A Karla, mi hechicera

Según un viejo chiste machista, la única diferencia que existe entre una hechicera y una bruja son veinte años de matrimonio.

Independientemente de que a la gente le parezca este “chascarrillo” gracioso o de mal gusto, anecdótico o exagerado, atávico o profético; lo cierto es que, en la Europa medieval, la brujería (y muy especialmente, las brujas) no era una cuestión de broma.

brujeria

Prueba de lo anterior es la existencia de varios libros sobre brujería, entre los que destacan el Malleus Maleficarum o “Martillo de las brujas”, escrito en 1486 por Henrich Krammer y Jacobus Sprenger o el Formicarius de Johannes Nider, publicado en 1437.

Lo sorprendente de estos libros radica en que no son escritos por cualquier persona sino por teólogos con grandes carreras en universidades y destacadas vidas seculares. En el caso de Krammer y Sprenger, se trata de dos exitosos inquisidores y afamados teólogos (miembros de la orden de los dominicos, predicadores, maestros en teología sagrada, uno –incluso– decano de la facultad de teología en la Universidad de Colonia), quienes contaban con una bula de Inocencio VIII en la que se les otorgaban poderes especiales para perseguir los delitos de brujería.

El texto de la bula no deja lugar a dudas de la importancia que se le daba a la brujería y de la seriedad con la que se le tomaba. Así el Papa Inocencio VIII afirma en la bula Summis desiderantes affectibus (“anhelamos con la más profunda ansiedad”) que en:

…[Ú]últimos tiempos llegó a Nuestros oídos […] la noticia de que en algunas partes de Alemania septentrional, […], muchas personas […] se abandonaron a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas, han matado niños que estaban aún en el útero materno […],  que arruinaron los productos de la tierra […]; estos desdichados, además, acosan y atormentan a hombres […] con terribles dolores y penosas enfermedades, tanto internas como exteriores; impiden a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir […] no se resguardan de cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones y los más asquerosos excesos, con peligro moral para su alma […]. Y aunque Nuestros amados hijos Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger […], han sido nombrados, por medio de Cartas Apostólicas, Inquisidores de estas depravaciones heréticas […], decretamos y mandamos que los mencionados Inquisidores tengan poderes para proceder a la corrección, encarcelamiento y castigo justos de cualesquiera personas […], sin distinción de rango ni estado patrimonial, y para corregir, multar, encarcelar y castigar según lo merezcan sus delitos, a quienes hubieren sido hallados culpables, adaptándose la pena al grado del delito.

El Papa concluye su bula con una gran amenaza: si alguien se opone a la labor de los inquisidores, “…sobre él caerá la ira de Dios todopoderoso, y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.”

Investidos de esta amplísima potestad inquisitorial y con la “gran experiencia” con la que contaban en la materia, Krammer y Sprenger escriben el Malleus Maleficarum como una especie de manual para que cualquier inquisidor pudiera detectar con facilidad la brujería y castigarla adecuadamente.

En el Malleus Maleficarum sostienen que quienes más practican la brujería son las mujeres, ya que son las principales “adictas a las supersticiones malignas”, pues “son más crédulas; y como el principal objetivo del demonio es corromper la fe, prefiere atacarlas a ellas”, además de que “por naturaleza, las mujeres son más impresionables y más prontas a recibir la influencia de un espíritu desencarnado”.

En este tenor encontramos una gran cantidad de aseveraciones a lo largo del texto del manual, en el que el sexismo y machismo aparece en todas sus líneas. Así, Krammer y Sprenger afirman que la mujer es más “carnal” que el hombre, lo cual es evidente por las muchas “abominaciones carnales” que cometen.

Incluso dan razones antropométricas para la abundancia de las brujas, ya que afirman que se debe a que “hubo un defecto en la formación de la primera mujer, ya que fue formada de una costilla curva, es decir, la costilla del pecho, que se encuentra encorvada, por decirlo así, en dirección contraria a la de un hombre”.

Para otorgarle una mayor credibilidad a sus investigaciones, lo inquisidores incluyeron en el Malleus Maleficarum una gran cantidad de citas del viejo y nuevo testamento, de los doctores de la iglesia y hasta de filósofos griegos y latinos. Todo ello para demostrar la maldad de las mujeres y, consecuentemente, la existencia de la brujería.

Las citas demuestran un gran tesón de los inquisidores por encontrar todas las citas machistas que pudiera haber. Un ejemplo (mínimo) de éstas son las siguientes: "…no hay ira superior a la de una mujer. Prefiero vivir con un león y un dragón que con una mujer malévola" (Ecclesiasticus, XXV); "No conviene casarse" (San Juan Crisóstomo); “¡Qué otra cosa es una mujer, sino un enemigo de la amistad, un castigo inevitable, un mal necesario, una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico, un deleitable detrimento, un mal de la, naturaleza pintado con alegres colores! (San Mateo, xix); "Los muchos apetitos de los hombres los llevan a un pecado, pero el único apetito de las mujeres las conduce a todos los pecados…” (Cicerón); "Una mujer ama u odia; no hay tercera alternativa. Y las lágrimas de una mujer son un engaño pues pueden brotar de una pena verdadera, o ser una trampa. Cuando una mujer piensa a solas, piensa el mal" (Séneca); "En lo intelectual, las mujeres son como niños" (Terencio).

Por suerte para las mujeres, los inquisidores no consideraban que todas fueran brujas, sino solo algunas; por lo que le dedican una parte de su libro a describir a las mujeres que son más supersticiosas y, por lo tanto, más afectas a la brujería. Así llegan a la conclusión de que se inclinan más a la brujería las mujeres malas, las cuales son dominadas por tres vicios: infidelidad, ambición y lujuria (“…el que más predomina, siendo las mujeres insaciables…”).

Una vez señalado que las mujeres son más propensas a la brujería, los inquisidores describen en su libro cómo detectar esta herejía, cuáles son las prácticas de las brujas y qué hechizos existen.

Entre los actos de brujería que se practicaban, destacan los que tenían por objeto impedir a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir. En el Malleus Maleficarum –haciéndose eco de la preocupación señalada en la bula papal al respecto– se describen siete métodos por medio de los cuales se “infectan de brujería el acto venéreo y la concepción del útero”: 1. “llevando las mentes de los hombres a una pasión desenfrenada”; 2. “obstruyendo su fuerza de gestación”; 3. “eliminando los miembros destinados a ese acto”; 4. “convirtiendo a los hombres en animales”; 5. “destruyendo la fuerza de gestación de las mujeres”; 6. “provocando el aborto”; 7. “ofreciendo los niños a los demonios”

Así, de cualquier problema de infertilidad se le podría culpar a la bruja preferida de cada uno, ya que en esa época (como en la actual) debieron existir en todos los pueblos mujeres que provocaron pasiones desenfrenadas. ¿Estaré casado con una bruja o con una hechicera? ¡Da lo mismo!

Ismael Reyes Retana Tello
Abogado constitucionalista y socio del despacho de abogados White & Case.