El juicio contra O. J. Simpson: una intersección compleja entre derecho, celebridades y medios de comunicación

El proceso judicial contra O. J. Simpson, celebrado en California en 1995, es uno de los procedimientos legales más cautivadores y polémicos de la historia de Estados Unidos. El juicio no sólo conmovió a la nación entera, sino que también provocó intensos debates sobre temas que van desde las relaciones raciales y la cultura de las celebridades hasta la eficacia del sistema de justicia penal.

Me parece que se trata de un juicio que contiene grandes lecciones para otros sistemas jurídicos, como el mexicano, por ejemplo. Hay mucho que aprender, incluso respecto a técnicas de litigación en audiencias orales y desde luego sobre la forma de presentar (y refutar) argumentos.

Vale la pena examinar, aunque sea de forma superficial, las complejidades legales del caso, el papel que jugaron los medios de comunicación y las implicaciones sociales más amplias que resonaron en los pasillos de la justicia (y que, de una u otra forma, siguen resonando en la actualidad).

El caso inicia el día 12 de junio de 1994 cuando los cuerpos de Nicole Brown Simpson, la exesposa de la exestrella de la NFL O. J. Simpson y su amigo Ron Goldman fueron descubiertos brutalmente asesinados afuera de la casa de Nicole en Los Angeles.

Lo que siguió fue un juicio penal de alto perfil que captaría la atención de toda la nación y se convertiría en un acontecimiento histórico en la historia jurídica.

El juicio estuvo marcado por una serie de complejidades legales, comenzando con la icónica persecución a baja velocidad que involucró a Simpson cuando iba a bordo de su camioneta Ford Bronco blanca (y que fue transmitido en vivo a través de diversas cadenas de televisión).

El juicio se desarrolló en un contexto de tensiones raciales, ya que Simpson, un afroamericano, fue acusado de asesinar a su exesposa y a su amigo, ambos de raza blanca. Fue tanto el impacto generado por las actuaciones judiciales que se le llamó “El juicio del siglo».

Contó con un equipo legal estelar por ambas partes, con Johnnie Cochran y Robert Shapiro liderando la defensa de Simpson y Marcia Clark y Christopher Darden representando a la fiscalía.

La estrategia del equipo de defensa es algo de lo que todos los abogados deberíamos aprender. Se trató de una aproximación multifacética, en la que se incorporaron elementos sobre la dinámica racial en la sociedad norteamericana, la mala conducta policial que poco antes había generado disturbios de enormes consecuencias en el caso de la golpiza al ciudadano afroamericano Rodney King y desafíos argumentativos de gran alcance cuando fue presentada la evidencia forense.

La acusación, por su parte, se basó en gran medida en pruebas forenses, incluyendo el muy conocido y estrepitoso fracaso del infame guante manchado de sangre encontrado en la escena del crimen que los fiscales le pidieron a Simpson que se pusiera frente al jurado (y le quedó aparentemente pequeño).

Ahora bien, el juicio de Simpson no fue sólo un drama judicial; si es recordado tantos años después se debe sobre todo a que fue un espectáculo mediático que se desarrolló en las pantallas de televisión de todo el país.

El juicio marcó el advenimiento de la cobertura noticiosa las 24 horas del día, con cadenas que transmitieron en vivo los procedimientos desde la sala del tribunal. Los medios de comunicación desempeñaron un papel fundamental a la hora de moldear la percepción pública e influir en la trayectoria del juicio.

Los matices raciales del caso se convirtieron en un foco central, ya que el equipo de defensa argumentó que Simpson era víctima de racismo sistémico dentro del Departamento de Policía de Los Angeles. El juicio se convirtió en una lente a través de la cual la sociedad examinó no solamente una acusación por un doble homicidio, sino también y sobre todo cuestiones de raza, privilegios sociales y el sistema de justicia penal.

Sin embargo, el papel de los medios de comunicación a la hora de amplificar estas cuestiones también generó dudas sobre el impacto del sensacionalismo en la búsqueda de justicia; se puso en tela de juicio la imparcialidad y el rigor con los que los medios daban a conocer información sobre el proceso.

Lo que resulta innegable es que el juicio contra Simpson trascendió los límites de la sala del tribunal y generó conversaciones amplísimas sobre las relaciones raciales, la violencia doméstica contra las mujeres y la influencia de la cultura de las celebridades en un país que tiene a tantos “artistas” y personajes “famosos” como lo es Estados Unidos.

El juicio expuso prejuicios sociales profundamente arraigados y destacó los desafíos de lograr una verdadera justicia en un sistema marcado por fallas sistémicas. También demostro la profunda falibilidad del sistema del jurado popular, desde mi punto de vista.

El veredicto de inocencia, dictado el 3 de octubre de 1995, provocó reacciones divergentes entre líneas raciales, lo que acentuó aún más el impacto del juicio en el discurso público. Mientras que algunos celebraron la absolución como un triunfo sobre lo que se percibía como un prejuicio racial, otros la vieron como un error judicial y un fracaso en el intento de responsabilizar a una celebridad por un crimen atroz.

En todo caso, se trata de un juicio que sigue siendo uno de los capítulos más famosos y analizados de la historia legal estadunidense; el interés que suscitó y sigue suscritando se debe a esa compleja intersección de temas raciales, trato hacia las celebridades y papel de los medios de comunicación. Todos esos factores, entre otros, convergieron para crear una narrativa única y compleja que convirtió en personajes muy conocidos a todos los involucrados.

