“La Hostería del Moro no podría recomendársela ni a un barinés. Había poca tranquilidad: unos impúdicos bribones luchaban en el piso de abajo, y en la habitación contigua a la mía un hombre fue asesinado”.

Leonardo da Vinci. De una inquieta noche en Piacenza.

“Bien sea que se busque el origen de las artes, o bien que se observe a los primeros gritadores, vemos que todo se relaciona en su principio con los medios de proveer a la subsistencia”

Jean Jacques Rousseau. Essai sur l´inégalité.

El ruido y el poder

 

En su ensayo sobre la economía política de la música, Jacques Attali asegura que una teoría del poder exige una teoría de la localización del ruido y de su formación. El ruido se inscribe, desde sus orígenes, en la panoplia del poder. El siguiente pasaje de Bruits (1977) merece ser transitado: “El ruido ha sido siempre resentido como destrucción, desorden, suciedad, contaminación, agresión contra el código que estructura los mensajes. En su realidad biológica, el ruido es un medio de hacer daño, un arma inmaterial de muerte. También (es una) fuente de exaltación, forma de droga, capaz de curar las picaduras de la tarántula o, según Boissier de Sauvages, terapia de 14 formas de melancolía”.

  • “Arma inmaterial de muerte”. Tiene razón Attali, en China, un niño de 4 años mató a 443 gallinas a gritos.
  • “Fuente de exaltación”. En eso coincidirían, sin duda, Adam Hinton y Kerry Norris, tortolos ingleses que a la velocidad del sonido rompieron la barrera entre lo privado y lo público.

 

Entre lo privado y lo público. El Efecto Doppler de las políticas públicas

 

El sonido viaja a 343 metros por segundo, independientemente de su nivel de intensidad que puede oscilar entre los 10 decibelios, que es el equivalente al de una respiración de un practicante del Zen, hasta los 315 decibelios, que es el ruido que se pudo haber registrado en Tunguska el 30 de junio de 1908. Entre todo ese amplísimo espectro podemos aseverar que, en general, vivimos en una sociedad detestablemente ruidosa. Al respecto, la Sala Primera del Tribunal Constitucional español, en su Sentencia 16/2004 del 23 de febrero de 2004, aseveró que el ruido, en la sociedad de nuestros días, puede llegar a representar un factor psicopatógeno y una fuente permanente de perturbación de la calidad de vida de los ciudadanos, y que conviene considerar la posible incidencia que el ruido tiene sobre la integridad real y efectiva de los derechos fundamentales. La resolución del Tribunal Constitucional español fue a propósito de las emisiones sonoras generadas por un antro o congal (en el Reino Unido les llaman pub), lo que no sorprende en absoluto.

Pero también el fervor religioso puede ser excesivamente ruidoso, por ello, la Corte Constitucional colombiana regaño al Templo Tabernáculo Restaurador por vulnerar el derecho a la intimidad y tranquilidad de una anciana. Pudo constatarse que las actividades de la congregación superaban los 80 decibelios (equivalentes al de un tren en marcha), cuando el límite debe oscilar entre los 45 y los 65 decibelios.

En el ámbito doméstico, uno puede conminar a los niños a moderar la intensidad y el volumen de sus actividades, ya sea por mitigar las posibles molestias a terceros, o bien para preservar aunque sea algunos fragmentos de una ecuanimidad en ruinas (“niño, deja ya de joder con la pelota”). Pero los Länder alemanes emitieron sendas normativas que disponen que “el ruido de los niños no será considerado legalmente como contaminación acústica, sino una manifestación apropiada de la infancia y fundamentalmente tolerable en el interés de la preservación de su desarrollo». Y la acotación de Christine Haderthauer, Secretaria de Asuntos Sociales, Familia y Niñez, tiene Efecto Doppler: «Los niños no hacen ruido, sino música celestial».

¡Aquí solo mi Big Bang truena! Violando derechos fundamentales a 1,235 km/hr.

 

Quien haya asistido, transitado, o peor aún, vivido cerca de un gimnasio, sabrá que el arduo trabajo para mantener el buen funcionamiento del cuádriceps femoral, va acompañado de una liturgia de gruñidos y pesados metales estrellándose en el suelo. Y aunque gruñir no es un delito específico de acuerdo con las leyes inglesas, un fisicoculturista fue multado por una Corte de Kent puesto que sus pesadas rutinas se convirtieron en pesadillas para sus vecinos. Adicionando los persistentes gruñidos durante su sesión de dos horas al de las pesas que chocaban en el piso de su pent-house, se registraba un ruido cercano a 100 decibelios, lo que para sus vecinos era como dormir debajo del Krakatoa. Giran Jobe tuvo que pagar 70 libras esterlinas y prometer que en adelante, únicamente haría lagartijas.

 

Las externalidades de las relaciones sexuales

En 12 fogonazos de bella agonía, Luis Miguel Ariza nos dice que los estudios más recientes concluyen que la duración media del orgasmo en las mujeres va de 18 segundos a dos minutos, mientras que en los hombres, dura 22 segundos.

