Allí habita Escila que lanza atronadores aullidos.
Su voz, en efecto, es como la de un joven cachorro,
pero ella es un monstruo espantoso.

Nadie se alegraría de verla, ni siquiera un dios que se topara con ella.
Tiene doce patas, todas deformes y seis cuellos larguísimos,
y sobre cada uno de ellos una cabeza horrible,
y en ellas tres filas de dientes, agudos y apretados…
Homero, Odisea, XII 

…por lo que fealdad y enfermedad se consideran
bondades menores en vez de males auténticos.
Grossatesta, In divisione 

Yo, privado de esta bella proporción,
desprovisto de todo encanto por la pérfida naturaleza;
deforme, sin acabar, enviado antes de tiempo a este latente mundo;
terminado a medias, y eso tan imperfectamente y fuera de la moda,
que los perros me ladran cuando ante ellos me paro…
Shakespeare, Ricardo III, I

 

Cuando la fealdad era ilegal. “Ugly? You May Have a Case”

La belleza —escribe Susan Sontag— forma parte de la historia de la idealización, y se define a sí misma como la antítesis de lo feo. Es obvio —agrega— que no se puede decir que algo es bello si uno no está dispuesto a decir que algo es feo. Pero cada vez hay más y más tabúes a propósito de llamar a algo, lo que sea, feo. (Para una explicación, véase primero, no el ascenso de la noción “políticamente correcto”, sino la ideología en desarrollo del consumismo, y luego la complicidad entre ambas.) Lo que importa es encontrar lo bello en lo que no había sido hasta entonces percibido como bello (o la belleza dentro de la fealdad).

La fealdad puede ser un estigma —sostiene Martínez Hoyos—, también algo de lo que uno se apropia para convertir lo negativo en positivo. La comercialización de “muñecos feos” (uglydolls), o las fiestas de feos en Italia (festa dei brutti), apuntan hacia una subversión de principios comúnmente aceptados. El sujeto se libera así de la tiranía de cierta estética, construida como un instrumento de control social y de producción de desigualdades. La pregunta sobre lo que es feo y lo que no, adquiere así dimensiones insospechadas. En Historia de la fealdad, Umberto Eco reconoce, como punto de partida, que decir que belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas (o incluso con los planetas) no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable:

“Se podría incluso sugerir, como hizo Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, que en lo bello el hombre se pone a sí mismo como medida de la perfección y se adora en ello. El hombre en el fondo se mira en el espejo de las cosas, considera bello todo aquello que le devuelve su imagen. Lo feo se entiende como señal y síntoma de degeneración…Karl Rosenkratz establece una analogía entre lo feo y el mal moral. Del mismo modo que el mal y el pecado se oponen al bien, y son su infierno, así también lo feo es el infierno de lo bello…[Y] justamente cuando se pasa de las definiciones abstractas a una fenomenología de las distintas encarnaciones de lo feo, es cuando nos deja entrever una especie de autonomía de lo feo, que lo convierte en algo mucho más rico y complejo que una simple serie de negaciones de las distintas formas de belleza”.

La fealdad estuvo en la mira de las instituciones jurídicas, por lo menos, desde la primera mitad del siglo XVIII y hasta muy entrado el siglo XX. En el Reino Unido, allá por 1729, se recomendó instaurar sanciones contra personas con discapacidades físicas que deambularan por las calles. Y a mediados del siglo XIX, en Estados Unidos, eran de uso común las ugly laws; la Guerra Civil había terminado recientemente y era normal la presencia de viandantes-excombatientes, con heridas o mutilaciones provocadas por su participación en la guerra. Así, en 1881, un concejal de Chicago llamado James Peevey, describió a los menesterosos en la vía pública como “obstrucciones callejeras humanas”, e impulsó la emisión de una normativa local que prohibía estar a la vista a cualquier persona “enferma; mutilada, o con cualquier deformidad que la tornara repugnante o desagradable”. Y un artículo publicado, también en 1881, en Chicago Tribune, dio cuenta de que Peevey se quejaba de la presencia urbana de individuos con una sola pierna, los ojos desorbitados y el rostro lúgubre, practicando la mendicidad, y también propuso suprimir a una mujer que andaba por las calles, con dos niños enfermos, cantando Mollie Darling, incesantemente. Por el ilícito de ser antiestético, los menesterosos podían ser sancionados con multas que iban desde $1.00 hasta $50.00 dólares (aproximadamente, $1,100 dólares hoy día). El primer arresto, en aplicación de las ugly laws, se dio en julio 1867, en contra de Martin Oates, un veterano de la Guerra Civil.

