Quand le ciel bas et lourd pèse comme un couvercle

Sur l’esprit gémissant en proie aux longs ennuis,

Et que de l’horizon embrassant tout le cercle

II nous verse un jour noir plus triste que les nuits[1].

Baudelaire 

¿Melancolía? ¿Saudade? ¿Mal du Pays? ¿Síndrome de Stendhal? ¿Deprimido?

¿Se siente triste o afligido?, ¿llora o tiene ganas de llorar?, ¿duerme mal de noche?, ¿en la mañana se siente peor?, ¿le cuesta trabajo concentrarse?, ¿le ha disminuido el apetito?, ¿se siente obsesivo o repetitivo?, ¿ha disminuido su interés sexual?, ¿considera que su rendimiento en el trabajo es menor?, ¿siente presión en el pecho?, ¿se siente nervioso, angustiado o ansioso?, ¿se siente cansado o decaído?, ¿piensa que las cosas le van a salir mal?, ¿le duele con frecuencia la cabeza?, ¿está más irritable que antes?, ¿se siente inseguro?, ¿siente miedo de algunas cosas?, ¿se siente apático?, ¿siente deseos de morir?

Estos reactivos, (a los que puede responderse con alguna de las intensidades: “poco”, “regular”, “mucho”) para identificar cuadros depresivos, fueron diseñados por el doctor Guillermo Calderón Narváez, y publicados en el no. 5/6, Vol. 30 la Revista Médica del IMSS, en 1992, y más adelante en el libro Depresión, sufrimiento y liberación (EDAMEX, 1997).

Esta sección no tiene intención alguna de preocuparlo o alarmarlo, pero le sugerimos tomar alguna medida si en su radar anímico se identifica —aunque sea, fugazmente— con alguna de estas expresiones de Baudelaire:

  • “Voy a matarme porque el cansancio de dormirme y el cansancio de despertarme son insoportables”.
  • “Voy a matarme porque soy inútil para los demás…y peligroso para mí mismo”.
  • “El sueño me inspira el mismo miedo que inspira un gran agujero negro, lleno de vago horror, que conduce no se sabe adónde”.

La depresión en el mundo del Derecho

Veamos algunos casos que vinculan a la bilis negra con el ámbito jurídico internacional, y que hemos recabado tras muchos años elaborando el Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.

depresion2Caso 1. El condenado que no fue a prisión por estar deprimido. Ocurrió en Argentina en 2004. Un guardafauna de 50 años fue condenado a cinco años y cuatro meses de prisión por “tentativa de homicidio, amenazas calificadas y portación ilegal de arma de guerra”. En principio, el hombre logró que los funcionarios de la comisaría de Coronel Pringles le prepararan mate (la tradicional infusión argentina) y lo dejaran ir a dormir a su casa. Luego, cuando esto fue descubierto y la corrupta cúpula de la comisaría desmantelada, el prisionero obtuvo el beneficio de seguir su encierro en un geriátrico llamado “El Remanso”, y de hecho, pudo permanecer allí porque un perito y dos jueces de la Cámara de Bahía Blanca consideraron que no podía ser remitido a una cárcel por estar “deprimido”. Tras repetidos intentos de la autoridad para trasladar al guardafauna a la unidad penitenciaria correspondiente, su defensa argumentó: “Mi cliente tiene un cuadro depresivo diagnosticado por un perito oficial. Además, como padece de gastritis y pancreatitis debe llevar una dieta imposible de cumplir en un penal”. Por tanto, el sentenciado por tentativa de homicidio, amenazas calificadas y portación de arma, en lugar de ir a la cárcel, permaneció en El Remanso, por estar deprimido.

Caso 2. La ley que obligaba a los noticieros a dar al menos 50% de información positiva, para no deprimir al público. En 2008, el Senado de Rumania aprobó un dictamen según el cual  los espacios noticiosos de TV y radio debían contener no menos del 50% de información positiva. Tal iniciativa fue promovida por un diputado y por un senador, quienes afirmaron que las novedades que se ofrecen en el país contienen demasiada agresión, violencia y delitos, lo que provoca un estado depresivo en el público. El rechazo a la iniciativa fue colosal, y un periódico rumano apareció con el siguiente encabezado melancólico: “Estupidez unánime en el Senado”.

Caso 3. La anciana que fue condenada por consumir mariguana que mitigaba su depresión. Patricia Tabran, británica, de 68 años, fue condenada a 250 horas de servicios a la comunidad y al pago de 1,000 libras en concepto de costas judiciales, por cultivo y posesión de cannabis que, aseguró, utilizaba para aliviar su depresión y dolores. La flemática oriunda de Northumberland utilizaba el cannabis en polvo para añadirlo a pasteles, guisos y sopas, y mitigar así la depresión que sufre desde la muerte de su hijo. Según la mujer, si se le pone cannabis a una taza de chocolatito caliente consigue pasar cinco horas sin dolores.

