Buenas tardes, agradezco la invitación del señor ministro José Ramón Cossío Díaz para formar parte de esta mesa, acompañando al doctor Manuel Suárez Lastra, Director del Instituto de Geografía de la UNAM, a la maestra Oralia Oropeza Orozco y al doctor José Omar Moncada; es para mí un honor.1

Les platicaré de un caso que tuvo lugar en Italia, y que fue resuelto, en última instancia, por la Corte Suprema de ese país. Es un caso es muy importante, porque tiene que ver con el terremoto de L´Aquila, del 6 de abril de 2009, en el que murieron más de 300 personas, y fundamentalmente, porque atañe, por un lado, a la toma de decisiones en una situación de riesgo, como a la comunicación del riesgo.

Para contextualizar, les comento que L´Aquila es capital de los Abruzos, y queda, aproximadamente, a 120 kilómetros de Roma; cuenta con 73 mil habitantes, y una superficie de 466 km². Está catalogada, según el mapa sísmico italiano, como de máxima peligrosidad. E históricamente, hay una amplia gama de registros sísmicos en la zona. Por ejemplo, en septiembre de 1349, ocurrió uno de magnitud 6.5, y se le conoció como el gran estornudo”, y murió ahí el 10% de la población de entonces.

El 2 de febrero de 1703 ocurrió lo que allá se conoce como el terremoto “de la Candelaria”, que tuvo, según los cronistas de la época, “proporciones bíblicas”. Tuvo una magnitud de 6.7 y murieron más de 6 mil personas. Un cronista de la época dijo: “La Ciudad de L´Aquila no es, fue. No sé qué más puedo decir para acreditar una ciudad totalmente en ruinas”.Otro cronista dijo que: “…fue tan horrible…que el ánimo de los habitantes era de desconsuelo y confusión, implorando con penitencias públicas la misericordia de Dios, que cada quien había irritado con sus culpas”.

Hubo, desde luego, otros terremotos importantes, por ejemplo, uno de 6.9 en enero de 1915; pero por cuestiones de tiempo, debo dar un brinco hasta finales de 2008, cuando comenzaron a registrarse algunos sismos de baja magnitud, aunque persistentes.

Durante enero y febrero de 2009 continuaron las sacudidas, y su magnitud se iba incrementando hasta alcanzar el 3.5. Entonces la gente ya estaba más nerviosa y ansiosa. Y el 12 de marzo, algunos jóvenes salieron a las calles, con un megáfono con el que alertaban a la población y la invitaban a salir de sus casas, pregonando la inminencia de un terremoto devastador.

La fuente de estos jóvenes era la página web de Giampaolo Giuliani, que trabajaba en el Laboratorio Nacional de Física, y que vinculaba la probabilidad y proximidad de actividad sísmica, con las concentraciones del gas radón. Giuliani había creado una máquina capaz de detectar la concentración del radón, y según su hipótesis, pequeñas cantidades de este gas se fugan a través de fisuras, del interior de la corteza terrestre, antes de que se detone un sismo.

Y fue así, que un alcalde contactó a este investigador, pidiéndole una bitácora diaria del flujo y concentraciones del radón en la zona. El 27 de marzo, Giuliani dijo: mañana habrá un sismo de tal magnitud…. y el sismo ocurría. Entonces el alcalde comenzó a exigirle más y más predicciones sísmicas hasta que el investigador le tuvo que decir que no era un astrologo.

Para entonces, las cosas comienzan a descontrolarse, y el 30 de marzo de 2009, Protección Civil local lanzó un comunicado de prensa que decía: “No se prevén más temblores en la Provincia de L´Aquila, todas las informaciones difundidas con otro contenido deben entenderse falsas y desprovistas de todo fundamento”.

Este comunicado de prensa enfureció al presidente del Departamento Nacional de Protección Civil, Guido Bertolaso, que, en consecuencia, le llamó por teléfono a la delegada de Protección Civil en L´Aquila y le dijo que le iba a enviar a los mejores sismólogos de Italia y el objetivo era —en palabras de Guido Bertolaso—: “callar inmediatamente a cualquier imbécil y aplacar la situación [así], es importante tener a todas las lumbreras presentes para una operación mediática… Asi, ellos, que son los máximos expertos en terremotos dirán: es una situación normal; son fenómenos que pasan, y es mejor que haya 100 sismos de magnitud 4, porque 100 sismos sirven para liberar la energía y no ocurrirá jamás el sismo fuerte… queremos, entonces, tranquilizar a la gente…”.Eso dijo, textualmente, el Titular Nacional de Protección Civil.