La emisión de las ugly laws en varias partes de Estados Unidos (Chicago, Cleveland, Colombus, Omaha y Pennsylvania, por ejemplo), coincidió con el movimiento City Beautiful, también de la posguerra, que estaba basado en el ideal de que las ciudades deberían ser lo más estéticamente prístinas que fuera posible. Esa época coincidía también con una mayor afluencia de inmigrantes, de veteranos de Guerra y de esclavos que habían sido liberados. El último acto de aplicación de estas leyes, se dio en Omaha, en 1974, cuando un homeless, con cicatrices, y “marcas visibles en todo el cuerpo”, fue arrestado. El asunto llegó al tamiz del juez Walter Cropper, quien advirtió que no había una definición legal para “lo feo”, y que para efectos penales, tendría que acreditarse fehacientemente que alguien era feo. Por tanto, a falta de encuadre del arrestado con la vieja normatividad, Gary Bucchino, el fiscal de la ciudad no presentó cargos. Ese mismo año fue abrogada la ugly law de Chicago.

Esas normatividades han sido erradicadas de la faz de la tierra, pero la fealdad sigue siendo ponderada bajo los tamices de la lucha contra la discriminación. Así, por ejemplo, Daniel S. Hamermesh en su artículo Ugly? You May Have a Case, analiza el impacto de la apariencia física en el mercado laboral, particularmente en las contrataciones y en las remuneraciones (aproximadamente, una diferencia de $230,000 dólares a lo largo de toda la vida laboral, con respecto a la gente “bien parecida”), y propone una solución que él mismo llama radical: brindar protección legal a la gente fea, de la misma forma como se hace con otros grupos vulnerables. Y cita, como ejemplo, algunas experiencias exitosas en California y en Columbia, donde está prohibido el trato discriminatorio por el aspecto físico en contrataciones, promociones, acceso a créditos hipotecarios y otras áreas. Hamermesh propone que haya programas de acción afirmativa para la gente fea. El problema —acota— es que la “fealdad” no es un rasgo personal que muchas personas estén dispuestas a admitir y a la cual adherirse; pero la “recuperación” de esos $230,000 dólares en ganancias laborales para toda la vida, podría ser un incentivo interesante. Por su parte, María Paula Saffon, de Dejusticia, admite que el problema de la discriminación por razones de fealdad es que, a diferencia de otras formas de discriminación basadas en la raza, la religión o el género, resulta muy difícil de identificar y, por ende, de denunciar y evitar. De hecho, siempre existirán otras razones detrás de las cuales puede esconderse la verdadera motivación de un profesor para poner una peor nota a un estudiante o de un empleador para no contratar a un trabajador por el hecho de ser feo. Además, siempre podrá acudirse al argumento de que la estética es subjetiva y, por tanto, la discriminación fundada en ella es imposible de controlar, pues lo que para unos es feo para otros puede ser bonito.

La Constitución mexicana prohíbe toda discriminación, y particularmente, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación la define como toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que, por acción u omisión, con intención o sin ella, no sea objetiva, racional ni proporcional y tenga por objeto o resultado obstaculizar, restringir, impedir, menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades, cuando se base en uno o más de los siguientes motivos: el origen étnico o nacional, el color de piel, la cultura, el sexo, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, económica, de salud o jurídica, la religión, la apariencia física, las características genéticas, la situación migratoria, el embarazo, la lengua, las opiniones, las preferencias sexuales, la identidad o filiación política, el estado civil, la situación familiar, las responsabilidades familiares, el idioma, los antecedentes penales o cualquier otro motivo.

