El día de hoy el presidente Donald Trump nominó a la jueza de la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito, Amy Coney Barrett, para ocupar la vacante de la Corte Suprema estadunidense que dejó la muerte de Ruth Bader Ginsburg. Si es ratificada por el Senado de este país, este nombramiento cambiará de manera radical el rostro de esta Corte Suprema y, sin exagerar, el ethos moral y legal de los Estados Unidos por las siguientes décadas. Aquí se presenta un perfil de esta joven y conservadora abogada.
Ruth Bader Ginsburg dejó un asiento en la Corte Suprema de Estados Unidos, donde impulsó la agenda progresista a capa y espada. Hoy lo que queda del liberalismo estadounidense no se puede entender sin el impulso de la paridad de género y el respeto legal a la diversidad que la neoyorquina ejerció siempre en sus sentencias o votos disidentes. Ese asiento propiciado por Bill Clinton, quien la nominó durante su presidencia, girará hacia el ala más conservadora de los juristas estadounidenses encargados de proteger y velar por la Constitución del que sigue siendo el país más poderoso del mundo. En efecto, hoy ese asiento volcará hacia el conservadurismo de la jueza que ha votado desde el Séptimo Circuito de las cortes de apelaciones para favorecer las restricciones al derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Ese asiento progresista de Ginsburg, la primera mujer y la primera judía en ser velada en el Congreso estadounidense, se convertirá en uno de los más conservadores con la ayuda de Amy Coney Barrett.
Para Donald Trump, Barrett, la jueza nacida en Luisiana, es música para los oídos de su electorado conservador en lo que respecta al derecho a decidir de las mujeres y que ansían revertir lo logrado por la sentencia de Roe v. Wade —la cual despenalizó el aborto inducido en Estados Unidos en 1973—. Para ella, además de la eutanasia, el aborto —“algo inmoral”— debe ser siempre prohibido por quitarle la vida a un inocente, según definió en una publicación académica de 1998.1 Para esta jueza, la distinción entre lo moral y lo legal no es tan clara como ella desearía. Incluso, hizo un ejercicio académico bastante peculiar para sugerir que un juez, cuya moralidad le impida hacerlo, se excuse de participar en un juicio de pena capital, un hecho que incluso explica no estaría del todo prohibido por la iglesia católica, su iglesia.2

Amy Coney Barrett en 2018, fotografía de Rachel Malehorn bajo licencia de Creative Commons.
La candidata ejemplar
Egresada de la universidad católica de Notre Dame, en Indiana, la jueza Amy Coney Barrett es una mujer exitosa a sus 48 años. Antes de desempeñarse como jueza federal de la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito durante los pasados tres años, era catedrática en su alma máter. Es una abogada que fue asistente judicial de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia a sus 23 años y que conoce el vaivén de la Corte Suprema, pues trabajó en el equipo del difunto juez Antonin Scalia durante un par de años. Es cierto, la jueza tiene dicha experiencia en el ámbito público, pero su mayor fuerte sigue siendo la academia, con distintas estancias en universidades como George Washington o la Universidad de Virginia. ¿Su vida personal? Casada y es madre de siete, incluidos dos menores adoptados en Haití y un menor con síndrome de Down.
En términos de finanzas personales, lo ha hecho de maravilla. Al ser nominada jueza federal de la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito, tenía una deuda de hipoteca de más de 175 mil dólares,3 una cifra por debajo del promedio nacional que cada casa en Estados Unidos tiene, unos 202 mil dólares, según los informes de crédito al consumo.4 Previamente a su cargo federal, sus honorarios para la conservadora y libertaria The Federalist Society y su salario como catedrática de la Universidad de Notre Dame le generaron ingresos de cerca de 50 mil dólares entre enero y abril de 2017. De ser confirmada como jueza asociada de la Corte Suprema, su sueldo sería superior a los 265 mil dólares al año, cerca de 56 mil dólares extra de lo que obtenía como catedrática de la Universidad de Notre Dame.5
Por otro lado, cualquier juez que desee crecer profesionalmente y que trabaje en alguna de las 13 cortes de circuito en las que se divide el territorio estadounidense (incluyendo el circuito del Distrito de Columbia y el de asuntos federales) tiene la meta de ser nominado por algún presidente de Estados Unidos a alguno de los nueve asientos que integran la Corte Suprema. Todos los magistrados vigentes, salvo la jueza Elena Kagan, se desempeñaban como jueces de distrito en algún circuito, siendo el Distrito de Columbia el más representado (un tercio de la Corte Suprema proviene de ahí). Asimismo, cada juez está asignado a uno o dos circuitos de apelación, encargándose de despachar sus solicitudes específicas.
