Los tangos no son más que

actas de policía con música.

Renato Leduc

Échate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao

En diciembre de 2007, a propósito del proceso que se le seguía a Alberto Fujimori, el entonces Presidente de la Corte Suprema de Perú hizo una declaración con toque y enrosque. El Ministro Francisco Távara dijo que la corrupción es como un tango, es decir, un baile para dos. “Si hay un policía aduanero corrupto, es porque hay un empresario que le está pagando; si hay una evasión de impuestos, es porque hay un funcionario que está siendo sobornado”, aseguró.

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. Que si el mundo fue y será una porquería… está por verse, pero mientras el músculo duerme y la ambición descansa, en agosto de 1996, el Congreso de la República Argentina promulgó la Ley no. 24,684, conocida como la “Ley del Tango”, que declara, como parte integrante del patrimonio cultural de la Nación a la música típica denominada “tango”, y de interés nacional a todas aquellas actividades que tengan por finalidad directa la promoción y difusión del tango (para la UNESCO, el tango es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad). Esta ley tiene quince años de haber sido promulgada, y si es un soplo la vida, está muy cerca de cumplir veinte. Pero veinte años no es nada, así que podremos hacer un balance apropiado cuando este cuerpo normativo cumpla cuarenta años, es decir, dos veces nada.

Te junás los Tribunales y los tornos judiciales

El tango es una expresión poética y musical nacida en los garitos arrabaleros, y es una danza sensual que también se entrelaza con el Derecho. Efectivamente, hay una significativa cantidad de ejemplos que lo demuestran, como “A la luz del candil” (1927) que dice: “Arrésteme Sargento, y póngame cadenas, si soy un delincuente que me perdone Dios…”

Lo mismo podríamos decir del tango sin letra llamado “Derecho viejo, cuyo autor, Eduardo Arolas, se lo dedicó al Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Por otra parte, hay un par de tangos que llevan el nombre de “Ave negra”, dedicados a la peculiar fama que tenían los abogados en aquella época (aunque, como acota Piedras Quintana en “La historia del tango y el discurso jurídico y político, quizá, de esta característica sería mejor no hablar de épocas. Uno de ellos tiene letra de Francisco Bautista Rímoli (alias Dante A. Linyera,) cuya lectura podemos acompañar con mate y pastrafrola:

¡Ave negra!

Conocés de la miseria los recursos más discretos

y sabés hasta el secreto de hacer bombas con jabón.

Si te habrás manyao papeles, expedientes y carteles

pa’ saber hasta la historia del proceso del Jordán.

Hoy en día hasta en la sopa encontrás la bel manera

de engrupir la cocinera pa’piantarla sin pagar.

Pero uno de los ejemplos más famosos es el tango Ladrillo, en el que su compositor, Juan Andrés Caruso, critica al sistema judicial diciendo:

Allá en la Penitenciaria

Ladrillo llora su pena,

cumpliendo injusta condena

aunque mató en buena ley.

Los jueces lo condenaron

sin comprender que Ladrillo

fue siempre bueno y sencillo,

trabajador como un buey.

Ladrillo está en la cárcel…

el barrio lo extraña.

Hay también otros tangos instrumentales, Justicia Criolla, El Embargo Preventivo, ambos de Antonio Reynoso, y ¡Qué Juez aquél!, parece dejar bien erguida a la judicatura. Lo anterior, sin omitir Sentencia, de Celedonio Flores, en el que el inculpado se dirige a su señoría para decirle: “Y si va a sentenciarme por las leyes, aquí estoy pa’aguantarme la sentencia… pero cuando oiga maldecir a su vieja, ¡es fácil, señor juez, que se arrepienta!” (Hay otro tango, Mi sentencia, que poco tiene que ver con los fines de esta nota.

Tampoco soy italiano y me gusta la pizza

¿Es el tango un privilegio exclusivamente argentino? P.D.Q. Bach lo negaría. Por eso compuso Last Tango in Bayreuth, un tango con tintes wagnerianos.

También lo negaría la jueza Elena Liberatori, que en mayo del 2011 ordenó la anulación de un concurso de tango disputado en Buenos Aires, al considerar “inconstitucional” el requisito de que los competidores fueran porteños, nativos o personas con dos años de residencia en la capital argentina. La impartidora de justicia respondió favorablemente a un recurso de amparo interpuesto por un abogado al que le impidieron participar del torneo con una compañera vietnamita: “…por lo tanto, cabe preguntarse si acaso los goles del argentino Messi en el Barcelona quitan españolidad al equipo de fútbol en cuestión o bien, el American Ballet Theatre deja de ser menos estadounidense porque en él brilla como primera bailarina nuestra Paloma Herrera“, puntualiza la resolución judicial.

Así, en un 2×4, la jueza Liberatori dejó rítmicamente claro que las parejas vietnamitas o finlandesas pueden bailar tango, con la misma calidad y frenesí con que los ucranianos bailarían bachata, los islandeses merengue, los esquimales sardana, y los mexicanos bereznianka.

¿Tango for export?

Pero el tango es también vehículo de bizarros despropósitos. Un corredor de bolsa británico fue demandado por 20 millones de dólares por una colega neoyorkina a quien jaló sin su consentimiento para ponerse a bailar tango. En algún momento del infortunado baile él la soltó y ella cayó sobre su espalda. Y el lascivo operador bursátil no tuvo otra idea que proseguir sus pasos sobre los senos de la afectada. Jessica Franqui, azorada le dijo: “no puedo creer que estés bailando sobre mis pechos”, a lo que Marcus Bolton respondió: “Pues sí…tus senos son grandes y probablemente ni lo estés sintiendo”.

Así no se baila el tango.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).