
La identidad de los espacios editoriales y la fidelidad de sus lectores se debe en buena medida a su denominación. Desde hace poco más de tres décadas que comencé a publicar en nexos supe que no se trataba sólo de publicar, sino de publicar en nexos. Así que cuando quería compartir o presumir alguna de mis publicaciones en la revista, de manera invariable, remataba el acto de socialización aclarando que mi publicación había aparecido en nexos. Ello con la convicción –que mantengo– de que ese dato le daba una suerte de plusvalía al texto publicado.
Por eso entiendo la resistencia de los editores a cambiar el nombre de los espacios editoriales que han logrado acreditarse. “El Juego de la Suprema Corte” ha logrado ser mucho más que un membrete. Es la denominación de un espacio que evoca textos rigurosos, serios y, al mismo tiempo, accesibles y atractivos sobre temas que tocan los confines del derecho pero que no son absortos ni devorados por los formalismos y los rebuscamientos del lenguaje abogadil (el así llamado abogañol).
De hecho, cuando Héctor Aguilar Camín me invitó a coordinar y dirigir este blog de nexos me pidió que los textos publicados fueran accesibles para un historiador y novelista (que no es cualquier historiador ni novelista), como él. A partir de ese día, cuando invito a una nueva pluma a que me mande un texto le cuento esa anécdota como criterio orientador de estilo y tono. Hasta hoy –al menos eso pienso– me ha funcionado sin excepciones.
Desde aquella conversación me surgió una inquietud –que compartí con Héctor– sobre la denominación del blog. El nombre me gustaba y me sigue gustando mucho, pero la realidad institucional y jurídica del país estaba dando un giro de 180 grados que nos tiene en donde estamos.
Ya lo he dicho en otro texto en este mismo espacio; documentar y seguir los pasos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hace tres lustros tenía sentidos y derroteros que se difuminaron junto con nuestra democracia constitucional hoy prácticamente inexistente. Así que me di a la tarea de consultar de manera informal y amistosa a algunas de las personas colaboradoras de este espacio para imaginar una denominación del blog acorde a la realidad actual. Rebotamos ideas sin mucha convicción, pero la propia corte resolvió el acertijo.
Desde la invitación que realizó el “Ministro Presidente Electo”, Hugo Aguilar Ortiz, a algunas personalidades del foro jurídico para asistir a la sesión solemne de instalación del máximo tribunal el pasado 1º de septiembre, en el membrete y el texto consta lo siguiente: Nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque la denominación no sea constitucional me parece motivo suficiente para ajustar el nombre de nuestro blog.
A partir de ahora por razones de forma pero también de fondo, el blog se denominará “El Juego de la Nueva Suprema Corte”. El cambio de forma es una actualización con respecto a la realidad; el de fondo es una llamado de atención y una toma de consciencia de que observamos a una institución diferente para la que el poder y política se han colocado por encima de la constitución y del derecho.
El mero cambio de nombre en documentos oficiales, la ceremonia ritual de su iniciación como jueces y juezas constitucionales –violando el principio constitucional de laicidad– y el tono histriónico de sus sesiones dan cuenta de ello.
Ese es el juego que nos toca observar y documentar en estos tiempos. Así lo haremos.
Pedro Salazar Ugarte
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Editor de este blog de nexos
Mi gratitud perenne por distinguirme con sus artículos y boletines.
¡Llámese como se llame de todas maneras lo voy a leer!