Si quis bovem aut alium animal nocivum vel vitiosum habuerit, eum occiderit non moretur vel a se proicere, ita ut vicinis omnibus notum facia quia eum a se proiecit. Quod si eum non occiderit, sed reservaverit, quidquid damni fecerit, ille conponat, qui eum aput se reservare cognoscitur.

[2] No era la primera vez que un animal era encarcelado en Chiapas. En abril de 2008 un toro estuvo prisionero por comerse mazorcas de un sembradío y destruir dos tiendas de madera hasta que su propietario pagó los daños. En 2006, un perro fue encarcelado durante 12 días por morder a una persona. Las autoridades judiciales le ordenaron a su propietario el pago de una multa equivalente a 18 dólares.

[3] Si quis canis momorderit alicuis, et de morsum illius aliquis debilitatus probetur aut mortuus, domino canis nihil calumnie moveatur; si tamen eum canes suum, ut  furem aut quemcumque criminosum comprenderte, inritavit, et ita momorderit fugientem, si de morso iposo fuerit debilitatus aut mortuus, nihil ex eo causationis exsistat. Nam si eum ad innocentem forsitam iniuriandum incitavit, tamquam si ipse vulnus intulerit, iuxta legem conponere no moretur.

[4] Código Civil Federal:

El dueño de un animal pagará el daño causado por éste, si no probare algunas de estas circunstancias:

I.- Que lo guardaba y vigilaba con el cuidado necesario;

II.- Que el animal fue provocado;

III.- Que hubo imprudencia por parte del ofendido;

IV.- Que el hecho resulte de caso fortuito o de fuerza mayor (artículo 1929).

Si el animal que hubiere causado el daño fuere excitado por un tercero, la responsabilidad es de éste y no del dueño del animal (artículo 1930).

Código Penal Federal:

De las lesiones que a una persona cause algún animal bravío, será responsable el que con esa intención lo azuce, o lo suelte o haga esto último por descuido (artículo 301).

Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal:

Son infracciones contra la seguridad ciudadana:

I. Permitir el propietario o poseedor de un animal que éste transite libremente, o transitar con él sin adoptar las medidas de seguridad necesarias, de acuerdo con las características particulares del animal, para prevenir posibles ataques a otras personas o animales, así como azuzarlo, o no contenerlo;

(…)

Esta infracción se sanciona con multa por el equivalente de 11 a 20 días de salario mínimo o con arresto de 13 a 24 horas (artículo 25).

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La relación del ser humano con un objeto redondo para entretenerse o para realizar una actividad física se remonta a los albores de cada persona y de la humanidad misma. El protofutbol se practicaba en el Extremo Oriente desde el siglo V, a.C., en Grecia jugaban al episkyros, en Roma al haspartum y los normandos practicaron el soule. En Mesoamérica se jugó al ulama y al anetsa. En la Edad Media el juego era con frecuencia sanguinario y criminal (la ferocidad con que se disputaba el partido anual entre dos conjuntos de la ciudad de Derby se hizo tan famosa que hasta hoy se da ese nombre a los enfrentamientos entre equipos de una misma ciudad). Durante el Renacimiento italiano se deleitaron con el gioco del calcio, al que el puritano Stubbs consideraba como “una clase de combate amistoso más que un recreo”, y todo parece indicar que este juego era conocido por Shakespeare (King Lear, Acto I, Escena IV).

Fueron precisamente los ingleses quienes reglamentaron el juego, y el 30 de noviembre de 1872 Inglaterra y Escocia jugaron el primer partido entre selecciones nacionales (0 a 0).

Cientos de miles de páginas se han escrito sobre el tema pero, a fin de cuentas, como afirmó el entrenador Vujadin Boskov: “Fútbol es fútbol”. A continuación se ofrece una recopilación de algunos encuentros recientes entre el fútbol y la impartición de justicia, a propósito de la “Justa Mundialista” en curso:

 2004

  • 22 de junio (Reino Unido). Dos hooligans fueron castigados por un tribunal a permanecer lejos de los estadios nacionales o extranjeros durante los tres próximos años.
  • 3 de agosto (Italia). Los 78 años de la historia del Nápoles FC fueron borrados del mapa futbolístico mundial con una fría sentencia de quiebra declarada por la séptima sección del Tribunal Napolitano.
  • 7 de diciembre (Brasil). El club Sao Caetano fue sancionado con la pérdida de 24 puntos en la liga brasileña de Futbol mientras su presidente y su médico fueron suspendidos por su presunta responsabilidad en la muerte súbita del zaguero Serginho en el estadio Morumbí de Sao Paulo.

