Una nota aparecida en el Diario The Jerusalem Post del 23 de junio de 2004 llamó nuestra atención: el Tribunal Superior de Tel Aviv ordenó la ejecución de un perro llamado Trip, que había atacado y dado muerte a Aviva Ganon de 4 años. Poco antes del incidente mortal, el perro había sido regalado a la familia por un amigo que iba a hacer un viaje y no podría llevar a la mascota consigo. En su veredicto, el Tribunal tomó en cuenta tanto la recomendación de la Oficina de Servicios Veterinarios del Ministerio de Agricultura, como el consentimiento de los dueños. Quedó muy claro para los magistrados que los padres de la pequeña deseaban con vehemencia la muerte del perro.

Por otra parte, en mayo de 2005, la Cuarta Sala de la Corte Suprema de Chile confirmó el fallo de la Corte de Apelaciones de Valparaíso que ordenó la eliminación de una gata llamada Luz que estuvo en contacto con un murciélago infectado con rabia. No obstante, a la fecha, la gata permanece prófuga.

Una rápida travesía por la historia de las instituciones y enjuiciamientos en contra de animales nos deja algo más que datos anecdóticos. Bierce; D´Addosio; Thot, y otros esmerados investigadores de estos temas, nos narran que en el Avesta, el antiguo libro sagrado de los persas se prescribía que si un perro mordía a un hombre o a otro animal, debía castigársele. La primera vez con la amputación de la oreja derecha, la segunda con la de la oreja izquierda, la tercera con la pata y la cuarta con la cola. La pena de muerte no estaba contemplada, ya que difícilmente el perro llegaría a la quinta reincidencia, sin las dos orejas, una pata y la cola. No obstante, en el Derecho romano postclásico, la Antiqua 8, 4, 17 —que procede del Edicto de Eurico— ordenaba al dueño de cualquier animal peligroso darle muerte, so pena de responder personalmente del daño que hubiere causado la bestia[1].

En la Edad Media fueron procesados animales, peces, reptiles e insectos. Una bestia que hubiera causado la muerte de un hombre, o practicado la brujería, era debidamente arrestada, procesada y, si resultaba culpable, ejecutada por el verdugo público. Los insectos que devastaban sembradíos, huertas o viñedos, eran citados ante un tribunal civil, para declarar por sí o por medio de un abogado, y pronunciados el testimonio, el argumento y la condena, si seguían “in contumaciam”, se llevaba el caso a un alto tribunal eclesiástico, que los excomulgaba y anatemizaba.

En 1386, un juez de Falais, Francia, condenó a un perro a la mutilación de las patas primero y luego a ser ahorcado “por haber herido a la víctima en la cara y en el brazo”. Para la ejecución, vistióse al perro con ropa de hombre. Por esa época, en una calle de Toledo se arrestó, juzgó y condenó a unos cerdos que perversamente pasaron corriendo entre las piernas del Virrey, causándole gran sobresalto. En Nápoles se condenó a un asno a morir en la hoguera, aunque al parecer la sentencia no fue ejecutada. En 1451 se inició causa criminal contra las sanguijuelas que infestaban ciertos estanques de Berna, y el obispo de Lausana, aconsejado por la Facultad de la Universidad de Heilderberg, ordenó que algunos de esos “gusanos acuáticos” comparecieran ante la magistratura local. Así se hizo, y se intimó a las sanguijuelas, presentes y ausentes, que en un plazo de tres días abandonaran los sitios que habían infestado, so pena de “incurrir en la maldición de Dios”. Los voluminosos expedientes de esta cause célebre no dicen si las inculpadas arrostraron ese castigo, o si se marcharon en el acto de esa inhóspita jurisdicción.

En 1606, en Chartres, fue ejecutado un perro por actos de bestialidad, y otro fue condenado “in contumaciam” y ejecutado “in efigie”. En ese siglo, en Inglaterra, fueron numerosas las sentencias a muerte contra perros acusados de brujería. En Italia, en la segunda mitad del siglo XVIII, se ejecutó a muchos perros “por haber seguido con demasiado ímpetu su instinto natural”.

