“Durante la semana siguiente K esperó día tras día una notificación.”
—Franz Kafka, El proceso

Toda nuestra vida está regida por el derecho: desde que nacemos hasta que morimos. Incluso antes y después, ya que la legislación reconoce el derecho a heredar de los naciturus y se ocupa delas disposiciones testamentarias, del destino de los restos humanos –inhumación, incineración, exhumación– y de la donación de órganos.

Una expresión por excelencia del derecho son los actos administrativos que emite la administración pública y las resoluciones judiciales a cargo del poder judicial.

No obstante que en la Constitución están consagrados los principios de justicia expedita y administración eficiente, en la realidad no siempre se cumplen, en muchos casos debido a las cargas de trabajo, pero también a lo complejo de los trámites, a la discrecional duración, al formalismo excesivo y al no respeto del Estado de Derecho.

Ante la complejidad de ciertos trámites y lo tardado de los mismos hay momentos en que el gobernado se debe sentir como el personaje de El proceso de Kafka, quien no sabe de qué se trata el procedimiento en el que, en contra de su voluntad, está inmerso ni cuándo terminará: “…las actas continúan en el proceso, se trasladan, como exige el continuo trámite administrativo, a los tribunales supremos, vuelve a los inferiores, y oscila entre unos y otros con mayor o menor fluidez.”

No por nada existe la frase repetida hasta el cansancio en el sentido de que “si Kafka hubiera nacido en México hubiera sido un autor costumbrista”.

Por lo que respecta a la duración de los procesos, inconsciente o conscientemente las autoridades han recurrido a su dilación. A lo mejor hay algún resabio de una de las más poderosas armas con las que contaban los inquisidores en el Santo Oficio (y de la que poco se ha escrito), que consistía en que, durante el procedimiento para detectar prácticas heréticas, alargaban a su antojo los tiempos procesales para influir en el estado de ánimo del supuesto hereje, del cual –después de varios años de prisión–, su voluntad de encontraba completamente debilitada y podía confesar cualquier cosa que se desearan los inquisidores (Cfr. “El procedimiento inquisitorial en el santo oficio”, Revista Mexicana de Justicia, 1993).

En cuanto al formalismo excesivo, vale la pena parafrasear a don Jesús Reyes Heroles quien dijo (o dicen que dijo) que en política la forma es fondo. Así, en los trámites la forma se convierte en fondo. Existen múltiples ejemplos en los que resoluciones fundamentales de órganos de gobierno omiten algún requisito de mera forma (como que no fueron notificados con todas las formalidades), lo cual es aprovechado por los abogados para conseguir la nulidad de la resolución y que ésta ya no tenga validez, no obstante ser adecuada en el fondo.

Otro problema es lo que llamó Carlos Fuentes, en su libro El espejo enterrado, el divorcio entre el país legal y el país real, el cual consiste en que existen normas adecuadas pero que en la práctica no se aplican. Este problema, señala, tiene su origen en la fórmula sacramental que pronunciaban los funcionarios de las colonias al recibir una nueva ordenanza de ultramar: “Obedézcase, pero no se cumpla”. Esta frase implicaba el reconocimiento de la facultad de las autoridades españoles de emitir esos mandatos, pero, a la vez, que no se aplicarían.

La complejidad de los trámites no pasa desapercibida a las autoridades, tanto que, a finales de 2008, con gala de humorismo involuntario, la Secretaría de la Función Pública convocó a un concurso sobre “El trámite más inútil” dirigido a personas que hubieran realizado trámites en el último año. En la ceremonia de premiación el presidente de la República señaló que: “Es muy satisfactorio saber que en este concurso participaron más de 20 mil mexicanos, una gran convocatoria, y esos mexicanos no sólo denunciaron trámites tortuosos, sino también hicieron propuestas realmente innovadoras.”

Actualmente se presenta en México la exposición Castillo sin puertas. Apuntes legales para entender el tiempo del artista cubano Reynier Leyva (La Habana, 1983).1 Las obras que conforman esta exposición fueron elaboradas durante la residencia que realizó este magnífico artista en La Tallera con el apoyo de la galería El Apartamento y Artistas x Artistas.

