Durante el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLC), celebrado en Perú en 1983, se convino declarar al 22 de julio como el Día Internacional del Trabajo Doméstico. Desde entonces y hasta hoy, más de 40 años después, esta fecha sigue siendo crucial para recordar todo lo que hemos avanzado y, sobre todo, lo que aún falta por alcanzar en la valorización y redistribución del trabajo doméstico.1 Este día nos invita no sólo a reflexionar sobre la importancia de las labores realizadas dentro del hogar, sino también a reconocer y valorar a quienes las realizan, en su mayoría mujeres. Además, este día, nos recuerda la necesidad de tomar acción para cerrar las desigualdades que ocurren en la realización de las tareas domésticas. Las actividades domésticas tales como la preparación de alimentos, la limpieza, el cuidado2 de infancias y de otros miembros del hogar, a menudo pasan desapercibidas o no reciben la importancia que merecen. Esto aunque son esenciales para el mantenimiento de la vida y la construcción de las sociedades y economías tal como las conocemos. Sin embargo, su constante subvaloración y falta de remuneración contribuye a perpetuar desigualdades dentro de la sociedad.

Aunque el reconocimiento de las labores domésticas es relativamente reciente, su importancia es innegable. Durante mucho tiempo el trabajo doméstico ha sido visto como una responsabilidad natural de las mujeres, sin ser valorada ni remunerada de forma adecuada. Las diferentes perspectivas sobre la valoración del trabajo doméstico reflejan su complejidad. Existen enfoques que destacan la importancia de estas labores para el mantenimiento de la fuerza laboral y señalan que no suelen ser consideradas dentro de las cadenas de producción. Otras perspectivas se enfocan en su rol para la reproducción social y el bienestar de los individuos que conforman a la sociedad. Es decir, consideran que estas labores son necesarias para que las personas tengan un entorno saludable y seguro para vivir y desarrollarse, lo cual es crucial para la cohesión social y el bienestar general. Sea cual sea el argumento más convincente, es indudable que la existencia de estos trabajos es indispensable tanto a nivel individual como socioeconómico, en todas partes del mundo.
La realización de quehaceres domésticos y labores de cuidado tiene impactos a nivel individual y social. En este sentido, la importancia de reconocer estas labores no sólo radica en reconocer la existencia de estas actividades, sino también en buscar reducir las brechas que ocasionan en el acceso a derechos y oportunidades, especialmente para las mujeres. Por un lado, las labores domésticas y de cuidados no remuneradas son necesarias para que se lleven a cabo las actividades que sí suelen ser remuneradas dentro de la economía. Aunque invisibles y no reconocidas en la economía formal, las actividades domésticas y de cuidado sostienen todas las demás actividades productivas. Por otro lado, las consecuencias de su subvaloración tienen un impacto desproporcionado en las mujeres, quienes son las que primordialmente realizan estas tareas. Esta situación perpetúa las desigualdades de género, limitando las oportunidades de las mujeres para participar en el mercado laboral, obtener ingresos y alcanzar una independencia económica. Las mujeres que dedican una cantidad significativa de tiempo al trabajo doméstico tienen menos tiempo para invertir en su educación, desarrollo profesional, descanso y ocio. Esto genera importantes desigualdades en el uso del tiempo de las mujeres, lo que suele mermar su bienestar económico y social y esto es algo que afecta a las mujeres a nivel mundial. En todos los países, las mujeres asumen la mayor parte de las responsabilidades de cuidado, lo que refuerza las desigualdades de género a nivel mundial.
La carga desproporcionada de estas actividades tiene consecuencias directas en la disponibilidad de tiempo de las personas, especialmente para las mujeres. En México, las mujeres dedican más tiempo a quehaceres domésticos y labores de cuidado. De acuerdo con información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), para el primer trimestre de 2024 las mujeres dedicaron, en promedio, 19.67 horas a la semana a actividades domésticas, frente a un promedio de 6.94 horas a la semana en el caso de los hombres; esto representa una diferencia de 12.73 horas. En el caso de las labores de cuidado, la diferencia es menos pronunciada, pues las mujeres dedican, en promedio, 18.79 horas a la semana y los hombres 13.54 horas.3 Estas mediciones consideran a la población ocupada, lo cual significa que, aunque hombres y mujeres desarrollan actividades remuneradas fuera de casa, siguen realizando más trabajo no remunerado dentro de los hogares. Esta diferencia en tiempo ocasiona que muchas veces las mujeres tengan que enfrentar dobles jornadas de trabajo, lo que implica menos tiempo de descanso, desarrollo profesional, actividades de ocio, por mencionar algunas. Otra implicación importante de esta diferencia en la carga de trabajos domésticos y de cuidado es que esta situación puede empujar a las mujeres a tener empleos peor remunerados, dejar el mercado laboral o incluso nunca poder incorporarse a este.