2005

  • 12 de abril (Unión Europea). El Tribunal de Justicia de la Unión Europea decidió, en relación al caso de Igor Simutenkov, ex futbolista del Tenerife, que los deportistas profesionales rusos deben recibir un trato laboral igual al de los deportistas comunitarios.
  • 7 de julio (Nigeria). El Tribunal Superior Federal de Nigeria ha librado de cargos de conspiración y traición a 53 jóvenes que habían sido acusados por participar en un torneo de fútbol colegial en Lagos denominado “Biafra Libre”, el antiguo territorio secesionista del este del país.
  • 17 de noviembre (Alemania). Condenan a dos años y cinco meses a árbitro corrupto.

2006

  • 2 de febrero (Italia). Un juez sanciona al Roma con un partido de suspensión del estadio Olímpico como consecuencia de la exhibición de símbolos fascistas por parte de sus aficionados en un partido de la liga.
  • 6 de abril (España). El Tribunal Supremo estima que un partido del FC Barcelona es un acontecimiento “excepcional e insustituible”.
  • 23 de marzo (Turquía). La Corte de Distrito de Kayseri encontró culpable a un hombre de 26 años de poner en riesgo la seguridad pública por su forma de conducir. En consecuencia, lo encarceló por 30 días, pero además, le impuso la prohibición de presenciar partidos del equipo local (Kayserispor) durante dos meses.
  • 30 de noviembre (Bulgaria). Un aficionado del equipo de fútbol británico Manchester United, Marin Zdravkov, originario de Svishtov, al norte del país, cambio su nombre para llamarse Manchester Zdravkov. Con 38 años de edad, este obrero de la construcción luchó durante varios años para obtener el derecho de cambiar también su apellido por… United.
  • 7 de diciembre (Francia). Un grupo de aficionados franceses demandan a la FIFA por el uso del vídeo para decidir la expulsión de Zinedine Zidane en la final del Mundial 2006 por el cabezazo al italiano Marco Materazzi. 9 de febrero de 2007

2007

  • 11 de febrero (Brasil). Un hincha es indemnizado por los errores de un árbitro que motivaron la anulación de un partido del Campeonato Brasileño de 2005.
  • 7 de marzo (Argentina). La Corte Suprema decide que la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) podrá ser demandada ante la Justicia civil por hechos de violencia ocurridos en los estadios de fútbol. “La zozobra por la inseguridad, y la conmoción social que existe por estos sucesos, no puede pasar desapercibida para un dirigente razonable y prudente“, señaló la Corte.
  • 14 de mayo (Alemania). El consorcio de artículos eróticos Beate Uhse indemnizará a los futbolistas Michael Ballack y Oliver Kahn con 50,000 euros a cada uno por haber comercializado un modelo de vibrador que hacía alusión a sus nombres.
  • 16 de mayo (Reino Unido). El entrenador José Mourinho fue arrestado por negarse a que su perro “Gullit” fuera puesto en cuarentena por las autoridades sanitarias.
  • 29 de mayo (Brasil). El Botafogo lleva a la justicia ordinaria a una juez de línea por anular dos goles que influyeron en la eliminación del equipo de la Copa. Un vicepresidente del club, Carlos Augusto Montenegro, criticó con vehemencia la presencia de mujeres en los equipos arbitrales del país. “En el Mundial no hay árbitras. No las hay en la Copa Libertadores. En los campeonatos italiano, alemán, europeos, no hay ninguna mujer. Sólo inventaron esa porquería aquí, en Brasil”, dijo el directivo.

2008

  • 5 de julio (Chile). Tribunal ordena el abandono de hogar a sujeto que golpeó a su esposa embarazada. El hombre se encontraba ebrio y se ofuscó por el resultado del partido de fútbol entre Chile y Brasil.
  • 6 de agosto (Brasil). Juez desata gran polémica al afirmar en sentencia que el fútbol no es para homosexuales. El juzgador afirmó en una resolución que quien recuerda la Copa del Mundo de 1970 “jamás concebiría un ídolo suyo homosexual”.
  • 28 de octubre (Marruecos). Encarcelan a un adolescente por cambiar el lema “Dios, mi patria y el Rey” por “Dios, mi patria y Barça” en la pizarra de la escuela.
  • 4 de noviembre (Reino Unido). Materazzi es indemnizado por el Daily Mail, que le acusó de haber proferido insultos racistas contra Zidane. El diario afirmaba erróneamente que Materazzi había llamado a Zidane “hijo de una puta terrorista”.

