Ruth Bader Ginsburg, uno de los grandes iconos culturales del feminismo estadunidense, murió esta semana. Aquí presentamos un obituario personal para una de las juristas más importantes de las últimas décadas.
Las posiciones de poder son ocupadas de forma responsable cuando son empleadas para servir y generar un cambio social. Ruth Bader Gingsburg, la ministra de la Corte Suprema de Estados Unidos que murió este viernes 18 de septiembre a la edad de 87 años, fue una mujer que siempre utilizó todos sus talentos para hacer su trabajo de la mejor forma posible. Por medio del derecho, ayudó a dejar el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontró.
Bader Ginsburg, mejor conocida como Notorius RBG, fue un ícono legal, político, feminista y de cultura pop. Era una heroína para millones alrededor del mundo, sobre todo para las abogadas que tenemos sus fotografías, tazas, y citas en nuestros escritorios —mi amiga Grecia, por ejemplo, dice que tienes que poner tu muñeca RBG de cabeza para ganar los amparos difíciles—. Estoy casi segura de que nadie ama a RBG como lo hacemos las abogadas jóvenes: una mujer de minorías sociales, económicas, y religiosas en quien nos podemos ver reflejadas por inteligente, ambiciosa y transformadora. RBG construyó una relación amorosa con Martin Ginsburg, un hombre aparentemente deconstruido —¡pese a que eran los años 50!—. Cuidó de Marty y lo cubrió en sus materias de la universidad cuando él fue diagnosticado con cáncer, crío a sus hijos y editó la revista de la Escuela de Derecho en Harvard, todo mientras ella también estudiaba, primero en Harvard y luego en Columbia. Su vida, además de plena en el ámbito personal, significó una revolución en el sistema judicial.

Pintura de Simmie Knox en dominio público por ser una comisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos
La vida de RBG merece ser recordada como el legado de una visionaria. Su entendimiento estructural de los problemas la llevó a tomar acciones estratégicas en el campo jurídico: sus argumentos lograron persuadir, por primera vez en Estados Unidos, a una Corte Suprema de jueces hombres de la necesidad de invalidar normas discriminatorias por razón de género. Quizá más importante aún fue su forma de entender el poder de cambio social desde la sociedad civil al haber dirigido el Proyecto de los Derechos de las Mujeres en la asociación legal más importante de Estados Unidos, la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés). Más adelante sirvió a su país como ministra de la Suprema Corte durante 27 años, donde institucionalizó el cambio social con sentencias y votos disidentes, siempre vestida con collares llamativos. Dedicó su carrera a la defensa de la Constitución así como a garantizar la justicia para las mujeres, las minorías raciales y la comunidad LBGTQ+. Siempre buscó proteger a los menos afortunados de la pobreza, la explotación y la discriminación. Bader Ginsburg hizo de todos los espacios que ocupaba oportunidades para avanzar en la lucha por la equidad.
Estoy lejos de ser la única admiradora de RBG. Hay muchas mujeres mucho más capaces y letradas que yo, quienes han estudiado sus sentencias y votos. Hay estudiantes emocionadas por su legado. Hay niñas que tienen un modelo a seguir en su persona. Pero, sobre todo, somos muchas las inspiradas por su trabajo, tenacidad y habilidad para sobrevivir con elegancia y dignidad en un sistema patriarcal —como es el de la abogacía— para seguir construyendo una sociedad más incluyente.
Es una falacia de hombres decir que “son malos tiempos para la justicia”. Este es el momento de la justicia. Es cuando los sectores minoritarios de la población empezamos a ser vistos como sujetos de acción. Es cuando las mujeres estamos accediendo a puestos de poder; cuando comenzamos a pertenecer a los grupos que toman decisiones. Es ahora que las abogadas, juezas, fiscales y demás operadoras jurídicas estamos ocupando puestos relevantes en el sistema y podemos dar voz a quienes se han cansado de gritar.
Las posiciones de poder no existen sólo en las estructuras de élite como las cortes. El poder se ejerce incluso, y más importante en nuestros días, desde la organización comunal, desde el feminismo, desde la voz de las minorías, desde la ciudadanía. Hay poco que decir y mucho que hacer. Ruth, vamos a seguir con lo que iniciaste.
Elba Gutiérrez Castillo. Abogada. Coordina el programa pro bono de la oficina mexicana de Greenberg Traurig. Trabaja principalmente casos de asilo y acceso a la justicia.
MUY INTERESANTE, HAY TANTAS MUJERES DE LAS QUE NO SE SABE, OJALA SE PUBLICARA UNA VEZ POR MES ALGO DE ALGUNA MUJER DESTACADA O EN MENOS TIEMPO, GRACIAS