“Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche,
lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario”.
—José María Morelos y Pavón
El pasado domingo 22 de octubre, miles de personas en todo el país acudimos a manifestarnos en defensa del Poder Judicial de la Federación. Esta no fue sólo una marcha para defender a los trabajadores. Fue una marcha por la dignidad de la institución, por la salvaguarda de la autonomía e independencia del Poder Judicial de la Federación, por el respeto a la división de poderes, por la preservación de la democracia y por la tutela de los derechos humanos.
La historia nacional no registra un acontecimiento de esta naturaleza. Nunca antes, las y los trabajadores del Poder Judicial de la Federación habíamos salido a las calles a manifestarnos. Este domingo, en 29 ciudades del país, existieron marchas para defender la dignidad de la institución.
En Ciudad de México, el evento inició a las 11:00 horas. El contingente estuvo conformado no sólo por los trabajadores en activo y jubilados del Poder Judicial de la Federación, también acudieron nuestras familias, abogados, estudiantes de derecho, académicos y miles de personas que comparten el anhelo de tener un Poder Judicial autónomo e independiente. A diferencia de lo que se ha dicho, todos los trabajadores, principalmente el personal operativo, fue quien salió a las calles a defender a la institución y la labor que cada uno de ellos realiza, sin que nadie los obligara a hacerlo.

El punto de partida fue el Monumento a la Revolución. Vestidos de blanco, avanzamos de manera pacífica por avenida Juárez. A la altura del Hemiciclo a Juárez, rodeado de impresionantes vallas, el contingente se detuvo, nos informaron que el acceso al zócalo por la calle Madero había sido bloqueado por vallas metálicas.
Pero este obstáculo no mermó los ánimos. El contingente permaneció resuelto a llegar hasta el zócalo de Ciudad de México. Luego de varios minutos, continuamos por la calle 5 de Mayo hasta arribar a la plaza central ocupada por la XXIII Feria Internacional del Libro. De forma muy ordenada rodeamos el zócalo. Frente al Palacio Nacional, fuertemente amurallado, tuvo lugar uno de los momentos cumbre de la manifestación, cuando los asistentes a la marcha comenzamos a entonar el Himno Nacional. Enseguida nos dirigimos a las inmediaciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde permanecimos hasta las 2:00 de la tarde, momento en el que el contingente comenzó a dispersarse.
Hubo monumentos cercados y la presencia de los supuestamente extintos granaderos, pero la manifestación transcurrió en un ambiente respetuoso y de gran cordialidad. Juzgados, Tribunales y áreas administrativas se organizaron para marchar juntos, varios llevaban lonas, mantas con los nombres de sus órganos jurisdiccionales, de sus adscripciones, muchos del interior de la República. Era innegable el sentido de unidad que se respiraba esa mañana. En el camino, hubo algunos provocadores que intentaron amedrentar a los asistentes, pero no tuvieron éxito. Fueron muchas más las personas que desde la acera se sumaban al reclamo social de un Poder Judicial autónomo e independiente, con sus pulgares arriba, en símbolo de aprobación; mientras otros aplaudían con entusiasmo. El evento transcurrió sin mancha que lo opacara. Fui testigo de un sentimiento de orgullo en los trabajadores por el reconocimiento de la gente en el trabajo que cada uno realiza como digno representante del Poder Judicial Federal, desde el oficial judicial hasta el magistrado de Circuito que ponen su mejor esfuerzo en proteger los derechos humanos de las personas.
Uno de los principales objetivos de esta marcha, fue el de dar a conocer a los ciudadanos cuál es nuestra función. Las personas que hemos trabajado en esta institución, hemos advertido que existe mucha desinformación respecto de las labores que realiza el Poder Judicial de la Federación. A menudo se nos confunde con la Policía, la Fiscalía y el Ministerio Público. Es fundamental que la gente conozca la transcendencia de la función del Poder Judicial, de los juzgados y tribunales, de la Defensoría Pública Federal y de las áreas administrativas del Consejo que colaboran para que cada demanda de amparo que se recibe pueda culminar con una sentencia.
Así, quedó plasmado en varias de las consignas que se corearon.
- ¿Te negaron las vacunas? ¡AMPARO!
- ¿Te discriminaron por ser indígena? ¡AMPARO!
- ¿Te negaron atención en un hospital público? ¡AMPARO!
- ¿Te aplicaron una ley injustamente? ¡AMPARO!