2009

  • 20 de enero (España). Condenan a un año de prisión a un futbolista por romperle la nariz a otro durante un partido en Tenerife.
  • 19 de febrero (Costa Rica). Un ex gerente del Deportivo Saprissa fue condenado por un tribunal a pagar una indemnización de más de 12.000 dólares a un niño por la “angustia” que le causó al prohibirle entrar al estadio a entrenar con divisiones infantiles. El Tribunal Segundo Civil de San José ordenó que se indemnice al menor por su responsabilidad en “la angustia del niño por no permitirle el demandado el ingreso al estadio de sus amores”.
  • 3 de marzo (España). El Tribunal Supremo rechaza una demanda por intromisión ilegítima en el derecho a la propia imagen de 7 jugadores del Compostela contra un spot en el que eran regateados antes de un gol de Ronaldo.
  • 24 de marzo (Alemania). El líder ultraderechista Udo Voigt y otros dos altos funcionarios del Partido Nacional Demócrata (NPD) fueron acusados en un juicio que se inició en Berlín de instigación al odio racial por haber distribuido material propagandístico contra los jugadores negros en la selección alemana de fútbol.  El NPD distribuyó un cartel en el que aparecía un equipo ficticio integrado por diez jugadores de color y uno blanco con la leyenda. “¿Será así la selección alemana en el año 2010?”.
  • 23 de abril (Alemania). Un tribunal desestima la demanda de Jürgen Klinsmann, entrenador del Bayern Múnich, contra el diario Die Tageszeitung que durante la Semana Santa lo representó como un Jesucristo crucificado en su primera página. El declive profesional del demandante fue representado más bien de manera simbólica”, consideró el tribunal en su sentencia.
  • 30 de octubre (España). Un juez condenó a penas de hasta seis años de prisión por racismo a seis jugadores del equipo de fútbol Bada-Bing por una agresión a sus rivales del Rosario Central, equipo de la Tercera División Regional de Cataluña, formado por latinoamericanos.

2010

  • 9 de febrero (Polonia). Un tribunal condenó a penas de entre 12 a 20 meses de cárcel a cuatro ex futbolistas acusados de corrupción, sobornos y amaño de partidos de la liga polaca.
  • 22 de marzo de 2010 (China). El árbitro más famoso del país podría ser condenado a muerte por amañar partidos.
  • 4 de junio (Argentina). Prohíben a un hincha violento viajar a Sudáfrica para ver el Mundial.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

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El derecho, al reflejar la cultura e historia de las sociedades, en no pocas ocasiones es a su vez espejo de los disparates propios de la condición humana. Este era el motivo, por ejemplo, según George Steiner, del interés de Dostoyevsky en hurgar en los expedientes de los litigios. Ahí, a juicio del autor de Crimen y Castigo, en ese mundo de papeles y rituales, se encuentra sin eufemismos los contornos de la sinrazón humana; sus debilidades y miserias. Por ello, con este texto, se abre una sección que, en franca oposición a nuestra fetichista y grandilocuente idea del derecho, busca recoger ejemplos de esos absurdos jurídicos (mucho más presentes de lo que algunos piensan).

En Estados Unidos se crearon los “Premios Stella” para premiar cada año, demandas judiciales absurdas pero reales. El premio toma su nombre de Stella Liebeck, la mujer de 79 años que en 1992 pasó por un McDonald, compró una taza de café -en los clásicos vasos de cartón térmico con la tapa de plástico-, subió a su vehículo para seguir su viaje, la puso entre sus piernas y, en una maniobra el vaso se abrió y le quemó las piernas. Stella demandó a McDonald y el jurado terminó fallando a su favor por la suma de 2.9 millones de dólares (después de la apelación, la suma se redujo a 600 mil dólares). Desde entonces, en las tazas de café se advierte de que el contenido está muy caliente y de su peligro.

La última entrega de este singular premio se registró en 2007, con los siguientes ganadores:

Tercer lugar. En Estados Unidos existe el programa Meals on Wheels que, con el apoyo de voluntarios, reparte comidas preparadas en diversos hogares de adultos mayores. Un repartidor resbaló con los restos de nieve de un hogar, resultando herido. La compañía aseguradora Sentry Insurance Company cubrió los daños sufridos por el repartidor, pero demandó y llevó a tribunales a la anciana de 81 años, dueña de la casa en donde resbaló el voluntario.

Segundo lugar. Robert Hornbeck se ofreció voluntariamente para el Ejército y combatió una temporada en Irak. Al regresar a su país, una noche se emborrachó e ingresó a la trastienda de un hotel, por las salas de máquinas, haciendo caso omiso del inmenso letrero que dice “PELIGRO”. Resultó mortalmente herido por una poderosa unidad de aire acondicionado. A pesar de que el difunto ingresó indebidamente a esa propiedad privada, su familia ahora demanda al Hotel por 10 millones de dólares.

