En cierto modo, la vida es como el jazz… es mejor cuando improvisas.
George Gershwin

El jazz es como los plátanos, debe consumirse en el acto.
Jean-Paul Sartre

 

¿Qué es el jazz?

No hay consenso en torno al origen etimológico de la palabra “jazz”, pero de acuerdo con Pastrana Bautista, la palabra Jazz, referida a un género musical, aparece escrita por primera vez el 6 de marzo de 1913, en el periódico San Francisco Bulletin, cuando, al reseñar el tipo de música ejecutada por una orquesta del ejército, señaló que sus integrantes entrenaban a ritmo de ragtime y jazz. En estos primeros años, la forma del nombre oscila entre jaz, jas, jass o jascz, y según Walter Kingsley (citado por Pastrana Bautista), colaborador del New York Sun: “el término es de origen africano, común en la Costa del Oro africana y en las tierras del interior”. No obstante, puede que fuese un término originario del Minstrel o del Vodevil, o incluso del mundo árabe.

El gusto por el género no llegó de la noche a la mañana, y Máximo Gorki, al ir a un concierto de una banda de jazz, tuvo una experiencia peculiar: “un martillito idiota golpea secamente: uno, dos, tres, diez, veinte golpes. Entonces, como un terrón de barro arrojado en el agua cristalina, comienzan los gritos salvajes, los silbidos, el traqueteo, los lamentos, los gemidos, las carcajadas. Se oyen gritos bestiales: caballos relinchando, el chillido de un cerdo, jumentos rebuznando, el lujurioso croar de un sapo monstruoso. Este popurrí insoportable y atroz de sonidos brutales está subordinado a un ritmo apenas perceptible. Al escuchar durante un minuto o dos esta música escandalosa, uno se imagina una orquesta de lunáticos y maniacos sexuales dirigida por una mezcla de hombre y semental que marcara el tiempo con un falo enorme(Cfr. Slonimsky, Nicolas, Repertorio de vituperios musicales, Taurus, 2016, pp. 41-42).

Jazz y derechos fundamentales

Sir Richard R. Terry, en Voodooism in Music, dijo que “…las razas blancas, en este momento, se  encuentran sumergidas en un torrente de sentimentalidad negroide. El hot jazz, el fox-trot y el black bottom entretienen a los jóvenes…Se puede considerar que son meras diversiones y no ver el paganismo que hay en ellas, pero el observador atento no dejará de notar que en un futuro no muy lejano, la Iglesia católica será la única barrera que encuentren los paganos en su camino”. También el compositor inglés Cyril Scott —conozca su Poema Sinfónico “Neptuno” compuesto tras el hundimiento del Titanic— acusó al jazz de ser obra de Satanás: Tras la diseminación del jazz, que indudablemente fue organizada por las fuerzas oscuras, se ha puesto de manifiesto de un modo muy perceptible un declive de la moral sexual”.

Nada más alejado de Gorki, Terry y Scott, que la UNESCO, que en 2011 proclamó al 30 de abril de cada año como el Día Internacional del Jazz, recordando que este género es un medio de potenciar e intensificar los intercambios y el entendimiento entre culturas para promover la comprensión mutua y la tolerancia. Para la UNESCO, esta importante forma de arte internacional es un ejemplo de promoción de la paz, el diálogo entre culturas, la diversidad y el respeto por los derechos humanos y la dignidad humana, contribuyendo a la erradicación de la discriminación, la promoción de la libertad de expresión, el fomento de la igualdad de sexos y el refuerzo del papel de la juventud en el cambio de la sociedad. Y en su mensaje correspondiente a 2017, Irina Bokova dijo que el jazz está en todas partes, nos rodea y nos inspira para superarnos mediante la música y en la vida. La historia del jazz se enmarca en los esfuerzos en pos de la dignidad humana, la democracia y los derechos civiles.”

A la justice Sandra Day O´Connor le gusta el jazz. El playlist del jazz y el derecho

Auspiciados por la Fundación Rockefeller, en 2009, la justice Sandra Day O´Connor y el trompetista y compositor Wynton Marsalis, organizaron el ciclo Conversations on Jazz and Democracy, analizando los paralelismos entre el jazz y la democracia así como el devenir de estas dos “American traditions”. En el promocional, se enfatiza que la justice Day O´Connor ama el jazz (y, por supuesto, la democracia), y que Marsalis ama la democracia (y, por supuesto, el jazz).

Estas conversaciones han tenido diversos ejes temáticos, por ejemplo: a) jazz y democracia; b) el jazz en la era de los derechos civiles, y c) el jazz y el renacimiento de Harlem. Al platicar específicamente sobre “We the people”, la justice Day O´Connor afirmó que establecimiento de los tres poderes es la más grande contribución de los padres fundadores a la Constitución. Por su parte, Marsalis explicó la separación de poderes como una banda de jazz: el baterista es el Ejecutivo; el bajo es el Judicial, y el piano el Legislativo.

