Una paliza es mucho más instructiva que una siesta.
Cioran

Somnus est frater mortis 1

Flaubert advertía que los sueños son la sirena de las almas, que ella canta, nos llama, la seguimos y jamás retornamos 2. No cabe duda de que tenemos alta vulnerabilidad al canto de esos bichos oníricos, pues cada uno de nosotros pasa un promedio de 23 años durmiendo en los brazos de Hipnos.

¿Qué la vida es sueño? Así parece haberlo entendido la Suprema Corte de India al resolver, en febrero de 2012, que dormir es un derecho fundamental y esencial para mantener el delicado equilibrio de la salud; esto a propósito del uso de la fuerza por parte de la policía, en contra de una multitud de seguidores del gurú Baba Ramdev, mientras dormían, tras haberse manifestado contra la corrupción gubernamental.

¿Qué morir, dormir, y nada más? Así parece haberlo requerido el ex Chief Justice William Rehnquist quien durante bastante tiempo años tuvo que consumir grageas de un sedante e hipnótico llamado Placidyl como inductor del sueño. Sin embargo, a la postre, la prolongada ingesta le provocó alucinaciones y síndrome de abstinencia, tal como reveló el FBI en más de 1,500 páginas sobre el caso. Aparentemente, en 1981, y con el fin de superar su adicción al fármaco, Rehnquist ingresó a petición propia en un hospital de Washington, del que intentó escapar en pijama cuando sufrió alucinaciones pensando que los servicios de espionaje tramaban algo contra él. La información revelada por el FBI da cuenta de un justice que consumía el triple de la dosis recomendada de Placidyl para poder dormir.

Como cierre de preámbulo, antes de ver algunos de los impactos de las siestas en las órbitas jurídicas, transcribamos la enigmática declaración hecha a mediados de 2012 por el Ministro de Justicia español, Alberto Ruiz-Gallardón, a propósito del calendario de actividades en juzgados y tribunales: “España no está para siestas”.

Siestas de consecuencias jurídicas

Cioran aseguraba que se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. No es del todo descartable la idea, pero la hipótesis que pretendemos verificar —vía casuística— en este apartado es que las siestas pueden tener consecuencias jurídicas.

Caso 1. El empleado de un Banco que se quedó dormido sobre su teclado e hizo una transferencia millonaria. Sucedió en 2012, en Frankfurt, la meca financiera de Europa. Un empleado bancario debía efectuar una transferencia de 64 euros, pero al quedarse dormido sobre su teclado, hizo una transferencia involuntaria por 222 millones de euros (aprox. 4 mil millones de pesos mexicanos). Pese a que la magna operación fue revertida, la supervisora del empleado fue despedida, pero un tribunal laboral ordenó su reinstalación al no verificarse dolo alguno en la transferencia soñada.

Caso 2. Ganador del Premio Nobel de Física se queda dormido mientras conduce, atropella a varias personas y es sentenciado a dos años de prisión. John Robert Schrieffer recibió el Premio Nobel de Física en 1972. En 2005, conducía su Mercedes-Benz a más de 160 kilómetros por hora. Su abogado asegura que el científico se quedó dormido al volante, lo que provocó un estrepitoso atropellamiento de ocho personas, de las cuales una fallece. Al dictar sentencia, el juez Jim Herman apostilló: “Creo que usted necesita probar la prisión estatalLa tragedia de este caso es que usted es un hombre brillante que ha hecho grandes contribuciones a la sociedad. Es un misterio por qué ha elegido conducir automóviles de gran rendimiento a gran velocidad en las carreteras públicas”. Como triste ironía, acotemos que Schrieffer recibió el Nobel por sus estudios sobre la superconductividad.

Caso 3. Violador es absuelto por padecer sexomnia. Ocurrió en Swansea, Gales, en 2009. Un sujeto fue acusado de violar a una adolescente de 16 años a quien la  familia del individuo tenía como huésped de una noche. Pero fue absuelto al verificarse que sufre de sexomnia (un estado por el cual una persona mantiene relaciones sexuales durante el sueño). Al día siguiente de la violación, Stephen Lee Davies se sorprendió al ver que la joven había huido de la casa y le envió mensajes preguntándole si todo iba bien. Un experto de la Edinburgh Sleep School explicó al tribunal que la sexomnia se parece al sonambulismo y que aquellos que la sufren no tienen “consciencia alguna” de lo que hacen. Así, un padecimiento de consecuencias funestas para la menor, pero que derivó en la inimputabilidad de este granuja.