La jurisdicción del Circuito Séptimo de Estados Unidos integra a los estados de Illinois, Indiana y Wisconsin, cuenta con 14 jueces. Hasta ahora, no hay ningún juez de la Corte Suprema que provenga de esta parte del país; es más, en toda la historia de la Corte Suprema, sólo ha logrado colocar a dos jueces en la máxima casa de la justicia estadounidense.
Los anteriores son elementos curiosos que sin duda empoderaron a Donald Trump para nominar a Barrett, una candidata ejemplar, pero quizá el brillo que el presidente de Estados Unidos ve en ella, más allá de su conservadurismo o su posible interpretación originalista o textualista de la Constitución, radicará en su legado. Una jueza asociada de 48 años en la Corte Suprema representaría una magistrada nominada por Trump con un período útil de cuando menos 30 años. Hasta el momento y de acuerdo con las leyes vigentes, sólo la muerte o la decisión personal de retirarse podrían separarla de su cargo. Es decir, en un cargo vitalicio, será la jueza más joven de los nueve integrantes de la Corte Suprema.
Una confirmación asegurada
Barrett tiene el camino libre para ser confirmada. Los números de la política aseguran que la próxima Corte Suprema de Estados Unidos quedará integrada por 6 jueces conservadores y 3 jueces liberales. Para lograr ocupar el asiento vacante de la jueza Ginsburg, Barrett debe ser votada por el pleno del Senado antes del 2 de enero de 2021, última fecha de la legislatura 116, aunque muy probablemente pasará por el piso de votaciones antes de las elecciones del próximo 3 de noviembre. Incluso, siguiendo el calendario vigente, la jueza podría ser confirmada durante la primera mitad de octubre,6 un período que está siendo considerado por Lindsey Graham, presidente de la Comisión de Justicia del Senado.
En ese escenario, la fórmula de fantasía para los demócratas sería que la votación se prolongara para el 30 de noviembre o después. Ese día es crucial, pues Mark Kelly (demócrata, astronauta retirado y esposo de Gabrielle Giffords) se perfila para arrebatar el escaño de la senadora republicana Martha McSally de Arizona, quien ocupa el lugar del difunto senador John McCain. Esa elección especial permitiría que el ganador tome protesta el 30 de noviembre, antes del inicio de la próxima 117 legislatura. De esa manera, con un posible Senado conformado por 52 republicanos y 48 demócratas (considerando los dos independientes), los demócratas tendrían aún la esperanza (mínima) de aplazar la confirmación de Barrett, quien ya lleva dos votos republicanos menos. La senadora Susan Collins de Maine, declaró que no votará por alguien que sea nominado por el actual presidente, mientras que Lisa Murkowski de Alaska aseguró no votar por alguien antes del 3 de noviembre. De esta manera, en un caso sumamente poco probable, eso pondría la balanza (sumando a Kelly de Arizona) 50 a 48, un escenario aún desfavorecedor, pues con esa mayoría simple la nominada de Trump sería confirmada. Se requeriría un milagro: que tres republicanos más se negaran a ratificarla o que los votos de Collins y Murkowski en vez de abstenciones sean en contra para empatar el piso, pero incluso ese escenario favorecería a Barrett, pues, el vicepresidente Mike Pence, facultado legalmente para romper empates en el Senado, la votaría a favor.