A continuación, daré algunos ejemplos sobre la ponderación de la fealdad en el debate parlamentario, en la ornamentación del hogar y, en un caso visto en el Tribunal de Apelaciones de Ancona, Italia, cuya fealdad fue mitigada, en la medida de lo posible, por la Corte de Casación.

El juicio estético en el debate parlamentario

Sucedió en la Cámara de Diputados de Brasil, en mayo de 2007. La diputada Cida Diogo, del Partido de los Trabajadores, anunció que demandaría civilmente a su colega Clodovil Hernandes, del Partido Trabalhista Cristiano, porque días atrás le dijo que era muy fea y que “no servía ni para ser prostituta”.Estoy discutiendo con mi abogado la idea de preparar una acción y procesarlo por daños morales y difamación, dijo la diputada. Clodovil Hernandes, conocido diseñador y modista, se caracterizaba (murió en 2009) por sus declaraciones polémicas y desafiantes. Días antes del altercado con Diogo, el diputado había criticado a las brasileñas que trabajan acostadas y descansan de pie“. Entonces, cuando Cida Diogo quiso increparlo en la Cámara por sus ofensas a las mujeres brasileñas, Clodovil respondió que no debía sentirse aludida ni ofendida por sus palabras, porque en realidad era tan fea que no servía para ser prostituta”. Tras ello, la legisladora comenzó a llorar, y acompañada de otras diputadas, expresaron su repudio ante el presidente de la Mesa Directiva. También presentaron una queja formal en contra del diputado, por agresión verbal; que fue, por la relevancia del caso, ponderada por la Comisión de Ética y Decoro.

También en Brasil, en febrero de 2019, sucedió que el magistrado Luiz Fux, del Supremo Tribunal Federal, resolvió suspender dos demandas en trámite en contra del presidente Jair Bolsonaro, por apología de la violación e injuria. Y esto se debe a que, de acuerdo con la Constitución, el presidente de la República en el ejercicio de su cargo no puede ser procesado por hechos ajenos a su mandato. Por ello, las demandas podrán ser retomadas una vez que Bolsonaro deje el poder. En su decisión, el magistrado Fux explica que es un hecho público que Bolsonaro asumió la presidencia de la República el 1 de enero de 2019, por lo que se le aplica la inmunidad temporal de jefes de Estado y de Gobierno que dicta la Constitución. Las dos demandas hacen referencia a un episodio ocurrido en 2014, entre Bolsonaro, entonces diputado, y la Ministra de la Secretaría Especial de Derechos Humanos, y la también diputada, Maria do Rosário. Bolsonaro afirmó que Maria do Rosário no merecía ser violada porque la consideraba “muy fea” y no era “su tipo” (textualmente, en el idioma de Camões: “…Ela não merece (…), porque ela é muito feia, não faz meu gênero, jamais a estupraria. Eu não sou estuprador, mas, se fosse, não iria estuprar, porque não merece…”). Ya había un antecedente, de 2003, al que se le agregó el episodio de 2014, del que Bolsonaro se limitó a decir que se trató de un “acto reflejo”.

El juicio estético en el look Prada

En octubre de 2012, un tribunal de Tokio desestimó una demanda por acoso sexual y despido injustificado, presentada en contra del consorcio italiano Prada. Un ejecutivo de dicha empresa había sido acusado por una empleada, de pedirle que perdiera peso y por tratarla de “fea”. La demandante, Rina Bovrisse, reclamaba 58 millones de yenes por la angustia emocional provocada por el caso. Bovrisse acusó a Prada de haberle pedido, a través de un director de recursos humanos, que cambiara su corte de pelo, que perdiera peso y que se asegurara de tener el look Prada“. No obstante, según el tribunal, aunque el director de recursos humanos reconoció que Prada deseaba que Bovrisse perdiera peso, el comentario, a pesar de estar fuera de lugar, no debería haber causado una angustia tan aguda como para pedir una compensación; y la demandante no pudo probar que el responsable la hubiera tratado de “fea”. Sobre este asunto, Bovrisse sostiene:

“Tras observar los abusos que tenían lugar en al ámbito laboral y de los que yo misma era objeto, me puse en contacto con la sede principal de Prada en Milán en septiembre del año 2009. Pero una de las respuestas que recibí fue una carta de dimisión que debía firmar y remitir a Prada…En el juicio, el director ejecutivo aseguró que el acoso sexual y la discriminación a las empleadas es una práctica requerida para mantener la imagen de marca de Prada. También señaló que la figura de una mujer es también el equivalente de dar servicio al cliente…”

Además, Bovrisse afirmó que la jueza encargada del caso, Reiko Morioka, admitió que la demandante había sido objeto de discriminación y acoso sexual por parte de Prada, pero que esta era una práctica común en Prada y, por tanto, legal. Así, el caso fue desestimado por la justicia japonesa; y tras ello, Prada demandó a Bovrisse por difamación, y en noviembre de 2013, el tribunal resolvió que el acto de Rina de traer a la luz las prácticas discriminatorias de la compañía, dañó la imagen de Prada.

El juicio estético en el discreto encanto de la burguesía

A finales de febrero de 2010, en Nueva York, la firma inmobiliaria Paramount Realty Group, demandó a una muy adinerada pareja islandesa (conformada por Jon Asgeir Johannesson, e Ingibjorg Palmadottir) El motivo de la demanda fue el haber montado una “fea” cocina con muebles de Ikea y les reclamó una indemnización de 52,000 dólares. Según Paramount Realty Group —que alquiló el departamento a la pareja, para luego subarrendarlo a terceras personas—, los muebles elegidos por ellos eran vulgares para el nivel del inmueble. Además, los islandeses se habían comprometido a realizar una serie de reformas a la vivienda, antes de ponerla en alquiler (26,000 dólares al mes). Entonces, los nuevos inquilinos se quedaron perplejos al haber encontrado feos “… muebles Ikea, que se deshacen a los ocho meses”.

El juicio estético en las fake news jurídicas

En el vasto universo de las fake news, el quehacer jurídico suele ser un cliente habitual, y con cierta regularidad se recicla una historia, presuntamente originada en China, con diversos encabezados, como por ejemplo: “Demandó a su mujer por fea y le pagaron 120 mil dólares”; “¡Extra!, ¡extra!, ¡¡una mujer debe indemnizar a su ex marido porque sus hijos no heredaron su belleza!!”. La especie noticiosa da cuenta de un residente del norte de China, que afirmó que su entonces esposa lo había engañado al someterse (antes de conocer a su marido) a cirugías estéticas para mejorar su aspecto. “Me casé con ella por amor pero en cuanto nació nuestra primera hija, apareció un problema. Es tan fea que me asustó”, explicó el señor Feng, quien argumentando que, toda vez que su hija no se parecía a él, acusó a su esposa de infidelidad. Fue entonces cuando ella admitió haber recurrido a operaciones plásticas antes de conocerlo. Feng se divorció de su mujer e interpuso la demanda que un tribunal satisfizo. En la red circulan reportajes que muestran fotografías de la mujer antes y después de la operación, y la foto familiar que muestra a tres niños que en muy poco se parecen a sus padres. El hoax remata afirmando que el señor Feng recibió una indemnización superior a 120 mil dólares.

El juicio estético para exculpar en la apelación

Sucedió en Ancona, Italia, en marzo de 2015: una joven peruana de 22 años (llamémosle “N”), se presentó en el hospital, acompañada por su madre, diciendo que, en vísperas, había sido violada por otro joven (llamémosle “M”), que a su vez, tuvo un cómplice. Resulta que “N” conocía a ambos individuos porque iban a la misma escuela nocturna, y después de clases, fueron los tres a tomar unas cervezas. La ingesta de alcohol se fue incrementando, y la chica afirma que al poco tiempo fue agredida sexualmente por “M”, mientras que el otro vigilaba que nadie les viera. “N” sostiene haberse opuesto enfáticamente a tener relaciones sexuales con “M”. Los médicos encontraron en la joven lesiones identificables ostensiblemente con una violación (“N” tuvo que recibir varias puntadas); así como elevados niveles de benzodiazepinas (que disminuyen la excitación neuronal y que tienen un efecto antiepiléptico, ansiolítico, hipnótico y relajante muscular) en su sangre.