Con frecuencia, los orgasmos van acompañados de gritos (es imperdible la descripción de Simon Schama sobre el Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini, en Power of Art), y la flema inglesa se diluyó para Caroline Cartwright, británica de 48 años a quien condenaron a ocho semanas de prisión por rebasar el nivel tolerable de ruido durante sus relaciones sexuales. «He escuchado una corta grabación del ruido que usted hace y entiendo perfectamente que sus vecinos estén contrariados y perturbados«, declaró al dictar su sentencia la jueza Beatrice Bolton. Un sonómetro instalado en un apartamento vecino midió hasta 47 decibelios, lo que era como dormir al lado de una turbina.

La justicia también se metió en la alcoba de otra pareja británica. Un tribunal le prohibió a Adam Hinton acercarse a menos de 100 metros de la casa de su novia, Kerry Norris, porque los vecinos se quejaron de que hacían demasiado ruido cuando mantenían relaciones sexuales. Aseguran que era como intentar dormir en el Hollywood Bowl el día que se presentaron los Beatles.

 

¿Qué tan fuerte se puede gritar?

 

El artículo 151 de la Ley Ambiental del Distrito Federal dice que está prohibido emitir ruido que rebase las normas oficiales mexicanas. Al respecto, la NOM-081-ECOL-1994, establece los límites máximos permisibles de emisión de ruido de las fuentes fijas y su método de medición.

En cuanto a los métodos establecidos por la NOM, hay una serie de formulas y ecuaciones de las que, en este espacio, sólo podemos comentar lo que decía el Obispo Barnes: “lo que pasma en las ecuaciones de Einstein es que parecen haber salido de la nada”.

Si bien, en estricto sentido, una pareja (y derivados) en plena acción, no puede ser considerada como una “fuente fija”, la NOM-081-ECOL-1994 fija un límite (¿razonable?) a los niveles sonoros que pueden ser emitidos por fuentes fijas:

–  De 6:00 a 22:00 hrs. 68 dB.

–  De 22:00 a 6:00 hrs. 65 dB.

 

Reformas a la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal del 31 de mayo de 2012

 

Finalmente, a manera de “pieza fuera de programa”, el 31 de mayo de 2012 fue publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal la reforma a la Ley de Cultura Cívica del DF que, en lo que interesa a la presente nota, dispone:

  • Art. 15.- La Cultura Cívica en el Distrito Federal, que garantiza la convivencia armónica de sus habitantes, se sustenta en el cumplimiento de los siguientes deberes ciudadanos:..XVIII. Contribuir a generar un ambiente libre de contaminación auditiva que altere la tranquilidad o represente un posible riesgo a la salud de terceros, trátese de vivienda de interés social, popular o residencial; XIX. Ejercer sus derechos sin perturbar el orden y la tranquilidad públicos, ni afectar la continuidad del desarrollo normal de las actividades de los demás habitantes…”
  • Art. 24.- Son infracciones contra la tranquilidad de las personas:…III. Producir o causar ruidos por cualquier medio que notoriamente atenten contra la tranquilidad o represente un posible riesgo a la salud de los vecinos…”

Así, sea usted adicto al adagietto de Mahler, o a la cumbia villera de Diego Leonardi, sepa que sus pasiones tienen un límite, siempre que no quiera ser arrestado o pagar una multa de 10 a 40 días de salario mínimo.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).


7 comentarios en “El Derecho frente al ruido

  1. Me parece interesante el artículo. Valdría la pena que se escribiera una relacionado con el ruido y los estados de ánimo; y otro relacionado con ruido y salud.

  2. Querido Alex:

    Este artículo realmente contiene un alto grado orgásmico; lo único que me queda claro es que las Leyes Ambientales no han cambiado nada desde 2000 a 2003, a la fecha, ¿a poco no, apreciado Alex?

  3. El ruido en la ciudad es considerable no se de cuantos DB

    ¿que se puede hacer contra los comerciaantes ambulantes con megafonos?

  4. mhhhhhh en algunas colonias del DF, si los vecinos firman una carta, se cierra una calle por ¡horas! para tener una fiesta ahi… la delegación lo autoriza

    y por mis rumbos, celebrando fiestas patronales religiosas, hay cuetes de día y de noche, cada hora, en honor del santo respectivo, aunque casi es cada fin de semana jejeje

    con mis adorados vecinos, después de las 22:00 de domingo a jueves, si tienen música fuerte, no importa el género yo si voy y les toco, claro que me la han regresado en fin de semana, hasta las 5:00 am y calro, sin siqueira ¡invitarme!

    en fin

    solución: ¿unos audífonos?

  5. Otro atropello son las bocinas instaladas en cuanto local comercial en la calle. Sin ninguna consideración alteran los nervios a límites demenciales. A las autoridades sobre todo del Estado de México les tiene sin cuidado.

  6. Espléndido artículo. En el centro histórico de la Ciudad de México se escucha una mezcla de ruido sui generis, de una urbe viva, pero muy ruidosa.

  7. Excelente artículo.

    En estos tiempos el ruido además de parecer un distintivo entre la población joven, acaba por inocular sentimientos de agresión e irremediablemente induce enfermedades cardiacas en la población.Un niño en la escuela tiene que gritar para ser escuchado y de ello hace un hábito.
    En Zapopan norte (donde vivo) la cantidad e intensidad es insoportable y las autoridades desconocen los reglamentos existentes para controlarlo y lo que es más, no les interesa hacerlo.

Comentarios cerrados