La jueza Ketanji B. Jackson: entre el progreso y la minoría liberal

Estados Unidos cuenta con un sistema de pesos y contrapesos bastante eficiente, en donde la Corte Suprema es parte del mecanismo que permite oscilar entre distintas corrientes ideológicas a lo largo de los años. La dicotomía tradicional entre las zonas rurales frente a las zonas urbanas; las costas y las zonas de los lagos contra el sur, norte y centro del país, y cada vez más las zonas ricas frente las menos favorecidas son unas constantes que alteran esos cambios de ideología en las instituciones del país. Hoy, estamos por presenciar la llegada de la primera mujer afroestadounidense, proveniente de una zona urbana de la Costa Este y de un núcleo familiar trabajador, a la Corte Suprema, la cual ha permanecido en el dominio conservador desde hace décadas. Antes de que inicie el otoño, Kentaji Brown Jackson será la nueva representante del ala liberal de la máxima instancia del poder judicial estadounidense.

El pasado 7 de abril, Brown Jackson fue confirmada en el Senado como la próxima jueza asociada de la Corte Suprema de Estados Unidos, con 53 votos a favor y 47 en contra, tras la nominación del presidente Joe Biden. Tres republicanos votaron para que despachara desde la máxima corte: Susan Collins, Lisa Murkowski y Mitt Romney.1 Gracias a ello, la jueza tomará posesión de su cargo cuando el juez Stephen Breyer se retiré, hacia el final del próximo verano.

Quizá la historia de Brown Jackson no sea la de muchas familias afroestadounidenses que son una de las minorías más marginadas en Estados Unidos. Ella misma lo ha reconocido. Tampoco es similar a la de otras juezas de la Corte, como la inspiradora historia de vida de Sonia Sotomayor, nacida en el Bronx y con la pérdida de su padre durante la infancia, con todo lo que esa adversidad implica. Sin embargo, la sucesora de Breyer proviene de un núcleo familiar con padres que padecieron la segregación, fueron de clase trabajadora y tuvieron estudios universitarios. Algo no tan común en un país en donde los afroestadounidenses son la segunda minoría con menor porcentaje de títulos, sólo después de los hispanoestadounidenses: el 28.1% de los afroestadounidenses de 25 años o más cuentan con título universitario, mientras que ese porcentaje es de casi 42% para las personas blancas.2 Ante eso, que una mujer afroestadounidense llegue por primera vez a la Corte Suprema se tiene que celebrar. Se trata de un hecho que deja un precedente positivo en una Corte que sólo ha tenido a cinco mujeres entre los 115 jueces de su historia, o a tres personas no blancas despachando. Números incomprensibles en la actualidad. Las minorías importan y su representación en cada parte de la vida pública de un país multicultural y diverso como Estados Unidos aún más.

Ketanji Brown Jackson. Fotografía: Rose Lincoln, Harvard University bajo licencia de Creative Commons
Ketanji Brown Jackson. Fotografía: Rose Lincoln, Harvard University bajo licencia de Creative Commons

Implicaciones para la Corte Suprema

“Ha tomado 232 años y 115 nombramientos previos para que una mujer negra sea elegida para servir en la Corte Suprema de Estados Unidos. Pero lo hemos logrado […]  Soy la muy afortunada heredera del sueño de libertad y justicia para todos […] Pero nadie hace esto sola. El camino estaba libre para mí, para que pueda estar a la altura de esta ocasión. Y en las palabras poéticas de la Dra. Maya Angelou: lo hago ahora mientras traigo los regalos que me dieron mis antepasados. Soy el sueño y la esperanza de un esclavo”, fueron palabras de Ketanji Brown Jackson al dar su discurso posterior a su confirmación por la Cámara Alta de EE. UU., escoltada por el presidente Biden y la vicepresidenta Kamala Harris frente a la Casa Blanca.3

Nacida en Washington D.C. y crecida en Miami, Florida, Brown Jackson hará historia como la primera mujer afroestadounidense en ocupar un lugar de la máxima corte del país norteamericano. Antes de ella, sólo Clarence Thomas (aún en funciones) y Thurgood Marshall, el primero en llegar gracias a Lyndon B. Johnson, lo lograron. Con su llegada, la tercera rama de poder de Estados Unidos será la más diversa, con cuatro mujeres -por vez primera en toda su historia- y tres jueces no blancos.

