La cultura de las armas y los ciclos de violencia en México y Estados Unidos

Como consecuencia del mundo hiperglobalizado de hoy, los desafíos que enfrentan los países ya no pueden considerarse estrictamente domésticos. Más bien, se debe tener en cuenta las formas en que ciertos problemas que se consideran como ‘domésticos’ o ‘internos’ se manifiestan en otras partes del mundo. Los problemas y debates legales en torno al control de las armas de fuego en Estados Unidos y el impacto que tienen en Latinoamérica, específicamente México, constituyen un ejemplo perfecto de este fenómeno.

Como mexicano que vivió una gran parte de su vida en los Estados Unidos, he experimentado los dos lados de la moneda del tema de la violencia y el control de las armas de fuego. Asistiendo a la escuela en los Estados Unidos, aprendí cómo era vivir bajo esta amenaza. Una amenaza que existe debido a una cultura de las armas profundamente arraigada en la idiosincrasia americana. Un aspecto que es casi mitológicamente fundacional en el pensamiento político y cultural de este país. Esta realidad se expresó en simulacros durante horas escolares y filas diarias a través de un detector de metales a las 8 a. m. o, en el extremo opuesto del espectro, al entrar a la cocina de un amigo y ver a su primo adolescente con una pistola enfundada en sus pantalones. La falta de regulaciones sensatas en materia de armas de fuego y la dura oposición a la reforma obliga a muchos estadounidenses a lidiar con el hecho de que en los últimos tres años ha habido más tiroteos masivos que días en el año. Esta misma falta de regulación y control somete a los mexicanos a la lamentable violencia y extorsión del crimen organizado. Se estima que hasta el 90 % de todas las armas de fuego involucradas en el crimen en México se originan en los Estados Unidos.

Una mirada superficial a las noticias revela los efectos devastadores que estas armas han tenido en la sociedad mexicana. Según Vision for Humanity, ha habido un total de 211 000 homicidios en el período de siete años de 2015 a 2021. Independientemente de las pequeñas mejoras, la tasa de homicidios en México se mantiene cerca de los máximos históricos con un promedio de alrededor de 94 homicidios por día en 2021. Pero el efecto de los grupos del crimen organizado equipados con armas de fuego estadounidense va mucho más allá de los asesinatos y las muertes. Muchas de estas bandas ejercen control territorial sobre regiones enteras del país, controlando sus recursos económicos y oprimiendo a sus poblaciones. Este es el caso de mi estado natal de Michoacán, donde los grupos criminales han ejercido control sobre los lucrativos cultivos de limón y aguacate. En este estado surgieron las famosas “autodefensas”; grupos comunitarios que se levantaron en armas en contra del crimen organizado hace una década, evidencia principal de la opresión provocada por los grupos de cárteles.

Las leyes estadounidenses en cuanto a las armas son comparativamente laxas y están llenas de lagunas legales. Estas permiten que miles de armas crucen la frontera con México fácilmente; a su vez, estas armas alimentan la paralizante violencia que se observa en muchas partes de México. Aunque este debate sobre el control de armas tiene lugar en las cámaras legislativas de los Estados Unidos, este tema, sin lugar a dudas, es de carácter regional. Las vidas de las personas en ambos lados de la frontera están en peligro. Sólo cuatro países en América Latina: Brasil, México, Colombia y Venezuela, representan alrededor de una quinta parte de todas las muertes anuales causadas por armas de fuego en todo el mundo. Cuanto más tiempo pase antes de que se promulguen reformas importantes y significativas a las leyes que controlan el uso y la distribución de armas de fuego en Estados Unidos, más vidas se perderán en ambos lados de la frontera.

Ilustración: Augusto Mora
Ilustración: Augusto Mora

La cultura de las armas y su origen

Claire Boine define a la «cultura de las armas» como «el patrón social, duradero y las capas de sistemas cognitivos y normativos que se les incorpora a las armas de fuego como artefactos y vehículos de esa cultura. La cultura de las armas abarca tanto a los individuos como las instituciones que interactúan consciente e inconscientemente con las armas de fuego, a través de creencias, pensamientos, comportamientos, normas sociales y legales, así como las estructuras sociales que se proyectan sobre las armas de fuego”.1

Hay una abundancia diversa de culturas del armamento en los Estados Unidos. Estas pueden ser legales o ilícitas, pero el mito insurreccional de las armas promovido por los fabricantes e instituciones como la NRA (Asociación Nacional del Rifle) y el Partido Republicano es el mayor obstáculo para las reformas que tanto se necesitan, así como el facilitador de los déficits regulatorios. Como la famosa laguna legal conocida como el “Gunshow loophole” que permite que la gente compre sin verificación de antecedentes y es uno de los mecanismos principales que permite que las armas de fuego crucen la frontera.

