Una cruz latina de más de 12 metros de altura se ha abierto paso y ha llegado hasta la escalinata de la Corte Suprema de Estados Unidos. En efecto, en el caso The American Legion v. American Humanist Association, la Corte analizará si es constitucional que la cruz de Bladensburg siga siendo exhibida y preservada en espacios y con recursos públicos. En específico, esta Corte examinará si dicha actuación estatal vulnera la Primera Enmienda, la cual prohíbe que el gobierno imponga una religión oficial o que favorezca un culto religioso sobre otro.

La cruz de la discordia

La cruz de Bladensburg es una cruz de hormigón que se terminó de construir en 1925, y que tiene como finalidad honrar a 49 soldados caídos durante la Primera Guerra Mundial. Esta obra colosal —que emula la cruz del Calvario, según los medios de comunicación— se encuentra enclavada en una intersección de alta afluencia vehicular en la comunidad de Bladensburg, Maryland. En un principio, la construcción y el mantenimiento de la cruz corrieron a cargo de particulares, apoyados por The American Legion, una asociación de veteranos de guerra estadounidenses. Posteriormente —en 1961, y derivado de problemas de seguridad vial—, la cruz y el terreno donde se halla pasaron a formar parte de la Maryland-National Capital Park and Planning Commission, una entidad estatal, la cual se ha hecho responsable de la Cruz y del terreno donde se encuentra, invirtiendo cerca de $250 mil dólares en su preservación.

American Humanist Association y el camino a la Corte Suprema

El primer peldaño en este singular caso se dio cuando un grupo de vecinos de Bladensburg, junto con American Humanist Association, una asociación cuya filosofía pugna por la separación entre iglesia y Estado, presentaron una demanda ante la Corte de Distrito para el Distrito de Maryland, alegando que la actuación gubernamental relacionada con la cruz vulneraba la Primera Enmienda. La Corte de Distrito desestimó su pretensión señalando que la actividad estatal respecto a la efigie tenía un propósito meramente secular, además de que dicha actividad no favorecía a ninguna religión en concreto.

Inconformes, los demandantes acudieron ante la Corte de Apelaciones para el Cuarto Circuito. Esta Corte revocó la sentencia de primera instancia. Para tal efecto, aplicó el llamado test Lemon, derivado del caso Lemon v. Kurtzman. Este test consta de tres etapas para determinar si la actuación estatal, en este tipo de asuntos, se ajusta a la Primera Enmienda.

El primer paso consiste en que la actuación de la autoridad debe perseguir un fin secular. La Corte de Apelaciones señaló que sí se cumplía con este punto, ya que la Maryland-National Capital Park and Planning Commission, al administrar la cruz, tenía como finalidad mantener la seguridad vial, además de que buscaba conservar en buenas condiciones un memorial de guerra. Luego, lo que prescribe este test, es que, aunque la actuación estatal persiga un fin secular, ésta no debe tener como primer efecto respaldar a alguna religión. Al respecto determinó que no se cumplía, ya que, para un “observador razonable”, la cruz podía generar el efecto inmediato de que el Estado se encontraba favoreciendo a la religión cristiana. Por último, respecto al tercer punto del test, el cual consiste en que la actuación del gobierno no debe entrañar un compromiso excesivo entre iglesia y Estado, la Corte de Apelaciones determinó que tampoco se cumplía, ya que la autoridad había invertido grandes sumas de dinero en la efigie.

En suma, la Corte de Apelaciones determinó que la preservación de la cruz de Bladensburg violaba la Primera Enmienda al erosionar la separación entre iglesia y Estado. Y, determinó, remover o alterar la Cruz para crear un memorial más inclusivo para otras religiones.

Memorial de guerra o símbolo religioso

Esta resolución de la Corte de Apelaciones es la que examinará la Corte Suprema, ya que The American Legion estimó que es contraria a la jurisprudencia del propio Tribunal Supremo. En efecto, esta asociación hace valer diversos argumentos que vale la pena comentar. Lo primero que hace es poner sobre la mesa el hecho de que, de confirmarse la sentencia, muchos memoriales de guerra podrían ser retirados. La asociación de veteranos pone énfasis en que el monumento simplemente tiene la forma de una cruz e, incluso si se considerara que dicha efigie expele un contenido religioso, la cruz es un elemento pasivo que no transmite ningún mensaje de conversión religiosa. Al respecto, cita el caso Van Orden v. Perry, en el cual se analizó si la preservación de un monumento de los diez mandamientos que se ubica en el capitolio texano vulneraba la Primera Enmienda. The American Legion destaca que en este asunto no se utilizó el test Lemon y, más bien, se tomó en cuenta la naturaleza pasiva del monumento y su contenido histórico. La asociación puso de relieve que en esta sentencia la Corte Suprema determinó que dicho monumento debía permanecer ya que tenía un innegable significado histórico. Además de que, aunque tuviera un mensaje religioso, el retiro del monumento podría verse como un acto de hostilidad religiosa, contrario al espíritu de neutralidad que emana de la Primera Enmienda. The American Legion pide que se aplique esta visión de patrimonio histórico en lugar del test Lemon.

Por su parte, American Humanist Association insiste en señalar que la Cruz manda un mensaje de favoritismo a la religión cristiana. Precisa que el efecto que produce la efigie es religioso y no secular. Se queja de que el Estado exhiba y mantenga un símbolo religioso en medio de una transitada intersección vehicular. Duda mucho de que la primera impresión de un observador razonable sea la de percibir la cruz como un memorial de guerra más que como un símbolo religioso. Citando el caso Salazar v. Buono, remata diciendo que “[l]a cruz es, por supuesto, el símbolo preeminente del Cristianismo”.

Lemon o Van Orden

La Corte Suprema podría decantarse por uno de estos dos criterios. Por un lado, tenemos la visión de que la cruz de Bladensburg es por antonomasia un símbolo del cristianismo, con el cual se pretende mandar un mensaje de favoritismo religioso. Esta visión pugna por una división estricta entre iglesia y Estado. Por otro lado, tenemos una visión que entiende que muchos de estos monumentos, a través de una asimilación cultural, han pasado a representar parte de la historia de una nación, y ya no persiguen, como primera finalidad, la evangelización de las personas. El próximo 27 de febrero, la Corte Suprema escuchará los argumentos orales de las partes. Veremos si el hormigón del que está hecho la cruz de Bladensburg resiste los embates de American Humanist Association.

Héctor Ivar Hidalgo Flores. Estudiante de la maestría en Juicio Oral y Proceso Penal Acusatorio en el INACIPE. Twitter: @_hector_hidalgo