El ascenso de Trump al poder demuestra un electorado lo suficientemente inconforme con el establishment político de Estados Unidos, al grado de aceptar a un candidato abiertamente racista y misógino —pero que les prometió ser finalmente considerados y tomados en cuenta por la élite gobernante. Sin embargo, la sacudida electoral de este martes fue más allá y se tradujo en un escenario por demás delicado: los republicanos recuperan la Casa Blanca y, además, conservaron la mayoría en ambas cámaras del Congreso.1 Esto, sin duda, abre un sinfín de escenarios políticos un tanto preocupantes. Aquí me interesa enfocarme en uno en particular: la suerte de la Corte Suprema norteamericana (en adelante la Corte).

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En efecto, desde que falleció el justice Antonin Scalia, el 13 de febrero del presente año,2 los republicanos se negaron a ratificar como justice de la Corte el abogado propuesto por Obama: Merrick B. Garland.  El cual, por su lectura moderada de la Constitución, pudiera haber ayudado a fungir como contrapeso de los poderes legislativo y ejecutivo liderados por Trump.3 No obstante, con la victoria de Trump, todo indica que Garland no será justice y, más bien, con condiciones amigables en el Senado, el nuevo presidente de Estados Unidos impulsará a un abogado claramente conservador y lo que esto podría implicar: dejar a la Corte en manos de Trump.

Veamos: actualmente, 1) se encuentran en servicio tres justices catalogados como liberales en la Corte Suprema (Kagan,4 Sotomayor5 y Ginsburg6); 2) tres catalogados como conservadores (Alito,7 Roberts8 y Thomas9) y 3 ) dos considerados como moderados (Breyer10 y Keneddy11.) Lo anterior implica que hay un empate entre liberales y conservadores. Y, por lo tanto, si los moderados se mantienen constantes —considerando que el voto de Breyer podría considerarse casi liberal y el voto de Kennedy oscila al espectro conservador—,12 el justice propuesto por Trump, en caso de ser ratificado, rompería la balanza y podría inclinar a la Corte Suprema hacía un lectura constitucional enteramente compatible con la del nuevo presidente. La cual, en principio, a partir de sus dichos durante la campaña electoral, distan de preservar los valores nucleares del pensamiento constitucional.

En este contexto, vale recordar que si bien la Corte Suprema ha ganado su legitimación y poder en el juego de los contrapesos políticos, por medio del establecimiento de fallos liberales y en pro de los derechos de las minorías (ejemplo de ellos los casos Brown v. Board for Education, Roe v. Wade, etc.), lo cierto es que históricamente, bajo presión política, la Corte ha emitido fallos poco afortunados. Principalmente en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Corte parecía apostar más a la cohesión del pacto federal mediante el reconocimiento de los privilegios de las personas blancas que protegiendo a las minorías de color,

Es cierto: en 1857, en el caso Dred Scott V.Sanford, la Corte señaló que aunque algunas personas de color podían ser ciudadanos de un determinado estado, no por esto se les consideraba ciudadanos estadounidenses con el derecho de asistir a cortes federales.13 Años después, en 1883, en el fallo de los Civil Rights Cases, la Corte declaró inconstitucional la Ley de Derechos Civiles de 1875, ley que prohibía la discriminación racial ejercitada por individuos y organizaciones privadas.14 En 1896, en Plessy V. Ferguson, la Corte estableció un criterio segregacionista señalando que era constitucional la segregación racial en el transporte público, bajo la doctrina de iguales pero separados. Al respecto, la Corte señaló que la Enmienda Decimotercera sólo protegía a los ciudadanos de aquellas acciones que intentaran reintroducir la esclavitud.15

Tuvieron que pasar, entonces, casi 100 años para que la Corte enmendara la página durante el periodo de la Corte Warren. Sin embargo, a pesar de los grandes avances de la Corte Warren en materia de derechos civiles, vale subrayar que la prohibición de la discriminación en la Corte antes de la muerte de Scalia tuvo un retroceso. En 2015, en el caso Boy Scouts of America v. Dale, la Corte determinó, por votación de 4 a 5, la constitucionalidad del hecho de que una organización privada pudiera excluir miembros de forma discrecional cuando considerara que la presencia de un miembro afecta la capacidad del grupo para tomar decisiones. En el caso concreto, se excluyó a una persona homosexual de pertenecer a los Boy Scouts.

Tomando en consideración el racismo y misoginia de Trump, así como su capacidad para designar al justice que rompa el balance en la Corte, es altamente probable que la discriminación y criterios ultra conservadores pudieran colarse nuevamente en dicho tribunal. Además, hay que considerar la avanzada edad de ciertos justices liberales: Ginsburg cuenta con 83 años, Kennedy con 80 y Breyer con 78.16 De ahí que no sea descabellado que, por lo menos, en los siguientes cuatro años alguno de éstos fallezca y, entonces, Trump podría hacer una Corte a su medida.

Por supuesto, no se trata de crear escenarios del desastre sin fundamento; pero lo cierto es que una Corte Suprema de Estados Unidos que recoja los valores de la campaña electoral de Trump, estaría abriendo una cadena de precedentes que anularía no pocas de las sentencias emblemáticas de esta corte constitucional que ejerce una enorme influencia en el mundo.

Luis Enrique Rosas. Licenciado en derecho por el CIDE y maestro en derecho internacional de los derechos humanos por Notre Dame. Twitter: @luisenriqueros


1 http://reut.rs/2g7A9ro.

2 http://wapo.st/2g7AiuW.

3 http://lat.ms/2fNdZ9Q.

4 http://bit.ly/2fPLEP5.

5 http://bit.ly/2fRmCCN.

6 http://bit.ly/2g7EfQ3.

7 http://bit.ly/2fr33AO.

8 http://bit.ly/2eTa0GD.

9 http://bit.ly/2fNj0iW.

10 http://bit.ly/2f94Fft.

11 http://bit.ly/2fNkutu.

12 http://bit.ly/2fS6wXI.

13 http://bit.ly/2gakN4w.

14 http://bit.ly/2fSeRdK.

15 http://bit.ly/2fyR0yN.

16 http://bit.ly/2g7Bgr2.