- ¿Te calcularon mal tu pensión? ¡AMPARO!
- ¿Te negaron el derecho a la educación? ¡AMPARO!
- En los casos de personas desaparecidas. ¡AMPARO!
- En los casos de migrantes detenidos ilegalmente. ¡AMPARO!
- En los casos de niños sin medicinas. ¡AMPARO!
- Contra todas las arbitrariedades. ¡AMPARO!
Otras de las consignas que retumbaron por todo el país, fueron las siguientes:
- ¡México, escucha, ésta es tu lucha!
- La gente se pregunta, ¿y esos quiénes son? ¡Somos los garantes de la Constitución!
- ¡México, aguanta, la justicia se levanta!
- Sin Poder Judicial, ¿quién te va a amparar?
Esto fue sin duda de los momentos más emotivos de la marcha. Me generó mucha emoción escuchar no sólo a los trabajadores sino también a sus familias que conocen de primera mano la labor que realiza cada uno de ellos. Conscientes de los sacrificios que hacen todos los días para cumplir con su labor.
La misión del Poder Judicial de la Federación es clara: proteger los derechos humanos de todas las personas. Con los recortes presupuestales queda en riesgo el adecuado funcionamiento y la operación de 918 juzgados y tribunales, así como la creación de nuevos órganos jurisdiccionales. Lo que se traducirá en un detrimento al derecho de acceso a la justicia y en la protección de los derechos humanos de todas las personas. De acuerdo con datos del INEGI, sólo en 2022, los órganos del Consejo de la Judicatura Federal recibieron 1.25 millones de asuntos y resolvieron 1.21 millones. Esta tarea no sería posible sin el apoyo del personal jurisdiccional que cada día trabaja por tramitar y resolver los asuntos.
He trabajado en el Poder Judicial de la Federación por más 21 años. Durante este tiempo he sido testigo del esfuerzo que realizan las y los trabajadores por prestar un servicio público de administración de justicia eficiente. Con personal capacitado, estudioso y con una profunda vocación de servicio. Durante este tiempo, he conocido a muchas personas, mujeres y hombres comprometidos con la institución que han dedicado su vida al servicio público de impartición de justicia, quienes han sacrificado la convivencia familiar para cumplir con la labor que les ha sido asignada.
El paro nacional decretado hace unos días por el sindicato del Poder Judicial de la Federación en realidad ha sido simbólico, ya que no se ha interrumpido el funcionamiento de juzgados y tribunales. El compromiso de los trabajadores ha sido innegable. Hoy existen guardias para la atención de asuntos urgentes y la mayoría de los trabajadores continúa realizando funciones a distancia, como así lo hicieron durante la pandemia. Prueba de ello fue la gran cantidad de amparos que se tramitaron y resolvieron contra la omisión de vacunar a grupos vulnerables frente a la omisión de las autoridades sanitarias.
El Poder Judicial de la Federación es nuestra casa. Miles de personas hemos hecho carrera en esta honorable institución con el fin de servir a nuestro país, de brindar a las y los justiciables la mejor asistencia y experiencia en la impartición de justicia. La manifestación a lo largo y ancho del país da cuenta de la unidad institucional. Mostramos que somos fuertes y estamos más unidos que nunca para defender la dignidad de la institución a la que pertenecemos.
El mundo experimenta una escalada de gobiernos autoritarios, de poderes ejecutivos dominantes, que se han dado a la tarea de minar o disminuir las facultades de otros poderes públicos; que pretenden, por diversos medios, eliminar los contrapesos. Por esa razón, hoy más que nunca estamos llamados a defender, desde nuestra posición y en el ámbito de nuestras competencias, la dignidad de la institución, el orden constitucional, la autonomía e independencia judicial y el irrenunciable respeto a los derechos humanos del pueblo de México.
Juan Pablo Gómez Fierro. Es Juez Segundo de Distrito en Materia Administrativa Especializado en Competencia Económica, Radiodifusión y Telecomunicaciones, con residencia en la Ciudad de México y jurisdicción territorial en toda la República y profesor de posgrado en la Universidad Panamericana.
A AMLO no le molesta la traición, le enerva que exhiban su medianía intelectual. No le importa la deslealtad, le encoleriza que lo engañen. Le enfurece saberse engatusado. Cae en las mentiras finas, almibaradas. Culpa a su ego de ello. Pero el culpable es su intelecto. Por eso es vengativo.