Con el tiempo, estas Conversations han ido ganando seguidores, han ampliado el abanico temático, y se han integrado diversas playlist:

Playlist para Jazz y democracia:

  • Back O’ Town Blues—Louis Armstrong
  • Bourbon Street Parade—Louis Armstrong
  • Canal Street Blues—Louis Armstrong
  • Mahogany Hall Stomp—Louis Armstrong
  • New Orleans Function (Flee as the Bird /Didn’t He Ramble)—Louis Armstrong
  • Struttin’ With Some Barbecue—Louis Armstrong
  • St. James Infirmary—Louis Armstrong
  • Tiger Rag—Louis Armstrong
  • West End Blues—Louis Armstrong
  • When the Saints Go Marching In—Louis Armstrong
  • Every Day I Have the Blues—Count Basie featuring Joe Williams
  • Caravan—Duke Ellington
  • Creole Love Call—Duke Ellington
  • In a Mellow Tone—Duke Ellington
  • It Don’t Mean A Thing (If It Ain’t Got That Swing)—Duke Ellington
  • Things Ain’t What They Used To Be—Duke Ellington
  • Down by the Riverside—Mahalia Jackson
  • After You’ve Gone—Bessie Smith
  • Backwater Blues—Bessie Smith
  • Careless Love Blues—Bessie Smith
  • St. Louis Blues—Bessie Smith

Playlist para Jazz y la gran migración:

  • Dinah—Louis Armstrong
  • On the Sunny Side of the Street—Louis Armstrong
  • Shine—Louis Armstrong
  • Up a Lazy River—Louis Armstrong
  • Royal Garden Blues—Bix Beiderbecke
  • Black and Tan Fantasy—Duke Ellington
  • East St. Louis Toodle-Oo—Duke Ellington
  • Harlem Airshaft—Duke Ellington
  • Take the A Train—Duke Ellington
  • A Fine Romance—Ella Fitzgerald and Louis Armstrong
  • Blue Skies—Ella Fitzgerald
  • How High the Moon—Ella Fitzgerald
  • Lady Be Good—Ella Fitzgerald
  • Stompin’ at the Savoy—Ella Fitzgerald and Louis Armstrong
  • They Can’t Take That Away From Me—Ella Fitzgerald and Louis Armstrong
  • Summertime—Billie Holiday
  • It’s Tight Like That—McKinney’s Cotton Pickers
  • Dippermouth Blues—King Oliver
  • The Joint is Jumpin’—Fats Waller
  • Ain’t Misbehavin’—Fats Waller
  • Honeysuckle Rose—Fats Waller

Playlist para Jazz y derechos civiles:

  • Mercy, Mercy, Mercy—Cannonball Adderley
  • Work Song—Cannonball Adderley / Nina Simone
  • (What Did I Do To Be So) Black and Blue—Louis Armstrong
  • I’ve Known Rivers—Gary Bartz
  • Moanin’—Art Blakey and the Jazz Messengers
  • Travelin’ Blues—Dave Brubeck
  • Lonely Woman—Ornette Coleman
  • Alabama—John Coltrane
  • A Love Supreme—John Coltrane
  • Freedom Jazz Dance—Miles Davis
  • Strange Fruit—Billie Holiday
  • Freedom Is In the Trying—Wynton Marsalis
  • Compared to What—Les McCann and Eddie Harris
  • Fables of Faubus—Charles Mingus
  • Freedom—Charles Mingus
  • Moanin’—Charles Mingus
  • Wednesday Night Prayer Meeting—Charles Mingus
  • Freedom Day—Max Roach and Abbey Lincoln
  • I Wish I Knew How it Would Feel to be Free—Nina Simone
  • Mississippi Goddam—Nina Simone

El espíritu de la proclamación del Día Internacional del Jazz, así comolas Conversations de la justice Day O´Connor y Wynton Marsalis, pueden amalgamarse en una de las conclusiones del magnífico y ya referido artículo de Pastrana Bautista: “El jazz representa el paradigma de revolución pues apunta a la no violencia como forma de acción, amparada en el derecho, pidiendo solo igualdad y libertad”.

¡Cuidado con los puristas!

En su edición del 9 de diciembre de 2009, El Paísincluyó una nota intitulada “Un espectador denuncia a un músico de jazz por no tocar jazz”, donde se informa que Larry Ochs, fundador del influyente grupo Rova Quartet, participó en el V Festival de Jazz de Sigüenza. Su concierto, que ponía el punto final al Festival, estuvo a punto estuvo de ser cancelado manu militari por la autoridad competente. Motivo: la música del saxofonista, a juicio de un espectador y sus acompañantes, no era jazz sino “música contemporánea”, género que el denunciante tiene “contraindicado psicológicamente” por prescripción facultativa. Así consta en la hoja de reclamación cumplimentada en el lugar de los hechos, previa a la denuncia. Según lo expresado por el munícipe de la ciudad, uno de los uniformados de la Guardia Civil, tal vez sobrado de conocimientos en la materia, sometió la música de Ochs a una suerte de juicio sumarísimo. Lo más sorprendente fue que se llegó a una conclusión coincidente con la del denunciante: la música del saxofonista no es jazz.