Al día siguiente, llegaron a L´Aquila estos sismólogos, y algunos de ellos formaban parte de la Comisión de Riesgos Mayores. La idea era que la Comisión sesionara el 31 de marzo por la tarde.

La prensa local estaba expectante, y el 31, por la mañana, cuando vieron bajar del avión a uno de los emisarios, llamado Bernardo de Bernardinis —que no era científico, sino un funcionario de Protección Civil que trabajaba para Guido Bertolaso—, corrieron a entrevistarlo. En la entrevista “de banquete”, dijo: “En esta zona la oleada de sacudidas es algo que no debe alarmar. Al contrario, la comunidad científica piensa que es una situación favorable si la tierra descarga la energía, así el terremoto va perdiendo fuerza”. “¿Podemos entonces estar tranquilos y bebernos un buen vaso de vino?”,le preguntó el reportero. “Claro. Una botella de Montepulciano”,concluyó el entrevistado.

Aquí, sin embargo, está el punto más importante. Esta entrevista fue grabada en la mañana del 31 de marzo, es decir, antes de la reunión de la Comisión de Riesgos Mayores; pero fue transmitida a los hogares en horario nocturno, es decir, después de celebrada la reunión. Por tanto, mucha gente que vio el reportaje pensó que la entrevista había sido una consecuencia de la reunión de los expertos, y con esa información se fueron a dormir.

Ahora bien, de hecho, sí se llevó a cabo la reunión de expertos en la tarde del 31 de marzo, pero el acta no fue dada a conocer sino después del terremoto. Y llama la atención que, ya casi al final de esta reunión de expertos, la delegada de protección civil les dice: “Bueno…gracias señores, por sus comentarios, que me permiten ir a tranquilizar a la población a través de los medios que encontraremos en la conferencia de prensa”.

Y claro, hubo una conferencia de prensa, que se transmitió en los noticieros de la noche, pero solo con algunas imágenes en video, y sin audio, con excepción de unas palabritas de De Bernardinis: “no esperamos un aumento en la magnitud”, nada más, y tampoco fue repartido ningún comunicado.

De ese modo, los habitantes de L´Aquila, supieron, más que nada, por diversas notas y reportajes: “…que el enjambre sísmico que desde hace varios meses afectaba a la región era un fenómeno geológico normal, y que, en el estado actual de cosas, la situación era favorable porque se trataba de una descarga continua y no peligrosa de energía.”

Luego de esto, que fue difundido en distintos medios locales, muchas personas y familias decidieron suspender la precaución de dormir fuera del centro histórico, en casas móviles, carpas o albergues, como lo habían hecho desde el inicio del enjambre sísmico.

El 6 de abril de 2009, sin embargo, a las 03:32 horas ocurrió el terremoto de L´Aquila, con una magnitud de 6.3, una profundidad de 8.3 km; su epicentro a 8 km del centro de la ciudad, y una duración de 25 segundos. 308 personas —20 de ellos niños—, de 11 nacionalidades perdieron la vida. La mayor parte de los edificios que se derrumbaron fueron construidos entre 1950 y 1965, y el resto, a finales del siglo XIX. El impacto económico del terremoto de L´Aquila, incluyendo el presupuesto estimado para su reconstrucción para el período 2009-2029 asciende a 13,700 millones de euros.

Un año después, el Ministerio Publico presentó cargos penales en contra de los expertos que participaron en la reunión del 31 de marzo de 2009. El Ministerio Publico dijo: “no…no estoy loco, sé que ellos no pueden predecir sismos…pero como funcionarios del Estado, ellos tenían ciertos deberes impuestos por la ley…Ellos estaban obligados a evaluar el grado de riesgo y no lo hicieron”.

La acusación sostuvo que si bien la Comisión no estaba obligada a predecir el terremoto, si debía, en cambio, efectuar una evaluación correcta de los indicadores de riesgo e informar a la población sobre un evento que venía ocurriendo desde meses antes.

