Oráculos y profecías: el juego sagrado del constitucionalismo

Es un lugar común, considerar a la justicia constitucional como uno de los grandes inventos institucionales para procesar los problemas de una sociedad. El siguiente texto, sin embargo, parte de una premisa diferente y provocadora: la Constitución y los jueces como interpretes de ésta, no operan de manera tan distinta como algunas de las primeras organizaciones sociales, donde la solución de los conflictos sociales dependía de la lectura autorizada de unas escrituras sagradas.

Hay muchas lecturas de la Constitución y del quehacer que tejen los jueces alrededor de ella. Una de las más interesantes ocurre en el teatro de lo simbólico, del rito y lo sagrado[1]. El culto al Estado de Derecho y a la legalidad no es sino una religión enmascarada. Con su texto sacro, sus sabios y sus verdades inmanentes. Un credo que ofrece al ciudadano la tibia sensación de participar en un nomos: compartir la vaga creencia de pertenecer a algo.

En este contexto, la Constitución más que un listado de derechos y un plano orgánico del Estado, cumple en tiempos modernos una función de orden trascendental. Como la Biblia, se espera encontrar en sus versículos la receta sosegada y ecuánime de cualquier interrogante. Es palabra vigente, pautas de acción para el aquí y el ahora, y no meras reminiscencias arqueológicas del sedimento social.

La Constitución ancla su sabiduría en palabras camaleónicas cargadas de emotividad, cuyo efecto consiste en la regeneración de la voz, lo inmutable de sus enseñanzas, la esperanza de encontrar siempre un tesoro. Su poder es simbólico porque entraña un acto de magia: develar la lección a toda pregunta que se le formule. Representando un misterio: que la fuente monolítica y casi estable, el conjunto de artículos que integran un texto constitucional, sea manantial permanente de ilustraciones renovadas e inagotables.

Sin embargo, y aunque los textos sagrados para ser tales suponen una aceptación social amplia, no cualquiera logra entenderlos ni advertir sus proféticos designios. Lo sagrado nunca será profano y, por ello, se necesita una preparación delicada, un oficio bien trabajado y, sobre todo, una educación exclusiva para poder tener acceso institucional a la Constitución.

Al igual que los monjes y los sacerdotes, los constitucionalistas son un gremio privilegiado, una casta ministerial que alcanza distintos tonos de autoridad: los doctrinarios de renombre, los filósofos del derecho y los jueces constitucionales son, en gran medida, el moderno grupo de oráculos. Su realeza: los jueces constitucionales.

Estos jueces cumplen la función de develar las profecías sagradas de la Constitución con la apariencia de que son definitivas. Son los máximos glosadores autorizados del texto, cuyas lecturas esculpen todo el entramado institucional. Su papel es proferir la interpretación autorizada del evangelio, transmitiendo a la comunidad sus designios. De ellos se espera que, sin importar lo enmarañado del acertijo, siempre “encuentren” una solución.

Ellos son hoy en día los oráculos de la nación moderna. Las sentencias, sus profecías; la Constitución, el evangelio que nos narran.

Alberto Lanz Robledo. Estudiante de la licenciatura en Derecho del ITAM.


[1] Curiosamente, una sugerente pieza sobre la dimensión trascendental del Estado fue escrita por el máximo exponente del estudio purista del Derecho: Hans Kelsen. El ensayo, titulado «Dios y Estado», puede consultarse en Oscar Correas (comp.), El otro Kelsen, Coyoacán, México, 2003.


4 comentarios en “Oráculos y profecías: el juego sagrado del constitucionalismo

  1. La finalidad o más bien la funcionalidad de las religiones ha sido encontrar sentido a lo que no lo tiene, razón a lo que no la tiene y soluciones a lo que aparentemente no las tiene y en estos tiempos, como dices, parece que todo mundo quisiera encontrar la «receta» para solucionar cualquier tema complicado en la constitución y más aún, se espera que sus jueces nos entreguen la respuesta correcta siempre, por el solo hecho de estar tomandola de esta. Se entiende de cierta forma por la carga emotiva que se le ha dado y por la importancia histórica de la figura, sobre todo en su faceta de proveedora y protectora de derechos fundamentales, es común la caricatura de quien literalmente se esconde detrás de la constitución, sin embargo estoy de acuerdo contigo en que se le otorga esta naturaleza trascendental olvidando que fue hecha y es interpretada y aplicada por hombres, error por otro lado igualmente común en las religiones. Lo interesante ahora, me parece, sería hablar del tema a la vez que se describe su verdadera naturaleza y funcionalidad, de igual forma creo que aportaría hablar de su temporalidad y mutabilidad contextual.
    SDS

  2. Oráculos y profecías hoy, cuando el sistema paulatinamente «se viene abajo». La gran mayoría de seres humanos precisamos un mito en el cual verter nuestras más íntimas aspiraciones, que haga las veces de una máquina tejedora de sueños y en donde cada quien sea, «motu proprio», el intérprete de las acciones suyas; el constructor de puentes que unen territorios de lo estable con la «finisterre», lo incógnito, lo impredecible del mañana hilvanado con fibra virtuosa, a veces defectuosa, con que se fabrica la materia gris de la mente misma de nuestra sociedad. Efectivamente, el esquema político subyacente a toda interpretación «sacra» de un texto constitucional (la biblia social), no resulta visible para quienes únicamente anhelan observar el «nomos» de la Ley; tal y como la gran mayoría de devotos a cualquier religión no persiguen la destitución de sus sacerdotes, pues entonces se hallarían a sí mismos solos y sin una estrella de nochebuena que les dibuje el trayecto idóneo para la culminación de la ópera prima de su dios (la ficción social que también existe). Evidentemente es más difícil construir que utilizar lo ya construido; tampoco resulta eficiente reinventar la rueda. La pregunta: ¿hemos de reinventar nuestro mito social o meramente encontrar intérpretes ajenos al mito, para lograr lo que cada uno de nosotros cree que es lo justo?

    Es un gran gusto y produce mucho orgullo en mí, ver tu publicación en Nexos. Felicidades, Lanz. Abrazo.

  3. Muchos han aseverado que las creencias y la fe (entendida desde un punto de vista religioso) resultan ser meras abstracciones necesarias del ser humano para comprender lo desconocido; sin embargo, tal y como se expone en este artículo dichas abstracciones no resultan ser exclusivas de un tema tan aspero como lo es la religión, si no del Derecho mismo.

    Ahora bien, yo solo tendría una cuestion a plantear, al igual que en la Religión, existiran los falsos profectas, los glosadores maliciosos o peor aún los fanaticos religioso, puesto que de ser así, que infortunio nos espera.

    Excelente trabajo colega, muchas felicidades

  4. Así como en lo partícular se han creado dogmas de fe, el Estado funciona con un mecanismo similar, esperemos que los nuevos protestantes jurídicos tengan mejores resultados. Lo único que sí veo dificil es la creación de un modelo de justicia que se aleje de esta dependencia. En relación con los sacerdotes (operadores), seguirán siendo necesarios.

    Un saludo y un gran abrazo estimado Alberto, que ésto sea el inicio de lo que buscas.

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