Entonces, ¿cuál es el origen de esta cultura? Esta se basa en los mitos de la vieja frontera conocida como el salvaje oeste. Donde se vivía con un individualismo impenitente. Esta cultura también proviene de un pensamiento insurreccionista que pinta al Estado como una entidad naturalmente opresiva a la que se debe tener miedo, una idiosincrasia muy popular en Estados Unidos. Después de la guerra civil americana, los fabricantes de armas comercializaron sus productos utilizando imágenes de la frontera que evocaban este individualismo y enfatizaban la necesidad de protección personal. Hoy en día, el poderoso lobby de las armas, los medios conservadores y el Partido Republicano inundan al pueblo americano con la idea de que la libertad individual depende del derecho a portar armas. Este es un ideal al que se han adherido muchos estadounidenses. Estos ideales los resume en gran medida el congresista republicano de Alabama Barry Moore, quien en junio de 2021 dijo “si te quitan las armas, ¿qué sigue?  El derecho a un juicio justo y un abogado, tal vez la libertad de expresión, el derecho a adorar a quién elijamos y como elijamos”.2

Esta ideología fue impulsada por instituciones como la NRA y otras que conforman el famoso y poderoso lobby de las armas. Esta idea y el hecho de poseer armas motiva las posturas políticas de muchos estadounidenses (4 de cada 10 estadounidenses viven en un hogar con un arma). Esta adoctrinación es un gran obstáculo en el camino hacia una legislación sensata de control de armas. La violencia armada en los Estados Unidos no puede entenderse como un problema aislado, sino como un síntoma violento de una cultura más amplia que acepta la violencia y ve más posesión de armas, más policía y más seguridad como la única forma de combatirla. Esta es una cultura que acepta la violencia como un costo inevitable a ser libre, ya que las armas son lo que garantizan la libertad. Una cultura que cree que ‘un buen tipo con un arma es la única forma de detener a un malo con un arma.’ La retórica que ha sido impulsada por la NRA tras el horrible tiroteo en Sandy Hook.

Esta cultura no sólo se refleja en las relajadas regulaciones que rodean a las armas de fuego en los Estados Unidos, sino también en los ciclos domésticos de violencia que se pueden observar en ese país. El 2020 fue un año récord para la venta de armas en Estados Unidos, también un año récord para las muertes relacionadas a las armas de fuego. En este año los homicidios con armas de fuego aumentaron en un 33 % en relación con el año anterior. Un claro ejemplo de estos ciclos acelerados por la cultura de las armas son los casi constantes tiroteos masivos, con casi dos incidentes diarios en promedio en los últimos años. Según el Gun Violence Archive, hubo 610 tiroteos masivos en 2020; 692 en 2021; 647 en 2022 y 94 en tan solo los primeros meses de 2023. Uno puede pensar en los estudiantes que sobrevivieron al tiroteo de Oxford High School (Oxford, Michigan) en 2021 y tuvieron que revivir el trauma de un evento sumamente violento en el tiroteo de la Universidad Estatal de Michigan que ocurrió en febrero de este año. Estos ciclos de violencia se extienden fuera de los Estados Unidos a través del río de hierro de armas de fuego que fluye hacia el sur hasta México y el resto de América Latina.

El sobre flujo de armas y los obstáculos legislativos

Entonces, ¿cómo fluye este río de hierro? De la misma manera en que a uno de cada tres de los individuos que han perpetuado tiroteos en masa tienen prohibido poseer un arma al momento de cometer el crimen, el río de hierro es causado por el entorno regulatorio del control de armas en los Estados Unidos, que refleja y en gran medida protege la cultura de armas de este país. En primer lugar, la legislación de control de armas debe cumplir con la Segunda Enmienda, las leyes federales sirven como base para el uso y las transacciones permitidas, y los estados tienen la libertad de complementar estas leyes.

