La línea editorial del Juego de la Nueva Suprema Corte se traza en los confines de la coyuntura. La relevancia de los textos publicados la trascienden, pero no dejan de observarla. Por eso, el año pasado ajustamos su denominación para dar cuenta de la “novedad” institucional de lo que hasta hace poco fue nuestro Tribunal Constitucional. De la misma manera consignamos análisis rigurosos sobre transformaciones normativas y decisiones de autoridad que han apuntalado el régimen autoritario que habitamos.

Ahora que miro la baraja completa de los últimos seis meses constato –con una suerte de preocupación satisfecha– que logramos plasmar una fotografía vigente de un momento histórico que demandaba análisis inmediato, pero también reflexiones que durarán en el tiempo. Un difícil equilibrio. El reto es mantener vigente ese encuentro entre lo inmediato y lo trascendente durante este año.

Como editor no puedo –ni pretendo– trazar ex ante la agenda temática del blog para los próximos meses. Los textos que publicamos provienen de diferentes fuentes y llegan por vías diversas; pero todos dan luz sobre los temas que demandan atención. En ese sentido, el contenido del conjunto se define sobre la marcha. Lo que nos toca a los responsables del espacio es garantizar rigor, claridad, argumentación y originalidad de las piezas publicadas. Sin embargo, sí es posible avizorar algunos temas imprescindibles.

Para 2026 se puede anticipar que el neoimperialismo de los Estados Unidos (y sus efectos regionales y globales) estará muy presente en este espacio. Es necesario escrutar con rigor las implicaciones jurídicas de la política y las decisiones de Donald Trump y su camarilla. Una pregunta obligada en este galimatías es contundente: ¿qué queda del derecho internacional de posguerra (si es que algo queda)? Tal parece que vivimos en un mundo sin brújula ni horizonte. Por ello, para entender en dónde nos encontramos, es crucial identificar las obligaciones y analizar las reacciones y decisiones políticas de los distintos actores en el concierto regional y global. Ello vale para los Estados y para los organismos internacionales que van quedando desfondados como meros espectadores de una realidad que los ignora con desparpajo.

Desde esa perspectiva, pero en el ámbito nacional, México ha quedado pillado en un terreno muy resbaladizo. No sólo por su ubicación geográfica sino porque la revisión del T-Mec que inicia este año será fundamental para nuestro futuro económico. De eso también tendremos mucho que decir en este blog de nexos que ha sido una publicación históricamente clave en el estudio del tratado comercial con América del Norte a partir de la última década del siglo pasado. En ese contexto también será crucial dar seguimiento a la elección intermedia en el coloso del norte.

El vertiginoso cambio tecnológico –sobre todo la IA– es el gran tema del presente. Desde hace años en este blog se ha dado cuenta de su importancia, complejidades, vicisitudes y potenciales implicaciones positivas y negativas. En 2026 mantendrá su protagonismo inevitable en este espacio. Ya lo sabemos: no hay prácticamente ningún ámbito de nuestra existencia que no esté o no pueda ser alterado por máquinas y algoritmos que evolucionan todos los días. Sin exageraciones. Por lo mismo, debemos analizar sus botes y rebotes en las instituciones, las normas y los actores relevantes, ya sean públicos o privados. Así lo haremos.

En México todo indica que seguirá la mata dando. Por lo pronto, enseña aviesa sus garras la reforma electoral “Sheinbaum-Gómez”. Entenderla, explicarla y denunciarla –en lo que merezca ser denunciada– será objeto de personas expertas en esa compleja materia que suelen aparecer generosas en el Juego de la Nueva Suprema Corte. Lo mismo vale para la etapa de implementación en la que ya hemos entrado de los entuertos legislativos y administrativos aprobados el año pasado. Una cosa es analizar críticamente los arreglos normativos y otra –más compleja y relevante– estudiar su implementación práctica. Por lo pronto, por ejemplo, tenemos al paquete fiscal con su ocurrencia de la “materialización de las operaciones” que ya entró en vigor hace algunos días y que exige un seguimiento que daremos de inmediato.

Me detengo en estas pinceladas para invitar a quienes colaboran con nosotros –con su pluma o su lectura atenta– a que sigamos intentando armar este rompecabezas al que, por lo que parece, le faltan muchas piezas.

Pedro Salazar Ugarte

Editor del blog

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Publicado en: Absurdos jurídicos