Un elemento primordial de la acusación fue esa entrevista de banqueta a Bernardo De Bernardinis, a la que ya me referí, en la que hablaba de la “descarga de energía”. Entonces, en mayo de 2011, la fiscalía envió a juicio a los miembrosde la Comisión de Riesgos Mayores, acusándolos de “homicidio culposo múltiple y lesiones”.

La acusación tuvo diversos ejes. En primer lugar, las fallas de la comunicación institucional ante una situación de riesgo sísmico. Aquí, la cuestión central era si los mensajes difundidos por los expertos condicionaron los comportamientos de las personas hasta el punto de haberles causado lesiones o, incluso, la muerte. Al respecto, hay que tomar en cuenta que nadie los acusó por haber proclamado el estado de alarma (al respecto, les comento que el artículo 658 del Código Penal italiano dispone que: “…cualquiera que anuncie desastres, accidentes o peligros inexistentes y con cuya información alarme a la autoridad, a entidades o personas que ejerzan una función pública, será penalizado con prisión de hasta seis meses o multa de entre 10 y 516 euros”. Entonces, estos científicos, también servidores públicos, fueron acusados de haber violado obligaciones precisas de previsión y prevención del riesgo sísmico.

El otro aspecto medular de la acusación y que motivó la sentencia del juez de primera instancia fue la prueba de la existencia de un nexo causal entre la conducta de los acusados y las lesiones y la muerte y lesiones de las víctimas. Esto implicaba verificar que la información proporcionada por los participantes en la reunión de la Comisión de Riesgos Mayores, reunidos en L’Aquila el 31 de marzo de 2009, condujo a las víctimas a cambiar sus hábitos de seguridad anteriores y decidieran permanecer en sus casas la noche entre el 5 y el 6 de abril de 2009.

Así, el planteamiento central en torno al nexo causal fue que lo ocurrido en L´Aquila el 6 de abril de 2009 fue el resultado de tres factores: 1) la violencia del terremoto; 2) la vulnerabilidad de los doce edificios en los que perecieron las víctimas, y 3) la conducta de los acusados.

Para acreditar el nexo causal, el juez recurrió a los testimonios brindados por familiares y/o amigos de las personas fallecidas. Una de las herramientas de las que echó mano el juez para acreditar el nexo causal entre la reunión de la CGR y la mutación en el comportamiento de las víctimas fue la teoría de las representaciones sociales.

Así, en su sentencia, de aproximadamente 900 páginas, el juez Marco Billi escribió lo siguiente: “investigaciones científicas han reconocido como, en las sociedades occidentales, la comunicación institucional proveniente de la comunidad científica, es aquella que la gente reconoce como la más alta expresión de autoridad y, por tanto, tiene un potencial máximo de persuasión, capaz de condicionar el actuar colectivo…. En otras palabras, se puede sostener que una parte significativa del sentido común del conocimiento colectivo de una sociedad consiste en una representación social con argumentaciones provenientes de la autoridad científica… El conocimiento científico, por lo tanto, funciona como arquetipo de la representación colectiva. Y así, la reunión de la Comisión coincide plenamente con las características del modelo de las representaciones sociales…y en el presente caso puede afirmarse que las víctimas permanecieron en sus casas a consecuencia del mensaje emitido por dicha Comisión, perdiendo la vida”.

De esta manera, por los hechos imputados, los participantes en la reunión de la Comisión de Riesgos Mayores, del 31 de marzo de 2009, fueron declarados culpables de lesiones y homicidio culposo, acreditándose el nexo causal en el deceso de 29 personas, y condenados, en octubre de 2012, a seis años de prisión, a resarcir sumas muy considerables por pérdidas económicas, e inhabilitados de manera perpetua para ocupar cargos públicos.

Aquí, solamente, abro un paréntesis para comentar que, en su momento, el proceso y la sentencia fueron recibidos y difundidos por varios medios con un matiz sensacionalista, insistiendo en que se trataba de un “juicio a la ciencia”, o que los sismólogos italianos habían sido sentenciados “por no predecir un terremoto”.

Después, el Tribunal de Apelación de L´Aquila admitió el recurso con el propósito de resolver si los participantes en la reunión de la Comisión, del 31 de marzo de 2009, verdaderamente tranquilizaron a la población y si, en su caso, podría existir una conexión entre las declaraciones hechas por los científicos y la decisión de las víctimas de permanecer esa noche en sus casas.