ginsburg.dormidaCaso 4. La primera sentencia en Noruega contra una mujer que violó a un hombre dormido. En la primera resolución judicial de ésta índole en Escandinavia, la Corte de Distrito de Bergen condenó a 9 meses de prisión y una multa de 40 mil coronas a una mujer por violar a un hombre que estaba dormido. A finales del primer lustro del nuevo milenio, un  sujeto de 31 años de edad se quedó dormido en un sofá durante una fiesta, y al despertar encontró a una mujer de 23 practicando sexo oral con él, mientras el novio de ella los miraba. Bajo la legislación noruega, todos los actos sexuales con alguien que está “inconsciente o por otras razones, es incapaz de oponerse al acto” se consideran como una violación. En segunda instancia, el Tribunal de Apelaciones de Bergen confirmó la sentencia; el fiscal subrayó que la ley es “sexualmente neutral” y el abogado del querellante manifestó que su cliente se sintió aliviado con el veredicto. Por su parte, el abogado defensor cimentó su defensa en que “es imposible físicamente desnudar, provocar una erección y violar a un hombre dormido“.

“¡No dormía! estaba meditando sobre la misión de la empresa e intentando descubrir un nuevo paradigma”

También los espíritus reguladores del sueño pasean en las salas de audiencias en pleno desarrollo de los juicios, y tienen consecuencias jurídicas. La Corte Suprema de Arkansas anuló el veredicto de un condenado a muerte por homicidio porque un jurado estaba tuiteando y porque otro jurado dormía durante la sesión. Una posible línea de investigación en torno a la somnolencia del jurado podría partir de un tuit revelador y profético, proveniente de otro jurado: “El café aquí es horrible”.

Quien parece no haber ingerido ni un mililitro de café durante el juicio celebrado en su contra por violaciones a derechos humanos, fue el ex presidente Alberto Fujimori. En 2008, durante la celebración de una audiencia, el otrora hombre poderoso del Perú se quedó dormido, y el juez de la causa tuvo que despertarlo varias veces a golpes de campana. “Señor Fujimori. Nada. Sigue durmiendo” exclamó el juez mientras daba sus campanazos. En otra oportunidad, el juez San Martín le preguntó: “Señor Fujimori, está usted dormido, yo entiendo la larga jornada. ¿Tiene usted un problema de salud o tiene un problema de cansancio nada más?”. Fujimori respondió: “Bueno, estoy agotado en los últimos días“.

Nótese que el juez emplea indistintamente las expresiones “dormido” y “durmiendo” lo que, por libre asociación onírica, nos lleva a la muy conocida anécdota protagonizada por Camilo José Cela, cuando era senador. Durante el desarrollo de una sesión parlamentaria, el escritor estaba cruzando la delgada línea entre la alerta y la somnolencia, cuando el legislador (y sacerdote) Xirinacs le preguntó “¡Señor Cela!, ¿está usted dormido?”, a lo que Cela respondió “Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo”. Xirinacs replicó: “Es lo mismo, ¿no?”, y Cela remató: “No, Monseñor, son cosas distintas. No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.

Testimonios de somnolencia judicial

A principios de 2007, la revista SLEEP publicó un artículo de Ronald R. Grunstein y Dev Banerjee intitulado The Case of “Judge Nodd” and other Sleeping Judges—Media, Society and Judicial Sleepiness. El propósito del estudio Grunstein–Banerjee fue la revisión de 15 casos de jueces durmientes así como sus consecuencias, tanto en medios, como en la impartición de justicia per se.

Los autores se inspiraron particularmente en el caso del juez australiano Ian Dodd, que se quedó dormido durante la celebración de varios casos sometidos a su tamiz. Particularmente, la Comisión Judicial de Nueva Gales del Sur estaba preocupada por un par de casos en los que era por demás evidente que el juez dormía, uno de delito sexual y otro de fraude corporativo, aunque  Dodd sostuvo que en ninguno de los casos se perdió los aspectos principales. Finalmente, para recibir el tratamiento para combatir su apnea, el juez Dodd se retiró de la judicatura, con una pensión anual de 152 mil dólares. No es accidente que The Telegraph, en su edición del 5 de agosto de 2005 pusiera como encabezado al artículo que daba cobertura el de Sweet dreams as judge retires”. Y una consecuencia colateral para el juez Dodd que no puede soslayarse: su licencia de manejo fue revocada (sobre este detalle, Grunstein y Banerjee sugieren que, por analogía, la misma sanción vial podría regir a quienes se quedaran dormidos en situaciones públicas, por ejemplo, congresistas en el Parlamento, clérigos en el Púlpito, profesores en el aula, etcétera).