En 1845, en Troyes, fue procesado un perro como “cazador furtivo”. En Inglaterra, en esos años, fue condenada a muerte una gallina que hirió mortalmente a un niño, ejecución que fue presenciada por los jurados. En la última década del siglo XIX, en Londres, el elefante Charlie fue absuelto en razón de legítima defensa por haber desnucado a su cuidador, quien le daba malos tratos.

No todos los elefantes, empero, corrieron con la suerte de Charlie. En 1903, una de las mayores atracciones en el Luna Park de Nueva York, era la elefanta Topsy, un ejemplar de más de tres toneladas. Pero ella tenía su carácter, y en tres años había matado a tres hombres. El último de ellos, su entrenador que estaba borracho y la alimentó con un cigarro encendido. Topsy tenía que irse, ¿pero cómo? Las autoridades del Parque la alimentaron con zanahorias bañadas en cianuro pero no dio resultado en un animal de tal fortaleza. Al convertir el asunto en todo un moral issue, los propietarios del Luna Park anunciaron que ahorcarían al animal. No obstante, las protestas por la ejecución de esta pena inhumana no se hicieron esperar. Nueva York había abolido la muerte por horca, siendo reemplazada por modernas sillas eléctricas, que se consideraban más viables para llevar a cabo la ejecución.

Luna Park pidió asesoría técnica a Thomas Edison, quien durante años había venido electrocutando públicamente a perros y gatos para demostrar los alcances de la corriente alterna. En Coney Island había una poderosa planta eléctrica y Edison tenía una gran oportunidad para la utilización de la corriente alterna. La ejecución de Topsy duró tan solo diez segundos y el bizarro testimonio filmado aún existe.

Otro caso ocurrió en Kingsport, Tennesse en septiembre de 1916 cuando Big Mary, con sus 5 toneladas de peso, aplastó a su entrenador, después de que éste la había golpeado con un palo en la cabeza.

Las autoridades del circo percibieron que contar con un elefante asesino no sería óptimo para el negocio. Se dice que el sheriff la arrestó y la encarceló por una noche. Se dice también que fue el mismo Gobernador de Tennesse quien ordenó la muerte de Big Mary. Lo que no se ha podido confirmar es la existencia de un juicio.

Nadie tenía armas tan grandes en el pueblo, y cuando se descartó la opción de dispararle un cañón, se optó por utilizar una grúa de ferrocarriles en la Ciudad vecina de Erwin para ahorcar al “elefante más grande del mundo” en presencia de más de 5 mil espectadores. La narración pormenorizada de este incidente pesadillezco se encuentra en el libro “The Day They Hung the Elephant” (1992), de Charles Edwin.

Mejor suerte corrió un doberman de 14 meses, que en diciembre de 2000 fue indultado por el Intendente de la Municipalidad de Neuquen, Argentina, después de que había sido sentenciado a muerte por la Jueza del Tribunal de Faltas, a raíz del ataque a la pierna de una mujer. Adicionalmente, la dueña del animal había sido condenada al pago de 135 pesos por el daño causado. De haber prosperado la sentencia, el perro habría ingresado a la cámara de gas de la Dirección de Zoonosis y Vectores, de esa localidad.

En abril de 2007, una Corte de Dallas, Texas llamó a un burro a declarar, por “ruidoso y agresivo”. En mayo de 2008, en Chiapas, un asno fue encarcelado por morder y patear a dos hombres cuando pasaban cerca de una hacienda en la periferia de Tuxtla Gutiérrez. El comandante de la policía dijo que el animal permanecería encerrado hasta que su propietario pague los gastos médicos de los dos afectados. ”Aquí si alguien comete un delito se queda en la cárcel, no nos importa quién sea”, explicó el comandante[2]. A fines de mayo de 2010, una paloma fue capturada en la India, siendo sospechosa de espionaje al servicio de Pakistán. Al cierre de esta nota, aún se encontraba custodiada por guardias armados.

