Facebook está nuevamente en el ojo del huracán derivado de lo que se ha denominado los archivos Facebook: una serie de documentos internos hechos públicos por Frances Haugen, antigua colaboradora de la empresa en el área de integridad cívica, y que contienen todo un conjunto de revelaciones sobre la forma en que opera el gigante global de las redes sociales.

Ilustración: Víctor Solís
Los señalamientos y documentos exhibidos por Haugen llaman la atención sobre toda una serie de efectos negativos que Facebook, y demás redes sociales vinculadas a ésta, están teniendo en los más variados aspectos de la vida de sus millones de usuarios, derivado, a decir de la propia Haugen, de la primacía que la empresa de redes sociales ha puesto en su propio beneficio por sobre el interés público y el bienestar de las personas.1
La información que Haugen ha filtrado para el escrutinio público demuestra, por citar solamente algunos ejemplos, los efectos negativos que Instagram tiene en la salud mental de las adolescentes; el trato diferenciado que reciben ciertas personalidades para difundir información que viola flagrantemente las reglas establecidas por Facebook y que son aplicadas al resto de sus usuarios sin mayor miramiento; las consecuencias que están teniendo los cambios en el algoritmo de Facebook en términos de priorizar información incendiaria, falsa, divisiva, que polariza y que fomenta el discurso de odio y la violencia; el uso de la red social para toda una panoplia de actividades ilícitas como el tráfico humano, la pornografía y demás; así como, la proliferación de información falsa sobre el Covid-19 y la vacunación contra dicho virus.2
Como ocurrió en 2016, cuando se puso en evidencia el papel que jugó Facebook para difundir propaganda divisiva y polarizante, así como canal para posibilitar la intervención extranjera en las elecciones presidenciales norteamericanas de dicho año y; en 2018, cuando se reveló la extracción de información personal de millones de usuarios de la red social para su uso con fines político-electorales por parte de la empresa Cambridge Analytica; ahora, nuevamente, pese a las promesas de Zuckeberg para remediar los múltiples males que aquejaban a su empresa, los archivos de Facebook dejan en evidencia que la situación es incluso peor a lo se sabía previamente.
Las revelaciones de los archivos de Facebook tienen entonces implicaciones de gran calado en de menos un par de vertientes: en lo individual, para los millones de usuarios de la red social alrededor del orbe (Facebook tiene un aproximado de 2 mil 895 millones de usuarios a escala planetaria, lo que se incrementa a 3 510 millones de usuarios si se toman en consideración las otras redes sociales pertenecientes a dicha empresa como son Whatsapp e Instagram3) y; más importante, para las sociedades en su conjunto, habida cuenta de los cambios que la propagación del Internet y las redes sociales están teniendo en la forma en que las personas se comunican e interactúan en un mundo cada vez más volcado a lo digital.
En el fondo, se trata, ni más ni menos, del enorme poder que en el transcurso de apenas 17 años de existencia ha acumulado una sola empresa privada o, más precisamente, su director ejecutivo Mark Zuckeberg, sobre la vida de las personas a escala prácticamente mundial.
Como afirma Francis Fukuyama en un texto donde aborda las implicaciones que tiene para las sociedades democráticas la existencia de Facebook “ninguna democracia puede depender de las buenas intenciones de los poderes particulares… las instituciones políticas deben controlar y limitar el poder arbitrario independientemente de quién lo ejerza”.4
La discusión a estas alturas ya no puede girar en torno a si deben o no los Estados poner coto y, por ende, regular a Facebook y demás gigantes tecnológicos; por el contrario, el debate, pero sobre todo las acciones de los poderes públicos, tienen que centrarse en cómo emprender dicha regulación. Las propuestas para tal efecto, por mencionar sólo las principales, oscilan entre quienes pugnan por medidas sustentadas en esquemas de mercado (Fukuyama), quienes impulsan el uso de medidas antimonopólicas (Lina Khan) y quienes proponen la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos (organismos internacionales de la materia). Mantener el statu quo únicamente beneficia a Facebook y conduce a la adopción de decisiones cosméticas como el cambio de nombre recién anunciado por dicha empresa.5 Es ineludible e imperioso tomar decisiones en lo inmediato, el tiempo juega en contra de la salud de los individuos y las sociedades democráticas.
Mauricio Calcaneo. Candidato a doctor por el posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
1 Véase el sitio web de Frances Haugen
2 Revísese “The Facebook files”.
3 Al respecto, “Number of monthly active Facebook users worldwide as of 3rd quarter 2021”.
4 Fukuyama, F. “Making the internet safe for democracy”, Journal of Democracy, vol. 32, núm. 2, 2021.
5 Véase, “Facebook changes its name to Meta in major rebrand”.
Un un typo. Debe decir *colaboradora