Lanzar huevos a un funcionario… un derecho democrático

“Más quiero huevos hoy, que mañana pollos”

El huevo es esencial en la dieta cotidiana de muchos individuos. En cambio, otros tantos, consideran que mantenerse al margen de su ingesta, mejora radicalmente su salud, aunque en 1999, el Journal of the American Medical Association concluyó: «La reducción del consumo de huevo ha sido ampliamente recomendada para disminuir los niveles de colesterol sanguíneo y prevenir la enfermedad cardíaco- vascular pero con este estudio realizado en 117.000 hombres y mujeres llevado a cabo por más de 10 años, no se hallaron evidencias significativas de una asociación total entre el consumo de huevo y el riesgo de enfermedad cardíaco-vascular o accidente cerebro-vascular ni en hombres ni en mujeres» (JAMA, 1999; 281: 1387-1394). Otras opiniones en las que usted puede reflexionar mientras disfruta sus rancheros están en el sitio de la Clínica Mayo y en diversas publicaciones de la Universidad de Harvard.

El Instituto de Estudios del Huevo pone en nuestras agendas el 14 de octubre como el Día Mundial del Huevo, y ofrece ligas a diversos artículos y foros para difundir las bondades del consumo conspicuo de huevos, preferentemente, de gallina.

¿El huevo provoca perse la eclosión de seres virtuosos? Eso no lo responde el Instituto del Huevo. Tampoco tiene, entre sus ramas de investigación, la relativa al estudio del huevo como gran descriptor del comportamiento y emotividad humana, pues se vincula, entre otras cosas, a la victoria, a la valentía, al desinterés, a la onerosidad, a la pereza descarada y, paradójicamente, al gran esmero.

El movimiento parabólico contra el poder constituido

El movimiento curvilíneo es una de las ramas más apasionantes de la Cinemática Clásica, y el tiro parabólico perfecto, que logra el balance entre la aceleración y la gravedad, representa un momento cumbre para arqueros, basquetbolistas, estrategas militares, e indignados. Un discreto dominio de principios físicos elementales ha permitido a cientos de generaciones expresar su amor al prójimo mediante el lanzamiento de rocas, flechas, plomo, cestos de serpientes venenosas, cadáveres de caballos, barriles incendiados, nidos de avispas, cuerpos y cabezas de soldados capturados, estiércol de ganado, y zapatos.

Dentro de ésta última especie, Muntazer al-Zaidi tuvo presencia notable el 14 de diciembre de 2008, cuando durante una rueda de prensa, el periodista iraquí arrojó su par de zapatos a George W. Bush. Y cada zapatazo llevaba un mensaje preparado con esmero: “este es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro”, y “esto es por las viudas y por los huérfanos y por todos los asesinados en Irak”. Ninguno de los proyectiles dio en el blanco, pero al-Zaidi fue detenido y sentenciado a tres años de prisión, reducidos a nueve meses, por buena conducta. El periodista no lamenta haberle arrojado su par de zapatos a George W. sino haber errado ambos triples.

Quien no erró en su puntería fue Pinchas Cohen, quien en plena audiencia de la Suprema Corte de Israel lanzó su zapato estrellándolo en la cara de la Presidenta de la Suprema Corte, Dorit Beinisch. El mensaje verbal adjunto al proyectil fue: “usted es una corrupta, me ha hecho daño”. El golpe fue tan fuerte que la Chief Justice cayó de la silla y parecía que había perdido la conciencia, aunque se recuperó para seguir encabezando la audiencia.

Omelette de derechos democráticos

Pero si arrojar calzado también arroja a prisión, mejor les va a quienes se decantan por aventar huevos, al menos en Turquía. En enero de 2011, un tribunal en Ankara resolvió que lanzar huevos a la Policía es un derecho democrático. Al dejar en libertad sin cargos a cinco jóvenes lanza huevos que se manifestaron de tal forma en abril de 2010, el tribunal apostilló: «Aunque se considera probado que lanzaron huevos a las fuerzas de seguridad, el comportamiento de los acusados está completamente en línea con sus derechos democráticos».

La resolución del tribunal de Ankara ha sido bien recibida en aquellas latitudes, y se ha fomentado una interpretación progresiva de su alcance. Hace unos meses, durante la conferencia de un funcionario gubernamental en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Ankara, estudiantes lanzaron más de 70 huevos al político conservador. El Primer Ministro Erdogan no pudo expresar de manera más culinaria su indignación: «¡Mejor podrían haber hecho un Omelette!».

Pero los estudiantes turcos no se limitan al ámbito doméstico. Como puede apreciarse en el siguiente testimonio, la puntería turca ha puesto a prueba los reflejos del Fondo Monetario Internacional.

Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); maestro y candidato a doctor en Administración Pública (INAP).


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