En México, la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal (DOF, 26 de febrero de 2002), en su artículo 5°, reconoce, entre otros principios, que los animales deben ser tratados con respeto y dignidad durante toda su vida y que todo acto que implique la muerte innecesaria o injustificada de un animal es un crimen contra la vida. Y el artículo 30 dispone que los propietarios de cualquier animal tienen la responsabilidad de los daños que le ocasione a terceros y de los perjuicios que ocasione, si lo abandona o permite que transiten libremente en la vía pública.

Esto nos trae de regreso al perro Trip, el perro que fue ajusticiado en Tel Aviv por haber matado a la niña de 4 años. ¿Quién tiene la responsabilidad en estos casos? Regresemos también a la Antiqua 8, 4, 19 que, tratándose de perros, declaraba la irresponsabilidad del dueño, salvo si hubiera incitado al animal contra una persona no sospechosa[3].

En nuestro país, además de la Ley de Protección a los Animales, existen disposiciones de diversa índole, cuyo conocimiento puede ser de utilidad para dueños y no dueños de animales[4].

Como se puede apreciar, queda una pequeña laguna cuando se sufre un ataque de un animal sin dueño, sin haber sido azuzado.

Los animales han cambiado muy poco en millones de años. El ancestro del ser humano que cazó a sus ancestros podría reconocerlos al instante, pero no podría reconocer al cazador negro, amarillo o blanco, como su propio descendiente.

En consecuencia, más que pensar en la viabilidad de hacer tribunales para los animales peligrosos, es la conducta de cada dueño la que debe ser escrupulosamente vigilada, así como la capacidad ciudadana de denuncia y la de las autoridades de respuesta, máxime ante la tremenda proliferación de poderosos perros guardianes que se registra en las grandes ciudades.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).


[1] Si quis bovem aut alium animal nocivum vel vitiosum habuerit, eum occiderit non moretur vel a se proicere, ita ut vicinis omnibus notum facia quia eum a se proiecit. Quod si eum non occiderit, sed reservaverit, quidquid damni fecerit, ille conponat, qui eum aput se reservare cognoscitur.

[2] No era la primera vez que un animal era encarcelado en Chiapas. En abril de 2008 un toro estuvo prisionero por comerse mazorcas de un sembradío y destruir dos tiendas de madera hasta que su propietario pagó los daños. En 2006, un perro fue encarcelado durante 12 días por morder a una persona. Las autoridades judiciales le ordenaron a su propietario el pago de una multa equivalente a 18 dólares.

[3] Si quis canis momorderit alicuis, et de morsum illius aliquis debilitatus probetur aut mortuus, domino canis nihil calumnie moveatur; si tamen eum canes suum, ut  furem aut quemcumque criminosum comprenderte, inritavit, et ita momorderit fugientem, si de morso iposo fuerit debilitatus aut mortuus, nihil ex eo causationis exsistat. Nam si eum ad innocentem forsitam iniuriandum incitavit, tamquam si ipse vulnus intulerit, iuxta legem conponere no moretur.

[4] Código Civil Federal:

El dueño de un animal pagará el daño causado por éste, si no probare algunas de estas circunstancias:

I.- Que lo guardaba y vigilaba con el cuidado necesario;

II.- Que el animal fue provocado;

III.- Que hubo imprudencia por parte del ofendido;

IV.- Que el hecho resulte de caso fortuito o de fuerza mayor (artículo 1929).

Si el animal que hubiere causado el daño fuere excitado por un tercero, la responsabilidad es de éste y no del dueño del animal (artículo 1930).

Código Penal Federal:

De las lesiones que a una persona cause algún animal bravío, será responsable el que con esa intención lo azuce, o lo suelte o haga esto último por descuido (artículo 301).

Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal:

Son infracciones contra la seguridad ciudadana:

I. Permitir el propietario o poseedor de un animal que éste transite libremente, o transitar con él sin adoptar las medidas de seguridad necesarias, de acuerdo con las características particulares del animal, para prevenir posibles ataques a otras personas o animales, así como azuzarlo, o no contenerlo;

(…)

Esta infracción se sanciona con multa por el equivalente de 11 a 20 días de salario mínimo o con arresto de 13 a 24 horas (artículo 25).