“Solo Dios sabe qué pasará con el Popocatépetl”
—Residente de Ecatzingo, Edo. Mex. 

El tsunami

La seguridad mitiga la incertidumbre que conllevatodo riesgo, y con mayor precisión, el “riesgo inminente” (entendido como aquél que, según la opinión de una instancia técnica especializada, debe considerar la realización de acciones inmediatas en virtud de existir condiciones o altas probabilidades de que se produzcan los efectos adversos sobre un agente afectable). La seguridad es también semillero de confianza, uno de los tesoros escondidos del capital social. Mostrar confianza —dice Luhmann—, es comportarse como si el futuro fuera cierto [y] va más allá de la información que se recibe del pasado y se arriesga definiendo el futuro. Por ello, la complejidad se reduce por medio del acto de la confianza (que) sirve para superar el elemento de incertidumbre que se experimenta como la imposibilidad de predecir el cambio de un objeto.

El 18 de marzo de 2019, la Tercera Sala de la Corte Suprema de Chile condenó al Fisco a pagar una indemnización de $105 millones a la familia de un hombre que falleció en el tsunami que afectó a la ciudad de Talcahuano. Así, el máximo tribunal estableció la responsabilidad del Estado por falta de servicio al generar una falsa sensación de seguridad en la población tras la ocurrencia del fenómeno.

Ilustración: Ricardo Figueroa

En el fallo derivado de la causa (Rol. no. 4185-2018), acerca de la falsa sensación de seguridad, el Alto Tribunal aborda el terremoto y tsunami ocurridos el 27 de febrero de 2010: “…en un país distinto al nuestro, de cultura sísmica antigua y permanente, podría aceptarse que la ocurrencia de un sismo mayor y excepcional, constituya caso fortuito. Sin embargo, frente a un escenario de falta de comunicaciones de cara a la hecatombe acaecida con este suceso, la actuación postrera de las entidades públicas encargadas de intervenir no se divisa que ella se haya visto alterada por los efectos de un supuesto caso fortuito. Y como el mérito de los antecedentes dan cuenta que el señor Intendente de la Región del Bío-Bío de la época, en entrevista a radio Bío-Bío el día 27 de febrero de 2010 a las 5:01 AM y 5:19 AM informó a la comunidad que el Contra Almirante Macchiavello Marceli, había expresado la inexistencia en un horizonte próximo de peligro de tsunami, llamando a la gente a la tranquilidad, a quedarse en casa y a salir sólo en caso de extrema necesidad, resulta entonces que debe examinarse si existió responsabilidad imputable a la autoridad en el suministro del servicio aplicable específicamente a este”.

La Corte Suprema chilena consideró, por tanto, que el correcto funcionamientodel servicio obligaba a la autoridad a transmitir información que se encontrara sustentada en elementosfidedignos, por lo cual incurrió en falta de servicio alllamar a una falsa sensación de calma conminando a lapoblación a prescindir de las providencias de seguridad queespontáneamente había adoptado, sin tener en cuenta lafalta de comunicaciones que le exigía proceder sobre labase de datos ciertos ante una catástrofe como la ocurrida. Y concluyó:

…existió falta de servicio de parte del órgano estatal llamado a adoptar decisiones frente a un estado de catástrofe y decidir las instrucciones que se impartirían a la población para superarla, cuya comunicación fue personificada en el Intendente de la época, reforzada por la intervención de la propia Presidenta de la República, toda vez que sin contar con antecedentes fidedignos, comunicaciones idóneas, ni profesionales técnicos competentes, decidió descartar la posibilidad de ocurrencia de un tsunami, y con ello conminar a la población a permanecer en sus hogares bajo una falsa sensación de ausencia de riesgo.

El terremoto

He comenzado esta nota refiriéndome al caso chileno, por su similitudcon el caso derivado del terremoto de L´Aquila, Italia —ocurrido hace una década, el 6 de abril de 2009—, en el que varios científicos y servidores públicos de la Comisión de Riesgos Mayores fueron sentenciados por haber emitido, días antes del sismo, diversos mensajesque propiciaron que varias personas, que normalmente salían de sus casas cuando comenzaba a temblar, mutaran sus comportamientos y hayan resuelto la madrugada de ese 6 de abril, quedarse en sus viviendas, lo que provocó, en consecuencia, su muerte.

