Diversos medios de comunicación, han publicado en las últimas semanas, a propósito del tercer informe de labores del ministro Juan Silva Meza, que el sucesor de éste en la presidencia de la Suprema Corte en enero de 2015, se definirá en una contienda entre tan sólo dos ministros: Luis María Aguilar y Arturo Zaldívar.

En este sentido, el presente artículo no pretende aseverar de forma tajante cuál de estos ministros será el próximo presidente de la Suprema Corte, sino solamente realzar ciertos aspectos relevantes para tal sucesión. Esto en base a los candidatos que durante los últimos meses han sido mencionados de forma más recurrente en medios de comunicaciones y pasillos del mundo jurídico.

z-a2En efecto, nos encontramos en un momento de enorme trascendencia y que ha sido poco estudiado en nuestro país: los meses previos a la elección del ministro presidente, mismo que si bien es electo de forma exclusiva por los ministros de la Corte, lo cierto es que la discusión de tal situación impacta de forma directa en una sociedad cada vez más interesada e involucrada en la impartición de justicia de nuestro país.

Una vez dicho lo anterior, es pertinente recordar que el ministro presidente preside justamente la Suprema Corte pero también el Consejo de la Judicatura Federal, por lo que es pertinente dividir el análisis en función de este par de instituciones.

Suprema Corte: Zaldívar, independencia; Aguilar, moderación

Respecto la Suprema Corte, nos encontramos frente a un escenario peculiar, ya que ambos ministros ingresaron a ésta en diciembre de 2009. De tal manera que llevan exactamente el mismo tiempo en el cargo y, por tanto, ello facilita la comparación entre sus respectivos mandatos.

Es por todos sabido que ambos ministros poseen perfiles bastante disímiles: Aguilar ha forjado una sólida carrera en el Poder Judicial de la Federación, en el que a lo largo de varias décadas ha ocupado prácticamente cada uno de los peldaños de la carrera judicial. Por su parte, Zaldívar se formó en la práctica privada del derecho, en la cual destacó como abogado litigante en materia constitucional y académico en diversas instituciones.

Respecto a su perfil en la Suprema Corte, ambos ministros también poseen perfiles sumamente diversos: Aguilar Morales se ha caracterizado por una postura moderada; a partir de la cual, logra consensos y acercamientos entre diversas posiciones. Por su lado, Zaldívar ha destacado por ser el ponente en algunos de los asuntos de mayor relevancia mediática de los últimos años –Guardería ABC, Florence Cassez, Bloque de constitucionalidad, entre otros)- en los cuales ha demostrado una alta independencia judicial.

En principio, por tanto, sus compañeros ministros deberán analizar qué resulta más conveniente para la próxima presidencia de la Corte: una administración encaminada a la moderación y construcción de consensos entre sus integrantes o, por su parte, una gestión marcada por una agenda de derechos fundamentales con el ánimo de apuntalar su independencia judicial, misma que puede dificultar justo la viabilidad de los consensos. La decisión no es sencilla y, por ello, el debate en torno a la misma es de enorme relevancia.

Otro dato a considerar por parte de los ministros al momento de elegir a su próximo presidente es que, hasta diciembre de 2013[1], la Corte había emitido 183 tesis provenientes de asuntos en los cuales el ministro Aguilar fue ponente (3.81 tesis por mes). Mientras que se habían emitido 465 tesis provenientes de casos en los cuales el ministro Zaldívar fue el encargado del caso (9.68 tesis por mes). Tal dato resulta interesante, en función de la habilidad de los ministros para impulsar criterios y precedentes, sobre todo si consideramos que a todos los ministros se les turna en promedio el mismo número de asuntos.

Consejo de la Judicatura: Aguilar, experiencia; Zaldívar, incógnita

En torno al Consejo de la Judicatura Federal nos encontramos a su vez frente a un escenario muy diverso entre ambos ministros. No hay que olvidar que el ahora ministro Aguilar, justo antes de arribar a la Corte, tenía el cargo de Consejero de la Judicatura –electo precisamente por la Suprema Corte, habiendo ejercido el cargo de 2004 a 2009-.

Es decir, resulta claro que Aguilar Morales cuenta con una amplia experiencia en torno al funcionamiento del Consejo de la Judicatura y, en caso de presidir este órgano, su gestión no tendría que asumir el costo propio de la “curva de aprendizaje” que resulta inherente a tales cargos. Sin embargo, en este punto y a partir de lo anterior, es necesario poner a discusión algunos temas no menores.

En primer término, el hecho de que el ministro Aguilar haya laborado en el Consejo de la Judicatura, abre la posibilidad de evaluar precisamente su desempeño en tal cargo, siendo ello un indicador importante que deberán tomar en consideración el resto de sus compañeros en la Corte. En otras palabras, el hecho de que Aguilar Morales haya laborado en tal órgano, no implica per se que su función haya sido adecuada, sino que existen datos objetivos para evaluar su desempeño como consejero.

Por su parte, será importante evaluar las propuestas concretas que en su momento realice Arturo Zaldívar en torno al Consejo de la Judicatura: cuál es su visión en torno a dicho órgano, qué elementos considera que requieren de continuidad y qué otros requieren de un cambio de enfoque.

Por último, si bien Aguilar Morales representa continuidad y experiencia en la Judicatura, también resultaría interesante evaluar la dirección que de tal órgano podría emprender un abogado formado en el litigio como Zaldívar. Es decir, un jurista “externo” a la función jurisdiccional, que por lo mismo podría resultar más objetivo en temas de vigilancia y sanción a jueces y magistrados, lo cual es una de las principales asignaturas pendientes del Consejos desde hace varios años.

Como se habrá advertido, el presente artículo no pretende ser un estudio acabado sobre la situación planteada. Su propósito es tan sólo poner énfasis en el proceso que actualmente se encuentra en gestión en el Poder Judicial de la Federación, en aras de fomentar una discuisón en torno al mismo. Ojalá no se trate de una elección más entre los ministros reducida a rencillas palaciegas, sin el indispensable debate público que exige.

Jorge Rodríguez Torres. Estudiante de 9º semestre de la licenciatura de Derecho en la Universidad Autónoma de Guadalajara.


[1] Según los datos obtenidos de la versión electrónica del Semanario Judicial de la Federación.

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