Asimismo, Barrett no fue una candidata con respaldo totalmente republicano en su anterior paso por el Senado. Es necesario recordar que en octubre de 2017 fue votada en el pleno del Senado para ser confirmada con su actual puesto, ocasión en la que contó con el apoyo republicano, así como de tres senadores demócratas: los senadores Manchin y Donnelly, y hasta el excompañero de fórmula de Hillary Clinton, Tim Caine.7
Finalmente, una corte más conservadora
El temor de muchos por ver confirmada a Barrett radica inclusive en el futuro de la próxima elección presidencial; un posible escenario terrorífico en donde la elección se resolvería en la Corte Suprema, como ocurrió en el año 2000 con los entonces 25 votos electorales de Florida. Estamos frente a la posibilidad de que no ocurra un caso, sino cinco o más de estados bisagra en donde la ventaja actual de Joe Biden frente a Donald Trump no sea significativamente amplia. La Corte Suprema podría llenarse de juicios llevados ante ella por el equipo legal del presidente de Estados Unidos, reclamando reconteos o fraudes electorales, y es que gracias a la pandemia de Covid-19, esta elección será única, con un voto masivo por correo en todos los estados y sin precedente alguno. No pocos consideran que si Trump logra para ese momento tener 6 jueces conservadores contra 3 liberales, le aseguraría la reelección si esta llegara al máximo tribunal, pero eso no es totalmente seguro.
No hay que confundir y equiparar el debate entre demócratas y republicanos con el de jueces conservadores versus jueces liberales. Hay que recordar que la función de la Corte Suprema, y de todo el poder judicial, es decidir el significado de las leyes, cómo aplicarlas a situaciones reales y si una ley infringe las reglas de la Constitución. Es más, que un presidente nomine a un juez no significa incondicionalidad pura per se. El juez Neil Gorsuch ya ha votado en contra de acciones de Trump que han ido a dar a la Corte a pesar de haber sido nominado por él. El juez presidente John Roberts, nominado por el republicano George W. Bush, ha votado recientemente junto con los jueces liberales. No es preciso pensar que porque un presidente lo puso ahí entonces los jueces le votaran todo a favor, incluida una reelección. Los jueces están ahí para defender a la Constitución y sus enmiendas, no a políticos. Además, todas las nominaciones de Trump han sido de Cortes de Circuito, es decir, jueces de carrera que ya tienen experiencia, y no han sido puestos políticos, como, por ejemplo, la jueza Kagan, nominada por Barack Obama.
La reelección de Trump no tiene un pase directo por parte de la Corte Suprema, pero quien sí lo tiene es la que aún despacha desde el 219 de la calle South Dearborn, en el Loop de Chicago. Desde la ciudad de los Vientos, Amy Coney Barrett llegará al llamado Templo de la Justicia o Palacio de Mármol de Washington DC para ocupar la silla de Ruth Bader Ginsburg. De eso, que no quede la menor duda.
Juan Ernesto Trejo. Maestro en Relaciones Internacionales por la Central European University de Viena y Budapest, así como internacionalista por el ITAM. Es excolaborador de FOROtv, Televisa, exasesor de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y exproductor editorial de Foreign Affairs Latinoamérica. Twitter: @JuanErnestoTG.
1 Barrett, Amy C. y John H. Garvey, “Catholic Judges in Capital Cases”, 81 Marq. L. Rev. 303 (1997-1998), consultado el 24 de septiembre de 2020.
2 Ibid.
3 Cifra reportada del periodo de enero de 2016 a abril de 2017. Barrett, Amy, “Financial Disclosure Report”, 2017, consultado el 23 de septiembre de 2020.
4 Datos promedio para el primer trimestre de 2019. Experian, “Average Mortgage Loan Debt”, consultado el 23 de septiembre de 2020.
5 Cifra comparada con el sueldo programado para 2020 de los jueces asociados de la Corte y del reporte de ingresos 2016 de la jueza Barrett. Salario de los jueces consultado el 23 de septiembre de 2020.
6 Ver calendario del Senado, consultado el 23 de septiembre de 2020.
7 Ver votación 2017, cconsultado el 23 de septiembre de 2020).
excelente artículo