Así, uno de los temas que me parece más importante del caso Grandi Rischi es la ponderación que, en su oportunidad, hizo el juez Marco Billi para establecer el nexo causal entre lo que dijeron los expertos reunidos en la reunión sostenida 6 días antes del terremoto,y la mutación de los hábitos de las víctimas quese decantaron por permanecer en sus casas, en lugar de evacuar, con consecuencias fatales.

En la sentencia de primera instancia, la que declaró culpables a todos los imputados y los condenó a prisión, una de las herramientas de las que echó mano el juez para acreditar el nexo causal entre las declaraciones de los expertos —que, en su opinión, generó efectos tranquilizadores, o falsa seguridad— y la mutación en el comportamiento de las víctimas fue la teoría de las representaciones sociales. Así, el juez Billi escribió en su Sentenzaque las investigaciones científicas han reconocido como, en las sociedades occidentales, la comunicación institucional proveniente de autoridad científica es aquella que se reconoce como la más alta expresión de autoridad y, por tanto, tiene un potencial máximo de persuasión, que se expresa en la capacidad del pensamiento científico de traducirse en representaciones sociales capaces de condicionar el actuar colectivo. Así, la información de tipo científico se transforma en sentido común y se manifiesta en forma de “representaciones sociales”, que derivan, a su vez, en patrones culturales comunes y compartidos. Especialmente, la información científica, al provenir de fuentes autorizadas, crea modelos culturales (representaciones sociales) sólidos y condicionantes. En otras palabras: “se puede sostener que una parte significativa del sentido común del conocimiento colectivo de una sociedad consiste en una representación social con argumentaciones provenientes de la autoridad científica” (pp. 555-556).

Por tanto, para el giudice, la función de las representaciones sociales, precisamente, consiste en permitir “familiarizarse” con aquello que no se comprende y genera inquietud y, por definirlo de algún modo, actuar en concordancia con el universo de ideas en el cual oscilamos. El conocimiento científico, por lo tanto, funciona como arquetipoque proporciona a la sociedad la “interpretación” de lo desconocido, mediante modelos comprensibles y familiares que, en consecuencia, contribuyen a la formación del sentido común, y bajo este principio: “individuos y grupos pueden identificar, definir, interpretar y, en su caso, formar juicios y fijar posturas en relación a fenómenos determinados de la vida social” (pp. 557-558).

Eso llevó al juezBilli a concluir la evidencia de la función revestida, en este contexto, por la autoridad científica, encarnada en los expertos que participaron en la reunión de la Comisión de Riesgos Mayores, el 31 de marzo de 2009: “…la reunión de la Comisión de Riesgos Mayores coincide plenamente con las características del modelo de las representaciones sociales…y en el presente caso puede afirmarse que las víctimas permanecieron en sus casas a consecuencia del mensaje emitido por la Comisión, perdiendo la vida” (p. 565).

¿De dónde surgió entonces la falsa sensación de seguridad? En el caso de la población de L´Aquila, la desorganización informativa había comenzado pocas semanas antes del terremoto del 6 de abril de 2009, con las alertas lanzadas por diversos técnicos —por ejemplo, Giampaolo Giuliani—, que pronosticaban un fuerte terremoto con base en las mediciones del gas radón—. Y el desordenadoflujo informativo continuó con la entrevista “de banqueta” a uno de los “expertos” (Bernardo De Bernardinis) —cuando, a propósito de los recurrentes enjambres sísmicos, dijo que la “comunidad científica” pensaba que era una situación favorable si la tierra descargaba su energía con dichos enjambres, así el potencial terremoto iría perdiendo fuerza—, y concluyó con unafantasmagórica conferencia de prensa tras la reunión de los expertos —digo fantasmagóricaporque el único testimonio de ella son algunas imágenes en video, sin audio, con excepción de una breve frase del propio De Bernardinis: (no esperamos un aumento en la magnitudde los sismos), y tampoco fue repartido ningún comunicado—. 6 días después de todo eso, llegó el terremoto y 308 personas perdieron la vida.

La sentencia condenatoria, dictada por el juez Marco Billi fue anulada, respectivamente, por el Tribunal de Apelación, y por la Corte de Casación.

Comunicando el riesgo, y alejándose de la falsa sensación de ausencia de riesgo

¿Cómo debió haber sido comunicado el riesgo en L´Aquila?, ¿en Talcahuano?, ¿en otras partes? ¿Qué se puede hacer para ser medianamente inmune a falsas sensaciones de seguridad como las propiciadas por gente como Macchiavello Marceli o Bernardo De Bernardinis?