A finales de 2014, el Tribunal de Apelaciones resolvió que la sentencia impugnada debía reformarse casi integralmente con relación a 6 de los 7 sentenciados, y pronunciarse sentencia absolutoria “porque no había delito alguno”. La absolución se basó en lo siguiente:

1) La del 31 de marzo de 2009 no fue, formalmente, una reunión de la Comisión de Riesgos Mayores.

2) El objeto de la reunión del 31 de marzo de 2009 era, llanamente, hacer “un examen cuidadoso de los aspectos científicos y de protección civil relativos a la secuencia sísmica de los cuatro meses previos”. Y no el de “proporcionar a la ciudadanía de los Abruzos, toda la información a disposición de la comunidad científica relacionada con la actividad sísmica de las últimas semanas”, y

3) Con especial relevancia, el Tribunal resolvió que los acusados no procuraron tranquilizar a la población. Y se destaca que la entrevista a De Bernardinis fue grabada antes de la reunión, pero transmitida después. Por tanto, la entrevista no tuvo nada que ver con la reunión de la Comisión.

Todos, con excepción de De Bernardinis, fueron absueltos, aunque en el caso de este solo se le condenó al pago de costas procesales. En respuesta a este fallo, se interpuso recurso ante la Corte de Casación, la cual, a finales de 2015, confirmó la sentencia del Tribunal de Apelaciones, desestimando todos y cada uno de los recursos.

Para varios expertos, el caso Grandi Rischi es una historia desafortunada que dañó, de manera significativa y duradera, la vida de varias personas que habían dedicado sus carreras profesionales al estudio y la mitigación de los riesgos sísmicos. Definitivamente se afirma que no fue buena idea convocar a una reunión de expertos en L´Aquila; eso tuvo el efecto de dejar en los hombros de unas pocas personas —y en muy poco tiempo—, la enorme carga derivada de la falta de preparación en caso de terremoto, que las instituciones responsables no habían implementado a lo largo de los años.

Asimismo, quedó claro que las políticas de comunicación del riesgo debían mejorarse —o con mayor precisión—, debían ser establecidas adecuadamente. Y esto no debería ser únicamente aplicable a los organismos e instituciones públicas a cargo de la gestión del riesgo, sino también a los medios y, particularmente, a los profesionales de la comunicación.

De manera aún más preocupante, el caso Grandi Rischi tuvo el efecto de hacer pensar a la gente que las secuencias o enjambres sísmicos son la única o, en todo caso, la principal fuente de riesgo sísmico, cuando en realidad, una buena parte de la atención tendría que estar dirigida a la vulnerabilidad sísmica de las construcciones.

Por tanto, la moraleja de este caso, es que el mayor déficit en la preparación para un terremoto concierne, por un lado, a los niveles, muy reducidos, de cultura sísmica y, por otro, a la vulnerabilidad de las estructuras existentes.

Lo que, al respecto, me parece grave es que la urgencia de mejorar la resistencia sísmica de las estructuras existentes fue totalmente desestimada por el juez de primera instancia que escribió: “…aseverar que el riesgo sísmico solo puede reducirse mediante el reforzamiento de edificios, es tan obvio, como inútil”.

Comoepílogo, solo quiero comentar que, lamentablemente, la tragedia del terremoto de L´Aquila no fue el capítulo final para escribir un nuevo libro de la historia, es decir, aquél donde los damnificados ya tienen nuevos hogares; se han identificado los errores y las malas prácticas; se tiene una mayor cultura sísmica y, por ende, una reacción más eficaz ante el riesgo sísmico; con estructuras reforzadas, y con nuevas edificaciones que se construyen de acuerdo con cánones más exigentes que los que se usaban —digamos— en tiempos de Bernini. No. La herida de L´Aquila aún está fresca y, desde luego, seguirá habiendo terremotos, varios, tal vez, incluso más destructivos y letales.

Y eso, mejor que nadie, lo sabe la señora Martina Turco, que tras haber sobrevivido al terremoto de L´Aquila de 2009, decidió mudarse a una localidad cercana a Amatrice que, en agosto de 2016, fue sacudida por un terremoto de magnitud 6.2 provocando la muerte de su pequeña hija de 18 meses.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública (INAP); maestro en administración pública (INAP); licenciado en derecho (UNAM). Elabora el Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.


1 Conferencia impartida en el Instituto de Geografía de la UNAM, el 4 de octubre de 2017.