A sus casi 52 años y siendo madre de dos por elección, Ketanji será la segunda persona más joven de la Corte, una ventaja que sólo la adelanta Amy Coney Barrett. Aquí, el tema etario es muy importante. Juezas y jueces jóvenes tienen la posibilidad, si su salud lo permite, de desempeñarse en el cargo durante más tiempo, al ser cargos vitalicios. Si se toma la edad del juez Breyer, como referencia de edad retiro, de 83 años, entonces, la jueza -cuyo primer empleo después de la universidad fue ser reportera de la revista TIME- podría realizar una carrera en la Corte Suprema de cerca de 30 años, despachando temas desde el ala liberal.

En cuanto a la vida académica, para seguir con la que parece ser una tradición estadounidense de tener únicamente jueces de Harvard o Yale, como todas y todos los que actualmente ostentan el cargo -salvo Coney Barrett-, la jueza Brown Jackson también es egresada de Harvard, y al igual que el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, participó en el brazo editorial de la Harvard Law Review. Esta escuela perteneciente a la llamada Liga de la Hiedra pareciera educar a jueces que en la actualidad son liberales o moderados.

Es importante explorar la procedencia de las y los jueces asociados de la Corte Suprema. Esto permite entender hacia dónde se inclinará su gestión. Por ejemplo, así como la jueza Coney Barret fue discípula del exjuez Antonin Scalia, Brown Jackson lo fue de quien será su predecesor, Stephen Breyer; algo que puede indicar que veremos a una jueza liberal y progresista, que defenderá cualquier causa a favor de los derechos de las mujeres y de minorías, como la comunidad LGBT+. La educación y la experiencia laboral permiten ubicar en el mapa ideológico las acciones o el rumbo que tomarán los defensores de la Constitución de EE. UU., más allá de qué presidente les nominó. Por ejemplo, considerando la clasificación Martin-Quinn Scores de la Universidad de Míchigan,4 se puede comprobar que la herencia de tres jueces de Donald Trump (Coney Barrett, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh) no es la más conservadora, sino parcialmente moderada. Si de bandos verdaderamente conservadores se hablara, entonces las nominaciones de los presidentes Bush (los jueces Thomas y Samuel Alito) serían las que por mucho inclinarían la balanza ideológica hacia el lado más extremo del conservadurismo.5

En términos generales ideológicos, en la Corte Suprema no habrá cambios sustanciales. Se puede esperar que Brown Jackson será casi igual que el juez Breyer, lo que dejaría el saldo en tres jueces liberales (Sotomayor, Brown Jackson y Elena Kagan) y seis conservadores o moderados (Roberts, Kavanaugh, Coney Barrett, Gorsuch, Alito y Thomas).

A pesar de todo, la diversidad reflejada, jamás vista anteriormente, en la Corte Suprema no significará un avance para avanzar la agenda de derechos de minorías, por ejemplo. Que un juez pertenezca étnica o sexogenéricamente a un sector no significa que lo apoye. Por ello, es posible que sigamos viendo al juez Thomas apartarse de aquellas decisiones que pudieran empoderar el derecho al voto de las minorías étnicas con tal de apegarse al llamado originalismo o la más estricta interpretación de las leyes; o a Coney Barrett, de aquellas que fortalezcan los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, como blindar Roe vs. Wade. La multipertenencia social de la composición de la Corte Suprema no significará el empoderamiento de todas esas personas que puedan verse reflejadas en los jueces que pertenecen a sectores que tradicionalmente han sido marginados. Mientras el balance sea tres jueces liberales contra seis conservadores y parcialmente moderados, quienes pertenezcan al primer grupo muy probablemente se pasarán los próximos años escribiendo votos disidentes de sentencias conservadoras, en vez de poder impulsar agendas progresistas.

Temas insignia de Brown Jackson: un liberalismo “en espera”

Con una década de experiencia en cortes federales de distrito (gracias a la nominación de Barack Obama), próximamente, Brown Jackson saldrá de la Corte de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia (comisión que recibió en junio de 2021 por Biden),6 como la octava jurista que ha sido ascendida a jueza asociada de la Corte Suprema desde esa instancia. Con ella, serán cuatro de los nueve jueces actuales de la máxima corte de EE. UU. quienes habrán salido de ese sitio.

La jueza asociada tiene una amplia experiencia como abogada pública de casos estatales y federales, además de casos privados en distintas firmas reconocidas. En su historial, es fácil encontrar sus apoyos a los derechos laborales de sindicatos, derechos reproductivos, derechos humanos de presos con discapacidades o el debido proceso para personas indocumentadas en territorio estadounidense.

Asimismo, dentro de su récord de sentencias y opiniones, Brown Jackson es una clara opositora legal de gran parte del legado del expresidente Trump. Esto no significa que deba ser sumamente liberal. Es importante recordar que incluso jueces nominados por el expresidente han votado en contra de sus políticas o acciones.

