Lo más difícil de comprender en el mundo es el impuesto sobre la renta

Albert Einstein

Además de los agujeros negros y los Duty-free, parece que solo el pensamiento y alguna otra singularidad del universo están verdaderamente libres de impuestos. En cuanto al “universo paralelo” de las declaraciones de impuestos, la complejidad es desplazada por una hipercomplejidad equiparable a la de la Teoría de las supercuerdas. ¡Qué triunfo personal tan insignificante, pero triunfo al fin es el envío en ceros de la Declaración Informativa de Operaciones con Terceros! Y obtener el acuse…es el Satori.

Si Milton Friedman se mostró siempre partidario de reducir impuestos, bajo cualquier circunstancia y por cualquier excusa, por cualquier razón y en cualquier momento en que fuere posible, es cierto, empero, que no se puede (¿ni se debe?) llegar al estado idílico de la supresión total de absolutamente todos los impuestos. Por eso, esta nota es un cumplido homenaje a todos aquellos que “con la ley en la mano” han luchado con éxito o sin él, por lograr las mayores deducciones y exenciones fiscales posibles.

Es posible entender el aceptable sentido común el fallo del Tribunal Superior de Bogotá, de hace más de un lustro, que resuelve que los plagiados por la guerrilla no tienen que pagar impuestos (bonos de paz y de seguridad, impuestos predial y de valorización, con sus correspondientes sanciones e intereses por la demora en los pagos). El Tribunal Superior colombiano al resolver una acción de tutela ordenó “la suspensión del cobro administrativo coactivo hasta el día en que cese la privación de la libertad del afectado contribuyente, aunándole el termino legal de 365 días más para que se acerque a pagar en unas condiciones favorables la obligación tributaria”.

Es posible sorprenderse y aceptar el caso del pescador holandés que fue condenado por contrabando ilegal de cannabis pero que logró deducir impuestos de los costes de compra y transporte de la droga por 1,5 millones de euros. Interpretando al pie de la letra su condena, el traficante redujo su base imponible de 3,3 millones de euros a 1,8 millones en su declaración de impuestos 2006, considerando que eran deducibles los 1,5 millones de euros que le costó la compra y el transporte del cannabis. Esta interpretación fue corroborada por la Corte Suprema, que consideró que los costes relacionados con una transacción condenada no pueden jamás ser deducidos. Como el sujeto no fue condenado por la venta y compra de droga, sino por contrabando (es decir, la importación de mercancía no declarada), pueden deducirse los gastos de esas actividades, según la Corte.

Es posible solidarizarse con la prostituta que se negó a pagar 90 mil euros en impuestos por las utilidades derivadas de su trabajo en las calles de Parma. También es posible solidarizarse con el fisco polaco que multó a una mujer por no pagar sus impuestos por ejercer la prostitución. Lo único que declaró la mujer  fue que había tenido clientes muy “generosos” (según parece, uno de ellos le llegó a pagar cinco millones de zlotys (1,2 millones de euros) durante el periodo 1997-2002).

Es posible aplaudir la resolución unánime del Tribunal de Apelación de Oslo para cuyos magistrados “…El strip-tease, tal y como se practica en el presente caso, es una forma de baile combinada con una representación, que lo asemeja a otras artes escénicas exentas del Impuesto al Valor Agregado en Noruega”. El veredicto de alzada confirmó la sentencia pronunciada en primera instancia en mayo de 2005 en favor de “Den Blue Engel” (El ángel azul), de Oslo, que rechazaba pagar un 25% de IVA por sus boletos de entrada. La representación legal de “Den Blue Engel” había argumentado que están exentos de esta tasa los espectáculos con un cómico que cuenta historias picantes -para esta nota no disponemos de ningún ejemplo de humor picante noruego- o con un hombre que traga cuchillos. También había precisado el abogado que los espectáculos del antro no eran vulgares y eran llevados a escena por bailarinas profesionales. Para que no quedara duda alguna, el Tribunal de Apelación condenó al Estado noruego a pagar las costas procesales de Den Blue Engel (algo más de 160.000 coronas).

Finalmente, rebasa toda capacidad de conjuro la medida que adoptó el gobierno rumano para combatir la evasión fiscal: la brujería es una profesión como cualquier otra. Por tanto, adivinos, brujas, videntes, embalsamadores y toda actividad similar tienen que pagar, desde enero de 2011, un impuesto sobre la renta del 16% y deberán cotizar a la seguridad social y a la jubilación. Decenas de brujas expresaron su inconformidad realizando un conjuro con excremento de gato y perro muerto. Por su parte, el Presidente, el Secretario de Hacienda y sus asesores han decidido vestir de púrpura, cada jueves, para ahuyentar a los demonios.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).

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