Oscar Manuel fue pareja de Jacobo durante cinco años. Las relaciones son cambiantes y evolutivas, así que después de cinco años de vivir juntos, Oscar y Jacobo decidieron cambiar la dinámica de su relación. Así, acordaron que compartirían algunas noches juntos y otras no.

El día 6 de julio de 2010, Oscar regresó a la casa de Jacobo por unas cosas después de haber salido a comer. Mientras revisaba su correo, Oscar escuchó entrar a Jacobo al departamento junto con una persona, que momentos después se enteraría era un sexoservidor. Oscar se encontraba muy nervioso al momento de salir del departamento, debido a que había escuchado de casos en los que sexoservidores mataban a las personas que las contactaban. Habiendo llegado a su casa,  Oscar llamó varias veces a Jacobo, en presencia de sus familiares, para pedirle que se cuidara.

Oscar  despertó a la mañana siguiente y fue de inmediato a la casa de Jacobo, pues seguía con la preocupación debido a que Jacobo nunca contestó ninguna de las diversas llamadas que realizó. Al llegar a la casa de Jacobo lo encontró en el piso muerto. De inmediato llamó a una ambulancia, a la patrulla y a los familiares. Los elementos de Seguridad Pública del Distrito Federal llevaron a Oscar frente al Ministerio Público, y ahí de tener la calidad de denunciante y testigo, cambió a tener la calidad de imputado por el delito de homicidio. El Ministerio Público comenzó a “investigar” el delito y sacó fotos de Jacobo. En las primeras fotos sus manos aparecen sin objeto alguno. En las fotografías subsecuentes se logra apreciar, en la mano de Jacobo un manojo de cabellos. Se podría pensar que alguien de manera deliberada colocó el cabello. Más adelante el Ministerio Público obtuvo los datos telefónicos y correo electrónico del sexoservidor, le llamó y lo detuvo de manera poco ortodoxa.

El Ministerio Público acusó al sexoservidor y a Oscar Manuel por el delito de homicidio. Al sexoservidor, a partir de sus declaraciones, y a Oscar, por los cabellos que aparecían en la mano de Jacobo en la segunda serie de fotos. El Ministerio Público con un poder meta-constitucional y de vidente afirmó que los cabellos eran de Oscar.

juicio

El día 5 de agosto del año 2010, la Jueza 49 de lo penal en el Distrito Federal dictó auto de formal prisión a Oscar.  La misma avaló el planteamiento de que Oscar mató a su pareja y que los cabellos lo demostraban. La Jueza afirmaría que las personas por esa orientación sexual pueden ser más pasionales, y por ende, cometer un homicidio. En efecto, la autoridad jurisdiccional lo caracterizó como un crimen pasional y lo único que ocupó para llegar a tal conclusión fueron el conjunto de estereotipos e ideas discriminatorias y, por supuesto, los tres cabellos.

Un tribunal de apelación confirmó la sentencia a más de 25 años de prisión; sentencia que no discrimina de manera abierta, sino que lo hace en silencio. Si bien de una lectura de la resolución de apelación no podemos encontrar un lenguaje de discriminación abierto, lo que tampoco podemos encontrar es una buena razón para condenar a Oscar como lo hizo la Jueza 49. Lo único que sabemos es que a los ojos de los Magistrados Oscar y Jacobo eran amantes (término inexistente en derecho penal), aun cuando estaba demostrado que formaban una pareja permanente (término que está dentro del derecho penal).

La Clínica de Interés Público del CIDE hizo la demanda de amparo por encontrar que había discriminación en un doble aspecto: una discriminación abierta y una discriminación silenciosa.

El Quinto Tribunal Colegiado en materia penal del Distrito Federal conoció del asunto. Y después de destacar el elemento de los cabellos, horas, las llamadas, fallas en la cadena de custodia de la evidencia, las pruebas de ADN y otros elementos le otorgó el amparo liso y llano. Es decir, la libertad absoluta a Oscar Manuel.

Los cinco años que pasaron de agosto de 2010 a la sentencia del Colegiado en 2015 no han merecido ni una disculpa de la Jueza o de los Magistrados.  La reflexión nos lleva a un problema de federalismo judicial. El juicio de amparo en México es famoso, la fama la lleva por sus resultados. La mayoría de los jueces federales toman con mucho más rigor el conocimiento de los asuntos y el respeto a los derechos humanos. En contraste, algunos poderes judiciales locales tienen problemas. En algunos casos la independencia y autonomía judicial está comprobada. Sin embargo, otros están atrapados en vaivenes políticos y estereotipos, aunado a la inexistencia de evaluación sustantiva de su trabajo. En efecto, por lo general se examina el número de sentencias que se emiten y la duración de los juicios, pero sobre el contenido de las sentencias poco se dice. Los jueces locales saben que no son órganos límite y, por ello, son irresponsables. Más de una vez le dicen al abogado “…tal vez hubo un error, pero que en la apelación lo corrijan” y en la apelación se dice: “…allí en el amparo a ver cómo le va…” El problema es que al final el juez local no tiene incentivos para ser riguroso, pues sabe que la verdadera responsabilidad recae en un juez de amparo. Tal vez, lo que pasa desapercibido es que los 2 o 5 años que la gente está en la cárcel no se reponen, y que los jueces locales son responsables de ello.

Clínica de Interés Público del CIDE.