En la toma cotidiana de decisiones, algunas de ellas parecen automáticas, pero las buenas decisiones no se logran fácilmente, sino que son el resultado de un arduo proceso mental en el que —como en el ajedrez— se pondera una cantidad considerable de variables y escenarios. A nivel general, tomar una decisión es el acto de elegir o seleccionar algo. Es un proceso mental en el cual se identifican las acciones o rutas que se habrán de tomar o seguir en la solución de un problema o en la consecución de un fin específico. Para ello se pueden seguir distintas estrategias o pasos, los cuales pueden ir desde una espontánea decisión, hasta una concienzuda y razonada proposición de carácter científico. En cualquier situación decisional se requiere información, un proceso de análisis y criterios de decisión; no obstante, de manera recurrente, las decisiones están basadas en la limitada información disponible.

“Los sismos no se pueden predecir. Ningún método o tecnología actual permite conocer cuando ocurrirán”; es lo primero que se puede observar cuando se ingresa al portal del Servicio Sismológico Nacional. De la misma manera, las Directrices de actuación ante situaciones de desastre por sismos de gran magnitud, de la CNDH, dejan claro que en el estado actual del conocimiento, la ciencia aun no provee la posibilidad de determinar el momento o el lugar en que ocurrirá un sismo (…); por ello, resulta indispensable la preparación (…) para enfrentar un escenario de cuantiosos daños y pérdidas por este fenómeno impredecible; reconociéndose, a su vez, que en muchos casos, la amenaza a los derechos humanos de las personas afectadas no procede del evento natural en sí mismo sino de una inadecuada planificación y respuesta frente al desastre. Por tanto, en estos escenarios de incertidumbre, antes de que se busque generar en la población una falsa sensación de tranquilidad; tendría que propiciarse una más efectiva comunicación del riesgo; y un mayor énfasis en que, de presentarse un desastre, se debe —como sugiere la CNDH— garantizar la protección del derecho a la vida, la seguridad de la persona, la integridad física y la dignidad; el acceso a bienes y servicios y acción humanitaria, así como la protección de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos.

También me parecen atendibles las observaciones emanadas del documento intitulado “Previsión operativa probabilística de los terremotos: estado del conocimiento y lineamientos para su utilización”, elaborado, a raíz del terremoto de hace una década en L´Aquila, por la Comisión Internacional sobre la previsión de los terremotos para la Protección Civil, presidida por Thomas Jordan, connotado sismólogo. El apartado H del estudio se denomina, precisamente “Comunicación al público de la información sobre los terremotos”, que a la letra dice:“Proporcionar previsiones probabilísticas al público de manera coordinada, representa una capacidad operativa importante. Una buena información torna a la población consciente del estado actual de peligrosidad, disminuye el impacto de informaciones infundadas, y contribuye a la reducción del riesgo sísmico y a mejorar la preparación ante los terremotos. Utilizando tecnologías basadas en la web, la previsión probabilística de los terremotos puede quedar disponible para el público de manera continua, no solo durante la crisis, sino también en tiempos en lo que la probabilidad de tener eventos mayores sea baja. Esto educaría a la población sobre las variaciones de la actividad sísmica, aumentando la eficacia de la comunicación púbica en caso de un evento extremo; reduciría las críticas injustificadas y tendría una influencia positiva sobre la voluntad pública de participar en el sistema de protección civil. La experiencia en diferentes zonas sísmicas ha demostrado que la información directa a través de sitios web oficiales accesibles al público, así como también programas especiales de TV, representan modos de comunicación eficaces y aceptados. Los principios para una comunicación pública y eficaz han sido establecidos por investigaciones en el ámbito de las ciencias sociales y deberían ser aplicados en la comunicación de la información sobre la actividad sísmica…Protección Civil, de acuerdo con los principios de las ciencias sociales sobre la comunicación pública efectiva, y de acuerdo con las organizaciones asociadas, debería informar continuamente al público sobre la situación sísmica  (…)con base en previsiones probabilísticas”.

Eso, como mínimo, para no vivir una falsa sensación de seguridad. De lo contrario, como dice doña Leo, de 93 años, “no pasa nada solo Dios sabe qué pasará con el Popocatépetl

Alejandro Anaya Huertas. Doctor en administración pública; maestro en administración pública; licenciado en derecho. Autor de: Jueces, Constitución y Absurdos Jurídicos y del Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.