Muerto, adj. Dícese de lo que ha concluido el trabajo de respirar.
Bierce
Preludio
En otra colaboración para este espacio, a propósito de estas fechas, concluimos sugiriendo al lector un cóctel necrofílico de música y pintura. Pues bien, en esta ocasión ratificamos y ampliamos la recomendación, pero desde el inicio, para inspirar algunas reflexiones sobre la vinculación entre la muerte y el derecho: a) Beksínski+ Penderecki, y b) Beksínski+Szymanowski.
“Fui al más allá, pero me regresaron para someterme al debido proceso”
Nos referimos en Necrofilia y Derecho a un Juzgado de Porto Alegre, Brasil, que en un juicio por homicidio, resolvió aceptar como prueba absolutoria, una carta exonerante dictada por el espíritu de la víctima, a un médium. Gracias a ese testimonio, los miembros del jurado se conmovieron y la acusada del crimen quedó en libertad. La carta, obtenida mediante una técnica llamada sicografía entre los espiritistas, fue presentada como prueba por el abogado Lucio de Constantino, defensor de la acusada, y no fue impugnada por la parte acusadora. El espíritu de Ercy Cardoso, asesinado a los 71 años, liberó de toda culpa a su amante Yara Barcelos, de 63, a quien se le achacó haber pagado por la ejecución. “Lo que más me pesa en el corazón es ver a Yara acusada de esa forma por mentes tramposas como las de mis verdugos. Un abrazo fraterno de Ercy”, decía el texto que, presentado en tiempo y forma, fue aceptado por la jueza del caso.
Esta es una historia de éxito en la que los muertos exoneran desde el más allá. Pero hay quienes han sido procesados por la justicia por:
a) Asegurar haber ido al más allá,
b) Haber manifestado su intención de ir al más allá para cometer una conducta delictiva, y
c) Desear activar contacto con el más allá,
En el primer caso, acontecido en Indonesia, un hombre aseguró haber subido al cielo donde recibió una especie de certificación, presumiblemente del propio Dios, que lo habilitaba para ejercer como profeta en la Tierra. Bakri Abdullah contaba ya con varias decenas de seguidores, que gustaban de hacer peregrinaciones a las laderas del volcán Rinjani, el sitio exacto desde el que Abdullah inició su ascensión celestial. Fue enjuiciado por blasfemia y sentenciado a un año de prisión.
El segundo caso es el de un joven estadounidense de 18 años llamado Ryan Schallenberger, que fue arrestado después de que sus padres recogieron en el correo un paquete dirigido a su hijo que contenía nitrato de amonio. Aparentemente, Schallenberger tenía la intención de provocar un atentado explosivo en su escuela. Tras la detención, dijo que la muerte era mejor que la vida. Manifestó que quería morir, ir al Cielo, y una vez allí, quería matar a Jesús. Fue sentenciado a diez años de prisión.
El tercer caso se dio en Sudáfrica, donde Albert Kgwatisi, una especie de Norman Bates, extrañaba a tal grado a su madre fallecida, que abrió su tumba, y extrajo un par de dientes de su esqueleto. Kgwatisi tenía la idea de que, con los dos dientes en su poder, el fantasma de la madre, fallecida cinco años antes, viniera a hacerle una visita para recuperarlos. Un tribunal en Mogwase lo sentenció a pagar una multa de 3,000 rands, o doce meses de prisión.
Pero hay un cuarto caso, literalmente, más allá de nuestra capacidad de asombro. Se trata de la macabra y muy reciente historia de Donald Miller, un sujeto que en 1986 resolvió abandonar su hogar, dejando atrás esposa, hijos y deudas. Tras años sin recibir ninguna noticia de Donald, en 1994, la familia obtuvo de las instancias judiciales correspondientes, la declaración de fallecimiento, con el fin de recibir los subsidios de seguridad social. Pero en 2005, Donald reapareció, tan solo para darse cuenta de que no podía tramitar su licencia de manejo o su número de seguridad social, porque estaba “legalmente muerto”. Si bien a los ojos de un Juez de Ohio, Miller estaba realmente vivo, el impartidor de justicia le dijo que su muerte jurídica era irreversible, máxime que en esa entidad federativa, las declaraciones de fallecimiento son inimpugnables pasados tres años de su emisión. Miller, que aparentemente no tiene intención alguna de apelar de resolución judicial, ha dado explicaciones ambiguas sobre su desaparición: “Fui más allá de lo que había previsto… simplemente me largué y fui pasando por distintos lugares«. La moraleja de esta historia es un llamado a la desesperanza: En Ohio, no existe la resurrección jurídica.