Caso 4. Se sometió a la eutanasia tras deprimirse por el fracaso de su operación de cambio de sexo.Nathan Verhels, de ciudadanía belga, había nacido mujer y desde 2009 se había sometido a tratamientos hormonales y diferentes operaciones para cambiar de sexo. Sin embargo no consiguió estar a gusto con el resultado de estas y decidió optar por la muerte asistida para acabar con lo que los médicos definieron como “sufrimiento psíquico insoportable”. De conformidad con la normativa belga, el sufrimiento insoportable para resolver sobre la procedencia de la eutanasia puede ser tanto físico como psicológico. 

La depresión en el ejercicio de la profesión jurídica

Mucho antes de ser presidente, Abraham Lincoln era abogado postulante y, según se infiere de una carta dirigida en enero de 1841 al congresista John T. Stuart, no estaba del todo feliz: “Soy el hombre más desdichado de cuantos viven. Si lo que siento se repartiera por igual entre la humanidad no habría una sola cara feliz y sonriente en este mundo. Si algún día mejoraré, no puedo saberlo, pero presiento que no ocurrirá. Sin embargo, quedarme como estoy es imposible, debo morir o mejorar, ciertamente.” 

De acuerdo con diversos estudios, entre los que destacan: Those unhappy, unhealthy Lawyers (Shiltz, Patrick, Notre Dame Magazine, Autumn, 1999) y The Unhappy Lawyers (Hardy, Will, 2008), así como la información recabada por Lawyers with depression; Lawyers Assistance Program; The Cleveland Plain Dealer; la Universidad John Hopkins, y la American Bar Association (ABA), los abogados, en Estados Unidos, se encuentran entre los profesionistas más infelices, y la incidencia de cuadros depresivos es 3.6 veces más alta con respecto a otros profesionistas.

Los abogados sufren de depresión, ansiedad, hostilidad, paranoia, aislamiento, alienación social, obsesividad-compulsividad, sensibilidad interpersonal y nostalgia por pasados inexistentes en proporciones alarmantes. Por ejemplo, las tasas de desórdenes depresivos mayores se han elevado significativamente en 3 de 104 profesiones analizadas (docentes de preescolar, secretarias, abogados, que encabezan la lista). Asimismo, la tasa de alcoholismo entre los abogados es el doble que la registrada entre los no-abogados. Otro grupo de investigadores estima que la drogadicción también presenta incidencias considerables (al menos el 26% de los abogados ha probado la cocaína al menos una vez). No es de sorprender, en consecuencia, que, comparativamente con otros profesionistas, los abogados cometan más suicidios o hayan pensado en quitarse la vida (en abril de 2007, un próspero abogado brincó desde el piso 69 del Empire State).

Asimismo, la tasa de divorcios entre los abogados es más alta que la registrada en otras profesiones, incluso mayor que en el caso de los médicos. Entre los factores desencadenantes, los especialistas identifican: la comercialización de la profesión, es decir, la abogacía es ahora menos profesión y más negocio; la competencia feroz; la falta de lealtad y civismo entre los colegas; la mala imagen pública y los horarios extenuantes que dejan escaso control sobre la vida privada.

De acuerdo con la ABA, los abogados se quejan de tener que vivir para trabajar, en lugar de trabajar para vivir. Hace poco más de 30 años, los abogados en despachos trabajaban un promedio de 1,200 a 1,400 horas anuales, mientras que ahora, al menos en las firmas más influyentes y agresivas, los horarios de trabajo llegan a las 2,500 horas anuales. Otros estudios concluyen que es la naturaleza del trabajo, y no la cantidad, así como la calidad de vida fuera del trabajo lo que contribuye a la felicidad de la gente. Los abogados “trabajan demasiado”, y eso les veta la oportunidad de estar más tiempo con sus cónyuges, jugar con sus hijos, estar con sus amigos, ir al cine, leer, viajar, ir al gimnasio, a la iglesia, coleccionar cualquier cosa, etc. 

Lo anterior ha llevado a que Daniel T. Lukasick haya elaborado el documental A Terrible Melancholy: Depression in the Legal Profession, el primero en su tipo, con una duración de 30 minutos. Recaba los testimonios de cuatro litigantes y de un juez, y le dedica una referencia interesante a las depresiones de Abraham Lincoln, en sus años como abogado postulante. Vea aquí el tráiler.

Even Jugdes Get the Blues

Un fantasma melancólico acecha a la judicatura (“Before becoming a Judge, I had no idea or warning, of how isolating it would be”; “Judging is the most isolating and lonely of callings”; “When you become a judge, you lose your first name”; “Once you get on the appellate bench, you become anonymous” Cfr. Zimmerman, Isaiah, Isolation in the Judicial Career).

Pero, a diferencia del ectoplasma, la depresión es un lastre tangible para el que la padece (y por efecto dominó, para la administración de justicia), y el juez resulta ser un blanco apetitoso para esta enfermedad, según puede verse en los siguientes casos:

Caso A. Juez francés se suicidó por carga de trabajo. Un juez de instrucción en Pontoise, Francia, que se había suicidado en septiembre de 2010 confesó en su carta póstuma que se quitó la vida porque no podía hacer frente a su carga de trabajo. Dejó sin resolver 150 expedientes, 90 de ellos penales. Dijo que nadie le felicitaba cuando hacía bien su trabajo y que sus colegas solo lo apoyaban superficialmente. Consideró que no tenía caso velar por sus propios intereses frente a sus superiores y se decantó por quitarse la vida.