Primer lugar. Como era de esperarse, para el Juez Roy L. Pearson. Este juez (ya destituido) reclamó 67 millones de dólares a los dueños de una tintorería en Washington por haber extraviado sus pantalones favoritos la víspera de su primer día de trabajo. Sobre unos inmigrantes coreanos pendió una demanda de daños y perjuicios por valor de 67 millones de dólares. El motivo: haber perdido los pantalones de un cliente. La historia empezó en 2005, cuando el juez Pearson, en vísperas de su primera jornada de trabajo como juez administrativo, decidió llevar sus pantalones favoritos a la tintorería de los Chung para que los ensancharan por la cintura. Cuando fue a recoger la prenda, ésta no apareció. Y ahí comenzó una pesadilla de terror para los tintoreros, un suplicio que les está costando una fortuna en abogados y noches de insomnio, hasta el punto de querer regresar a Seúl. Al principio Pearson pidió 1.150 dólares por los pantalones y la chaqueta a juego, aunque ésta no se extravió. Luego le pareció poco y puso en marcha un despiadado proceso legal. Los Chung le ofrecieron compensarle con 3.000 dólares. Más tarde subieron la oferta a 4.600 y finalmente a 12.000. Pearson siempre dijo no. El insaciable juez estudió las leyes vigentes y descubrió que el cartel con la frase “Satisfacción garantizada” que colgaba en la tintorería podía proporcionarle una fortuna. Según las leyes de la capital, interpretadas en su extremo, un cliente que se siente insatisfecho podía reclamar hasta 1,500 dólares al día.

Los “Premios Stella” son una crítica al fenómeno que algunos analistas denominan “explosividad litigiosa” y cuyos casos más extremos se han presentando principalmente en los Estados Unidos. Algunos ejemplos relatados en los estudios[1] de Robert Hughes, Charles J. Sykes, y Walter K. Olson son los siguientes:

–       En una noche de juego en Atlantic City, un funcionario del FBI pierde dos mil dólares del gobierno y por ello es despedido de su trabajo. Poco tiempo después, sin embargo, se ve rehabilitado en su cargo porque un tribunal determina que su ludopatía es una “minusvalía” que debe ser protegida por las leyes federales.

–       Un joven de Massachussets roba un automóvil de un estacionamiento y no tarda en estrellarse y morir. Al tiempo, su familia entabla un pleito contra el propietario del estacionamiento por no haber tomado las medidas necesarias para impedir el robo.

–       Despedido por llegar siempre tarde a su trabajo, un ex empleado del sistema educativo demanda a sus antiguos patrones alegando que padece lo que sus abogados denominan “el síndrome del retraso crónico”.

–       Un tribunal de Miami obligó a una empresa a pagar cuarenta mil dólares a una mujer en concepto de indemnización por el miedo que le provocaba trabajar con empleados negros en la misma oficina.

–       Una familia que, estando de vacaciones en Hawai, se había visto obligada, a causa del overbooking, a hospedarse en “un hotel menos deseable que el contratado” no sólo entabló una demanda por perjuicio económico, sino que también pidió una compensación adicional por “el desasosiego y la decepción emocional” que ello les había supuesto.

–       Un ciudadano de Orlando demandó a su peluquero por un corte de pelo que, según dijo, era tan malo que le provocó un ataque de pánico. Durante el juicio, el demandante alegó que el negligente peluquero le había despojado de su “derecho a disfrutar de la vida”.

–       Una vidente que dirigía sesiones de espiritismo en las que supuestamente conectaba con personajes como John Milton (quien al parecer hablaba a través de ella) y cuyos poderes desaparecieron, en su opinión, a causa de uno de los productos empleados para llevar a cabo una TAC (tomografía axial computarizada), demandó a su médico por haberla despojado de la habilidad con la que, hasta entonces, se ganaba la vida. Lo curioso es que los miembros del jurado tardaron menos de tres cuartos de hora en decidir indemnizarla con novecientos ochenta y seis mil dólares.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).


[1] Hughes, Robert, Culture of complaint. The fraying of America, Oxford University Press, New York, 1993. Sykes, Charles J., A nation of victims. The decay of the American character, George Witte, New York, 1993. Olson, Walter K., The litigation explosion, Truman Talley Books, New York, 1993. Olson, Walter K., The rule of lawyers. How the new litigation elite threatens America’s rule of law, Truman Talley Books, New York, 2003. Wilber, Ken, Boomeritis, Kairós, Barcelona, 2004.

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