De los otros casos de jueces durmientes analizados en el sabroso estudio de Grunstein-Banerjee, es de destacar lo siguiente:

  • Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. En el juicio, por crímenes de guerra, seguido en contra de Zdravko Mucic, Hazim Delic, y Esad Landzo, el magistrado presidente del tribunal, Adolphus Karibi-Whyte, se quedó dormido durante porciones del juicio. Por ello, los tres acusados consideraron que no habían sido sometidos a un juicio justo. En la apelación correspondiente, se concluyó que los acusados no acreditaron que el magistrado haya dormido durante porciones sustanciales del juicio. Es cierto, según se aprecia en los videos correspondientes, que el magistrado presidente, en las audiencias, tenía episodios de 10 a 30 segundos de sueño con ronquidos (y algún episodio excepcional que registra un coyotito de 30 minutos). Como sea, al terminar este caso, Karibi-Whyte no fue ratificado en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, y regresó a su natal Nigeria.
  • Se registró que jueces y magistrados dormían durante audiencias en las siguientes instancias: Tribunal Superior de Ontario; Tribunal de Apelaciones de Indiana; Corte de Apelaciones de Londres; Tribunal de Apelaciones de Nueva York; Juzgado de Paz en Arizona (el juez John Carpenter reconoció que padecía de narcolepsia); Juzgado de Distrito en Pinellas County, Florida; Juzgado de Distrito en Shreveport, Louisiana; Juzgado de Distrito en Suffolk County, New York; Juzgado de Distrito en Rockingham County, New Hampshire; Juzgado de Distrito en Kane County, y en una Corte de Alberta, Canadá.
  • En marzo de 2006, Ruth Bader Ginsburg, justice  de la Suprema Corte de Estados Unidos se quedó dormida por 15 minutos durante la sesión de argumentos orales del caso League of United Latin American Citizens v. Perry. Fue entonces que una reportera de Fox News Channel dio cuenta de la “siesta suprema”. Como es sabido, no está permitido filmar o tomar fotos durante las sesiones de argumentos orales del alto tribunal, pero el dibujante encargado del sketch plasmó el incontrovertible  momento para la eternidad.

Grunstein y Banerjee identifican las consecuencias de los 15 casos analizados sobre impartidores de justicia que dormían durante los juicios: en nueve de ellos, los episodios de sueño fueron utilizados como argumentos de las partes para solicitar un nuevo juicio; al menos cinco de estos casos derivaron en el fin de las carreras de los jueces. Los autores concluyen que, a diferencia de audiencias presididas por un solo juez, tratándose de un cuerpo colegiado de impartidores de justicia (p. ej. Corte Suprema, Tribunal Penal Internacional), la siesta de tan solo alguno de sus miembros no tiene mayor relevancia.

Nuestra adenda onírica al artículo de Grunstein y Banerjee

Si bien el artículo The Case of “Judge Nodd” and other Sleeping Judges—Media, Society and Judicial Sleepiness fue publicado en 2007, sus autores podrían estar de acuerdo en añadir un par de testimonios recientes con los que nos hemos topado al elaborar el Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.

  • Siesta “A”. En 2012, un juez texano renunció tras ser filmado mientras dormía en plena audiencia. El juez Larry Craddock presidía una audiencia relacionada con el caso de un adolescente con autismo que había desarrollado tendencias suicidas en un centro escolar. Cuando se exponía un testimonio de crucial importancia, el juez se quedó dormido, y fue filmado. “No fue una breve siestecita, sino que se durmió durante un tiempo prolongado”, denunció la abogada que representaba al estudiante. El auto-defenestrado juez pidió disculpas y atribuyó la somnolencia a sus medicamentos.
  • Siesta “B”. En 2013, un juez ruso renunció tras ser filmado mientras dormía en plena audiencia. Yevgeny Makhno titular del remotísimo Juzgado de Blagoveschensk, condenó a un hombre a 5 años de prisión tras pasarse durmiendo y jugando con su teléfono durante un juicio en el que sentenció a un hombre a 5 años de prisión. El abogado defensor sostuvo que el juez se durmió precisamente durante gran parte de su intervención, por lo que considera que la condena a su cliente tendría que ser revisada. El video del ahora ex juez Makhno pone a la lejana Blagoveschensk en la palma de su mano. Para dar un suave portazo a este segundo ejemplo, llama la atención que el presidente Dmitri Medvédev, que también es abogado de formación, ha denunciado en numerosas ocasiones el “nihilismo jurídico” vigente en Rusia.

