Entre todas las formas de organización social que nos presenta la historia,
muy raras son las que aparecen verdaderamente puras de opresión, y aun estas son bastante mal conocidas
——Simone Weil, Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social.
El día 17 de octubre del año en curso, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión aprobó el “PROYECTO DE DECRETO POR EL QUE SE ADICIONA UN SEGUNDO PÁRRAFO AL ARTÍCULO 224 DE LA LEY ORGÁNICA DEL PODER JUDICIAL DE LA FEDERACIÓN”. Dicha reforma legislativa tiene como consecuencia puntual, la desaparición de 13 de los 14 fideicomisos con los que cuenta el Poder Judicial de la Federación, afectando las finanzas los órganos que lo integran y el cumplimiento de diversas obligaciones patronales respecto a derechos laborales adquiridos por parte de todas las personas trabajadoras. La siguiente crónica da cuenta de la marcha ocurrida en Ciudad de México a cinco días de este suceso.
Hacia las 11 de la mañana, del domingo 22 de octubre, en el Monumento a la Revolución se podía percibir ya un gran número de personas vestidas, prácticamente en su mayoría, de blanco. Contingentes de personas integrados por familias, estudiantes, académicos, abogados, niños, adultos mayores y trabajadores del Poder Judicial de la Federación continuaban arribando y aglutinándose. Frente a la pluralidad de personas que pisaban la Plaza de la República, un elemento cohesionaba a todos los presentes: la preocupación por el Poder Judicial.
Siendo prácticamente las 11 de la mañana en punto, los grandes grupos de personas que se encontraban reunidos comenzaron lentamente a movilizarse a lo largo de la Avenida de la República. Cada una de estas personas concentraba carteles, playeras, mantas, banderas y todo tipo de distintivo que hiciera saber la razón que nos congregaba a cada uno de los presentes: la desaparición de los fideicomisos y el incesante arremetimiento, en sus diversas manifestaciones, en contra de las instituciones garantes de justicia.

En este ánimo, trabajadores de todos los niveles y sectores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del Consejo de la Judicatura Federal y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se encontraban presentes. Todos marchando al unísono de consignas, palabras y frases en defensa de la autonomía del poder al que prestan su tiempo y servicio. Algunos de los gritos fervientes escuchados declaraban: “somos los garantes de la Constitución”, “respeto a la división de poderes”, “yo sí trabajo no vivo en un palacio”, “los derechos humanos no se violan”, “no somos uno somos cien, cuéntanos bien”.
A los reclamos de los trabajadores, se sumó el apoyo de diversos grupos, contingentes, abogados, académicos, jóvenes, adultos mayores, asociaciones civiles y toda persona que estimó pertinente salir a manifestarse no solo por las afectaciones a los trabajadores del PJF, sino aquellos que también secundan y respaldan la defensa de la autonomía del Poder Judicial de la Federación. A la defensa de los ciudadanos, que ejercían su derecho de manifestarse libremente, se sumó el respaldo de diversos sectores de la población que desde las banquetas, esquinas y calles laterales no dejan de pronunciar palabras de soporte y brindar fervientes aplausos a todas las personas que avanzaban: “no se rindan”, “el pueblo de México está con ustedes”, “no están solos”, “gracias por defender nuestros derechos”.
Ya siendo aproximadamente las 12 y media del día, bajo un sol inclemente en su intensidad, un gran sector de las personas que marchaban se encontraba a la altura del Hemiciclo a Juárez. De pronto, sucedió un hecho que hizo sentir a todos los presentes un asombro inesperado. Desde el silencio, apareció de manera imprevista el ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá. Quienes pudimos atestiguar dicho hecho, de manera cercana, sólo pudimos asentir un sentimiento de regocijo al sabernos fortalecidos en las causas que nos motivaron a salir a las calles como acto cívico. La presencia y autoridad de un ministro en activo y un ministro en retiro cimentaron la fuerza con la que se recorrieron las calles del centro histórico ese día.
Mientras tanto, todos los presentes continuaban marchando al unísono de diversas consignas, de cantar más de una vez el himno nacional y del reconocimiento desde un estrado, de la asistencia de cada uno de los integrantes de tribunales y juzgados que se encontraban ese día recorriendo las calles para defender la autonomía de uno de los tres poderes. Ya a la altura de la intersección entre Eje Central y Avenida Juárez, el contingente comenzó a marchar de manera más lenta y estrecha por la calle de Cinco de Mayo, con un único objetivo: llegar al Zócalo.
A lo largo de la una de la tarde, los contingentes continuaron movilizándose para así tomar posesión momentánea y cívica de la Plaza de la Constitución. Aquel acto realizado, por cada uno de los presentes, resultaba para detenerse un momento y pensar en que los garantes de la Constitución se encontraban en posesión momentánea de la Plaza que lleva el mismo nombre. Las calles del centro histórico se llenaron de personas que no se detuvieron, en ningún momento, de afirmar las razones por las cuales se encontraban allí. Sin embargo, ante la imposibilidad física de mantenerse por mucho tiempo presentes en la explanada del Zócalo, la mayoría de los asistentes, tras recorrer Palacio Nacional terminaron gritando consignas de apoyo y respaldo en favor del Poder Judicial afuera del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Al llegar a este punto, muchos de los asistentes se agradecieron entre ellos mutuamente y se aplaudieron recíprocamente por haber estado presentes, para acto seguido despedirse de la misma manera en que marcharon: pacíficamente.
Arturo Gómez Cruz. Licenciado en derecho por ITAM.