Ketanji Brown Jackson no será la jueza más liberal. Su récord no puede ser interpretado de esa manera, como sí lo era el de Sonia Sotomayor cuando fue nominada por Obama y quien es comúnmente conocida como la némesis de Clarence Thomas (el juez más conservador de la Corte).7 Estará por verse si la nativa de Washington DC apoya, por ejemplo, las medidas ambientales más progresistas o si el tema de seguridad pública será totalmente interpretado desde el punto de vista de los derechos humanos, o también qué ocurrirá con sus decisiones cuando los temas religiosos se mezclen con la interpretación de la ley, por ejemplo. Por otro lado, aunque sigue siendo una incógnita o una posición no clara, es de esperarse que algunas de sus posiciones sean a favor de la protección de algunas minorías, como la LGBT+, según aseguran organizaciones de la sociedad civil.8

Aunque sea el ala liberal desde donde la jueza Brown Jackson despache, la supermayoría conservadora no permitirá avanzar los temas básicos y urgentes, como la garantía de todos y cada uno de los derechos de voto de las minorías étnicas, o el combate a las amenazas latentes a las agendas de garantías individuales de la comunidad LGBT+ o el derecho a decidir de las mujeres. La designada de Biden no podrá revertir por sí sola ni con ayuda de las otras dos juezas liberales la ola conservadora en la que EE. UU. vivirá desde su Corte Suprema. Mientras el presidente de Estados Unidos no tenga la oportunidad de nominar a otra jueza o juez antes de que acabe este año, difícilmente podrá colocar a otra persona en la máxima corte estadounidense. Para Biden, el tiempo es un factor en contra del liberalismo legal. La composición del Senado, la cámara responsable de algunas de sus ratificaciones posiblemente sea alterada para contar con una mayoría republicana a partir de enero próximo.

En Estados Unidos un tercio de su Senado se somete a elección popular cada dos años. De esta manera, más de 30 senadores pelean por su reelección o se retiran, dejando la representación estatal a una nueva o nuevo político. En 2022, el grupo o la clase tres de la Cámara Alta, compuesta por 14 demócratas y 20 republicanos, saldrá a pedir el voto el próximo 8 de noviembre, así como las elecciones especiales, en donde los republicanos llegarían con una ventaja de 2.4% frente a los demócratas, si las elecciones fuesen hoy.9 El partido del presidente no puede perder ni un solo escaño, pues dependería totalmente de aquellas senadoras republicanas que han votado a favor de algunas de sus propuestas (Murkowski de Alaska y Collins de Maine) o del senador de Utah (Romney) para avanzar confirmaciones que requieran mayorías simples, como es el caso de una jueza o juez de la Corte Suprema, y como ocurrió con Brown Jackson. Un total de cuatro escaños ganados para los republicanos en las próximas elecciones significaría la parálisis de las nominaciones de Biden en el Senado y, posiblemente, ni una sola confirmación de jueces liberales en la Corte para sus dos últimos años de presidencia del primer término. Sólo un retiro imprevisto o antes de noviembre, de alguno de los jueces conservadores o moderados, permitiría fortalecer el progresismo y el ala liberal de la Corte Suprema de Estados Unidos. Mientras eso no ocurra, la jueza Ketanji Brown Jackson no encontrará el eco necesario en sus acciones para cambiar desde el poder judicial la tendencia conservadora por la que pasa la Corte desde hace décadas. El liberalismo en el tercer poder de Estados Unidos tendrá que seguir esperando su turno.

Juan Ernesto Trejo. Internacionalista por la Central European University y el ITAM. Twitter: @JuanErnestoTG


1 Cámara de Senadores. Voto del 117 Congreso de EE. UU., consultado el 2 de mayo de 2022.

2 Katherine Schaeffer, “10 facts about today’s college graduates”, Pew Research Center, 2022, consultado el 2 de mayo de 2022.

3 Ketanji Brown Jackson, discurso de confirmación en la Casa Blanca, 8 de abril de 2022, consultado el 2 de mayo de 2022.

4 Martin-Quinn Scores, Universidad de Míchigan, consultado el 2 de mayo de 2022.

5 Ibid.

6 United States Court of Appeals. District of Columbia Circuit, “Ketanji Brown Jackson”, consultado el 2 de mayo de 2022.

7 Martin-Quinn Scores, ob. cit.

8 Aryn Fields, “Human Rights Campaign Celebrates the Historic Confirmation of Ketanji Brown Jackson, the First Black Woman to Serve on the Supreme Court of the United States”, Human Rights Campaign, abril 2022, consultado el 2 de mayo de 2022.

9 FiveThirtyEight, “Do Voters Want Democrats Or Republicans In Congress?”, consultado el 3 de mayo de 2022.

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Publicado en: Internacional