“Nuestras vidas empiezan a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas que importan”
—Martin Luther King, Jr.
La observación electoral no es simple testimonio de lo que ocurre durante la jornada electoral. La observación contribuye a transparentar actividades, al respeto de los derechos político-electorales y, sobre todo, a inyectar confianza a la ciudadanía sobre el buen curso de todo el proceso electoral. Son las y los observadores quienes monitorean y dan fe de que una elección no sólo es transparente, sino íntegra. Por ello, hoy más que nunca, es importante promover la observación electoral.
La primera misión de observación a nivel mundial ocurrió en 1935 cuando la población del Saarland votó para decidir si permanecía administrada por Francia (como se determinó después de la Primera Guerra Mundial) o si se devolvía a Alemania. Bajo la mirada de una fuerza internacional de unos 3300 miembros se votó por volver a Alemania.1 En las décadas siguientes, las misiones de observación continuaron, y como en el caso del Saarland, se limitaron a vigilar procesos de autodeterminación nacional e independencia.

A partir de la segunda mitad y especialmente a fines del siglo XX las misiones de observación electoral fueron aumentando en recursos, capacidad y cobertura. Inicialmente limitadas a presenciar la jornada electoral y sus rituales (horarios de apertura y cierre, disponibilidad de materiales, incidentes durante la votación, etc.) poco a poco se avanzó para cubrir nuevos temas y momentos del proceso, antes y después de la jornada electoral. Además, también aumentó su profesionalización, con personal capacitado y robustas metodologías para hacer una observación informada e imparcial.
Es con la tercera ola de democratización (iniciada en 1974 con la revolución de los claveles de Portugal) que la observación aumenta aún más en número y calidad. Como indica la Gráfica 1, mientras entre 1945 y 1974 hubo apenas 44 misiones de observación electoral a nivel mundial, a partir de 1975 —inicio de la tercera ola— y hasta 2020, hubo 1629 misiones. La democracia también nos trajo transparencia.
Gráfica 1. Misiones de observación electoral internacionales. Mundial: 1945-2020

Fuente: elaboración propia con datos de NELDA-Nationa Elections Across Democracy and Autocracy, 2024
La observación electoral contribuye a la construcción de confianza en los procesos electorales, y por lo tanto en sus resultados. Como reza el sabio proverbio popular “el que nada debe, nada teme”. Arrojar luz sobre un proceso de calidad no hace más que mostrar y difundir su integridad.
Además, la presencia de observadores ayuda a disuadir malas prácticas. Diversos estudios académicos han demostrado en una variedad de países que la observación tiene efectos positivos en inhibir fraude, robo de urnas, registros irregulares de votantes, tasas de participación anormal, y en limitar intentos de manipulación.2
También, a través de las recomendaciones que emiten los observadores se contribuye al perfeccionamiento de las instituciones. Las recomendaciones cubren distintos aspectos: desde tener un registro electoral más actualizado hasta mejorar la seguridad de los sistemas de transmisión de resultados. Estas sugerencias se basan en obligaciones internacionales y mejores prácticas y abonan a que procesos futuros sean más incluyentes e íntegros.
México ha sido parte de esta ola de transparencia. Aquí la apertura a la observación también coincidió con el despuntar de nuestra democracia, hace tres décadas. Hasta 1990 el régimen de partido hegemónico tenía sus reservas con la observación electoral. La excusa, común en regímenes autoritarios, era que la observación violaba la soberanía nacional.
En 1991 y 1992 iniciaron las primeras visitas internacionales informales de organizaciones como el Instituto Nacional Demócrata y el Centro Carter. Es en 1994 cuando en México se formaliza la presencia de observadores, a través de la figura de “visitantes extranjeros”. Denominación que prescinde de la palabra observación, para evitar herir sensibilidades, y que se mantiene hasta nuestros días.
No por esa denominación tímida se han frenado los beneficios de la observación internacional. Desde 1994, se han acreditado 6725 personas (visitantes extranjeros provenientes de 114 países de los cinco continentes3) y 34 misiones internacionales de observación electoral. Misiones que, con diversas características y alcances, han emitido más de 200 recomendaciones de mejora. De éstas, México (a través de diversas instituciones como el INE, el TEPJF y el Poder Legislativo) ha implementado más del 50 %.4 Esta alta tasa —superior a la media regional— habla de la enorme contribución de la observación a la democracia de nuestro país.
El actual proceso electoral federal no debe ser la excepción. El Instituto Nacional Electoral ya ha emitido una convocatoria (acuerdo INE/CG537/2023) dirigida a la comunidad internacional interesada en acompañar el proceso, aunada a un Fondo de Apoyo a la Observación Electoral que otorga apoyo financiero y técnico a los mejores proyectos de observación de la sociedad civil nacional. Este fondo siempre es administrado por una tercera institución independiente y se sujeta a las más estrictas normas de transparencia y rendición de cuentas.
A su vez, desde el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se fomentó un Programa Estratégico de Observación y Acompañamiento de la Justicia Electoral para el proceso electoral federal 2023-2024. El programa considera misiones de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE), la Red Mundial de Justicia Electoral (RMJE) y personas expertas internacionales. Éstas podrán llevar a cabo vistas a México y análisis comparados de procesos y sentencias en temas de relevancia para la justicia electoral (independencia judicial, redes sociales y desinformación, igualdad de género, entre otros).
El objetivo de este programa es fomentar y proteger la integridad de las elecciones, así como identificar sus áreas de oportunidad. En suma, el propósito es la transparencia y el fortalecimiento de la justicia electoral. Es por ello, que hoy más que nunca es importante refrendar el compromiso con este programa y la observación electoral en nuestro país.
Reyes Rodríguez Mondragón. Magistrado de Sala Superior, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Miguel Angel Lara Otaola. Miembro del Consejo Internacional del Proyecto de Integridad Electoral.
1 Kugel, A. F. Allied Plebiscite Activity in the Saar Territory, 1935, Military Postal History Society (MPHS), 2020. Fecha de consulta: 18 febrero, 2020.
2 Hyde, S. D. The Pseudo-Democrat’s Dilemma: Why Election Observation Became an International Norm, Cornell University Press, Ithaca y Londres, 2011.
Ichino, N., y Schündeln, M. “Deterring or Displacing Electoral Irregularities? Spillover Effects of Observers in a Randomized Field Experiment in Ghana”, Journal of Politics, 74(1), 2012, pp. 292-307.
Little, A. T. “Elections, Fraud, and Election Monitoring in the Shadow of Revolution”, Quarterly Journal of Political Science, 7(3), 2012, pp.249–283.
3 Instituto Nacional Electoral. “Visitantes extranjeros”.
4 Valdés Zurita, L., y Lara Otaola, M. “Legado y futuro de la observación electoral internacional en México”, en Apuntes Electorales, 21(67), 2022, pp. 11-43.