El ambiente legislativo actual en cuanto al control de armas simplemente deja demasiado espacio para que personas peligrosas al norte y al sur de la frontera accedan a poderosas armas de fuego. La Ley Brady de 1993 comenzó a exigir algunas verificaciones de antecedentes de los compradores de armas, pero esta ley abrió el famoso “Gunshow loophole”. Este es un mecanismo muy común para que las armas lleguen a los cárteles en México. Las organizaciones del crimen organizado pueden enviar a alguien a comprar armas a una convención o exposición de armas de fuego. También hay gente que obtiene ganancias vendiendo las armas que compraron en una convención al crimen organizado. Las compras de armas fantasma son otra forma común en la que los cárteles consiguen acceso a las armas estadounidenses. Este mecanismo implica que las partes de un arma se envían por separado y el destinatario las ensambla. La legislación federal de control de armas más reciente, la Ley Bipartidista de Comunidades más Seguras, ha aumentado las sanciones penales por esto, con la esperanza de anular este método del tráfico de armas. Es importante tener en cuenta que esta ley de 2022 es la primera que criminaliza el tráfico de armas a nivel federal, una señal de cuán atrasado está Estados Unidos en términos del control de armas, pero más importante aún, cuan protegidos están los intereses de los fabricantes de armas.

El mejor ejemplo de una pieza de legislación estadounidense que consagra los intereses de los fabricantes de armas es la Ley de Protección del Comercio Legal de Armas, mejor conocida por sus siglas inglesas PLCAA, que se promulgó en 2005. Esta ley elimina prácticamente toda responsabilidad de las empresas fabricantes de armas cuando se cometen delitos con sus productos. Esta ley les niega la justicia a las muchas víctimas de la violencia con armas de fuego. La misma violencia que es facilitada por la legislación de control de armas poco estricta de Estados Unidos y la protección de las ganancias de la industria de las armas de fuego. Un ejemplo perfecto es la desestimación de la demanda de 10 mil millones de dólares de parte de México en contra de Smith & Wesson sobre la base de esta inmunidad otorgada por el PLCAA.  Hay equivalentes a esta ley en el ámbito de la industria farmacéutica, pero ninguno va tan lejos como la PLCAA en la protección de una industria que claramente está fomentando ciclos de violencia, daño y trauma no solo en los Estados Unidos sino en todos los países de su periferia.

El control de las armas en EE. UU. como una cuestión regional

México ha lanzado una apelación a este veredicto en marzo de 2023. Nuevamente apuntando a Smith & Wesson, Beretta USA Corp, Colt, Witmer Public Safety Group, Glock, entre otros fabricantes.  México desea demostrar cómo las prácticas deliberadamente negligentes de la industria de las armas no sólo generan violencia en México, sino que también facilitan el tráfico de personas y de fentanilo. Dos desafíos apremiantes tanto para México como para Estados Unidos.  Muchos otros países de América Latina están plagados de violencia gracias a las armas fabricadas en Estados Unidos. Si esta apelación tiene éxito, ¿podrían otros países en los que las armas estadounidenses alimentan los delitos violentos reproducir esta estrategia legal? Este mismo mes de marzo, México acudió a los países  que integran la Comunidad del Caribe (CARICOM) para unirse a la demanda. En respuesta, recientemente, Trinidad y Tobago se ha unido oficialmente a la demanda de México, y se espera que Jamaica, San Vicente, Guyana, y las Bahamas también se unan pronto.

Los políticos de derecha y sus aliados en la industria de las armas se benefician de una sociedad más violenta tanto al norte como al sur del río bravo. Una sociedad más peligrosa significa más ventas de armas en los Estados Unidos debido a esta gran creencia en la protección personal. El récord de ventas de armas de 2020 coincidiendo con la pandemia, las protestas de Black Lives Matter y con una polarización política cada vez mayor no es ninguna coincidencia. La percepción de una sociedad más inestable permitió que los fabricantes de armas aumentaran sus ganancias ya que las ventas de armas aumentaron en un 65% en comparación con el año anterior. Los fabricantes de armas simplemente no desean forjar una sociedad más segura, sino que promueven esta cultura de las armas que acepta la violencia armada como una parte inevitable de la sociedad. Esto es evidente con el impulso de las compañías de armas y algunos legisladores republicanos para armar a los maestros como respuesta a la epidemia de los tiroteos en las escuelas.

En resumen: una sociedad aparentemente peligrosa aumenta las ganancias de los fabricantes de armas, entonces, ¿por qué no luchar con todo en contra de cualquier reforma?

