El Tribunal Electoral y su (nueva) crisis

Una vez más el Tribunal Electoral enfrenta una crisis, ahora propiciada por tres magistrados que han solicitado la renuncia del actual magistrado presidente.

Arguye este grupo de jueces que el titular del Tribunal Electoral ha cometido fallas administrativas y presupuestales, que se ha sometido a intereses, ha perdido capacidad para pilotear esta institución y, por tanto, ya no es confiable para encabezar este órgano jurisdiccional. Sin embargo, como pruebas de estos graves señalamientos hasta ahora no han ofrecido más que generalidades… en realidad no ha apuntado más que estos señalamientos en sí. Ningún elemento que justifique una exigencia de ese calibre a meses de la elección más grande y compleja en la historia del país.

Ilustración: Víctor Solís

Esta mesura probatoria responde, según estos magistrados, a que buscan proteger la institucionalidad del Tribunal Electoral. Algo irónico si se considera que esta crisis se desató por su desplante al faltar al informe del presidente del Tribunal Electoral en sesión solemne ante el pleno de la Suprema Corte, mientras difundían una foto de ellos sonrientes desayunando en un restaurante.

El presidente del Tribunal Electoral, en respuesta durante el fin de semana, publicó una carta para rebatir algunas de estos señalamientos relativos a malos manejos administrativos y presupuestales, rechazar categóricamente eventuales capturas de intereses y, aprovechar para revelar puntualmente que este grupo de magistrados han tenido serios problemas para cumplir y resistir la “austeridad republicana”.

El árbitro electoral avanza en un pleito que no a su buen funcionamiento, sin capacidad de procesar de manera adecuada sus conflictos internos, con independencia de la connatural diferencia de criterios jurisdiccionales.

La clase política, por su parte, las candidatas presidenciales y los partidos políticos sorprendentemente al ser los jugadores en esta competencia electoral no han abogado con firmeza por un árbitro electoral sólido, eficaz y, en este sentido, exigido al Senado que cumpla con la designación que tiene pendiente de las dos vacantes para completar su integración de siete magistradas y magistrados —y no como está ahora con tan solo cinco—. Ellos deberían de ser los primeros interesados en un árbitro legitimado.

El magistrado presidente, como había anunciado el jueves pasado, hoy por la mañana hizo pública su decisión respecto la petición de renuncia: continuará en el cargo. Se trata, en principio, de una buena noticia, su gestión a partir de datos palpables es la que más estabilidad le ha ofrecido a este Tribunal Electoral permitiéndole cumplir con su función de darle certeza a la resolución de conflictos electores con base en la ley y constitución. El reto, sin embargo, será reconstruir la dinámica de trabajo entre los cinco magistrados y magistradas para los meses que vienen de enorme litigiosidad no sólo en torno al proceso electoral presidencial, sino en los cientos de comicios que se celebran en junio próximo.

Apenas en octubre, publiqué en esta misma revista un texto —“El tribunal electoral y la tormenta que viene”— que enumeraba los riesgos que tendría que enfrentar esta institución en estos comicios. El escenario que esbocé no era alentador, pero el mayor peligro a mi parecer residía justo en que “…cada uno de sus integrantes deben asumir que, como tribunal constitucional, como órgano límite que cierra el sistema electoral, la suerte de la institución depende más que cualquier de otra del desempeño de ellos. Nadie más en el sistema electoral va a revisar sus sentencias, ningún otro órgano judicial va a escudriñar sus decisiones. Entender la circunstancia del país será decisivo en cómo sortee este tribunal la tormenta del 2024. Y ése, al final, es el riesgo más delicado del Tribunal Electoral: que sus integrantes entiendan con claridad que éste es su momento”.

Y ahí está la raíz de esta crisis: algunos de nuestros jueces electorales no están entendiendo cuál es precisamente su momento ni responsabilidad.

Saúl López Noriega. Profesor e investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. X: @slopeznoriega.