El Acuerdo de la Alta Mar: un parteaguas para la gobernanza oceánica global

Durante la madrugada del 4 de marzo, mientras muchos todavía dormían en Ciudad de México, en Naciones Unidas se llevaban a cabo intensas negociaciones para concluir el proceso de negociación de un tratado para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en los océanos, también conocido como el Tratado de la Alta Mar o el Acuerdo BBNJ.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

Después de cinco conferencias, dos semanas de intensas negociaciones cuya recta final fue de casi 40 horas sin relevo, nuestra delegación mexicana, negociando en equipo con otros países de la región dentro del grupo creado para este proceso (CLAM) y sus pares de todo el mundo, acordaron un texto que marcará un parteaguas para la gobernanza oceánica global y el desarrollo del derecho internacional en favor de las generaciones presentes y futuras.

Durante estas dos semanas, más de 400 delegados, representantes institucionales gubernamentales, agencias especializadas de las Naciones Unidas, la comunidad académica y organizaciones de la sociedad civil,  discutieron los temas previamente acordados en 2011 como paquete de negociación: i) recursos genéticos marinos, incluyendo las cuestiones del reparto justo y equitativo de beneficios; ii) mecanismos de gestión basados en áreas, incluyendo las áreas marinas protegidas; iii) evaluaciones de impacto ambiental y; iv) desarrollo de capacidades y transferencia de tecnología marina.

El Acuerdo BBNJ es la consolidación de años de esfuerzos multilaterales para atender las inquietudes sobre la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar). Desde el establecimiento del Grupo Informal de Composición Abierta en el 2004 (59/24), los trabajos del Comité Preparatorio (69/292) en el que se determinaron los elementos del futuro tratado, la adopción de la resolución que mandató el establecimiento de una conferencia intergubernamental (72/249), así como el desarrollo de las cinco conferencias intergubernamentales a partir del 2018, siempre se tuvo el  objetivo de estudiar y atender los asuntos relacionados con la biodiversidad marina que no estaban expresamente referidos  ni regulados por la Convemar.

Este resultado es sin duda una buena noticia, pero ¿qué significa este acuerdo? ¿Por qué es importante?

Las aguas internacionales constituyen más del 90% de los océanos y son fundamentales para la vida en la tierra. Con este acuerdo, la comunidad internacional ha reafirmado que en ellos se rige el principio del patrimonio común de la humanidad y que es nuestra responsabilidad compartida el protegerlos y preservar sus riquezas naturales.

El principal objetivo de este Acuerdo BBNJ es la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en la Alta Mar –entendida como aquellas zonas fuera de la jurisdicción nacional de los Estados-, sería, junto con el Acuerdo de Implementación de la Parte XI de 1994 y el Acuerdo de Nueva York de 1995, el tercer acuerdo de implementación de la CONVEMAR, por lo que sus disposiciones deben de entenderse e interpretarse en concordancia y ser compatibles con ella. Esto conlleva a respetar los marcos jurídicos existentes, pues en Alta Mar coexisten otros foros y organismos especializados que no deben ser menoscabados, pero con el valor agregado de que con el Acuerdo de BBNJ se establecen mecanismos de coordinación y cooperación entre ellos.

Si bien el Acuerdo de la Alta Mar no determina una meta específica de protección, sí proveerá de mecanismos para mejorar la gobernanza oceánica a través de la coordinación y cooperación internacionales. Su implementación permitirá generar sinergias para alcanzar los objetivos acordados en otros marcos como la Agenda 2030 y el Marco Mundial de la Biodiversidad, con la posibilidad de crear áreas marinas protegidas y otras medidas de gestión ambiental a decisión de la Conferencia de las Partes.

Asimismo, el acuerdo BBNJ prevé los mecanismos para evaluar los impactos de las actividades en Alta Mar y establecer los procedimientos y mecanismos para la toma de decisiones, monitoreo y vigilancia. Si bien la responsabilidad se mantiene en su totalidad dentro del Estado que realizará la actividad, se abre la oportunidad de contar con acciones de transparencia y rendición de cuentas, así como la de un mecanismo call-in que podrá permitir a otros interesados presentar comentarios dentro de los procesos de evaluación.

Sobre las disposiciones de desarrollo de capacidades y transferencia de tecnología marina, el texto del nuevo acuerdo prevé mecanismos para atender las necesidades y prioridades específicas de los países en desarrollo para el cumplimiento de los objetivos del instrumento, así como un proceso independiente para las modalidades para buscar asegurar la transferencia de tecnología marina. El establecimiento de un comité para estos efectos ayudará a la evaluación de necesidades y prioridades, a la identificación de movilización de fondos y a monitorear los resultados.

Uno de los temas más controversiales, desde los trabajos del Grupo Informal de Composición Abierta, fue el del principio de patrimonio común de la humanidad. Tal como se había establecido en la Convemar, específicamente para los recursos no vivos en el fondo y subsuelo marino, se esperaba que los recursos genéticos marinos tuvieran ese mismo tratamiento en el Acuerdo BBNJ. Ante la insistente negativa de algunas delegaciones de incluir a los recursos genéticos dentro de este principio, las discusiones sobre su aplicación se extendieron hasta la recta final de la negociación.

No fue sino hasta la noche del sábado 4 de marzo cuando se alcanzaría un balance aceptable para las delegaciones participantes y el mundo sería testigo del triunfo de la diplomacia multilateral. El último paquete acordado reconocería que el Acuerdo de BBNJ debe interpretarse bajo el principio de patrimonio común de la humanidad. Con este reconocimiento, se incluyó a la información de secuencias digitales, un mecanismo de reparto beneficios monetarios y un mecanismo de financiamiento con metas a largo plazo.  Con estos últimos componentes, la presidenta de la Conferencia, la Embajadora Rena Lee de Singapur, anunció que “el barco había llegado a puerto”.

La Conferencia decidió cerrar el texto y abrir una etapa de revisión editorial y de la traducción a los idiomas oficiales de las Naciones Unidas. Próximamente se anunciará la fecha oficial para la adopción del Tratado. Sin duda, como ya lo han expresado el Secretario General António Guterres, este acuerdo confirma la importancia del multilateralismo y el derecho internacional como los mecanismos más eficaces para hacer frente a los grandes retos de la humanidad.

México, quien tuvo el privilegio de facilitar con Nueva Zelandia la resolución que dio vida a esta Conferencia Intergubernamental, espera que este tratado sea uno de los principales legados que la comunidad internacional herede a las generaciones presentes y futuras para conservar los océanos y su biodiversidad para hacer frente a los grandes retos que hoy enfrentamos.

En este momento en que el mundo está ávido de esperanza, la diplomacia mexicana tiene buenas noticias que dar. Cerramos este capítulo con la satisfacción de la misión cumplida y la esperanza de que, una vez entrado en vigor, el Tratado de la Alta Mar será una contribución al bienestar del planeta y de la humanidad.

Anais Vivanco. Directora para Derecho del Mar en la Secretaría de Relaciones Exteriores y delegada de México en la Conferencia Intergubernamental para la negociación de un instrumento internacional jurídicamente vinculante en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar relativo a la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional.

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Publicado en: Día a Día, Internacional