Más allá del drama judicial, el juicio provocó un examen crítico de las cuestiones sociales más amplias que siguen dando forma a la experiencia estadunidense. El legado del juicio perdura como un recordatorio de los desafíos que siguen existiendo para equilibrar la justicia, lograr que el escrutinio de los medios no sea un elemento que deforme la percepción social sobre la justicia y conseguir que sean satisfechas las expectativas de la sociedad dentro del marco del sistema legal, siemrpe con respeto a los derechos humanos de todas las personas.

Un elemento curioso, al menos para quienes no estamos acostumbrados a los vericuetos judiciales que existen en Estados Unidos, es que luego de ser absuelto en el proceso penal, fue demandado civilmente por la familia de Ronald Golman.

El juicio civil contra O. J. Simpson, conocido como el caso «La familia Goldman contra Simpson», siguió al juicio penal.

Si bien el juicio penal captó una atención generalizada, el juicio civil tuvo lugar en un contexto legal diferente y tuvo sus propias implicaciones. El gran cambio entre ambos procesos fue que en el juicio civil no se permitió la entrada a las cámaras dentro de la sala de audiencia, de modo que eso pudo moderar el frenesí mediático que sí hubo en el proceso penal.

La familia Goldman presentó una demanda por muerte por negligencia contra O. J. Simpson en febrero de 1997, solicitando daños compensatorios y punitivos por la muerte de Ron Goldman. A diferencia de un juicio penal, donde la fiscalía debe probar la culpabilidad más allá de toda duda razonable, un juicio civil tiene una carga de prueba menor: la preponderancia de la evidencia. Esto significa que el demandante (los Goldman, en este caso) tiene que demostrar que era más probable que Simpson sí fuera responsable de las muertes.

El juicio civil tuvo lugar en Santa Mónica, California, y contó con un elenco de personajes legales diferente al del juicio penal. Daniel Petrocelli representó a la familia Goldman, mientras que el equipo defensor de Simpson incluía a los abogados Robert Baker y Robert Blasier. El juicio comenzó el 23 de octubre de 1996 y duró varios meses.

Se presentaron nuevamente pruebas del proceso penal, incluido el infame guante ensangrentado. Sin embargo, en un giro muy interesante, la defensa argumentó que Simpson era inocente en el juicio penal, pero admitió su responsabilidad en el caso civil. Simpson, bajo juramento, testificó sobre sus acciones la noche de los asesinatos, afirmando que no mató a Nicole ni a Ron, pero admitiendo cierto nivel de responsabilidad.

El 4 de febrero de 1997, el jurado civil falló que O. J. Simpson en efecto fue responsable de las muertes de Nicole Brown Simpson y Ron Goldman. El jurado otorgó 8.5 millones de dólares en daños compensatorios a la familia Goldman y 25 millones de dólares en daños punitivos, lo que eleva el total de la compensación a 33.5 millones de dólares. Los daños punitivos estaban destinados a castigar a Simpson por lo que el jurado consideró conducta intencional e ilícita.

El juicio civil tuvo importantes consecuencias financieras para O. J. Simpson. Si bien las indemnizaciones otorgadas fueron sustanciales, cobrar el dinero resultó un desafío para la familia Goldman. Los activos de Simpson, incluida su pensión de la NFL, estaban hasta cierto punto protegidos legalmente y no se pudo tener acceso a ellos.

El juicio civil también planteó dudas sobre la relación entre los procedimientos penales y civiles. Algunos críticos argumentaron que la menor carga de la prueba en los casos civiles permitió un resultado diferente al del juicio penal, donde Simpson había sido absuelto. Otros vieron el juicio civil como una forma de justicia para las familias de las víctimas, brindándoles un medio para responsabilizar a Simpson a pesar de su absolución en el caso penal.

Tras el juicio civil, O. J. Simpson continuó enfrentando desafíos legales y financieros. Como ya dijimos, el legado de estos juicios es enorme y continúa dando forma a las discusiones sobre el sistema legal estadunidense, la justicia de celebridades y la interacción entre los procedimientos penales y civiles. Me parece que vale la pena estudiarlos y aprender de las técnicas de litigación empleadas por los respectivos equipos legales (incluso de las técnicas empleadas fuera de la sala de audiencias).

Además de que las videograbaciones de las audiencias están disponibles de forma completa en Youtube, los principales protagonistas del debate jurídicos escribieron libros explicando sus puntos de vista y defendiendo sus respectivas posturas. Por parte de la fiscalía vale la pena revisar las obras de Marcia Clark, Without a doubt, Viking Penguin, 1997 y de Christopher Darden, In contemp, Graymalkin Media, 1996.

La perspectiva de la defensa se encuentra expuesta en los libros de Johnnie L. Cochran Jr., Journey to justice, Ballantine Book, 1996 y el del famoso abogado F. Lee Bailey, The truth about de O. J. Simpson trial, Arcade publishing, 2021 (llama la atención que esta obra fue publicada muchos años después del juicio, aunque sin traer a colación elementos novedosos respecto a lo que ya habían escrito otras personas involucradas).

El desenvolvimiento y resultado del juicio civil fue descrito con detalle por el abogado de la familia Goldman, Daniel Petrocelli, Triumph of justice. The final judgment on the Simpson saga, Crown Publishers, 1998.

El testimonio de uno de los principales encargados de la investigación policial (que luego tuvo un lamentable papel en el proceso) puede verse en Mark Fuhrman, “Murder in Brentwood”, Regnery Publishing, 1997.

Finalmente, el mejor análisis, imparcial y profundo, del caso es el de Vincent Bugliosi, Outrage. The five reasons why O. J. Simpson got away with murder, W.W. Norton and Company, 1996.

 

Miguel Carbonell. Director del Centro de Estudios Jurídicos Carbonell A. C.

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Publicado en: Día a Día, Internacional