El corazón del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Sergio Aguirre Anguiano, late a la derecha. Y no lo oculta. Es más, podría pensarse que hasta lo presume, lo grita, lo defiende. Es su forma de ser. Son sus convicciones. Quizá por eso, o más bien por eso, ahora enfoca todos sus argumentos contra la pastilla anticonceptiva de emergencia.

Guste o no guste. Caiga o no caiga bien. Y generalmente ni gusta ni cae bien. Pero ese es su perfil. Un perfil que lo hace que sea muy predecible, por una sola razón: suele ser congruente con sus posturas, por más conservadoras que sean. Por más que no le gusten a muchos. Y por más que eso le suela ganar muchas, pero muchas críticas.

Y es por eso que ni sorpresa causó ni causa cuando se opone a la validación, por ejemplo, de normas como la NOM-46 que obliga a los médicos de todo el país a recomendarles a las mujeres el uso de la píldora anticonceptiva de emergencia en caso de violaciones.

Porque es uno de los ministros, que a lo largo de los 15 años que tiene en el cargo, se ha vuelto congruente a la hora de votar y de reflejar sus posturas en los juicios que resuelve la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A Aguirre, el jalisciense, alto, robusto, es raro verlo en las minorías. O solo. Pero lo que no es raro es que sus votos, sus posturas sean predecibles. De antemano se sabe cómo va a votar en casos polémicos de este tipo. Eso es parte de su congruencia. O al menos eso es lo que muestra.

En el caso de la píldora, de la Norma Oficial Mexicana 046, que establece los lineamientos para proteger a las mujeres de la violencia familiar y sexual, la mayoría de sus compañeros no comparte su causa. Por no decir que todos los demás ministros de la Corte no la comparten. Está prácticamente solo.

Y aún así se mueve. Lucha. Como pocas veces se defiende. No cede. Coloca enormes piedras en el camino de sus compañeros. Presenta nuevos argumentos. Lleva la discusión. Le da giros.Pero en el fondo todo se reduce a que para él la píldora es abortiva. Y esa es la esencia. Ese es el fondo y no otro.

Y quizá pierda. No. Muy seguramente perderá esta discusión.

Pero, por lo pronto, les colocó una piedra enorme en el camino a sus compañeros. No. Más bien una mancha, que debería ser difícil de quitar, pero, como, él mismo diría, como no hay memoria, nadie se acordará de ella más adelante.

Porque ese personaje, conservador, que todos saben que es conservador (y no digo que eso sea bueno ni malo, en todo caso es parte de la pluralidad), a lo largo de la última semana se encargó de decirle, en diferentes formas, de las más respetuosas a las más ingeniosas, a sus 10 compañeros del Pleno de la Corte que son, todos, unos incongruentes.

¿Por qué?

Porque les recordó que cuando validaron la despenalización del aborto en las primeras 12 semanas de embarazo –a la que él se opuso- emplearon una serie de argumentos que ahora no quieren aceptar para declarar inconstitucional la norma cuestionada.

En esa ocasión, les dijo, la mayoría –a la que él no se sumó- determinó que las normas oficiales sólo pueden afectar la competencia de las dependencias del gobierno federal y, por tanto, no podrían ser aplicables para todos los estados y municipios de la República.

Y ahora esa misma mayoría que dijo eso, en ese caso, afirma lo contrario y considera que las normas oficiales sí deben ser aplicables para los estados de la República, y, por ende a Jalisco.

Eso, les ha repetido, una y otra vez, es ser incongruentes. Y por lo mismo les ha pedido que apliquen el mismo criterio para favorecer a Jalisco, o que anulen el anterior criterio. La cuestión no es sencilla, para algunos de sus compañeros el dilema que les planteó Aguirre es una certera jugada jurídica para ganar-perdiendo o viceversa.

Porque si pierde en el caso de Jalisco, igual y encuentra algún punto que le haga revivir más adelante su lucha contra la despenalización del aborto en las doce primeras semanas en el Distrito Federal.

¿Complicado?

Desde luego. Tanto que por eso mismo el presidente de la Corte el jueves pasado se dijo confundido con el planteamiento de Aguirre. Y con él otros. Y por lo mismo se aplazó la discusión para este lunes.

Como sea. Al final, muy seguramente, la mayoría encontrará la forma y la ruta para validar la Norma Oficial Mexicana 046. Lo cual me parece lo mejor para todas las mujeres del país.

Pero el tiempo que lleve la validación de la norma dependerá de la estrategia del ministro Sergio Aguirre, quien todavía va para largo en su defensa de este caso, que es la defensa del caso del gobernador de Jalisco, Emilio González, que a su vez defiende la causa de la iglesia católica.

Como sea, repito, más allá del final que tendrá este juicio, un punto que no se debe perder de vista, es el señalamiento de incongruentes que le lanzó el ministro Sergio Aguirre a todos sus compañeros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Porque preocupan o al menos deberían preocupar.

Si un diputado tachara a otro de incongruente, o si lo hiciera un senador de otro senador, o un político de otro, realmente no pasaría nada. Sería más de lo mismo. Son, al final, políticos.

Pero que lo diga un juez de otro juez. Que un ministro del máximo tribunal les diga a sus compañeros, que son quienes resuelven los juicios más importantes del país, que aplican criterios a modo para cada caso. Eso, repito, sí preocupa o debe preocupar. ¿Con qué confianza, seguridad, se podría recurrir a la Corte si de pronto se vuelve como la Chimoltrufia, que como dice una cosa dice otra?

Carlos Avilés Allende. Periodista judicial.

Una versión más extensa de este post se publicó en el blog del periódico El Universal, Rostros de la justicia. Se reproduce aquí este fragmento con autorización del autor.