Es cierto que la tecnología avanza más rápido que el derecho. No obstante, los jueces, por muy novedosas que sean las controversias que se les presentan, se encuentran obligados a resolverlas. Pues bien, dentro de las nuevas problemáticas que están llegando a los tribunales se encuentran las generadas por el uso de emojis —o de sus hermanos emoticonos—. Ya que, contrario a lo que se piensa, el uso de estos pequeños iconos digitales podría tener serias consecuencias legales.

En un principio, los emojis fueron considerados como un simple ornamento propio del argot cibernético. No obstante, los datos muestran que su uso ha adquirido cierta relevancia en los procesos judiciales. El profesor Eric Goldman, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santa Clara, California, ha hecho un rastreo de los vocablos “emoji” y “emoticono” en las resoluciones que emiten las cortes de Estados Unidos. La información nos muestra un crecimiento relevante de los asuntos (171 en total) en que estos iconos digitales, de alguna u otra forma, han estado involucrados (véase Gráfica 1). En México, por ejemplo, de una búsqueda de las palabras “emoji” y “emoticón” en los portales de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal —los cuales nos podrían proporcionar ciertas cifras al respecto— no se desprenden aún resultados relacionados con los pequeños símbolos digitales.

Gráfica 1: Resoluciones de las cortes de Estados Unidos relacionadas con las palabras “emoji” y “emoticono”, 2004-2018

Fuente: Technology & Marketing Law Blog

Los asuntos en que están involucrados los emojis —por lo menos los que comentaremos— tienen impacto en dos ramas del derecho: penal y civil. Nos concentraremos en los casos de las cortes de Estados Unidos, pero haremos mención también de un asunto de Israel, ya que los emojis no tienen fronteras.

Emojis como amenaza: pistolas, cuchillos, bombas y más

Los códigos penales castigan las amenazas debido a que ponen en riesgo la tranquilidad y la seguridad de las personas. Los jueces se han tenido que enfrentar —o se van a enfrentar— a situaciones en las que es necesario desentrañar el significado de determinados emojis, sobre todo para aclarar si, en el caso concreto, existe una verdadera amenaza en contra de una persona.

Por ejemplo, un caso que se dio en Nueva York, donde un adolescente de 17 años fue acusado de realizar amenazas en contra de la policía; el adolescente posteó en su Facebook personal una serie de emojis que representaban a un policía siendo apuntado por dos pistolas. El fiscal del caso argumentó que tales iconos constituían una amenaza a la policía, haciéndolos sentir intimidados y acosados. Por su parte, el defensor del acusado señaló que este no había verdaderamente amenazado a nadie, y que el post se refería simplemente a un disgusto basado en una experiencia particular, y que el procesado nunca llevaría a cabo un ataque en contra de la policía. Al final de cuentas, el jurado —por no tener clara la intención del acusado— decidió absolverlo del cargo de amenazas.

Otro asunto se dio en Virginia, donde una adolescente de 12 años fue acusada de amenazas después de postear en Instagram la siguiente frase: “Nos vemos en la biblioteca el martes [y tres emojis: una pistola, un cuchillo y una bomba]”. La adolescente admitió haber realizado la publicación, lo anterior como reacción al bullying del que era víctima. Por otra parte, un vocero oficial de la institución académica manifestó que las supuestas amenazas eran poco creíbles. No obstante, la adolescente fue citada a comparecer ante la corte juvenil bajo los cargos de amenaza y de acoso cibernético.

En Carolina del Sur se dio un caso en que dos personas fueron arrestadas por enviar los siguientes emojis a través del messenger de Facebook:

Fuente: stuff.com.nz

Los iconos digitales tenían como destinatario a un sujeto al cual ya habían intentado atacar. La policía entendió que los emojis significaban que los detenidos iban a golpear y a enviar al hospital al sujeto en cuestión. Es claro que en este asunto el intento de ataque previo fue crucial para considerar que las amenazas representaban un peligro real.

En México, por ejemplo, el código penal federal establece que “[a]l que de cualquier modo amenace a otro con causarle un mal en su persona, en sus bienes, en su honor o en sus derechos” se le sancionará de tres días a un año de prisión. Por tanto, no existe obstáculo para que alguna persona pueda ser amenazada a través de redes sociales y, en específico, con emojis. El problema, como hemos visto, consiste en la interpretación que se le dé a los iconos digitales. Si bien en algunos casos el contexto de la situación podría ayudarnos con su semántica, en otros podría ser necesario interpretarlos de manera aislada. En materia civil, como veremos a continuación, también pueden surgir confusiones.

Emojis como expresión de la voluntad: botellas de champán, smileys y demás.

Los emojis también han causado controversias en materia civil. Por ejemplo, un caso en Israel, en el cual una persona publicó un anuncio en línea donde ponía en renta su departamento. El sujeto en cuestión recibió el siguiente mensaje de los interesados: “Buenos días. Interesados en el departamento. Solo necesitamos discutir los detalles. ¿Cuándo podríamos vernos?”. Este mensaje fue acompañado de una serie de diversos emojis, como una botella de champán, un smile y un signo de amor y paz hecho con la mano, unas mujeres danzantes, etc. Confiado en que ya se había cerrado el trato, el arrendador retiró el anuncio. Sin embargo, los arrendatarios dejaron de contestar sus mensajes, por lo que el arrendador los demandó por incumplimiento de contrato. El juez del caso declaró procedente la acción, tomando en cuenta lo efusivo del mensaje, y condenó a los demandados a pagar $2,200 dólares en daños y perjuicios.

El código civil federal mexicano establece que el consentimiento para suscribir un contrato se puede manifestar “verbalmente, por escrito, por medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra tecnología, o por signos inequívocos” [Énfasis del autor]. Por lo que podríamos considerar que, en nuestro país, también sería factible llegar a algún acuerdo a través de comunicaciones digitales y por emojis. Por otro lado, volvemos a ver que los jueces tienen que lidiar con símbolos digitales que cada día son más y más; por lo que ya podríamos poner a discusión la necesidad —en caso de que los órganos jurisdiccionales no estuvieran familiarizados con los iconos informáticos o en los que estos fueran de muy difícil interpretación— de contar con peritos en emojis. Esta necesidad ya ha sido puesta sobre la mesa.

Finalmente, en un asunto en Michigan, el cual se refiere a un caso de daño moral, se tuvo que analizar si un mensaje posteado en un foro de internet, el cual acusaba a un funcionario de corrupción, perdía su trascendencia al incluir al final el siguiente emoticono: 😛 La Corte de Apelaciones de Michigan determinó que el emoticono con la lengua de fuera denotaba broma y sarcasmo, por lo que absolvió al demandado.

Como hemos visto, el uso de emojis podría tener serias consecuencias legales. Por tanto, los jueces van a tener que seguir desentrañando el significado de estas pequeñas imágenes digitales. Ya que, como se ha dicho, “los emojis son cada vez más reconocidos no como simples bromas u ornamentos, sino como una verdadera forma de comunicación”.

Héctor Ivar Hidalgo Flores. Estudiante de la maestría en Juicio Oral y Proceso Penal Acusatorio en el INACIPE. Twitter: @_hector_hidalgo