“¡Un Ogro Filantrópico me persigue!”
Pero si el descanso de los vivos, declarados legalmente muertos, está en entredicho, nada parece garantizar la serenidad de los aparentemente muertos. Al respecto, nos referiremos al caso de un chino, acusado de cometer violación, y que para evitar ser procesado, fingió estar en coma. Durante muchas horas representó su pantomima con exquisita precisión y la policía lo trasladó al hospital un día antes del inicio del juicio. Como el personal médico no advirtió ningún problema significativo en la salud del señor Chen, uno de los doctores sospechó, y para probar la sinceridad del presunto comatoso, dijo en voz alta que le aplicaría una inyección con una jeringa extra larga, lo que produciría un dolor insoportable. En instantes, Chen comenzó a temblar, se levantó, suplicó que no se le inyectara nada.
En torno a la falacia del eterno descanso de los muertos, permítasenos citar un par de casos que perturbarían al espíritu del legislador federal mexicano (el artículo 346 de la Ley General de Salud dispone que los cadáveres serán siempre tratados con respeto, dignidad y consideración).
Caso 1. Veinte meses de cárcel por secuestrar a un muerto. Esto sucedió en Chipre. Unos granujas se apoderaron del cadáver de un individuo fallecido un año antes y se comunicaron con la familia para exigir el pago del rescate. Al principio, se trataba de un asunto de dinero, posteriormente, querían aprovecharse de los restos mortales en su poder para negociar la liberación de un preso. La familia no pagó nada por el rescate y los tres secuestradores fueron atrapados y sentenciados a 20 meses de prisión, no tanto por secuestrar a un cadáver, sino por ingreso ilegal al cementerio y profanar tumbas. Lo perturbador del caso es que se trataba del cadáver del ex Presidente de Chipre, Tassos Papadopoulos.
Caso 2. Un juez dispuso el embargo de una tumba, con el muerto incluido. Sucedió en Colombia. En acatamiento a la orden del Juzgado Segundo Municipal de Soledad, un inspector de policía procedió con el embargo y secuestro de una tumba ubicada en un cotizado predio en litigio. «Con esta medida cautelar lo que se hizo fue sacar de la actividad comercial el bien raíz, para que el acreedor tenga una garantía de que le van a cumplir la deuda contraída«, explicó el inspector, para quien se trató de una diligencia “normalita”. Más sosiego nos da el comentario de un experto colombiano en derecho civil, quien consideró la resolución judicial como “exótica”. Lo que perturba de este caso es el nombre del cementerio: Jardines de la Eternidad.
“Tranquilo. Es solo un poco de ectoplasma”
Con despreocupada franqueza, Bierce define a los fantasmas como el signo exterior e invisible de un temor interior, y añade que para explicar el comportamiento inusitado de los fantasmas hay una ingeniosa teoría según la cual nos temen tanto como nosotros a ellos (cfr. Los Otros, de Alejandro Amenábar, 2001).
Pero los fantasmas son también, por una parte, fuente de inspiración para los jueces constitucionales, y chivos expiatorios cuando hay poderes constituidos en conflicto, por otra.
Para solventar la hipótesis que antecede, mencionaremos al justice Stephen Breyer, de la Corte Suprema de Estados Unidos, quien gusta de representar al fantasma en Hamlet. Esta poco conocida vertiente actoral de Breyer se dio en mayo de 2009, a propósito del seminario “Shakespeare y el Derecho”, organizado por la Universidad de Chicago. Por cierto, en ese foro participaron también la magistrada federal Diane Wood y el Juez Richard Posner (pero no actuaron).