El mismo principio se aplica cuando se analiza el tema de la violencia armada a través de una lente regional. Una sociedad más violenta en México impulsa las ganancias de las empresas de armas. Según la denuncia presentada por México en agosto de 2021, alrededor del 2.2 % de los 40 millones de armas que se producen anualmente en Estados Unidos entran al territorio mexicano y llegan a manos de cárteles.  Esto significa que una cantidad significativa de las ventas de armas son realizadas por grupos o individuos que buscan entregar estas armas al crimen organizado.  ¿A los fabricantes de armas realmente les gustaría perder esta parte de sus ventas?  No afirmo que las compañías estadounidenses de armas buscan perpetuar la violencia en México o en el resto de América Latina, pero es evidente que su mentalidad de priorizar las ganancias arriba de todo los motiva a no hacer nada para detener al río de hierro, algo que podría estar dentro de su poder. Dado que estos fabricantes son la fuente número uno de armamento para los grupos criminales en México, ellos y sus aliados en la derecha estadounidense podrían impulsar reformas para detener el flujo del río de hierro. Pero ellos preferirían mirar hacia otro lado, escondiéndose en la visión del control de armas como simplemente un problema estadounidense, ignorando las grandes cantidades de armas que se mueven hacia el sur.

Considerando la devastadora violencia impulsada por las armas estadounidenses al sur de la frontera, uno debe considerar la cultura estadounidense de las armas y la legislación que refleja su poder dentro de la sociedad como una causa raíz.  Incluso se podría extrapolar esto a la crisis migratoria en curso en la frontera sur de los Estados Unidos, donde hubo 206 239 “encuentros con migrantes” informados por la Patrulla Fronteriza sólo en noviembre de 2022. El estrangulamiento que el crimen organizado y las pandillas ejercen sobre muchas comunidades en México y Centroamérica es una de las principales razones por las que las personas emigran. Las oportunidades económicas ya son difíciles de encontrar en muchas de estas localidades y regiones, con las únicas formas realistas de salir adelante es trabajando para los cárteles o emigrando al norte, hacia los Estados Unidos. Sin su armamento fabricado en Estados Unidos, los cárteles no podrían ejercer un control tan fuerte sobre estas comunidades. Disminuir la violencia en México y América Latina aliviaría la crisis migratoria en la que enfrenta Estados Unidos. Dado que muchos legisladores republicanos son antiinmigrantes y están a favor de las armas, esto representa un conflicto de intereses al analizar el control de armas como un problema regional en lugar de nacional.

Enmarcar el control de armas y sus raíces en la cultura de las armas estadounidense como un problema regional puede ser beneficioso para las víctimas de la violencia tanto en los Estados Unidos como en América Latina. Demandas como la iniciada por México en 2021 pueden servir como un buen marco para un ataque internacional contra el lobby de armas de Estados Unidos, en alianza con los ya poderosos grupos de control de armas con base en Estados Unidos.  Especialmente con la nueva Ley Bipartidista de Comunidades Más Seguras que permitiría que se presenten casos penales en contra de los fabricantes y vendedores de armas. Esta nueva ley da el potencial de eludir la inmunidad otorgada por la PLCAA a una nueva demanda. En última instancia, si la cultura de las armas, la legislación y la violencia se toman dentro de un contexto regional más amplio en lugar de un mero problema interno de los EE. UU., los ciclos de violencia perpetrados por este problema en ambos lados de la frontera pueden comenzar a mitigarse y se pueden construir comunidades verdaderamente más seguras.

Lázaro Cárdenas Coffigny. Historiador con una pasión por comprender las complejidades de la política y la cultura global. Con una licenciatura en Gobierno e Historia del College of William & Mary en Virginia, EE. UU. y una maestría en Historia Global de la Vrije Universiteit en Ámsterdam. Aquí Lázaro profundizó su comprensión de las fuerzas históricas, económicas y sociales que han moldeado el mundo moderno.


1 Boine, C., y otros. “What Is Gun Culture? Cultural Variations and Trends across the United States,” Humanities and Social Sciences Communications 7, núm. 1, agosto de 2020, https://doi.org/10.1057/s41599-020-0520-6.

2 https://facebook.com/RepBarryMoore/videos/324552085895130/

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Publicado en: Día a Día, Internacional