Las labores domésticas y de cuidado no remuneradas, como indica el concepto, no suelen recibir un pago. Sin embargo, eso no significa que no se les pueda asignar un valor económico. El objetivo de estas mediciones es, en muchos casos, dimensionar su importancia y su contribución a la economía. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a nivel mundial las actividades de trabajo doméstico y de cuidado representan un 9 % del PIB mundial y, si consideramos solamente las actividades no remuneradas realizadas por mujeres, representan el 6.6 % del PIB mundial.4 Aunque estos datos son sorprendentes, en 2022 en México, de acuerdo con las cuentas satélite de trabajo no remunerado de los hogares, la estimación de la contribución de estas actividades equivale a un 24.3 % del PIB nacional. De este porcentaje, la contribución se distribuye en un 72 % realizado por mujeres y un 28 % por hombres. El valor monetario de las actividades de trabajo doméstico y cuidado no remunerados como proporción del PIB es mayor a sectores clave para la economía mexicana como el manufacturero y el comercio, los cuales representan 21.5 y 19.6 % del PIB respectivamente. Estos datos permiten dimensionar la magnitud de las labores no remuneradas y la desproporcionada carga que suponen para las mujeres. A nivel individual también es posible promediar el valor de las labores no remuneradas que realizan las personas. En promedio, las actividades no remuneradas realizadas por mujeres equivalen a 77 192 pesos anuales, mientras que para los hombres esta cifra desciende a 31 844 pesos. Estos promedios pueden variar cuando se consideran distintos grupos, como mujeres que hablan alguna lengua indígena, quienes aportan en promedio 85 561 pesos.
No todo el trabajo doméstico y de cuidados es no remunerado. Existen personas que se dedican a estas actividades y perciben un salario por ello pero, como muestran los datos, su situación no es la ideal. Según información proporcionada por el INEGI para el tercer trimestre de 2023, el 4.2 % de las personas ocupadas reportaba dedicarse al trabajo doméstico remunerado. De este grupo, nueve de cada diez eran mujeres, lo cual indica una importante sobrerrepresentación de las mujeres en este tipo de empleos. Aunado a esto, para este mismo periodo, el 63 % de las personas que se dedican a estas actividades reportó no tener algún tipo de prestación laboral, mientras que el 95 % lleva a cabo este trabajo en la informalidad. Respecto a la percepción de salarios, se reporta que el 67.8 % de las personas dedicadas a labores domésticas remuneradas percibe hasta un salario mínimo, el 24.2 % percibe más de uno y hasta dos salarios mínimos, y tan solo un 2.2 % reportó tener un ingreso de más de dos salarios mínimos. Estas cifras contrastan con los porcentajes de población ocupada a nivel nacional, donde un 33.2 % de la población reporta hasta un salario mínimo, 33.7 % más de uno y hasta dos salarios mínimos y 14.06 % más de dos salarios mínimos5 para el mismo periodo, lo cual muestra una clara situación de desventaja para las labores domésticas remuneradas.
Tener un día internacional dedicado a las labores domésticas y de cuidado es un paso importante hacia la visibilización y reivindicación de estas actividades, pero no es suficiente. Es necesario avanzar en la investigación y, más crucialmente, en la acción política. Debemos establecer medidas que alivien la carga desproporcionada de cuidados que recae sobre las mujeres, a través de una redistribución justa de las tareas domésticas entre todos los miembros de la sociedad y la provisión de sistemas de cuidado accesibles y de calidad. Aunado a esto, es esencial garantizar condiciones laborales dignas para quienes realizan trabajo doméstico y de cuidados remunerado, que a menudo son mujeres en situaciones laborales precarias. Esto implica proporcionar salarios justos, así como acceso a beneficios y protecciones laborales adecuadas. Las actividades domésticas y de cuidado son el soporte “invisible” de nuestras vidas, y reconocer su importancia es fundamental para construir una sociedad más justa y equitativa. Estas actividades no sólo existen de manera tangencial en nuestras vidas: son el pilar que nos sostiene como individuos, comunidades y economías.
Daniela Martínez .Oficial del Área de Datos de Intersecta. Estudió la licenciatura en Economía en el CIDE. Sus temas de interés involucran a la economía de género, la economía del desarrollo y la economía laboral. Está interesada en cuantificar a través de los datos las desigualdades que atraviesan a las mujeres.
1 Según la OIT, el trabajo doméstico se refiere a el trabajo realizado en un hogar u hogares o para los mismos. De esta concepción muchas podría derivarse el término empleada/trabajadora doméstica que puede tener connotaciones peyorativas por lo diversas organizaciones de la sociedad civil han propuesto el término trabajadora del hogar en una búsqueda por reivindicar su condición.
2 Existe una discusión respecto a si considerar los quehaceres domésticos y labores de cuidado dentro de los hogares como actividades separadas o no. Sin embargo, en contextos como el mexicano la separación de estas actividades es útil porque cada una tiene distintas implicación dentro del hogar y en las desigualdades que implican la realización de las mismas (Brígida García Guzmán).
3 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), datos procesados por Intersecta 2024.
4 Datos y estadísticas de la OIT.
5 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).