Por otra parte, los fantasmas quedan en medio de choques entre poderes constituidos. En Bolivia, en 2009, la Cámara de Diputados inició el procedimiento para suspender al entonces Presidente de la Corte Suprema, Eddy Fernández, acusado de “presunta retardación de justicia”. El Presidente de la Corte amenazó con enjuiciar a los legisladores si no le comprobaban que cometió delitos. Sentó precedente en los anales de las declaraciones cuando denunció que tenía 520 acusadores, «el 50 por ciento con apellido Mamani y el 40 por ciento con apellido Quispe y la mayoría sin carnet de identidad y ese tipo de denuncias no causan efecto legal», cinceló, antes de cerrar con una frase perturbadora: Me acusan fantasmas» (Cfr. Correo del Sur, 13 de mayo de 2009). Finalmente, fue suspendido.
Normas jurídicas zombis
Esta sección no está destinada a responder las expectativas de los muy numerosos amantes del género, por lo que, en principio, nos limitaremos a citar una trilogía de acreditados aforismos, que con nitidez develan la naturaleza de estas criaturas:
- “Zombies are not “supposed to be metaphors”. They’re supposed to be friggin’ zombies. They follow the Zombie Rules: they rise from death to eat the flesh of the living, they shuffle in slow pursuit (or should, anyway), and most important, they multiply exponentially”. (Scott Westerfeld).
- “It is a truth universally acknowledged that a zombie in possession of brains must be in want of more brains”. (Seth Grahame-Smith, Pride and Prejudice and Zombies).
- “Run, sweetheart, run”. (Rae Hachton, Frankie’s Monster).
A continuación, ofrecemos una somera degustación sobre el interés (folclórico y real) del Derecho por los zombis. Corresponde al lector interesado hacer las profundizaciones correspondientes:
- Zombies in the Federal Courts; a case book. Este material incluye un poster a todo color con la horrenda imagen de los Justices de la Suprema Suprema de Estados Unidos en apariencia zombi. También incluye una presunta cita del caso Porter vs McCollum: “…literally as I say, zombies”.
- El Blog Zombielaw hace búsquedas exhaustivas sobre las interacciones entre el Derecho y los zombies.
- El artículo Constitutional Law and Zombies, de Andrew Mamo, que es una crítica al Originalismo que ve a la Constitución como un documento “muerto, muerto, muerto”.
- El artículo Zombies May Not Be Legally Responsible For Eating Bra-a-a-ains, de David Moye, sobre la inimputabilidad de estos bichos.
Desde luego, nuestro país no podría quedarse a la zaga en el marco jurídico zombi. En agosto de 2013, La Jornada dio cuenta de la aplicación de una ley derogada a favor de un empresario de las corridas de toros. También está el multicitado caso del Alcalde Zombi, demasiado prosaico, aún dentro del género. Finalmente, la cláusula de gobernabilidad, un cadáver que finge reposar al lado de otras leyes abrogadas y derogadas, y cuya endecha nocturna oímos mientras paseamos por la Rotonda de las Leyes Absurdas.
Epílogo. A los agresores sexuales no les toca calaverita
Con el ánimo de ver una luz al final del túnel, en octubre de 2011, las autoridades del Condado de Riverside, en California resolvieron prohibir que las personas con antecedentes por agresión sexual repartan caramelos a los niños o pongan adornos en sus casas durante la fiesta de Halloween. Felizmente, también se les prohíbe encender luces decorativas en la noche de Halloween. Al respecto, recordemos que la Ley Megan obliga a los condenados por delitos sexuales a comunicar en todo momento su lugar de residencia.
Alejandro Anaya Huertas. Licenciado en Derecho (UNAM); Maestro y Doctor en Administración Pública (INAP). Elabora el “Reporte sobre la Magistratura en el Mundo”; conduce el programa de televisión “Cine Debate”.