Más adelante, el denunciante declaró: Me sentí estafado. Con todo el respeto por los músicos, pero me hicieron daño al oído y a los nervios. Yo lo que reclamo es que en los carteles aclaren si es jazz o no, y ya está. Es como si vas a ver una película de Tarzán y te ponen una de King Kong”. El blog lento y dispersoincluye en su contenido, lo que bien pudo haber sido el informe rendido por la Guardia Civil:

El lunes 7 de diciembre de 2009 nos presentamos el abajo firmante y la agente Ocaña en la ermita de San Roque de la localidad de Sigüenza a requerimiento telefónico de Don XXXXX XXXXXX XXXXX, con DNI XXXXXXXXX y domicilio en la citada localidad.
En el lugar de los hechos encontramos al denunciante visiblemente alterado y una multitud de personas más, en actitud contemplativa hacia una tarima elevada e iluminada con focos, donde el denunciado, nacido Lawrence Ochs pero conocido por el alias de Larry Ochs, de nacionalidad norteamericana, en posesión de un saxófono, ejecutaba unos sonidos que el denunciante identificó como música contemporánea.
Toda vez que el acto en el que actuaba el denunciado tenía como denominación oficial Festival de Jazz, el denunciante manifestó su exigencia de que se le devolviese el dinero de la entrada, y el deseo de presentar denuncia por engaño doloso con secuelas síquicas contra el músico.
Aporta para acreditar el daño un informe médico de su siquiatra en el que se afirma que el denunciante tiene especialmente contraindicada la audición de música contemporánea por motivos sicológicos.
Al congregarse diversas personas en el lugar, solicitamos la presencia del señor alcalde de la localidad, Don Francisco Domingo Calvo, que acreditó que la música ejecutada esa noche por el señor Ochs era música contemporánea, y no jazz, y manifestó su disposición a afirmar tal cosa ante quien fuese.
Yo, que escuché los sonidos que el denunciado extraía de su instrumento musical, debo decir que no se parecía en nada al jazz que conozco, sino que más bien parecía de esa música denominada de vanguardia, cuya comprensión se me escapa. Los reunidos a nuestro alrededor coincidían en este juicio.
Ante tantas evidencias, y de personas de tanto peso, la organización del acto accedió a las demandas del denunciante, acordando este retirar los cargos. No observando peligro para las personas presentes, dejamos a Lawrence Ochs libre de viajar, aunque sujeto a la toma de declaración si en algún momento se le requiriese.
El denunciado obtiene de los organizadores del acto satisfacción en la devolución del importe de la entrada y una disculpa verbal de la que somos testigos la agente Ocaña y yo mismo, y dejamos el lugar a las XX:XX del día 8 de diciembre.

Y la crítica seguirá

Quien estuvo encantado con el incidente de Sigüenza, fue Wynton Marsalis, el jazzman más poderoso del momento, y también un purista del género. Intentó establecer contacto con el denunciante con el fin de regalarle su discografía completa y autografiada. Rafael Gilbert (el famoso denunciante) terminó por lamentar: Estoy anonadado. He abierto un debate, yo. Y los foros están llenos de comentarios a favor y en contra. Y encima un magnate del jazz me quiere hacer un regalo.

Pero Larry Ochs no está solo en la pléyade de músicos que fueron criticados en su época por diferir del gusto del respetable:

• La Segunda sinfonía de Beethoven es un monstruo de mal gusto, un dragón herido que se retuerce abominablemente y se niega a expirar, y aunque en el Finale sangra, reparte golpes furiosos a diestra y siniestra con la cola erecta (Zeitung für die Elegente Welt, Viena, mayo de 1804).

• Considero a Alban Berg un estafador musical y un peligro para la sociedad. Incluso se podría ir más lejos. Los hechos sin precedentes exigen reacciones novedosas. Debemos plantear seriamente la cuestión de hasta qué punto la profesión de la música puede ser delictiva. Nos hallamos, en el ámbito musical, con un crimen punible con la pena capital (Paul Zschorlich, Deutsche Zeitung, Berlín, 15 de diciembre de 1925).

• Bruckner es el principal peligro musical vivo, un anticristo tonal. Su música puede desprender la fragancia de rosas celestiales y, sin embargo, está envenenada con el azufre del infierno (en G. Engel, The Life of Anton Bruckner, Nueva York, 1931).1

Como feliz corolario de esta historia, Jesse Simpson, inspirado en el incidente, lanzó su disco intitulado The Siguenza Settlement, que reúne una rica colección de improvisaciones grupales. El álbum está dedicado a Wynton Marsalis.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en Administración Pública (INAP); maestro en Administración Pública (INAP); licenciado en Derecho (UNAM). Elabora el Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.


1 Estas referencias aparecen en Repertorio de vituperios musicales, de Nicolas Slonimsky.