Según los dos imputados, la relación sexual había sido consentida por la mujer, pero en primera instancia, prevaleció la versión “N”, que afirmó haberse negado a ello. Los dos jóvenes (también de origen peruano), fueron procesados y en julio de 2016, “M” fue sentenciado a cinco años de prisión, y a tres años el amigo cómplice del violador. Los condenados interpusieron recurso ante el Tribunal de Apelación de Ancona, que en noviembre de 2017, dijo que todo había sigo una “treta” de la joven, y absolvió a los dos sujetos. Las motivazioni de las tres magistradas de Ancona, concluyen:

“…En definitiva, no se puede descartar que haya sido “N” quien organizóla noche “goliárdica”, encontrando así una excusa con su madre; bebiendo como los demás; y comenzando a provocar a “M” (a quien la joven ni siquiera le gustaba, a tal grado que tenía registrado en su celular el teléfono de ella con el nombre de “N Vikingo”, aludiendo así a una personalidad que no era femenina, sino más bien, masculina, tal comoparece confirmarla fotografía incluida en el expediente) induciéndolo a tener relaciones sexuales con ella, por una especie de desafío”.

Deducir —como afirma Gómez Fuentes— que lo más probable es que la joven se haya inventado todo porque es demasiado masculina y sin atractivo, sería de pésimo gusto e imperdonable en una tertulia de bar; pero leerlo en una sentencia judicial causa estupor e indignación. Produce aún mayor efecto saber que la sentencia está firmada por tres juezas. Por su parte, la frase “tal como parece confirmar la fotografía incluida en el expediente”, supone una forma ulterior de violencia para la víctima. Y por si no fueran ya muy sorprendentes las motivaciones del Tribunal de Ancona, las impartidoras de justicia se refieren a “N” como “la scaltra peruviana” (la astuta peruana).

Según Cinzia Molinaro, abogada de la víctima, las magistradas basaron su decisión de exculpar a los hombres en varias razones, y una de ellas fue el argumento utilizado por los acusados en el que aseguraban que ella no les había gustado porque era fea. Para Sergio Sottani, el fiscal general de Ancona, que impugnó la sentencia de las magistradas, “se debe evitar que las palabras que se utilizan puedan constituir una forma más de violencia contra la mujer”, y rechazó que “la falta de atracción sexual del presunto violador por la víctima pueda representar un elemento en apoyo de la falta de responsabilidad”. Y para Valeria Valente, senadora por el Partido Demócrata: “….un juez no puede hacer valoraciones estéticas. Un lenguaje, como el utilizado por las tres magistradas de Ancona, en contra de la joven peruana, descrita como demasiado fea para ser deseable, resulta riesgoso en estos momentos difíciles para el país, con fuertes tendencias regresivas, y representa un retroceso de muchos años para nuestra jurisprudencia. Un lenguaje peligroso, porque transmite a las generaciones más jóvenes un mensaje equivocado y negativo”.

En marzo de 2019, la Corte de Casación anuló la sentencia, con reenvío al Tribunal de Apelaciones de Perugia, a más de 100 kilómetros de distancia del Tribunal de Ancona.

Año con año, Women’s Link Worldwide entrega —además de los premios “Mallete”— los premios “Garrote” a las decisiones judiciales que son retrógradas y discriminatorias. Es un premio de carácter negativo, es decir, se trata de un reproche frente a las actuaciones judiciales que se basan en estereotipos y prejuicios acerca de los roles de género, la sexualidad y la reproducción. Dependiendo —o con independencia— de lo que se resuelva en Perugia, la sentencia del Tribunal de Ancona, parece candidata a resultar nominada a dicho “galardón”.

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en Administración Pública; Maestro en Administración Pública; Licenciado en Derecho. Autor de: Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.