No son nuevos, empero, los registros sobre somnolencia judicial; Grunstein y Banerjee refieren un caso puntual registrado en marzo de 1860, cuando el gobernador de Maryland promulgó un acuerdo para remover al juez Henry Stump de la Corte Penal de Baltimore, por dormir durante las audiencias sometidas a su somnoliento tamiz.

También el arte ha dado fe, no solo de impartidores de justicia durmientes, sino de la justicia perse en reposo. Así, a finales del siglo XVI, Joris Hoefnagel representó a la justicia durmiente en un grabado. En 1758, William Hogarth hizo su lienzo The Bench, en 1859, Thomas Couture pintó a un juez dormido, y el sketch de la sesión de argumentos orales de la Suprema Corte de Estados Unidos, referido anteriormente.

¡Nessun Dorma!

Desde luego, usted también tiene derecho a dormir y, de ser posible, a dormir bien, pero si está preocupado por nuevos paradigmas en la impartición de justicia que le obligan a estar alerta durante periodos prolongados, ¡no se duerma! esta sección puede tener oníricos efectos de auto ayuda.

Remedio 1. Procure dormir mejor. Tan obvio que puede resultar molesto para el lector, máxime, con tantos incentivos reales y virtuales para mantenernos despiertos, como los que hoy en día imperan en un globo terráqueo abierto 24×365. De manera que este puede descartarse.

Remedio 2. Escuche “La Cantata del Café”, de J. S. Bach. La versatilidad de la obra de Bach nos pasma cuando escuchamos la Kaffekantate(BWV 211) compuesta hacia 1734. La cantata trata de un padre de familia llamado Schlendrian, que está verdaderamente desesperado porque su hija, Lieschen, no piensa en otra cosa más que en el café. No puede vivir sin la negra bebida y, si no bebe tres cafés por día, asegura que se secará como una cabra asada. Ninguna amenaza puede alejarla del vicio. Pero, finalmente, el padre tiene una idea luminosa: no le dará marido. La hija, de mal grado, acaba por ceder, pero sólo aparentemente: el marido, en el contrato matrimonial, le permitirá beber su café. Y al final, todos felices, entonan un gran Coral:

No prohíbas al gato cazar ratones.
Las señoritas permanecen fieles a su café,
a la madre le gusta beberlo,
la abuela también lo probó, por tanto:
¿Quién puede culpar a las hijas?

Remedio 3. Escuche la música que tiene los efectos de la cafeína. Existen diversas ofertas en el mercado acústico orientadas a que usted pueda descargar y escuchar diversos tracks que lo mantendrán despierto, de manera entusiasta y efectiva, sin cafeína. Muy efectivo, aseguran, para sesiones maratónicas de estudio. He aquí un ejemplo, Digital coffee, y queda a su propio riesgo.

Remedio 4. Haga la siesta del café. En 1997, Psychophysiology publicó el artículo de Reyner y Horne, Suppression of sleepiness in drivers: combination of caffeine with a short nap, que se ha convertido en objeto de culto. El enfoque, que con erudita y didáctica precisión comparten Reyner y Horne, está orientado a prevenir accidentes causados por los conductores que se quedan dormidos tras recorrer largos trayectos durante varias horas. No obstante, la premisa es también aprovechable para los profesionales del Derecho. Tómese un café cargado, antes de dormir la siesta. La bebida tarda entre 10 y 20 minutos en hacer efecto en el organismo. Tiempo suficiente para que durmamos una pequeña siesta (no mayor a 20 minutos) y luego nos levantemos más enérgicos para continuar dando la debida atención a nuestras actividades jurídicas.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); Maestro y Doctor en Administración Pública (INAP). Elabora el “Reporte sobre la Magistratura en el Mundo”; conduce el programa de televisión “Cine Debate”.

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1 El sueño es hermano de la muerte.

2 Prends garde seulement à la rêverie : c’est un bien vilain monstre qui attire et qui m’a déjà mangé bien des choses. C’est la sirène des âmes ; elle chante, elle appelle ; on y va et l’on n’en revient plus (Carta a Maxime Du Camp, abril de 1846).