Reynier transita por los laberintos de la burocracia, lo que le permite transformar trámites abstractos, imposibles, ilógicos en figuras concretas, lógicas y posibles.

Así, en los documentos que conforman esta exposición de Reynier Leyva, Castillo sin puertas. Apuntes legales para entender el tiempo, están presente una serie de documentos en los que constan trámites –algunos resueltos después de muchos años, otros recién iniciados– presentados básicamente ante diferentes poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y autoridades administrativas –principalmente federales, aunque también locales–  (secretarías de Educación, Hacienda y Crédito Público, Cultura, Función Pública, Marina y Relaciones Exteriores, así como Procuraduría Fiscal de la Ciudad de México y Delegación Miguel Hidalgo) e, incluso, organismo constitucionales autónomos (Banco de México).

Los trámites se refieren principalmente al ejercicio del “derecho de petición”, pero también se encuentran “confirmaciones de criterio”, “denuncias administrativas” y “solicitudes de información”. El espectro que comprende el fondo de los asuntos va desde cuestiones relacionadas con el nacimiento hasta la muerte y pasa por asuntos relativos al tránsito, la educación, la nacionalidad, el patrimonio personal y estatal, el Estado de derecho…

Los documentos que integran los trámites administrativos o judiciales, en general, están redactados en un lenguaje convencional, algunas veces espartano y en otras quevediano, que utiliza en múltiples ocasiones gerundios imposibles e improbables. Los documentos oficiales utilizan un lenguaje casi sacramental, sólo para iniciados (los abogados se convierten en pseudognosticos), como en el caso de las resoluciones de los juicos de amparo, en las cuales –después de cien, doscientas o quinientas páginas, se concluye así–: “VISTOS, para resolver los autos del juicio de amparo […] Por lo expuesto, fundado y con apoyo, además de los artículos […], se: RESUELVE […] TERCERO. La justicia de la Unión ampara y protege a […] contra los actos y autoridades precisados en el resultando primero y de acuerdo a las consideraciones establecidas en el último considerando de esta sentencia”.

Si bien, como es sabido, nuestro derecho tiene su raíz en el derecho romano, es evidente que el formalismo excesivo de éste en su primera época dejó una huella indeleble.  Así, en los trámites jurídicos se aprecia claramente la influencia del derecho romano preclásico –el de la Ley de las Doce Tablas–, cuando el Sumo Potificex era el poseedor de todas las fórmulas sacramentales para poder ejercer acciones legales e incluso sabía cuáles eran los días fastos y nefastos para ejercerlas.

Escritos en los que las contradicciones son evidentes: te niegan lo solicitado en franco desapego a la legislación aplicable, pero te envían “un cordial saludo”.

Algunos de estos trámites se resolverán pronto, otros continuarán a través de los años, lo que inserta a esta serie en la categoría de las “obras incompletas”, ya que se trata de obras con vida propia y que continuarán ejecutándose durante tiempo indeterminado y la documentación que se generará (la cual constituye parte de la obra) también será indefinida; su conclusión no dependerá del artista sino de la interacción que haya, en este caso, con las autoridades.

Por último, al revisar estas obras que conforman la exposición, que está integrada principalmente por trámites iniciador por Reynier, es importante tener presente la pregunta que se formuló hace muchos años Piero Manzoni respecto a qué era el arte y a la cual pudo responder después de muchas tribulaciones: “arte es todo lo que hace un artista”. Así está conclusión dio sustento a obras de Manzoni como el aliento del artista hasta llegar al extremo escatológico de la Merda d´artista. En el mismo sentido, también da sustento a la obra de Reynier, ya que sus trámites se convierten, por una parte, en su inspiración y, por la otra, en la materia sobre la que construye su obra artística. Hay quien pensará que es la misma cosa la Merda de Manzoni y los trámites de Leyva.

Ismael Reyes Retana Tello2. Abogado constitucionalista y socio del despacho de abogados White & Case.


1 La exposición se encuentra abierta en la Fudación Marso (Berlín 37) hasta el 30 de noviembre de 2018.

2 Este ensayo se lo dedico a Christian Gundín, a Carlos Garaicoa, a Taiyana Pimentel (quienes hicieron posible esta exposición) y, por supuesto, al Chino Novo.