Caso B. Cambios en la Suprema Corte de la República Dominicana deprimen a uno de los Ministros. En marzo de 2011, el diario El Nacional dio cuenta de que uno de los Ministros de la Suprema Corte, considerado como “de los más productivos y de mayor lucidez”, se encontraba enfermo, sumido en un estado depresivo agudo, ante la eminente convocatoria del Consejo Nacional de la Magistratura para sustituir a los magistrados que sobrepasan los 75 años de edad. Una fuente confió que el Ministro llevaba varias semanas deprimido en su casa, no por el hecho de que lo fueran a sustituir, sino por la impotencia de que la encasillen como una persona improductiva. Otro de los Ministros, cuyo nombre no fue revelado, no se deprimió, pero lanzó la siguiente perla: “No me importa irme de aquí, y es más, te confieso que me quiero ir, porque todo esto me asquea, pero me duele que nos traten como unos viejitos parásitos y tarados”.

Caso C. La depresión genera serias distorsiones en el Poder Judicial uruguayo. Uno de cada diez funcionarios judiciales sufre patologías psiquiátricas a raíz del estrés y la depresión, aseguró a fines de 2012 el director de Servicios Administrativos del Poder Judicial. El hecho genera largas licencias, traslados a una sede a otra, y serias distorsiones en la administración de justicia. En consecuencia, la Suprema Corte de Justicia está impulsando la creación de un Departamento de Salud Laboral, en función de la delicada situación. “En general, se trata de funcionarios que empiezan a verse complicados ellos mismos y terminan haciendo lo propio con la oficina“, apostilló el funcionario judicial uruguayo.

Caso D. Juez australiano lleva 30 años deprimido. Un juez de Distrito de Sidney ocultó a sus colegas y a sus más allegados la depresión que padecía desde hace 30 años. Únicamente lo sabían su psiquiatra y su novia (luego esposa). Omitió dar a conocer su depresión porque le preocupaba que, en ese caso, muchas de las resoluciones que había tomado fuesen impugnadas en tribunales. Sin embargo, resolvió ventilar el asunto, con la esperanza de que sirva a otros impartidores de justicia en situación similar. 

Conclusión

¿Qué hacer para que la depresión no sea su asesino silencioso? Para empezar, eche un vistazo a las preguntas formuladas al principio de esta colaboración y, en su caso, consulte a su médico.

O si prefiere, vea si le sirve alguno de estos remedios caseros y (casi) gratuitos:

  • Los recabados por Alain de Botton en Las consolaciones de la filosofía (Taurus, 2001). Si le deprime ser impopular, recurra a Sócrates; si le deprime la falta de dinero, acuda a Epicuro; si le deprime la frustración, lea a Séneca; si le deprime la ineptitud, revise a Montaigne; si le deprime el corazón partido, Schopenhauer lo espera; y si le deprimen las dificultades, lea a Nietzsche (“¡Construyan sus ciudades a los pies del Vesubio!”, grita en la Gaya Ciencia).
  • La eudemonología. Ya Aristóteles en la Ética a Nicómaco había enunciado que el hombre prudente no aspira al placer sino a la ausencia de dolor. Y Schopenhauer, en Parerga y Paralipómena, ubica los cimientos de la eudemonología en la sentencia de Voltaire: “la felicidad no es más que un sueño y el dolor es real”. Así,quien quiera obtener el resultado de su vida desde un punto de vista eudemonológico tendrá que hacer la cuenta, no según las alegrías que ha disfrutado, sino según los males a los que se ha sustraído.
  • Un aforismo de Ciorán: “La manera más eficaz de sustraerse a una depresión, motivada o gratuita, es la de tomar un diccionario, de preferencia en una lengua que apenas se conoce, y  buscar palabras y palabras, poniendo cuidado en que sean aquellas que nunca su utilizarán” (Del inconveniente de haber nacido, Taurus, 1981).
  • Si usted, abogado deprimido, pero nacionalista, no acepta ninguna de las propuestas anteriores “por provenir del extranjero”, en el Códice De la Cruz-Badiano (1552) hay un remedio cien por ciento mexicano, para la sangre negra, a su amable consideración: “…ha de andar en lugar sombreado y se ha de abstener de trato carnal. Beberá muy moderadamente el pulque, y mejor no lo beba, si no es como medicina. Dedíquese a cosas alegres, como es el canto, la música, el tocar los instrumentos con que acostumbramos acompañar nuestras danzas públicas”.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); Maestro y Doctor en Administración Pública (INAP). Elabora el “Reporte sobre la Magistratura en el Mundo”; conduce el programa de televisión “Cine Debate”.

[1]Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa, sobre el gimiente espíritu presa de largos tedios, y el horizonte abarcando todo el círculo, nos depara un día negro más triste que las noches.